Spin-off

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sábado, 25 de julio de 2015

Enero.... (V)..






Pasado.....



    Roma era una ciudad preciosa, apenas salí del carruaje con la ayuda de Muller, quedé enamorada de aquellas calles, nevadas en ese momento. Era mi primera vez en aquel lugar, y fue como admirar una pintura; Muller me cogió de la mano, lo miré y pude leer sus labios cuando los movió, diciendo: "Sorpresa...".
   Él sabía cuánto deseaba conocer Roma, se lo dije alguna vez cuando era niña, y creo que mantuvo ese recordatorio en la mente desde entonces. Nos dirigimos hacia su hogar, nuestro hogar porque sin comentarme nada, poco después de decirle mi deseo, se encargó de comprar un terreno donde ordenó construir una casa. Que más que eso parecía un palacio; si Ilona viera esto se moriría, y luego-como el diablo que es-volvería para hacerme la vida imposible.
   Me tenía inquieta lo que dijo antes de dejar mis aposentos, había cosas que yo no entendía. 
  ¿Qué cosas no podía entender a mis 21 años de vida?
   Ilona dijo mucho en esa frase, un secreto oculto. Yo, no entendía de dónde provenía tanto odio hacia mí; sé que soy de origen humilde hasta cierto punto, porque cuando mi familia y yo llegamos de Egipto teníamos todas las comodidades, pero eso la familia de Muller lo sabe. Mi padre hizo negocios con el Conde, entonces por qué me odian, si en todo caso ellos dejaron en la ruina a mi padre; papá ayudaba a los gitanos de la región, eramos bien recibidos por ellos, y después de quedarnos sin nada nos aceptaron y ellos se volvieron mi familia. Se volvieron mi pueblo.
   Un pueblo que fue masacrado por nobles..... 

  Desempaqué pensando en eso, en las noches en las que enero se tiñó de sangre. Cuando lo perdí todo, y al mismo tiempo gané mucho.

-Está muy callada, mi Señora.-dijo Muller, ayudándome a desempacar.-Creí que estaría saltando de la emoción.

-Pensaba.-susurré.-Me gustaría saber por qué tus padres me odian, no creo que sea sólo por el hecho de ser gitana. O por ser de origen egipcio, siento que hay algo más; tú eres diez años mayor que yo, debes conocer sus razones.

-Creí que no te importaba lo que pensara mi familia.

-Y no me importa, es sólo que tu madre dijo algo....

-¿Qué?-Se apresuró a decir mi marido.

   Me quedé callada con una de sus camisas en mis manos, miré sus ojos grisáceos. Sonreí.


-No me hagas caso, es posible que me haya creado ideas de niña tonta.


-Tú y yo sabemos que de tonta no tienes nada, Veena.-Acarició mi pelo, y el contorno de mi faz. Sentí la palma de su mano en mi mejilla.-Esta noche tendremos visita, Doménico Cardinale y Augusto Vitaly vendrán con sus esposas y sus hijos. Tendremos una pequeña reunión.


   Doménico y Augusto eran los mejores amigos de Muller, dos hombres sumamente especiales, bondadosos. Y era difícil encontrar gente así en la nobleza.
   Me gustaba saber a Muller feliz, despreocupado de todo, ya había hecho suficiente durante estos cinco años separados. Y ahora sólo tenía atenciones para mí, pero no pude evitar percibir una intranquilidad, poco común en mi marido, después de lo que hablamos.
   
   Sus amigos llegaron cuando empezaba a anochecer, me saludaron con amabilidad. Y sus esposas, aunque con un poco de recelo, también se mostraron cercanas; sus hijos-un niño y una niña de Doménico. Y tres niños de Augusto-me tomaron confianza al instante. Los hijos de Doménico eran unos preciosos mellizos de once años, los de Augusto iban de los trece, once y ocho años.
   Enseguida interrogaron sobre cuando iniciaríamos nosotros a traer bebés al mundo, yo miré de soslayo a mi marido. No habíamos hablado al respecto, pero al ver a esos niños el instinto materno despertó en mí; pude leer en su mirada su deseo también.
   Prácticamente crié a Alice, la hermana menor de Muller. A veces, cuando Ilona no estaba presente, me llamaba "madre" o "mamá"....

