Spin-off

Spin-off

jueves, 25 de mayo de 2017

Pacto

Nueva York, Estados Unidos
Amelia

   Amshel escuchó lo que Ivel y yo le contamos sobre nuestro corto encuentro con Eloah, sus agresivas reacciones eran de esperarse. Eloah se había atrevido a amenazar a su hermana y la bebé que crecía en su interior; Ivel no estaba angustiada, no de una forma en la que te dieras cuenta al momento de verla, disimulaba muy bien su malestar.
   No me sentí culpable por pensar en que esa bebé no debía nacer, todo lo que representara un arma en poder de Eloah debía ser destruido, pero esa niña no tenía culpa, Ivel tampoco la tenía. Sólo quería proteger a su hija como Sahar nos quiso proteger a todos nosotros en el pasado.
   Amshel, que conocía muy bien a su hermana pequeña, la abrazó. Era extraño verlo en modo "hermano cariñoso y protector", el ser del que descendían ambos era alguien que no sabía de amor incondicional, del cariño real dentro del núcleo familiar, un ser que sólo conocía de rencores y envidias no podía tener descendientes que se quisieran de la forma en que estos hermanos se querían. Sin embargo ellos, ahora mismo, delante de mí, distaban mucho de su progenitor y su abuelo. Tal vez la madre de ambos influenció más en ellos, y tal vez ella fue conociendo la realidad y negándose a seguir creyendo la mentira en la que vivía encontrando la muerte en el proceso.  Aunque ignoraba la forma en que murió, sabía que había sido a manos de humanos pero nada más.

-Ambas tienen mi protección pase lo que pase-le decía Amshel a Ivel-. Haremos lo imposible para que Él no llegue nunca a mi sobrina, su influencia no la tocará. Te lo prometo.

    Amshel, Ivel y Azana podían llegar a dar la sensación de no ser fiables, sus actos los condenan, y no pretendo bajar la guardia ante ellos, pero también tenían un lado que, a medida que iba conociendo, se asemejaba al mío con mis hermanos. Los tres estaban solos en un mundo del que no sabían era una farsa, hasta hace poco. Un mundo que ayudaron a construir sin conocer el trasfondo de todo.
    Fueron utilizados.

-Lo heriste-dije interrumpiéndolos.

-Le llevará algún tiempo recuperarse de eso-respondió Ivel alejándose de su hermano y sentándose a mi lado de nuevo-. No tiene a Sus Ancianos terranos cerca, son los únicos que podrían ayudarlo mediante el urushdaur. Puede vivir en esencia, pero por medio de un cuerpo físico le es más fácil llevar a cabo rituales por sí mismo cuando alguno de sus Siervos falla, y la mitad de esos Ancianos que le serían de ayuda ahora mismo.....

-Murieron en la Basílica-terminé.

-¿Qué pasó esa noche?-inquirió Amshel.

-La primera intención del evento era castigar a los que se habían estado oponiendo a algunas formas, que tiene Murdoch, de llevar las riendas del mundo. La segunda intención era que a través de ello quienes pensaran en cuestionarle algo más a mi marido, se lo pensaran dos veces-explicó Ivel-. Pero Murdoch planeaba algo más, los reunió a todos e hizo que las quimeras que liberaron esa noche en el recinto atacaran a todos los que allí estaban mientras que algunos sicarios pagados por él fueron tras los parientes de esos miembros fallecidos.-Esa parte no me la sabía-. Él quiere dejar todo esto, hermano, por eso atacó a la gente que lo puso allí en primer lugar.

     Escuché un ruido en la puerta, Ivel se levantó al mismo tiempo que su hermano. La vi sonreír después de que la puerta se cerrara, fue a recibir a quien sea que hubiese llegado.
     Luego vi de quién se trataba, Joshua Murdoch acababa de llegar.

-Señorita Carlysle-saludó-. ¿Qué ha pasado?-le preguntó a Ivel.

-Tuvimos un percance con Eloah-respondió ella, el rostro de Josh dio señales de visible cabreo-. Estoy bien, pero Amelia fue prácticamente torturada. Él estaba con ella cuando la encontré, tuve que traerla aquí.

-Entiendo que la trajeras, ¿pero y Eloah?

-Lo herí con mi espada, no sabremos de Él por un tiempo.

     Josh asintió respirando con alivio.

-¿Segura que tú estás bien?-preguntó acariciando su rostro.

