Spin-off

Spin-off

sábado, 18 de noviembre de 2017

Shhh....



   "Se despierta todas la mañanas. Debe ser el único momento del día en que no tiene sus ojos grandes abiertos. Su pelo es revoltoso, pero le gusta que vaya siempre perfecto. En verano se pone súper morena, todo el mundo se lo dice. Y aunque tiene una sonrisa preciosa para el resto del mundo, ella es más de poner morritos en las fotos. Los labios más bonitos del mundo.
  Casi nadie sabe que detrás de su timidez hay un lado pícaro y revoltoso. Y que los pequeños detalles la vuelven loca. Y no tanto un regalo de gran almacén. Que con dos cervezas junto a alguien especial o una tarrina de Häagen-Dazs en el sofá algunas veces es suficiente.
  Tiene un montón de noches pensativas. No todo sale como ella quiere. Eso me pasa por ser buena, piensa. Por momentos se harta de estar a la expectativa. Si tampoco pide tanto, sólo que la quieran de verdad. Sin tapujos. Sin mentiras que hagan desconfiar a su mente. Le dan ganas de agarrar la maleta y viajar sin control, como a ella le gusta.


...Y seguirá evitando momentos, seguirá callando, callando demasiado. Pero cada vez que se piensa, en ella sólo sale una palabra. Dulce. Dulce dulzura...."


(Dulce Dulzura)



.......

Si escribo algo,
temo que suceda...
Si Amo demasiado a alguien temo perderlo;
sin embargo no puedo dejar de escribir,
ni de Amar....

-Isabel Allende




jueves, 16 de noviembre de 2017

(Cenicienta)Bailando con el Diablo: Capítulo 2

Oksana

   Esperaba en cola para comprarme mi café de la mañana. 
  Suspiré mirando la hora en mi reloj de bolsillo, mamá decía, y Marie Louise la secundaba, que me pasaba de anticuada. Me gustó el relojito, y si me gustó tenía que comprármelo no había de otra, estaba acostumbrada a tomar lo que quería cosa que me traería problemas algún día me repetía Marie. Era mi amiga desde que tengo uso de razón y se sentía con el derecho de darme en la cara con sus autoproclamadas verdades, vivía para cuidarme y corromperme al mismo tiempo, pura contradicción era Marie a veces. Pero la quería con la vida y no concebía una vida sin mi Marie Louise.
  Estudiábamos en el Georgia Tech, yo iba por Arquitectura y Marie por Relaciones Internacionales. Lo llevábamos bien, me gustaba mi carrera, ella disfrutaba la suya y compartíamos un apartamento, lo que me quitaba cierto estrés: mi madre.
   No, no era la peor madre del mundo, sino todo lo contrario, pero a veces, ¡a veces! me ponía hasta las narices con sus constantes comentarios sobre cuando llevaría a alguna pareja a casa. De ser por ella ya estaría casada y con hijos. 
   Todas las navidades escribía una carta a "Santa Claus" pidiéndole un novio para mí, y nietos, cada navidad yo leía la carta de turno y me reía a carcajadas. La adoraba a ella y cada una de sus ocurrencias para hacerme reír, hemos sido nosotras dos contra el mundo desde que papá murió en un accidente de coche hace ocho años.
   Papá era arquitecto, uno excelente y en la actualidad yo llevaba su pequeña empresa al mismo tiempo que estudiaba. Desde pequeña me llamó la atención lo que él hacía para vivir, los diseños de ensueño que dibujaba, los edificios y casas que había creado para mucha gente le fueron ganando prestigio y estabilidad económica. 
   Mamá era psicóloga clínica, en su área era una de las más respetadas, los admiraba a los dos por todo lo bueno que habían hecho por otros sin renunciar a quienes eran. La fidelidad entre ellos, y a sí mismos era algo que a mis ojos los hacía únicos. No conocía a mucha gente como mis padres.

-Siguiente-dijo la barista.

   Avancé e hice mi pedido. Lo bueno es que la fila avanzaba rápido, le guiñé un ojo a la chica cuando me entregó mi cappuccino y pagué. 
   Di la vuelta, pero fue tan rápido que terminé chocando con una de las personas que estaba en la cola sobre la cual derramé mi bebida, la tapa no había sido asegurada bien. Cogí unas servilletas y empecé a pasarlas por la blusa blanca de la chica como si así fuese a eliminar la mancha.

-Insólito-le oí susurrar.

-¡Dios mío! Lo siento mucho-dije nerviosa-. Fui una torpe, perdóneme.

-No digo lo contrario-contestó ella con un marcado acento que reconocí porque era como el que crecí escuchando de mi padre, y que en ocasiones se me escapaba a mí-, pero ya déjalo así. No es que vaya a desaparecer.

    La miré y me encontré con una oscura mirada carente de brillo. Una mirada singular, casi una mezcla de superioridad, dulzura y tristeza se movía en ese negro mar que eran sus grandes ojos. 

-Si estuviésemos en mi país te habría cortado las manos sólo por esto-dijo señalando la mancha en su blusa, reí porque creí que estaba bromeando pero la expresión de su rostro permaneció seria-. Esta blusa es nuevo.

   Sí, dijo "Nuevo", su manejo del idioma era un poco torpe.
  Sus tacones la ponían a mi altura, su cabello largo, ondulado y negro caía en cascada enmarcando un rostro atrayente como su mirada y el esbozo de sonrisa arrogante que dibujaron sus labios.


-Pagaré la tintorería-saqué mi monedero de mi bolso, ella colocó su mano sobre la mía cuyo simple tacto envió una corriente por mi piel.

-No hará falta-aseguró. Se giró e hizo su pedido, yo me aparté para que la fila siguiera avanzando, ella se volvió y se acercó hasta donde yo estaba parada-. Uno para ti-me extendió uno de los envases de café, yo había derramado todo lo que contenía el mío sobre ella.

-Gracias-contesté.

   Se encogió de hombros.

-Oksana-escuché que me llamaron, Marie levantó la mano para que la viera en el mar de gente dentro del establecimiento, caminó hacia mí abriéndose paso entre los clientes-. Encontré el bendito lib.....-se interrumpió fijándose en la chica, y luego me miró-. ¿Qué pasó?

-Mi torpeza natural hizo estragos de nuevo-respondí, a mi respuesta le siguió una risita de la extraña.

   Marie la señaló con el dedo cayendo en la cuenta de algo.

-Tú vives en nuestro edificio-dijo de pronto. Boquiabierta miré a la morena que le dio un sorbo a su café-. Sí, sí, con ese chico y las otras dos-insistió mi amiga.

-Valy Gianni-se presentó extendiendo la mano, no había reparado en que llevaba guantes negros.

    Marie la estrechó sonriendo.

-Marie Louise Carter, y ésta torpe de acá es Oksana "lamenta lo del café" Nóvikova.

   Rodé los ojos, y estreché la mano que ella me extendía.

-En serio lamento lo del café-le dije.

-No pasa nada.

-¿Cómo es que no nos hemos encontrado en el edificio?-inquirí.

-Te habría dado un infarto, todo el grupo parecen salidos de alguna pasarela-me informó Marie entre dientes.

-Ha sido un placer-manifestó Valy, y fue a reunirse con un grupo conformado por dos chicas y un chico que pasaron directo a sentarse a una mesa en la parte superior de la cafetería.