-Quiero hacer un brindis.-dijo Muller en medio de la cena, despertándome de mi ensimismamiento.-Por mi esposa, mi mujer, luz de mis ojos. Guía de mi alma, indómita, bravía, con ese corazón salvaje y bueno, ese espíritu puro; eres el amor de mi vida, Veena. Eterno nuestro amor. Eterna en mí. Eterno contigo, y en ti; te amo.

    Sonreí al borde de las lágrimas, y no soy una mujer llorona. Hoy era 7 de enero, hace ocho años él me salvó de la horca; hace ocho años empecé a adorar esa mirada, esa sonrisa. Hace ocho años nuestras almas quedaron atadas, y así seguirían siglos después; vidas y vidas.
    Los presentes levantaron las copas en mi honor, el hijo menor de Augusto me miró con sus ojitos azules, estaba a mi lado y dijo:

-No, yo te amo.

   Soltamos una carcajada, deposité un beso en su frente y escuché a Muller decir que se pondría celoso mientras sacaba algo del bolsillo de su pantalón.
    Una cadena que tenía un colgante de media luna, plateados cadena y colgante. Muller me extendió su mano, la cogí, él se situó a mi espalda y me lo puso; tras hacerlo sentí sus cálidos labios en mi cuello, erizándome la piel.

-Tenerte es tener la luna en mis manos, brillando cada noche. Para toda la eternidad, amor.-susurró.

-Para toda la eternidad.

    La esposa de Augusto nos observó con una mirada muy tierna en sus ojos.....

-Nunca había presenciado un amor tan bonito, que honor poder estar aquí esta noche. Que honor....

    En aquél instante supe que nos llevaríamos muy bien, no por lo que dijo, sino por ese halo tan especial que le rodeaba....
    Caterina Vitaly....



















*


Presente.....



   Desperté en la madrugada para despedir a Fi y a Salvatore. Se irían de luna de miel a algún lugar del que no tenía ni idea, Salvatore me susurró que ni Fi sabía, quería sorprenderla.
    Cuando se fueron volví a mi dormitorio e intenté recuperar el sueño. Pero ya no había sueño qué recuperar; miré en el móvil el último mensaje de Gastón y me pregunté por qué no había ido a despedir a los recién casados. 
  
    Pasé horas en silencio mirando el techo pensando en las indicaciones que Fi me dejó sobre su boutique, entre otras cosas. Hasta que a las seis de la mañana oí algo afuera de mi habitación; salí al balcón, en la alberca había alguien nadando. Lo vi salir y coger una toalla, me recargué en el barandal admirando su cuerpo que aún a esa altura y con esa luz se veía muy bien, y me quedo corta, cabe decir.
   Él levantó la vista y saludó con la mano. Saludé de vuelta.

-¡Tengo algo suyo, mi Señora!-gritó.

   Reí, entendiendo a qué se refería: Mis bragas...

-¡Pues sepa usted, mi buen señor, que debe devolver lo que ha robado!-le respondí.

-¡Devolveré lo segundo, más no lo primero!

   No comprendí muy bien, regresé al dormitorio caminando de espaldas para no dejar de verle. 
   "Devolveré lo segundo, más no lo primero".... 

   Bajé a la cocina después de ducharme, los demás miembros de la familia de Salvatore deben seguir dormidos, y algunos de los familiares de Fi que accedieron a quedarse en la casona, estaban en la alberca para cuando bajé.
   Cogí unas fresas del refrigerador, no tenía mucha hambre; me senté a la barra donde Isabel, el ama de llaves, se encontraba preparando el desayuno con la ayuda de otras dos chicas; me entretuve hablando con ella, y la ayudé con algunas cosas.
   Gastón entró a la cocina, y se acercó a mí. 