-Ambas lo están, Murdoch-respondí por ella. En él se veían las ganas de preguntar por su hija pero como se supone que nadie debía saberlo o eso suponía yo, se había limitado a preguntar por el estado de su esposa.

    El desconcierto en su rostro dio pie a que Ivel le explicara cómo me había enterado.
     Josh nunca tuvo interés en conocer a su padre biológico, pero ante esta verdad se vio pasmado. Sabía que era una pieza más en el tablero de Eloah, aunque no una de carácter tan importante en sus movidas; y ahora su hija era objetivo del Demiurgo.
     Se alejaron de nosotros. Lo vi abrazarla y la máscara que cubría, en el rostro de Ivel, toda pena y dolor provocados por las intenciones de Eloah sobre su bebita, cayó estrepitosamente. Ivel lloraba en brazos de su esposo, y él intentaba reconfortarla como su hermano lo intentó momentos atrás.
    Afuera empezó a llover, Josh se cambió la ropa por una más cómoda, Amshel se quedó un rato más. Y en cuanto a mí, la movilidad en mi cuerpo fue volviendo, ya podía caminar, despacio pero era algo. A Ivel le pareció muy pronto lo que además era buena señal.

-Afuera sólo hay escombros-comenté parada frente a la ventana y abriendo un poco la cortina-. ¿Por qué siguen aquí?

-En este pequeño espacio existíamos nosotros-respondió Josh-. Eramos lo único real para el otro cuando afuera todo lo demás era una imposición. 

   Su destino como líder de la Nueva Era, y la odisea que ella emprendió para encontrar a Amara por dos razones: personal, para evitar que alguien más la encontrara antes y ejecutara a la joven mujer, y por deber, tenía que llevar a Amara ante Mikhael para ser juzgada por sus crímenes contra los Elohim.
     Ivel tampoco se las había visto nada fácil.

-Nadie en este mundo se las ha visto fácil, Amelia-dijo ella.

-¿Lees mi mente?-pregunté.

-No, sólo leo tu expresión, dicen que soy muy observadora-contestó con serenidad.

-Aún estoy decidiendo si eso es algo bueno o algo malo-intervino Josh pensativo. Estaba jugando con ella.

-¿Eres o te haces el imbécil?-habló Ivel.       
-¿Qué?-rió Josh.

-¿Cómo pueden estar tan tranquilos?-les preguntó Amshel-. Eloah está allá afuera maquinando contra vuestra hija, y parece no preocuparles ahora mismo.

-No estamos tranquilos-dijo Ivel.

-Pero tampoco es que queramos que tenga ese tipo de poder sobre nosotros-habló Josh-. El miedo es una forma de someternos y de brindarles fuerza a Él y su séquito, cosa que no nos conviene.

    Muy bien planteado, seguro lo habían hablado cuando él fue a cambiarse la ropa y ella lo acompañó.
     Estaba de acuerdo con ambos, no era tomarse las cosas a la ligera sino mantenerse en guardia ante cualquier eventualidad; el miedo no nos ayudaría, más bien nos perjudicaría conociendo la forma en que Eloah actúa. Se mueve por el miedo, le satisface ver el miedo, por eso existe en Assiah. Ejerce el control a través de él y el caos. Terror y Caos.
     Terrorismo, carta de nuestros días.

-Entonces Cage está vivo-dije caminando por la estancia.

-Y a salvo-dijo Josh-. Si quieres verlo tendrás que esperar, señorita Carlysle.

-No lo he dicho por eso.-Hice una mueca y miré a Amshel, evité por todos los medios preguntar por Sahar, me negaba a que Eloah tuviera noticias de ella a través de mí-. ¿Cuántos Ancianos quedan vivos?-pregunté en dirección a Ivel y Josh-. ¿Y quién sería el más cercano a Eloah? Ese al que recurriría sin pensárselo dos veces.

-Seis contando al Papa actual-respondió Josh compartiendo una mirada con su esposa.

-Y Nathaniel Lance sería el más cercano-añadió ella.

-¿Ese viejo sigue con vida?-Enarqué una ceja.

-Y aguántate, pasó un proceso de conversión. Es Blood Drynka ahora-dijo Ivel.

     Me acerqué a la chimenea, cogí el atizador y lo dejé un rato al fuego.
-Tengo unas extrañas ganas de visitar al viejo amigo de Matty-dije sacando el atizador y observando el brillante lado puntiagudo por el tiempo que estuvo al fuego.