   Marie no exageraba, lo poco que llegué a ver de su grupo de amigos confirmaron lo que dijo, sí parecían modelos. 
   Nosotras tomamos una mesa cerca de la ventana, Marie Louise se sentó frente a mí con un sándwich que había comprado y no dejaba de mirar hacia arriba en dirección al balcón del piso superior, luego bajó la mirada para concentrarse en su desayuno.

-La Chica Dulce del Café no deja de mirar para acá, Oksana-disimuló una sonrisa. Yo iba a girarme pero enseguida me agarró la mano-. ¡Ni se te ocurra!-susurró-. Está hablando con sus acompañantes, no quieres darle demasiada importancia. 

   Sacó un espejo y empezó a arreglarse el flequillo, después me lo pasó. La pelirroja asintió, entonces entendí lo que debía hacer a continuación, fingí arreglarme también pero con el espejo puesto de tal forma que podía verla sentada cerca del balcón, y me miraba mientras hablaba con sus amigos.

Vania
    
   Dom me esperaba afuera de mi casa de modas, empezó a caminar y lo seguí preguntándole a qué se refería con eso de que yo estaba a tiempo, fue el mensaje que me envió al móvil.

-Está en la cafetería de esa esquina-dijo señalando con el dedo el local-. No ha salido.

-¿Seguro?

-Seguro-asintió. Me detuve y él me imitó-. ¿Qué ocurre? ¿No quiere hablar con su hermana?

   Sí quería, pero había salido enfadada y en esas circunstancias era mejor darle su espacio.

-Es un vendaval, terminaremos más enfadadas si la busco ahora-suspiré. Regresé sobre mis pasos-. Trae el coche, quiero ir a ver a mi padre.

   Le avisé a Marisol que saldría, Jasper nos acompañó a Dominic y a mí por pedido de ella, y accedí. 
  Estos últimos días había estado más fuera de mí que de costumbre, trabajaba pero sentía que me veía desde fuera de mi cuerpo, el funeral del día anterior sólo removió el pasado, me dio directamente en el recuerdo del funeral de mi madre al que asistí por escasos minutos y fue después de eso que quise escapar con mi hermana. Constantino, en algún momento del servicio, se había marchado a casa donde Valy se quedó con su niñera.
  Al verlo allí con ella me fui sin despedirme de nadie. Misha dio con mi paradero en Nueva York tiempo después, y hemos estado en contacto desde entonces.
   
-¿Se siente bien?-preguntó Dom después de abrir la puerta cuando llegamos a la casa de mi padre.

   Miré de reojo a Jasper, el moreno se aguantó una sonrisa e hizo como que nos ignoraba.

-Sí, señor Hunter, estoy bien.
   Jasper se arregló la corbata gris y se puso serio cuando lo reprendí con la mirada. 
   Hicimos el camino hasta la casa, Dom se quedó esperando en el porche, Jasper llamó a la puerta y entramos, enseguida la hija pequeña de mi padre con su actual esposa le saltó encima. Me extrañó no verlas el día anterior y mi padre me dijo que habían estado en Argentina visitando a la familia de Sylvie, su esposa, y no pudieron tomar el vuelo para estar a tiempo en el funeral, acompañándonos.
    
-¿Qué me trajiste, Vania?-preguntó Sofía, la chiquitina de la familia seguía en los brazos de Jasper.

-Eso debería preguntarte yo, cariño, ¿qué me trajiste?

-¡Mami!-gritó-. Bájame, Jas-le pidió al hombretón que le dio un beso en la mejilla y la puso en el suelo.

    Me asomé por la ventana, Dom fumaba sentado en el porche.

-Entiéndelo, Vania, el chico es nuevo, dale un respiro. Se ha preocupado por ti-comentó Jasper.

-¿El nuevo?-intervino mi papá ofreciéndome una taza de café.

-Por favor, no se confabulen-me senté en el sofá-. No le he dado permiso para que se preocupe por mí, aún estoy a tiempo de evitar que se apegue, no como otros-fruncí el ceño mirando a Jasper.

-No me culpes, tienes ese tipo que dan ganas de achuchar-contestó él cogiendo la taza que le pasó mi padre.

-Jasper, has pasado mucho tiempo con Sofía, ¿qué mierda es esa de achuchar?-le pregunté.

-Cuida tu lenguaje, Vania, hay una niña en casa-me reprendió papá. Apreté los labios ahogando una sonrisa, me hice pequeñita dando un sorbo a mi café-. ¿Qué te trae esta mañana por aquí?

-¡Mira, Vania, sí te traje algo!-exclamó Sofía, bajó las escaleras con una muñeca de trapo en las manos-. Se parece a mí-sonrió, sonrojándose.

    La pequeña adoraba tener una hermana mayor, me veía como su heroína y aún le daba pena estar en mi presencia pese a que yo la vi nacer, y he estado en cada momento de sus seis años de vida.
    Tenía dos coletas tejidas como la muñeca, el cabello castaño de su madre y los ojos color avellana como los míos y los de papá.

-Es preciosa como tú-le aseguré.

-Cuando te vayas de viaje, o cuando yo acompañe a mamá a ver a los abuelos, y los tíos, y los primos en Argentina, me tendrás aquí, ¿ves?

-¡Pero si has pensado en todo!-reí. 

  Papá solía emocionarse al vernos conversar, esa no fue la excepción, intuí que era porque jamás imaginó una escena así, y si la imaginó mi madre estaba en ella. No quería decir con eso que no amara a Sylvie, si la cara de tontuelo enamorado cuando ella estaba presente o hablaba de su bonita esposa no se la quitaba nadie.

-¿Y? ¿Qué te trae por acá? No es tu costumbre venir temprano y menos sin avisar-habló. 

  Era cierto, siempre lo llamaba con antelación, era una costumbre que tenía.

-Jasper, llévala a pasear a Sofía.-Jasper cargó a la niña y salió diciéndole que los mayores tenían que hablar. Cuando quedamos a solas, papá y Sylvie me miraron expectantes, le di un sorbo a mi café, tragué y suspiré-. Valy lleva un mes en Atlanta.

-¿Qué? ¿Cómo así?-preguntaron al mismo tiempo.

-Estuvo hace rato en mi oficina, resulta que Misha me envió un correo que no llegué a leer sino hasta hoy; Valy quiere ser normal, quiere una vida normal y mis hermanos pensaron que yo podría ayudar a hacerlo posible-suspiré-. Ellos procuran  darle lo que ella les pide, yo también solía hacerlo-sonreí justo cuando escuché la risa de Sofía afuera.

-Pero tienes miedo de que tu tranquila vida se altere por todo lo que Valy trae detrás-aventuró Sylvie.

-Ustedes saben qué pasó las tres últimas veces que se dejó caer por Nueva York cuando vivíamos allá, de no ser porque Misha vino a buscarla y limpió todo antes de llevársela, las cosas se habrían complicado. 

-Esta vez puede ser diferente-dijo Sylvie, mi papá asintió.

-Lleva un mes entero en Atlanta, y viene a mí porque necesita dinero quién sabe para qué y en qué se gastó el suyo. Se lo negué y se fue molesta, la quiero aquí, la quiero conmigo, sí, pero.....

   Salí de un círculo de violencia en el que ella sólo se adentró más. Por un lado sentía que dejarla entrar a mi vida robaría la paz que había conseguido con esfuerzo, sin Constantino, sin los Petrov. Sin las guerras entre las malditas mafias.
   Papá se sentó a mi lado en el sofá, me abrazó a él dejando un suave beso en mi frente.