-Buen día a todas.-saludó, pero observándome sólo a mí.-¿Dormiste bien?

-Sí, pese a todo.-Le guiñé un ojo, él entendió.

   Las mujeres salieron con el pretexto de hacer limpieza, y poner la mesa.


-¿Eso comerás?-preguntó, viendo las tres fresas que quedaban en mi plato. 


  Cogí una y la puse en su boca, él sonrió con malicia y mordió sin despegar sus ojos de los míos. Tomó una e hizo el mismo procedimiento; mordí despacio, como si en lugar de una fresa fuese otra cosa.... Él soltó un resoplido...


-No despediste a Fi y a Sal.-comenté, poniendo la fruta en el plato.


-Me despedí anoche, me fui a acostar poco después de ti.... -Una mirada culpable cruzó sus ojos.-Acompañado.


   Bajé la mirada. ¿Por qué demonios me siento así?.... Destruida...


-Me alegra que hayas conseguido con quién bajar el calor.-sonreí, una mascarada perfecta. Aunque no sé si se la tragó.


    Jugueteé con la cadena que llevaba puesta.


-La cuestión está en que pensé en ti.-susurró, cercano a mí.-No seguí adelante, morena. Te quería a ti, en mí....-Calló por un segundo en el que se quedó hipnotizado por el colgante de mi cadena.-¿De dónde sacaste eso?-inquirió, interesado.


-Fue un obsequio de la abuela de Fi, me lo dio un 7 de enero por mi cumpleaños número veintiuno. Nací en noviembre, pero como no pude venir por esas fechas, me lo obsequió dos meses después.-le expliqué.-Tiene una historia muy bonita, la abuela dice que la dueña original de esta cadena se asemejaba a mí, no me ha contado bien la historia. Se supone que debe pasarse de generación en generación en su familia, pero Fi, al ver que su abuela me tomó cierto cariño y vio en mí a la dueña original, sugirió que me lo diera.


   Gastón lo estudió con la mirada.


-Alguna vez vi algo así en sueños, es una locura.-rió, y me quitó un mechón de cabello de la cara.-Eternidad, es una media luna preciosa. No sé por qué pienso en la eternidad nada más verla.....


    El sonido de mi móvil lo interrumpió, y antes de ver el mensaje que había recibido sentí sus labios presionando los míos. Entreabrí la boca, dejando entrar su lengua, y me entregué a ese beso húmedo. Sintiendo su propia entrega en el acto.... Pero el instante nos supo a poco, en medio de esas sensaciones que empezaban ha aflorar, de esa armadura que empezaba a caer pieza por pieza... 
  Hubo un carraspeo; Gastón apoyó su frente en la mía, respirando entrecortadamente, hubo otro carraspeo.
   Volví la mirada hacia la entrada de la cocina, Pietro esperaba.....
    Lo vi triste, pero mostrando una altivez como si lo visto no le hubiese importado. Pero yo sabía que sí le había importado, y afectado...
   Le dije a Gastón que debía irme, tenía cosas qué hacer en la boutique. 

-Nos vemos, Ivel.-dijo, me cogió de la mano y me atrajo hacia sí.-¿Podemos vernos luego?-preguntó, ignorando la presencia de Pietro.


-Vale.


-Quiero perderme en ti.-dijo contra mis labios.


-¿Crees que soy un buen lugar para perderse?-sonreí.


-El mejor para perderse, morena, creo que acabo de encontrar mi hogar. Eternos....-dijo, cogiendo el colgante en su mano.


-Eternos....


   No sabía por qué, pero al igual que él, yo también pensé en eso cuando la abuela de Fi me dio la cadena... Cuando vi el colgante por primera vez sentí que siempre había sido mío, como ahora siento que Gastón lo es....