-No estás en condiciones-terció Amshel.

-Yo soy quien decido eso. Ya dejó de llover, afuera hace buen tiempo ahora y aunque sé que destruir a Sus Siervos sólo daría paso a nuevos, mejor limpiar a los que restan y nos hacemos cargo de los que vengan cuando llegue el momento.

-Interesante-susurró Ivel mirando a Josh, éste empezó a negar con la cabeza comprendiendo a qué venía la mirada de su mujer-. Será un momento, además quien nos hacía correr un mayor peligro está indispuesto.

   Josh buscó con la mirada al joven que acompañó a Ivel a Hamburgo, el muchacho no había dicho nada en todo el rato, estaba escuchando sentado en un extremo de la estancia. Asintió y se levantó cuando Josh lo miró. 
    Amshel se encaminó hacia la puerta diciendo que tenía algunas cosas qué hacer pero que estaría yendo y viniendo regularmente por su hermana.
   Murdoch quedó solo en el apartamento. Ivel, Süleyman y yo salimos en dirección a Manhattan, fue el joven Guarda quien nos trasladó hasta el despampanante edificio donde Nathaniel Lance pasaba sus días cuando estaba en la ciudad. El magnate británico era uno de los dueños terrenales del mundo, llegué a toparme con él en muy contadas ocasiones, más que todo en eventos de beneficencia organizados por los Carlysle.
    Me di cuenta del estado en el que se hallaba Manhattan, estaba mejor recuperado que el sitio donde se situaba el apartamento de Ivel y Josh Murdoch, al otro lado del puente. Y sin duda mejor custodiado.

-Manhattan militarizada, sabía que llegaría el día pero esto es el colmo-comenté entrando detrás de Ivel a un parking. Süleyman se mantuvo cerca, vigilando nuestras espaldas.

-En este edificio se está celebrando un evento-dijo Ivel-. Un almuerzo benéfico en apoyo a los soldados que defienden lo de siempre: "la seguridad nacional", no saben que van directo al matadero en una guerra cuyo único propósito nada tiene qué ver con la seguridad nacional.           
-Apoyar a nuestros soldados en un almuerzo benéfico es una buena excusa para decirle a mis camaradas qué tan rico me hizo el contrato con Dios en esta vida-sonreí imitando el acento británico de Nathaniel Lance. Ivel rió. Le cubrí la boca al ver que no eramos los únicos en ese estacionamiento privado-. ¿Quién es ese?-Un chico de unos veintitantos abrió el portaequipajes de un rolls royce plateado, después revisó la carga de un arma que se sacó de la parte trasera del cinto del pantalón.

-Ese es Scott uno de los "niños mimados" de Nathaniel-respondió Ivel cuando quité la mano de su boca.

-Y con niño mimado te refieres a.....

-El amante de turno, es que le gustan los jovencitos. Nada extraño en el círculo por el que se mueve..... ¡Amelia!-me llamó. Yo ya había llegado a la altura del chico.

   Vi una fotografía de Josh encima de una maleta, cerró el portaequipajes y antes de que se diera la vuelta lo inmovilicé de un brazo arrebatándole el arma. Lo solté despacio y lo apunté con ella.
-La llave-pedí. El muchacho me la entregó-. ¿En quién tenías pensado vaciar esta pistola?

    Él observó por encima de mi hombro, Ivel y Süleyman estaban detrás de mí. 

-Habla-ordenó Ivel con voz gélida.

     No me extrañaría que hubiese visto la fotografía antes de que el maletero fuese cerrado.

-Señora Murdoch-susurró el joven-. No sabía que usted estaría por aquí, y menos en compañía de la escoria.-Me miró con desprecio.

-Dispárale-me dijo Ivel, ya no me quedaba duda. Vio la imagen.

-¡Espere!-exclamó Scott levantando las manos-. Nathaniel me envió a matar al señor Joshua Murdoch en su alocución de esta noche en Londres ante los enviados por el Sumo Pontífice.

-¿Por qué?-preguntó Ivel. Su tono de voz no variaba.