-No estás sola-dijo.

-Tampoco puedo decirle quién eres, no la conoces, no lo tomará bien y Constantino tuvo mucho tiempo para lavarle el cerebro.

-No es necesario que le digas quién soy, puedo ser un amigo que te ayudó a costearte los estudios, que estás apegada a mi familia. Deja que me acerque, si has venido aquí a hablarnos de esto es porque me necesitas, ¿o no?

    Sylvie se sentó a mi otro lado y también me abrazó. No era mi madre, pero se sentía como si lo fuese, esa mujer merecía el cielo.
    Terminé almorzando con ellos, y antes de marcharme le prometí a Sofía llevarle lo que le compré en París. 
   Ya de camino a la casa de modas recibí un mensaje de Marisol adjuntando una fotografía de un edificio en River Vista Drive donde Valy estaba entrando con un grupo de chicos. Llamé a Marisol.

-¿Cómo.....-empecé.

-Bésame el culo después-me atajó ella-. Dominic me dijo que seguía en la cafetería, justo después de que se fueran a ver a tu papá, le avisé a Piero y él hizo el resto. Vive en ese condominio, yo que tú voy ahora.     

-La revisión de la colección....

-¿Para qué existo, Vania? Delega en mí, y ve a buscarla.

-Dom, vamos a River Vista Drive-le dije al hombre después de colgar. 

   Sólo quería echar un vistazo al lugar donde se quedaba, y saber quiénes eran esos chicos que la acompañaban; Stef y Misha la dejaban ir mucho a su bola, no es que fuese algo malo pero tanta libertad en su condición tampoco era saludable. 
    Dom quitaba los ojos de la carretera para situarlos en mí cada cinco minutos, vi cómo apretó la mandíbula y cómo sus manos se aferraron al volante cuando mis ojos se quedaron fijos en los de él a través del espejo en una de esas ocasiones. Menos mal Jasper estaba mirando por la ventana, yo desvié mi mirada e intenté no sonreír.
   ¿A qué diablos vino esa reacción por su parte?
  Aparcó el coche, Jasper me abrió la puerta y bajé evitando dirigirme a Dom cuando hablaba.
  Piero, que había estado vigilando por si mi hermana salía, bajó de su coche y se acercó a nosotros, informó que Valy seguía en el edificio, y me decidí por subir a verla. Les dije que esperaran allí, entré al condominio y reconocí a una de las chicas que aparecían con Valy en la foto, una morena de cabello corto por encima de los hombros que salía del elevador. Le cerré el camino.

-¿Hola?-dijo con curiosidad, su expresión cambió drásticamente de un momento a otro, abrió los ojos como platos, sorprendida-. ¿Vania?-musitó-. ¡Vania!-exclamó-. Ella no dijo que vendrías a verla.

-No está informada de mi visita-admití. La chica se quedó de piedra-. ¿En qué piso se encuentra?-le pregunté.

-En el séptimo.-No podía ser otro, su TOC gritando-. Lumi-se presentó la chica, le estreché la mano-. Tenemos el piso para nosotros, nuestro apartamento es el único en esa sección.

-Fue a pedirme dinero, ¿cómo se dan el lujo de pagar un piso privado?

-Trabajamos, lo que pasa con Valy es...-Negó con la cabeza, no podía continuar.

-Ella no sabrá que me lo has dicho-intenté convencerla-. Se supone que tiene su propia cuenta, y estoy segura de que si le faltara dinero Misha y Stef le pasarían, no digo que no puedo darle mi ayuda económica pero me preocupa que esté metida en algo malo.

-No, no es nada turbio, te lo juro.-La insté a proseguir con un gesto de la mano-. Donó anónimamente la mitad del dinero que trajo consigo a un orfanato en Brooklyn al que nadie le ha prestado atención, hizo que compráramos todo lo necesario para el lugar-confesó yendo a sentarse en el sofá que estaba en el vestíbulo, yo me quedé de pie atónita por la razón que me había dado de la falta de dinero de mi hermana-. Lo demás lo gastó en cosas necesarias para el piso en el que vivimos antes en Nueva York, y juntamos lo que nos quedaba para pagar el piso privado aquí. Hemos trabajado para pagar los gastos del apartamento, comida, electricidad, agua, todo en conjunto, pero a Valy no le dura un trabajo normal, ya sabes por qué.

-TOC-asentí-. ¿Qué hay de su tratamiento? ¿No lo ha seguido? ¿Constantino no le ha.......

-Tu papá siempre ha procurado que se vea con los mejores especialistas, lo ha tenido controlado, pero sabes que no es algo que se cure, es cuestión de eso: control. Ella lo intenta.

    Se levantó y miró su reloj de pulsera.

-No quiero quitarte más tiempo, pero ¿puedes contestarme una última pregunta?

-Tú dirás.

-¿Qué pasó en San Petersburgo?

-Le confesó a Misha y a Stef que quería marcharse, dejar esa vida atrás e intentar llevar una vida tranquila como tú lo has venido haciendo. Es lo único que pide.-Los ojos grises de Lumi casi suplicaban, debía ser una buena amiga, sólo una que en verdad podía sentir cariño por Valy sentiría en su carne lo que mi hermana estaba atravesando-. Tus hermanos no han podido crearle una cuenta independiente de Constantino para que ella maneje el dinero que le dejen allí, cualquier movimiento raro de dinero desde su cuenta normal puede llamar la atención, y es que todavía me sorprende que convencieran al señor Gianni de dejarnos "vacacionar" sin la usual seguridad que nos rodea cuando salimos. En serio no pasó nada más-añadió levantando su mano derecha y llevando la otra a su pecho, en su corazón.

-De acuerdo-asentí creyendo en su palabra-, mi paranoia es un problema a veces.

-Nadie puede culparte, de un lado y del otro de tu familia tienen enemigos. Pero ve, sube y arréglate con Valy.

  Nos despedimos, entré al elevador y después de tomar aire y soltarlo lentamente presioné el botón del séptimo piso. Sin darme cuenta terminé tarareando la música del elevador, al salir seguía haciéndolo y me reí de mí misma al reparar en ello; avancé por el pasillo mirando los cuadros que colgaban de las paredes, siete de un lado y siete del otro. Caída de nieve, lluvia, una tarde de otoño, la primavera, el caluroso verano, la vista panorámica desde una ventana en algún lugar de Italia, desde lo alto de un edificio....... Arte fotográfico que adornaba el lugar, los chicos habían hecho suyo aquel piso.
    Llamé a la puerta, fue un hombre quien abrió. Esbelto, de pelo castaño corto y rasgos latinos, achiqué los ojos estudiándolo de arriba a abajo, era más alto que yo, sus ojos negros brillaron con la sonrisa que esbozaron sus labios.

-¿Patrick Santiago?-sonreí.

-¡Vania!-exclamó levantándome en sus brazos, le rodeé el cuello con los míos, riendo.

-¡¿Pero qué te hiciste?! ¡Mírate!-dije riendo aún cuando me devolvió a tierra firme.

-¿Y tú? Te ves más guapa en persona que en las revistas y televisión. No te hacen justicia.

    Patrick Santiago y yo estudiamos juntos en un colegio privado en Roma, nos conocíamos desde que eramos niños porque su padre trabajaba para Constantino.
    Era buena señal que fuese uno de los más allegados a Valy, eso me alivió.
    Cerró la puerta sin quitarme la vista de encima, escuché a alguien aclararse la garganta y giré el rostro hacia una chica rubia que estaba de pie con los brazos cruzados en medio del salón.

-Oh, ella es Emma, mi esposa-el rostro de Patrick se iluminó al presentármela.

-Vania, mucho gusto-dijo la mujer-. He escuchado mucho de ti.

-A ti te felicito por atrapar a este chico, jamás imaginé que llegaría a casarse, nunca lo imaginé sentando cabeza porque era todo un rebelde en nuestra época de instituto. 

-Cuando llega quien te da calma y te mueve todo al mismo tiempo, sabes que es la persona indicada-le sonrió a su esposa.

-Me alegro por ambos, ¿cuánto llevan de casados?

-Tres gloriosos años-respondió Emma.

-¡Bien por ustedes!-Patrick y yo chocamos los puños como cuando eramos niños-. Felicitaciones, y que perdure vuestro amor.

-Gracias-contestaron los dos.

    Busqué con la mirada a mi hermana, y mis ojos terminaron puestos en un bol donde habían muchos caramelos M&M's.

-¿Los están separando?-inquirí-. Para ella-afirmé yo misma.

-Rojos y azules-dijimos los tres al unísono.

-Y no deben tocarse entre sí-agregó Emma dirigiéndose a la mesita donde estaba el bol y cogiendo un frasco donde ya estaban los rojos, hasta el tope-. ¿Le has preguntado por qué le gustan sólo esos?

-Jamás le preguntes, no responderá. Y la pone un poco ansiosa la pregunta-le aconsejé-. Yo siempre lo he visto como algo que le da calma-dije, reflexiva.

-Patrick ya me dio aviso, la ayudamos en lo que podemos.

-Y yo les agradezco en nombre de mis hermanos, de mi madre y el mío propio. Por cierto, ¿dónde está?

-En su habitación, compramos algunos productos de cuidado personal y debe estar organizando su parte, sólo subes las escaleras, por el pasillo a mano derecha, la tercera puerta-me indicó Patrick.

    Esperaba que al verme no se inclinara por echarme, en la mañana se fue de mi oficina cabreada, aunque si algo tenía Valy era que los enfados le duraban lo mismo que un parpadeo. 
   La puerta de su habitación estaba abierta, una suave melodía proveniente de allí llenaba el pasillo. Entré a la blanca habitación, observé los muebles blancos, las sábanas blancas de la cama cuidadosamente hecha, los objetos que estaban encima de la cómoda organizados a cada lado en líneas verticales por tamaño de grande a pequeño dejando de por medio el espejo.
    Noté que la puerta del baño, como la de la habitación antes, estaba abierta. Me asomé, se encontraba de pie arreglando los productos de cuidado personal tal y como Patrick había dicho; tenía una toalla blanca pequeña encima de la mesada donde formaba cada artículo. 

-Hola de nuevo, Vani-habló terminando por dejar la caja del dentífrico en el bote de basura.

-Hola, cielo-saludé. Entró a la habitación y apagó el reproductor de música blanco que tenía sobre el buró.

-¿Quién te dijo dónde encontrarme?

-Tengo a una muy buena amiga con complejo de detective-sonreí. Nos sentamos en el borde de la cama-. ¿Te sientes a gusto aquí?

-No me quejo.

    Si la invitara a mi casa tendría más oportunidad de pasar tiempo con ella, no la veía aceptando a la primera e igual lo intenté.

-¿Sabes qué he estado pensando? Sería genial que te fueras a vivir conmigo, Patrick y las chicas serían bienvenidos también, pero es importante para mí tenerte allá.

-No necesito tu dinero ya, Vani, no necesito nada. Gracias igual.

-Insisto, si quieres piénsalo esta noche, mi propuesta estará en pie el tiempo que decidas quedarte de este lado del mundo que sé que será mucho-la empujé muy quedó con mi hombro, le saqué una sonrisa.

   Fui yo quien se quedó el resto de la tarde con ellos, Jasper se fue con Piero. Dom me esperó, lo hice entrar al apartamento de mi hermana y sus amigos; Patrick y Emma-y unas horas después Lumi-me contaron sobre las vacaciones que habían pasado juntos con Valy en Grecia, y muchas otras anécdotas que me habría encantado vivir con ellos.
   Cuando Valy estaba rodeada de gente que la quería, las manías provocadas por su enfermedad se mantenían mínimas, sí la pillaba distraída a veces, contando, pero cada vez menos e intervenía en la conversación. Tenía unos guantes negros puestos, sonrió después de ver algún mensaje que le había llegado al móvil, y cuando cenamos juntos arregló con sumo cuidado los cubiertos, nadie más que ella tocaba los cubiertos, el vaso y el plato que usaba, cuando se servía la comida procuraba que los alimentos no se tocaran entre sí. 
   Vi cómo Dom ponía su atención en ella, y es que su trastorno obsesivo compulsivo la llevaba a hacer cosas que muchos no entenderían, yo no lo entendía muy bien cuando eramos niñas. Y ahora de mayores seguía alterándome un poco, pero debía ponerme en sus zapatos, yo tenía mi propia obsesión por la seguridad, sin embargo no se comparaba a lo que Valkyria vivía día a día. 
   Me despedí de ella a las veinte horas, recordándole que las puertas de mi casa estaban abiertas y que lamentaba haber desconfiado de ella.
   Fue un día como hace mucho no tenía uno, algo estresante al principio, pero mejoró con el pasar de las horas. 
  Terminé sentada detrás del escritorio en mi despacho. Dom respetó mi silencio durante el camino a casa. Se tomaba su trabajo como escolta tan en serio que me acompañó hasta que estuve sentada en mi silla detrás del escritorio, casi fue él quien me sentó en ella.

-Antes de que se marche a descansar quería dejar un asunto claro, señor Hunter, por si todavía no se asimila como mi empleado-Dom me miró fijamente-. Hay ciertos límites que no deben ser transgredidos, yo soy su jefa, y me incómoda sobremanera la forma en que me mira a veces.

-Discúlpeme, señorita Matteo, no he querido faltarle al respeto, y corriendo el riesgo de ser reprendido de nuevo, no me doy cuenta de lo que hago hasta que recupero la razón que he perdido al tenerla en mi punto de mira. Respetuosamente le digo, es usted muy guapa, no puede culparme por perderme mirándola, y si acaso me culpa, lo aceptaré con gusto.

   Me eché hacia atrás en mi silla deseando que no se me notara el rubor porque estaba segura de que se me habían subido los colores como los calores. 
  Desde que perdí ese objeto importante para mí que Marisol solía llamar "zapatilla", no había existido hombre que provocara reacciones en mi cuerpo, había renunciado a tales cercanías por culpa del martirio que viví cuando estuve casada.

-Jefa y empleado, sólo eso, Dom-dije entrelazando los dedos de mis manos-. Agradezco el halago, pero que no se vuelva a repetir. Por favor.

-Lo que usted ordene-sonrió y salió.

   Solté el aire que estuve conteniendo durante su discursillo, me levanté y me serví un vaso de coñac que, con manos temblorosas, bebí de un sorbo. Y me recosté en el sofá cayendo dormida en algún momento.......