-Por la orden que dio hace unas horas, el ejército que lucha fuera de nuestras fronteras volverá a casa. Por parte de norteamerica no se enviará más gente a morir, según sus palabras textuales: "no peleáremos nunca más guerras que no nos pertenecen. No disparáremos ni una bala ni un misil más. Basta de creernos la policía del mundo"-recitó nervioso-. Para Nathaniel y el resto fue la gota que colmó el vaso.

    Busqué en el rostro de Ivel algo que me dijera que se alegraba por lo que Joshua acababa de hacer pero encontré una mirada vacía sólo encontrada en Eloah.

-No estás bajo ningún control mental-dijo-. Significa que aceptaste la orden en tus cinco sentidos, o te lanzaste como voluntario a llevarla a cabo. ¿Qué dirán después de su muerte? ¿Que fue un ataque terrorista y por ende deben seguir adelante? ¿Será el único al que dispararás o deben caer algunos inocentes más para causar un mayor impacto, más trauma en las masas? ¿No está muy usada la falsa bandera?-Scott titubeó, y ella me miró asintiendo.

      Halé el gatillo mientras ella se desvanecía.

-Süleyman, Ivel va a por Nathaniel-dije suavemente.

-¿No haría usted lo mismo?-inquirió él impasible-. Iban a atentar contra mi Señor, la Damita sólo está quitando del medio a uno de los Siervos Terranos de Eloah, le vino como anillo al dedo encontrarse con este chico antes de que llevara a cabo tal hazaña-dijo mirando el cuerpo sin vida del amante de Nathaniel. La bala había traspasado su cabeza saliendo por el otro lado.

-Deberíamos ir y ayudarla.-Me dispuse a caminar pero Süleyman me detuvo.

-No será necesario, esto debe hacerlo sola, además ya está acostumbrada.

-Puede haber alguien que la ataque y en su estado.....

-Nathaniel no ha salido de su apartamento, será rápido. Es un neófito, ¿qué tanto daño puede hacerle?

     Miré a Scott y empecé a vaciarle el arma. Estaba dispuesto a hacer una fiesta del atentado a Murdoch y por ende más conmoción para deleite de Eloah.
    Sin querer el arma cayó de mis manos al sentir una presión horrible en la cabeza.
    Caí de rodillas con las manos en la cabeza y escuchando el eco de Su risa, Su voz era ininteligible. Llegué a percibirlo detrás de mí, cerca, controlando el dolor, haciendo que disminuyera y aumentara, pero no podía estar allí, Él estaba en algún lugar incapacitado. Ivel lo incapacitó.
     No estás aquí, pensé. Es parte de tu jugarreta, lo que hiciste en mí, pero soy más fuerte, tú me temes, no me romperás. No estás aquí. No estás aquí....
     
-¡Amelia!-escuché muy lejos-. ¡Amelia!-repitió la voz de Ivel-. ¡¡¡¡Aaameeelia!!!!-oí con más fuerza. Habíamos vuelto al apartamento-. ¿Cómo te encuentras? ¿Qué pasó?

     Josh y Süleyman estaban cruzados de brazos parados en medio de la estancia. Ivel se hallaba sentada a mi lado en el sofá.

-No ha sido nada-respondí.

-Eso, no es nada-dijo ella entregándome un pañuelo y señalando mi nariz-. Estás sangrando.-Limpié el sangrado mirando a mi alrededor sin entender en qué momento habíamos regresado.

-¿Hace cuánto que estamos aquí?-inquirí.

-Dos minutos-respondió Josh.

-Parecieron horas-susurré.

      Entonces Ivel entendió y miró a los otros dos.

-Efectos de lo que Eloah recién le hizo-explicó-. Es como si estuviera instalado en tu mente, pero no está allí en realidad, Amelia. Por ahora no puede porque está muy débil, es una ilusión.

-Una muy real y dolorosa-repliqué. Reparé en que ella tenía una gota de sangre en el cuello, pasé el pañuelo sobre aquella gota-. ¿Qué le hiciste a Nathaniel, Ivel?

-Lo que tenía que hacer-contestó con sus ojos puestos en Josh-. Hay dos dormitorios, guapa, necesitas un largo descanso.-Lo tomé como una sugerencia pese a que su tono fue dominante-. Süleyman ve con Dussollier, dile que las quiero aquí a ella y a Amara, que vengan arropadas por la noche-ordenó.

    Süleyman desapareció, y yo me perdí por el pasillo en busca de uno de los dormitorios. Me sentía cansada, sí, pero ellos también necesitaban privacidad.




















 Ivel

   Me duché antes de sentarme a hablar con Murdoch, y esperé a que él saliera del cuarto de baño; conocer lo que Nathaniel tenía planeado para él no me tomó por sorpresa, tarde o temprano actuaría contra mi esposo y yo estaría para defender nuestros intereses. Y así lo hice.
   No le permití hablar siquiera cuando aparecí en su apartamento. Corté su cabeza, le quité del dedo medio de la mano derecha el anillo que llevaba engarzada la mágica piedra lapislázuli que lo protegía de los efectos de la luz de día y mientras el cuerpo era transformado en cenizas por ésta, envié la cabeza en una bandeja a la sala donde el almuerzo de beneficencia se llevaba a cabo.
    Al volver con Amelia y mi vasallo lo encontré a él intentando que la rubia se levantara. Estaba hecha un ovillo con las manos en la cabeza; Eloah no ha calado en ella tan fácilmente si encontró cómo salir de la maligna ilusión con la que Él buscaba quebrarla.
    Levanté la vista, Josh se acercaba con el pelo húmedo por la ducha, unos pantalones de chándal negros y cerrándose la bata de baño. Yo estaba sentada en el sofá con las piernas extendidas, Josh las levantó y se las puso en el regazo acercándome a él.

-Ven aquí, Pequeño Ángel-dijo.

-No intentes camelarme porque estoy disgustada.-Josh no insistió, conocía mis tiempos y esperó a que me calmara-. Tienes que tomar un vuelo a Londres en unos minutos para estar allá esta noche-dije cogiendo su mano-. No vayas-susurré.

-¿Tiene qué ver con tu ataque a Nathaniel?

-Mucho-respondí-. Te pusiste una diana en la frente con las declaraciones que diste, ordenaste al ejército volver a norteamerica yendo en contra de la Élite y te lo aplaudo, pero Murdoch, actuarán en tu contra con todo. Hoy tuve pruebas de ello.

-¿De qué hablas?

-No mencionaste que en la rueda de prensa que diste hoy ordenaste el regreso de las tropas, ni siquiera me dijiste que harías algo así tan pronto.

-Se me ocurrió después de una pregunta que me hicieron sobre el número de víctimas civiles en el último ataque, me cansé del "ha sido un daño colateral", "un error nuestro", me cansé de pedir disculpas cuando los bombardeos van dirigidos a esos lugares con toda intención. Me cansé de mentir.-El arrepentimiento y desesperación en su voz y rostro me hicieron sentir mal por él. Acciones pasadas comenzaban a pasarle factura-. Si la guerra continúa no será por mí-agregó.

-Y es la razón por la que esta noche en Londres atentarán contra ti-le dije. Entrelazamos nuestras manos-. Nathaniel y el resto de la cúpula que no vio con buenos ojos esas últimas órdenes tuyas, enviaron sicarios. Scott era uno de ellos, se estaba preparando para viajar cuando llegamos al edificio donde Nathaniel vivía. Amelia lo mató, pero estoy segura de que el chico no sería el único que estaría dentro del público. No vayas a Londres. No vayas.

   Frunció el ceño levantándose del sofá. Me dejó sola en la estancia, no se había disgustado, reflexionaba sobre la medida que le estaba pidiendo que tomara. Así como él se preocupaba por la seguridad mía y de nuestra hija, yo me preocupaba por la suya. Qué importaba si era hijo de alguien como Rosen "Espíritu traicionero", su cuerpo seguía siendo humano, moriría y sería de provecho para Eloah, y todo lo que era de provecho para Él nos hundiría más a nosotros.
     Maquiné en silencio. Él regresó. Había cambiado la bata de baño por una camisa blanca cuyas mangas llevaba arremangadas; se sentó atrayéndome a su cuerpo, me puse cómoda entre sus brazos estirando las piernas en el sofá.
    No se marcharía, no tuvo que decirlo, no se iría de viaje y con ello rechazaba la posición tan importante para la que fue educado. Josh rompió con un destino que fue escrito por otra mano, a diferencia de otros él estaba reescribiendo su historia; Eloah podía tener el control de cada vida en Assiah, mover, por medio de sus Arcontes y muchas veces por su propia intervención, a la gente por caminos que fueron creados por Él para ellos. Aún así, habían personas que se desviaban del camino impuesto por el Creador y eso le disgustaba, entonces tomaba represalias contra esos rebeldes en la vida actual, después de morir, y en la próxima vida reencarnada para que aprendieran a obedecer. 
    Josh tomó una decisión fuera de lugar a la vista de Eloah, y a la vista de Azazel que quería usar las futuras acciones dictatoriales de Josh para su conveniencia. Y habrían represalias. Teníamos que blindarnos.