-Quítate el maldito vestido-ordenó apretando los dientes de la rabia-. ¡QUÉ TE LO QUITES!-vociferó arrancándomelo y rompiéndolo en el acto-. ¡¿Te lo pusiste para él o te lo pusiste para mí?!

-Malcolm, no sé de qué mierda estás hablando, suéltame-le pedí cuando empezó a jalonearme.

-Vi cómo te miraba, te gustó que te mirara, ¿no?-Me dio una bofetada haciéndome caer al suelo. Esa fue la primera vez que lo hizo, la primera de muchas. Se acercó con cara de arrepentimiento y me abrazó, quise evitar que me tocara pero ya estaba entre sus brazos-. Lo siento, amor, lo siento, Vania.......

-Vania, Vania-abrí los ojos y no terminé de ver quién me despertó, intenté empujarle pero él se aferró a mí y me abrigó en su abrazo. Lo abracé a mi vez reconociendo el perfume de Dominic-. Te escuché quejarte.

-¿No te habías ido a dormir?-le pregunté limpiando mis lágrimas evitando mirarle.

-Soy tu guardaespaldas, mi deber es velar por tu seguridad, lo hago todo por el dinero, te lo juro-respondió con seriedad.

    Me reí, no pude evitarlo.

-No aplica a los sueños, señor Hunter.

-Soy guardaespaldas de tiempo completo y eso implica velar hasta los sueños de mi señora. Velar tus sueños-sonrió colocando su dedo índice en mi mentón, levantó mi rostro para que lo mirara y por ese segundo en que nuestras miradas conectaron experimenté lo que él mencionó antes, no me di cuenta de lo que hacía porque había perdido la razón, y cuando al fin la recobré me alejé de él.

-Dom, no te pagaré horas extras-le dije haciéndolo reír.

-Renunciaré al dinero porque es un bien común el que ha surgido de este instante.

  Mi teléfono sonó desde el escritorio impidiendo que le respondiera, sólo le dediqué una sonrisa.

-Pero si es medianoche, ¿cuánto he dormido y a quién se le ocurre llamar a esta hora?-el número era desconocido. Y la pesadilla debió ser más larga de lo que recuerdo, fruncí el ceño antes de contestar-. ¿Aló?

-Vania, soy Patrick....

-¿Qué ha pasado?-me alarmé por el mal presentimiento que me abordó.

-Es Valy, estamos en urgencias...       
      

-¡Te pasas de jodido!-exclamó Svetlana cuando logré derribarla, me reí y la ayudé a incorporarse.

-He tenido a la mejor mentora, Sveta-dije haciendo una caravana.

     Me dio un golpe en el pecho riendo.

-Y yo al mejor pupilo-expresó desenrollando las vendas de su mano derecha para luego pasar a la que tenía en la izquierda-. ¿Han adelantado algo con respecto a lo que le pasó a tu abuelo?

-No quiero meterme en ningún enfrentamiento, suspendí las investigaciones-respondí dándole la espalda para coger una toalla.

-¿Estás loco? Con su muerte serás la cabeza de...

-Tengo mis propios negocios, no una cuantiosa fortuna como la de  mi abuelo pero al menos él respetaba mi independencia así que te pido lo mismo. Sé que los demás entenderán.

-Señor-mi asistente entró interrumpiendo la réplica de Svetlana-, su agenda para esta semana.

-Cometes un error al no averiguar quién atacó a tu abuelo esa noche-gruñó la despampanante rubia-. Eres su único heredero, podrías....

-Todavía no muere, y si acaso llegara a pasar, no tocaré ni un centavo de esa herencia, mi labor con ese círculo terminó y no planeo volver.

    Svetlana salió del gimnasio, resoplé hastiado por el tema que no dejaba de tocar cada vez que podía. Por supuesto que las investigaciones seguían, pero todo a mi manera.
  Cogí mi sudadera y saqué el colgante de cristal que habían encontrado en la escena del crimen, mi abuelo había quedado en estado de coma con pocas posibilidades de despertar, observé el colgante.

-Háblame-le dije a mi asistente.

-Todo está listo para iniciar el viaje de regreso a América-empezó a revisar su tableta electrónica-. Tiene una reunión con el Presidente de Industrias W BioTech el lunes, el martes tiene una gala en Atlanta por la inauguración del Complejo Tecnológico Hera, ya confirmé su asistencia a la cena de la Fundación Star para el miércoles, la señorita Marisol Cortéz llamó, su jefa, la señorita Matteo sigue interesada en comprar los viñedos que posee en Napa, California, y en Sicilia. Hasta el momento es todo.

-¿Por qué una diseñadora de modas de reconocimiento mundial está interesada en unos viñedos?-pregunté estudiando el colgante, desde que llegó a mí como única pista de quien atacó a mi abuelo no he dejado de mirarlo, lo llevaba conmigo en todo momento.

-Conquistar nuevos horizontes, tal vez-sonrió.

-Puede ser interesante-comenté-. Ya hablaré de precios con Vania Matteo, pero todo será personalmente, estos menesteres no se tratan por teléfono.-Metí el colgante en el bolsillo de mi sudadera tras ponérmela-. Iré a ducharme, en unas horas volamos a América.

   Mi móvil vibró en el bolsillo de la sudadera, lo saqué y vi el mensaje de respuesta que me llegó. 
    Sonreí.
    Nuevos horizontes.......

martes, 14 de noviembre de 2017

"Y sin planearlo tú acaso,

como quien sin quererlo va y lo hace,
te vi cambiar tu paso
hasta ponerlo en fase,
en la misma fase que mi propio paso...."
Y entonces...

¿Conoces la sonrisa en mis labios?
Sentimiento que nació y creció
hasta convertirse en genuina felicidad...
¿Sabes del brillo en tus ojos cuando me hablas?
¿Qué de los nervios que se adueñan de este corazón?
Es la emoción de sentirnos cerca,
vivirnos,
querernos sin cadenas....
¿Entiendes de esta calma que nos recorre,
del equilibrio que empieza contigo y termina conmigo?
Cariño, es tu locura más la mía
llenando de fuego la sangre bajo la piel,
de deseo el cuerpo
y de Paz el Alma
Pasión latente
Inmaculado Amor...
Balance perfecto....
¿Conoces la sonrisa en mis labios?
Es el Ser contigo estando sin ti
Es tu nombre
pronunciado por mi boca 
Es tu voz acariciando el mío cuan verso
  que cobra vida de tu tinta y pluma
Es el Ser contigo estando sin ti....
¿Conoces la sonrisa en mis labios?

Juntos
Separados
Nunca solos...



lunes, 13 de noviembre de 2017

(Cenicienta)Bailando con el Diablo

 Las enemistades ocultas y silenciosas,
son peores que las abiertas y declaradas...