-¿Por qué enviaste por Dussollier y Amara?-preguntó de pronto.

    Cogí su mano y la puse en mi vientre, él me acarició y esas caricias las sentía ella, que aunque pequeñita sabía que sus padres la amaban.

-Tengo una idea que podría ser catalogada de suicida-susurré.

-Confío en ti-susurró también besando mi frente.     

















Amelia

   Es cometer una completa locura. Esa frase se la solté sin más a Ivel después de escuchar lo que proponía.
   El fuego en la chimenea ardía en contraposición al frío pensamiento que cruzaba por mi cabeza, reflexión en medio del silencio que se hizo después de que Ivel desapareciera del apartamento junto a Su Adalid Dussollier dejándonos atrás a mí, Josh, Amshel-a quien llamó-y Amara.
    No era que dudara del pequeño plan, mucho podía hacerse con tan poco dijo Sahar, son los movimientos más sutiles los que muchas veces hacían la diferencia. Pero también es cierto que un movimiento así de pequeño era a la vez grande de lo arriesgado y peligroso. Nos estábamos jugando la confianza de algunos, y la vida de otros. Nos jugábamos todo, en especial Josh y ella, creo que eran los que más sacrificaban para llevar a cabo aquello.
-Mírale el lado bueno, Lucifer-comentó Amshel-, al final podrá ser tu espada quien lo atraviese.

-Cállate, Amshel-dijo Amara.

-Déjalo, hasta aquí llega el aroma de la preocupación por sus hermanas. ¿Mojarás tus pantalones, Principito?-le pregunté al Elohim.

-Vamos Amelia, no me vas a negar que por tu cabeza pasó algo similar cuando Ivel y tú estuvieron con Él-respondió Amshel-. Excepto que ignorabas unos detalles que ahora te son más esclarecedores y útiles, como la forma en la que tu poderosa madrastra llegó a ser la prisionera de mi padre.

   Cogí el teléfono que me extendía, se lo había pedido nada más Ivel marcharse, y el muy imbécil me lo negó.

-Por cada herida que tenga Circe-dije fríamente-, tu padre pagará con creces porque no seré la única pero sí la primera en devolverle una por una.

     Murdoch sonrió, seguro que también entraría a la fila para hacer sangrar al Rey Grigori. Después de todo Circe y él eran familia.
     Vi el número que Amshel había dejado dispuesto en el móvil, el nombre que lo identificaba era Gadot, una palabra de nuestra lengua que servía tanto para Dios como para Diosa. Era simpático que viera a Sahar de esa forma.
   Presioné el botón para hacer la llamada, dos veces repicó y luego escuché la voz de Faye.

-¿Amshel?-dijo.

-Es Amelia, Faye, quiero hablar con Sahar.

    Hubo una pausa seguida de su voz que, a través del auricular, me transmitió la sonrisa que sus labios dibujaron.

-Madre yo.....          




















Ivel

   El camino hacia el salón de los tronos se me hizo largo, Dussollier caminaba a mi lado callada como era su costumbre en los momentos en que a ambas nos preocupaba algo. Podía escuchar sus pensamientos que de pronto quedaron silenciados cuando Azana llegó a nuestra altura.


-¿Qué está pasando en Assiah?-preguntó-. Padre acaba de enterarse de lo que tu esposo ha hecho, bien por él-añadió sonriendo-. Sin embargo no estaba previsto, no está escrito que las cosas pasen de esa forma y está furioso.

-Que no pierda la calma, si bien Josh actuó así fue porque sintió que debía hacerse de esa forma, ya no soporta seguir las directrices que fueron escritas por otros para beneficio de alguien cruel, él no es esa persona-le dije a Azana. Los azules ojos de mi hermana me miraron con cariño. Azana tenía una mirada muy limpia y una presencia que imponía-. Apoyo su proceder y padre tendrá algo más importante en qué pensar que las "malas" decisiones de mi marido.

-Gaspard y yo aplaudimos a Murdoch, pero lo que ha hecho terminará en su muerte, padre te dejó a cargo de su ejecución a nuestra llegada como salvadores de Assiah dentro de unos años; acaba de adelantarla. Si no lo haces tú padre enviará a otro.

-Murdoch no es de quien debe preocuparse-sentencié. Azana frunció el ceño mirando de reojo a Dussollier-. Él no representa una amenaza para nuestros intereses, es sólo un humano más que nos estaba ayudando a extender nuestro Imperio.

-¿Escuchas la forma en la que hablas de tu esposo?-me preguntó en un susurro. Le hice una sutil seña con los ojos para que mirara por encima de su hombro, lo hizo del mismo modo, sutil, sin que la persona que estaba cerca hablando con uno de los Elohim lo notara-. Va de camino al atrio, padre ha convocado una reunión-explicó-. ¿Qué es eso?-dijo luego al reparar en lo que Dussollier llevaba en la mano-. ¿Qué no me estás diciendo?

-Estás por enterarte-le dije emprendiendo el camino hacia el atrio.

    Seguida por mi hermana y mi Adalid entré al salón de los tronos. 
   Muros blancos como el marfil nos rodeaban, el alto techo de cristal permitía ver el oscuro cielo más allá de éste. Abismo bañado de estrellas, la prisión que alguna vez fue creada por Sahar; curiosamente la oscuridad del Abismo sobre nosotros no oscurecía Palacio ni nuestro mundo celestial, día y noche se alternaban por igual salvo que sin un sol o una luna que iluminara nuestras noches, sólo lo que ahora sabía eran prisioneros.
    Bajo mis pies un suelo de cristal y blanco marfil dependiendo de lo que mi padre quisiera ver, lo primero le permitía ver distintos puntos de Assiah y observar el comportamiento de las criaturas terranas. Lo segundo mostraba un mapa extenso de nuestro mundo, nuestro Cielo en pleno.
     Dentro del atrio habían Arcángeles leales a mi padre, esperaban a que el Rey Grigori iniciara la reunión.
    Y mi padre, Azazel, se hallaba sentado en su trono de oro, vestido con un traje gris de bordados plateados que de seguro fue elegido por la mujer que se sentaba a su izquierda. Su actual esposa, y la persona de la que Azana y yo tuvimos cuidado minutos atrás.
    La rubia mujer se levantó después de susurrarle algo al oído a mi padre. Bajó por la escalinata y al llegar a mi altura sonrió con altivez.
     
-¿Has venido a defender la conducta de tu esposo, hija mía?-preguntó mi padre. A su diestra Uriel contuvo, sin éxito, una sonrisa.

  Uriel, nombre que le fue otorgado por Eloah al traidor de Rosen.
   Me hinqué en una rodilla antes de dirigirme al Rey Grigori. Azana pasó a sentarse en su trono al lado de Uriel, detrás de ella se paró su Adalid y esposo Gaspard.

-Querido padre, no es la intención de mi visita el disculparme por las desconsideradas acciones de Murdoch, no sabía que cometería tan nefasto error. Vine porque creo que Su Excelencia debe conocer un hecho más preocupante, o feliz, eso ya dependerá de cada uno de ustedes al saber la información que proporcionaré, pero antes, padre, he de calmar tu alma con otra noticia que traigo. Encontré a Amara.

       Los murmullos recorrieron el atrio.

-Pude enfrentarme a ella y desarmarla-continué haciendo un ademán para que vieran la espada que Dussollier sostenía en sus manos. Era negra como la mía pero con diferencia más corta y con un brillo extraño a contraluz-. Traigo ante ti una de las valiosas armas forjadas especialmente para asesinar Elohim, y que se llevó las vidas de millones de nuestros hermanos cuando fue blandida por Amara.-Dussollier subió la escalinata para entregarle la espada a Azazel-. Hubiese traído su cabeza pero mi querido hermano está aliado a ella y la salvó por poco, Amara se llevó una seria herida. No creo que aguante mucho con vida, padre.

-Eloah Yahveh forjó armas como ésta para ejecutar a quienes nos rebelamos en su contra hace milenios-dijo Azazel estudiando la espada-. Yo acompañé a Lucifer en esa rebelión, fui Su Segundo, aunque la historia haya sido manipulada y me hiciera ver como quien fraguó todo, Diablo llegaron a llamarme también. Confundiendo mentes, para nuestro placer.-Los Elohim rieron, excepto Azana, Gaspard, Dussollier y yo, todos rieron.