-Marco Tulio Cicerón

París, Francia
Vania


   La vista de la Torre Eiffel desde abajo y con ese hermoso cielo estrellado me parecía lo más hermoso que había visto en mis treinta años de vida. No era mi primera vez en París, prácticamente crecí entre Rusia, Francia e Italia, donde nací, y de donde me fui huyendo después de la muerte de mi madre. Huí del hombre al que llamé Padre por dieciséis años. 
   Hice mi vida en Nueva York, conocí a mi padre biológico, Vitaly D'Rossi, un hombre muy bueno que me recibió con los brazos abiertos cuando le dije quién era yo. Su historia con mi madre era muy triste; durante mi crecimiento en Nueva York seguí mi sueño y me convertí en diseñadora de modas, era dueña de mi propio imperio, admirada y querida por todos mis conocidos, y amigos de años. Que no me relacionaran con mi padre Constantino y que él no me buscara me aliviaba, aunque tenía contacto con mis dos hermanos mayores, poco pero era suficiente para mí. Mi hermana menor era quien andaba perdida por la vida, si llegaba a saber de ella era porque así lo quería ella. Y mis hermanos no es que estuviesen muy dispuestos a colaborar con información, si nuestra pequeña les pedía que no me dijeran nada si yo llegaba a preguntar por ella, ellos la complacían. Me tenía tranquila el hecho de que la protegían mucho, y no tanto el lugar y con quién se quedó.
  Aquí en Francia, bajo la Torre Eiffel fue la última vez que nos vimos siendo niñas, yo con dieciséis años, ella con nueve. Fue apenas unas semanas antes de que mamá muriera.
   Después de eso mis encuentros con ella eran intermitentes, como dije, sólo sabía de ella cuando ella quería.

-Señorita Matteo, la están esperando-dijo Dom. 

  Con el padre que me gastaba-y hablo de Constantino-vivía un poco paranoica y no me quedó más remedio que contratar un servicio de seguridad, vivía paranoica por él y por mi esposo, que aún después de muerto seguía atormentándome.
   Seguí a Dom hasta la limusina.
  Esa noche tenía una cena de beneficencia con algunas figuras conocidas, hombres de negocios y celebridades. Estas cosas no es que me gustaran precisamente pero debía asistir para apoyar la causa.

-¿Preparó todo para marcharnos esta misma noche, señor Hunter?-le pregunté a Dom.

-Como usted lo pidió-respondió mirándome a través del espejo retrovisor.

-Estaremos unos treinta minutos en la gala, después quiero que me saque de allí y me lleve al aeropuerto. No me apetece pasar ni un segundo más en esta ciudad.

   Cerré los ojos y me recosté en el asiento, relajándome.
  A Dom lo había contratado el día anterior, era discreto, serio, profesional. Después de leer su currículum, y cartas de recomendación supe que sería el indicado para guardar mi espalda, y estaba poniéndome en sus manos, eso era mucho viniendo de mí porque había perdido la confianza en el género masculino, culpaba a los hombres de mi vida, al que viví llamando Papá, y el que fue mi esposo. No es que hubiesen sido los mejores representantes del género. 
   Dom era uno más entre mis escoltas. Mi jefe de seguridad esperaba en la gala junto a otros dos, Marisol, que además era mi asistente y mejor amiga, y Jasper. Ellos llevaban más tiempo conmigo.
   Mi madre murió cuando yo tenía dieciséis, no me encontraba en casa, mi hermana sí y vio cómo la asesinaban. Era una nena.... 
   Sabíamos que las personas que fueron por Fedora Matteo eran parte de alguna de las familias enemigas de Constantino Gianni, pero ir en contra de mi madre quien ya se había divorciado de él, fue una estupidez. Yo escapé a sabiendas de lo que Constantino haría a continuación, no quería ser parte de su mundo y tampoco quise que mi hermana lo fuera e intenté llevarla conmigo pero no me dio tiempo, Constantino llegó antes.
   Desde entonces Valy ha estado viviendo con él, siendo parte del negocio familiar y era lo que más me dolía.
   Abrí los ojos y vi que Dom había aparcado, su azul y cálida mirada me observaba por el espejo retrovisor. Desvíe la mirada hacia la ventanilla mientras recogía mi negro cabello con una pinza, y le pedí que llamara a Piero, mi jefe de seguridad, y que le dijera que había cambiado de opinión, quería marcharme ya a casa. Marisol quedaría representándome.
    A él no le sorprendió para nada mi cambio y asintió sin decir nada. Me gustó eso de él.
   Miré las calles de la hermosa Ciudad Luz que para mí pasó a ser la Ciudad de la Oscuridad, la Ciudad Sombra. Aquí me separé de mi madre y mis hermanos, aquí corté los lazos con mi padre falso, aquí dejé un mundo de guerra y violencia para buscar la paz y estabilidad en otro lugar.  Me costó lo mío pero algo de esa paz la encontré.
    Lo cierto es que nunca superaré París.

Atlanta, Georgia. USA
Dom

   Vania Matteo era una mujer que proyectaba fuerza en su porte y fragilidad en su mirada. Parecía a punto de quebrarse en cualquier momento o eso me transmitió cuando entré a su oficina en busca del puesto que ofrecían como parte de su pequeña legión de guardaespaldas, mucho se rumoraba sobre ella de su obsesión con su integridad física.
  Su vida privada se mantenía tal cual, la privacidad lo era todo para ella así que lo que se decía sobre su persona era lo poco que solía filtrarse y corría de boca en boca. Nunca nada malo porque si algo tenía la señorita Matteo, no sólo era éxito sino una buena reputación; estuvo casada, perdió a su esposo hace algunos años atrás y desde entonces ha permanecido sola, no se le ha conocido romance alguno, ha estado dedicada a su trabajo y a su vida filantrópica. 
  Hablando con ella, durante la entrevista que me hizo, me llamó la atención esos vestigios de fragilidad en sus ojos color avellana. 
  Sabía que al final se negaría a asistir a la gala. De Marisol, mi superior, escuché que París era su lugar menos favorito en el mundo, la alteraba la sola mención de la ciudad y, como preví, cambió sus planes. 
   Estuvimos de regreso en Atlanta a las siete de la mañana, subí las escaleras detrás de ella llevando la única maleta con la que cargó en su corto viaje. Dejó la puerta de su habitación abierta permitiéndome entrar, coloqué la maleta en la antesala y salí sin intercambiar nada más que una mirada con ella, mirada que enseguida cortó dándome la espalda; cerré la puerta al salir y me encaminé al jardín para fumarme un cigarrillo, siempre llevaba una cajetilla de Fortuna en el bolsillo y mi encendedor dorado con una rosa en relieve. 
  Miré hacia el balcón de la habitación de mi Señora, allí estaba parada, pensativa, mirando el verdor de sus terrenos.
   Yo conocía el nombre de su padre o padrastro según se le mire. Constantino Gianni. Apellido al que ella renunció acogiendo el que su madre tomó cuando se divorció de Constantino, y todo lo que representaban tanto él como su propia familia se rompió al momento de acoger el apellido Matteo.