    Azazel debía conocer algunos aspectos de la Verdad, e ignorar otros porque no sabía con certeza quién era Sahar y vivía obsesionado con la verdadera inmortalidad de la chica. En él el falso recuerdo de la Sahar que era hija de Eloah y su hermana debía seguir fresco, como en el del resto de Elohim; Rosen actuaba como agente de Eloah dentro de las filas de Azazel, ¿se estaría encargando él de manipular a su antojo los recuerdos de mi padre sin que éste se percatara de lo que pasaba? Borrando y suplantando memorias, desde aquí mantenía el liderazgo de Eloah intacto porque Rosen sí sabía que el Demiurgo andaba rondando cerca y que no existía ningún otro Diablo más qué Él.

-Si Amara lograra sobrevivir a la herida que le provoqué-hablé-, ¿perdonarías su ofensa y le darías una nueva oportunidad, padre?

-Sé del cariño que le tienes, mi Cielo, después de todo cuando era una bebé tú la cuidaste. 

-Poco fue el tiempo pero suficiente para quererla, padre.

-Entiendo, como entiendo también que debió suponer un desgarrador dolor para ti lo que ocurrió entre ustedes años atrás.-Ignoré el comentario-. Pero sigue a mi hermano y me preocupa que Amshel también lo esté siguiendo, el exiliado puso en manos de rebeldes un arma capaz de matar Elohim, arma que asesinó a tu tío. Tal vez lo hizo inspirado por Satán.

    Elegí muy bien cómo entrar al tema que me importaba. Hice que fuese él quien lo trajera a colación.

-¿Y si te dijera, Excelencia, que tu padre y tu hermano Satán tienen un mismo rostro?-la pregunta incomodó a Uriel, y sorprendió a mi padre y hermana. Los Elohim aguardaron en silencio-. ¿Y si te dijera que ese al que creíste asesinar por el bien de todos sigue con vida caminando por Assiah, oculto bajo diferentes rostros, y te ha estado utilizando como distracción para quienes aún estaban dormidos?-Mi padre no me interrumpió sino que atendió a mis palabras-. Todos dicen en Assiah que Dios está muerto, y en nuestros círculos se repite la misma frase. Se burlan en tu cara, Excelencia. ¿Y si te dijera que mientras nuestros enemigos ven Su mano izquierda Él hace el truco con la derecha? Que Diablo hay uno solo y es el mismo Dios, él lo sabe-señalé con el dedo a Uriel que se puso de pie y bajó las escaleras.

-Estás mintiendo-me dijo a la cara.

-Desmiénteme-sonreí.

     Uriel  se dirigió a la salida del atrio pero mi padre no lo dejó continuar, desde su lugar en el trono lo levantó en el aire y estrelló contra el suelo.

-¡Su hija miente!-exclamó Uriel al ser levantado por Gaspard y otro Elohim, ambos lo trajeron ante Azazel.

-Mi hermana no tendría por qué mentir con algo así-terció Azana de pie-. Te sugiero que lo encierres, padre. Hay una celda libre donde tenemos prisionera a la Maga.
-Te están distrayendo, mi Señor-comenzó a decir Uriel sonriendo-. Es un truco viejo ponerte en contra de los tuyos.

-¿Y lo conoces porque lo hemos implementado en Assiah por milenios para beneficiarnos de ello?-pregunté-. ¡Oh, espera! Es para beneficiar al hombre al que le eres leal y ese no es el Rey Grigori. ¿Quién es el traidor?-A Uriel le relampaguearon los ojos-. Te aconsejo limpiar tus Legiones, padre.      
    Raphael se acercó a mi padre por su diestra y le susurró al oído, mi padre asintió.

-Llévenlo a la Cámara, yo personalmente iniciaré el Ciclo sobre él-dijo Azazel-. Conoceré tus actos, Uriel.

-¡Una criatura!-gritó mientras lo retiraban del salón-. ¡TU HIJA ESPERA UNA CRIATURA!-vociferó.

    Lo vi venir. Aferrándome a la idea-con el riesgo de errar-de que Rosen estaba en constante contacto con el Demiurgo entonces sabía de mi estado y atacaría por allí sin pensar en si podía perjudicar o no a Eloah.
     Si Sahar quería ganar tiempo, ya lo tenía.....y de sobra.