  No salió de su habitación en todo el día, almorzó y cenó sola. La mañana siguiente nos tocó acudir al funeral de su abuela, madre de Vitaly D'Rossi su padre biológico. La señora sufrió un paro cardíaco el día anterior, a mí me tomó por sorpresa que Vania llegara esa mañana llamando a mi puerta y ordenándome que preparara el coche, todo con una voz y actitud serena como si no estuviese sintiendo nada, pero aunque lo intentó, y mira que sí lo intentó, no pudo eliminar los rastros de llanto en sus ojos. Había llorado sola al recibir la noticia. 
   Me alisté y bajé las escaleras abotonándome los puños de mi camisa. 
  Marisol hablaba con ella en el vestíbulo, sus ojos verdes me miraron de arriba a abajo y sonrió pasando su mano por su cabello negro, Marisol tenía ese encanto y coquetería inocente de quien intenta celar y hacer de rabia a su mejor amiga, no le falló porque Vania le dio un codazo. Sonreí dejándolas a solas para ir a por el coche, ambas salieron cuando aparqué afuera, abrí la puerta y subieron; las dos vestían de blanco como si se hubiesen puesto de acuerdo. 
   Subí el cristal que separaba los asientos, les di privacidad porque había entendido que si alguien podía hacer hablar lo suficiente a Vania, esa era Marisol.
    Y no se despegaron la una de la otra en todo el servicio.
   Al terminar, la Jefa se acercó a su padre, lo abrazó y ocultó su rostro en el cuello del señor, un hombre moreno, alto y fornido. Llevaba tan sólo una camisa blanca cuyas mangas estaban arremangadas y la corbata suelta, su cabello negro apenas tenía canas, una pequeña cicatriz marcaba su antebrazo izquierdo que rodeó los hombros de Vania cuando caminaron fuera del cementerio.
   Vania y Marisol se fueron con él en su coche, yo los seguí en la limusina hasta su casa.
  Vitaly era mecánico, tenía varios talleres, una empresa pequeña que iba creciendo gracias a un hombre de buen corazón. 
  Sus hermanas y Marisol ayudaron a atender a las personas que se quedaron para el velatorio, él se sentó para charlar con Vania alejados de todos.
     Sí, se parecían.


Vania
   
    La llamada de mi padre la noche anterior para notificarme que mi abuela había fallecido me devastó. 
  Desde que pisé Estados Unidos en busca de Vitaly D'Rossi, como obra del Cielo con quien me crucé primero fue con su madre, mi abuela, mi hermosa y amorosa nonna. Tenía diecisiete recién cumplidos cuando llegué a Nueva York con ayuda de una amiga, y ella misma me ayudó en la búsqueda de mi padre biológico, trabajé en un restaurante para pagar mi estancia en un viejo apartamento; a casi cinco meses de haber llegado nos encontramos, ¿casualidad?, ¿Dios existe?, porque no sé cómo pero ella apareció en el restaurante donde yo trabajaba, fue en compañía de una de mis tías. La reconocí por la fotografía que tenía conmigo donde Vitaly aparecía con ella y mi madre.
   Me acerqué y les serví toda la noche, nonna pilló mi parecido con mi madre y con Vitaly apenas me vio, pero no dijo nada sino hasta el final de su cena. Dudó al principio porque Vitaly ignoraba que las hijas menores de Fedora eran suyas también, ella siempre le aseguró que no, primero conmigo y tiempo después con Valy, llegó a hacerse las respectivas pruebas de paternidad que dieron negativo, obvio mi madre arregló todo para que así fuese. Si Constantino averiguaba que Valy y yo eramos hijas de un hombre que madre conoció en uno de sus viajes y con quien le fue infiel en incontables ocasiones no sólo pagarían ellos sino la familia de Vitaly, a nosotras no nos tocaría porque seguíamos siendo hijas de Fedora y la familia de mi madre era un poquito de temer en Europa-y con "poquito" me refiero a mucho-, la familia Petrov se unió a los Gianni por medio de un matrimonio arreglado. Negocios eran negocios aún en esta época y en el mundo en el que se movían ambas familias.
   Vitaly entendió las decisiones tomadas por mi madre gracia a un diario que ella tenía, y a unas cartas para él que jamás envió y que yo encontré entre sus cosas. 
  Él se sorprendió al verme, nonna me llevó hasta donde él se encontraba, vivían en Boston en ese entonces, cuando Vitaly y yo nos pusimos al día, entre los dos le contamos a mi nonna las razones de mi madre para ocultar la verdad sobre mí y Valy. Ella entendió pero le parecía mala idea que Valy siguiera con Constantino, ¿qué podíamos hacer? Si intentábamos algo Constantino no descansaría hasta arrasar con Vitaly y su gran familia. Convencimos a nonna de dejarlo así, le aseguré que Valy estaría bien-mentí porque cualquiera que creciera en ese entorno no podría estar bien-, nonna entendía, sí, pero también sabía que había mentido para no preocuparla demasiado.
   Viví con ellos, estudié, conocí al resto de la familia D'Rossi, y algunos años después Valy vino a verme a Nueva York, cuando aún vivía allí, yo ya llevaba dos años de casada. Papá y nonna la vieron de lejos porque mi hermana ignoraba que Constantino no era su padre, y era mejor, siempre he pensado que es mejor que ignorara ese detalle porque sería un problema, el mismo por el que mamá lo ocultó.
   Era un verdadero dilema, me desahogué con mi abuela cuando no di para más, quería decirle a Valy la verdad y traerla a vivir con nosotros, pero eso sólo traería a mi vida aquello de lo que escapé. Lo hablé con Vitaly después del funeral, no solíamos hablar de mi hermana, pero la última conversación que tuve con mi abuela fue sobre ella. Quería que la buscara, Valy nunca traía nada bueno le dije, pero ella me recordó que le debía mi vida y que debía intentar salvar la suya porque Valy no merecía seguir los pasos de los Gianni y los Petrov.
  
-¿Qué te decía la hermosa Fedora?-me preguntó mi abuela durante esa última conversación.

-Baila con el Diablo el tiempo que quieras, al final siempre nos quedará la familia, al final siempre elegirás, buscarás a tu sangre-susurré mirando por la ventana desde mi oficina.

    Escuché un alboroto afuera, me volví al mismo tiempo en que las puertas se abrieron de golpe. El color debió escaparse de mi rostro al ver a la morena que entró y se detuvo ante mi escritorio, Marisol y Dom entraron detrás de ella, ambos visiblemente cansados y todo desarreglados al igual que la joven que entró primero.
-Contrata un mejor servicio, Van, porque con esos dos te han timado-dijo la chica sacudiéndose el pantalón negro que llevaba puesto, su negro y largo cabello era un desastre.

-Es menudita pero ha barrido el suelo con nosotros-admitió Dom cabizbajo.

-Que no, que le di ventaja-refunfuñó Marisol.

    Valy la miró y enarcó una ceja. 
   ¿Qué le pasa al universo que me la envía justo ahora?

-¿No me saludas, sestra? ¿Me echaste de menos o sigues medio emo?-preguntó.

-Déjennos a solas-ordené. Dom dudó pero salió, Marisol en cambio se quedó plantada al lado de mi hermana-. Marisol, por favor, fuera.

-Marisol es tu nombre, eh-dijo Valy coqueta-. Y dime, Marisol, ¿te apetece una tacita de café después de que Vani me eche la reprimenda del siglo porque es evidente que no me esperaba? Estás guapísima por cierto-añadió sonriendo.

-Eres la hermana de mi jefa y mejor amiga lo que debe darte una idea de cuál será mi respuesta a tu invitación por ser quien eres-contestó mi amiga.

-Insólito-susurró Valy sentándose en la silla delante de mi escritorio, enseguida empezó a organizar los lápices que tenía desperdigados sobre él, había estado trabajando en un nuevo diseño de vestido antes de que me atacara la nostalgia.

  Marisol salió después de hacerme señas con las manos recordándome que estaría afuera por si se me ofrecía algo.

-No toques-le dije a mi hermana dándole un ligero golpe en las manos, no podía dejarlas tranquilas, desde pequeña tenía ese trastorno obsesivo compulsivo, le daba por organizar todo de cierta forma, hizo cuatro hileras de siete lapices cada una. En otro momento me habría parecido tierno pero no estaba para eso-. ¿Qué haces aquí?-Se quedó mirando los lapices, estaba contando-. ¿Has estado al día con tu tratamiento?

-Más o menos, ¿cómo es que no sabías que venía?-preguntó rápido para que no le siguiera insistiendo-. Misha te envió un correo.

    Atónita me senté frente al ordenador y revisé mi correo personal, sólo yo lo administraba, había olvidado hacerlo por lo ocupada que me tenía el trabajo. En realidad me metía de cabeza en mi trabajo para no pensar en nada más.
   Misha era uno de mis hermanos mayores. Y sí, había enviado un correo electrónico informándome que él y Stefano, mi otro hermano, habían sacado a Valy de San Petersburgo para que me buscara y se quedara conmigo por algún tiempo, estaban haciendo lo que yo no me atreví, querían que tuviera una vida normal. El correo fue enviado haría un mes, si era así cómo es que ésta viene apareciendo ahora. 
  Observé a Valy que empezó a pasearse por mi oficina estudiándolo todo.

-Misha envió esto hace un mes, ¿dónde estuviste?-le pregunté.

   Se detuvo delante de mi escritorio antes de responder. Cogió la foto enmarcada que tenía allí, cerca, y le echó un vistazo. Era una fotografía nuestra con mamá y los chicos.

-Insólito-susurró, era una palabra que repetía mucho, parte de su enfermedad. Dejó la fotografía donde la encontró desviando la mirada hacia otro punto-. No sabía que te habías mudado de Nueva York.

-Misha o Stef debieron darte el dato, hemos estado hablando un poco.

-Probablemente no los escuché, sólo quería marcharme.-Se sentó y cruzó las piernas-. Supe dónde encontrarte la segunda semana de haber llegado, pero no quise buscarte porque probablemente no querías verme.

   Sentí una punzada en el pecho, si supiera que yo quería buscarla y traerla conmigo, los motivos para no hacerlo seguían siendo más fuertes. Soy una maldita egoísta.

-¿Entonces a qué has venido?-inquirí-. Al parecer te ha dio bien sola, siempre te va bien sola.

-Necesito dinero-respondió.

   Resoplé y me levanté.

-¡No puedes hacer esto cada vez que se te antoje, Valkyria!-exclamé.

-Nada bien, nada, nada bien-susurró-. No grites, por favor-dijo con suavidad, por un momento olvidé que la ponía muy tensa y a veces hasta agresiva el estar en medio de una discusión.

-Lo siento, cariño, pero no puedes hacer como que no existo, desaparecer y luego presentarte de la nada para pedirme dinero, ¿en qué gastaste el tuyo? ¿En qué problema te metiste?

-Si tienes que preguntarme no me des nada, ya me las arreglaré-replicó abandonando la silla y dirigiéndose hacia la puerta.

-Valy, ¡Valy!-levanté un poco la voz. 

    Salió guiñándole un ojo a Marisol cuando ésta pasó por su lado al entrar.
    
-Veo que no es nada fácil-dijo. 

-Juro que me altera los nervios-solté. Marqué el número de Dom-. Mi hermana acaba de salir, has el favor de seguirla y me informas de cada cosa que haga.

-Señorita....

-Es una orden, señor Hunter. Y una cosa antes de que cuelgue, asegúrese de que no note que la sigue, le sobra experiencia en el tema así que deberá hacer uso de toda la que usted tiene.

   Corté la llamada y marqué otro número.

-¿A quién llamas ahora?-inquirió Marisol.

-Misha-dije cuando me contestaron.

-Sestra-lo escuché sonreír-. Kak dela?

-Estoy bien, y Valy acaba de estar en mi oficina. ¿Papá sabe que anda por aquí?

-Sabe que está de viaje, pero no le dijimos el lugar original donde la enviamos para unas vacaciones con amigas, por cierto no anda sola-añadió-. Stef y yo convencimos al viejo Constantino para que nuestra Valkyria pasara unos meses fuera. Teníamos que sacarla de acá, Vania, la pobre ya no quiere esto, no lo soporta, Stef y yo nos estamos jugando el cuello por darle lo que pide. Sólo tú puedes ofrecerle algo mejor.

-Misha, no quiero problemas.

-¿Por eso la abandonaste?

-No la abandoné, sabes que quería traerla conmigo, pero papá....

-Entiendo, sestra-terció-, sólo muéstrale que hay algo mejor. 

-¿Por qué siento que hay otra cosa detrás de vuestra urgencia por sacarla de San Petersburgo? ¿Por qué ahora? ¿Qué hizo?

   Misha se quedó en silencio por unos minutos, al final suspiró.

-No más, Vania, sólo eso. Iremos a visitarlas, esta promesa va de parte de Stef también, cuídense, las queremos.   

   Colgó, suspiré mientras veía a Marisol observar los lapices que Valy había organizado.

-Tu hermana....

-Desde que era niña-respondí adelantándome a lo que diría.

-¿Qué te dijo tu hermano?

-Tendré que hacer malabares con ella, y no sé cuánta cosa más. Misha y Stef tuvieron que descubrir algo de lo que no me quieren hacer parte.

-Lo que encuentras googleando los apellidos Petrov y Gianni no es para tomarse a juego, Vania-dijo abrazándome-. Si Misha no mencionó nada más es porque no quiere arruinar el tiempo que pases con Valy-me apartó-, es valioso, y eso él lo sabe. Deja de pensar en lo que pasó en Rusia para que decidieran enviarla para acá, y empieza a disfrutarla. Recupérala.-Sonrió y me dio un golpecito en la mejilla-. Erase una vez Vania y Valkyria Gianni Matteo.

-Basta.

-¿Recuerdas la noche en que perdiste una "zapatilla" después de lo romántica que fue....

-Calla-reí-. Fue una vez, y me arrepiento. Lo que perdí era valioso y no sé cómo lo voy a recuperar.

     Vi el mensaje que Dom me envió y salí de la oficina. 

   Cogí los gemelos y los abroché en los puños de mi camisa, llamaron a mi puerta, observé a la chica que dormía en mi cama aún con el antifaz puesto, había sido excitante follar sin descubrirnos el rostro mientras abajo en el salón del hotel estaban los invitados celebrándome. No recordaba un mejor cumpleaños.
 Pocos me reconocieron con el rostro cubierto, quise que disfrutaran la fiesta mientras yo pasaba inadvertido entre ellos, una extravagancia que me di el lujo de llevar a cabo.
   Caminé hasta la cama y me senté en el borde, no llegué a quitar el antifaz de su cara, pero sí besé sus labios y a los pocos segundos ella correspondió, gimiendo muy quedo.

-No abras los ojos-susurré. Ella obedeció.

-Perfecto, porque en serio no quiero verte-sonrió, yo reí y busqué besar sus labios de nuevo. Tenía un acento ruso como el mío y por momentos se le escapaba algo del italiano.

-Debo resolver un asunto, regreso en unos minutos-me aparté y caminé de espaldas a la puerta, ella seguía con los ojos cerrados-. No te marches.
   
    Sólo carcajeó.
  Afuera me esperaba el Segundo de mi abuelo, más bajo que yo, delgado, cabello canoso, y esa eterna expresión adusta en su arrugado rostro. Me informó que algo había salido mal, lo seguí hasta la habitación de mi abuelo, me enseñó un colgante de una pequeña esfera cristalina, dentro encerraba un caballo alado de cristal también.

-Fue lo único que encontramos, señor.