Spin-off

Spin-off

domingo, 1 de febrero de 2015

Si Te Dejas Llevar....



A veces Hielo, a veces Fuego....






       Le agradecí a Clara el desayuno que había preparado, la mujer era como una segunda madre para mí; mientras leía las noticias del día escuché una canción que me hizo sonreír al instante, me recordó a Luna.
   No acostumbro escuchar a Pablo Alborán, pero ésa mañana presté especial atención a la letra, éramos ella y yo pintados a todo color en aquella melodía. 
  A cada frase, Luna venía a mi mente y ese primer beso...y ese segundo beso.... ¿En qué me estaba metiendo? ¿Qué había hecho conmigo? ¿Cómo alguien puede colarse en tus pensamientos nada más empezar el día? A tal punto que...
  
  Oí el timbre, me levanté para abrir la puerta. Clara debía estar en la lavandería.  
   La carita angelical de Paloma apareció en el umbral, de un salto me abrazó. Yo aún no salía de mi asombro cuando ya mi hermanita estaba dando vueltas por mi apartamento.

-¿Cuando has llegado? ¿Y tu equipaje?-pregunté, atónito.

-Se dice "Hola hermana linda, hermosa y preciosa, que gusto me da verte".-Puse los ojos en blanco.-Llegué anoche, me estoy quedando en casa de Andrea, ya sabes, para ayudarla con las cosas del bautizo de su baby.

   Se sentó a la mesa del comedor para comerse mi desayuno, ¡qué bonita!

-¿No has venido sólo a saludar, no?

    Paloma me hizo un guiño, me senté a su derecha mientras la veía devorarse mi desayuno.

-¿Sí me llevarás mañana a la fiesta de aniversario de Vesta?-¡Lo sabía!-Por fis, Sebas. Yo nunca te pido nada.

    Eso no era del todo cierto, pero siendo ella no le negaría nada. 

-Puedes ir, Paloma, pero tendrás que conseguirte tú misma un acompañante. Yo tengo pareja.

   Se le cayó el bocado que se llevaba a la boca, me miró esperando una explicación. Me quedé en silencio mirando sus ojos café, ella empezó a interrogarme; pidió nombre, dirección, edad, en qué trabajaba y al final tomó aire, y soltó:

-¡Es Amanda! ¡¿Has vuelto con Amanda?!

-No, Dios me libre.-reí, ella suspiró aliviada.-Se llama Luna, es sobrina de Maura.

   La cara que puse debió ser de bobalicón porque mi hermana arqueó las cejas, y me dio un beso en la mejilla.

-¡Te has enamorado!-exclamó.

-¿Qué?

-Sólo hay que verte, Sebas.-dijo con una sonrisa de oreja a oreja.-¿Cómo la conociste?

-Fue la semana pasada, Andrea me envió tu invitación con ella, trabajan juntas.-dije, recogí el plato y el vaso, me dirigí al fregadero para lavarlos.

   Paloma venía detrás de mí, tenía su castaño cabello atado en una coleta de caballo, e iba vestida más bohemia que de costumbre.

-Cuéntame más de ella, quiero saber.

-Es... una Señorita Hielo.-la miré de reojo, Paloma había fruncido el ceño.-Tiene un halo de misterio que la rodea, es como si te atrajera sin siquiera intentarlo.... Y siento que la conozco de siempre.

-Tú no crees en eso, no crees en la magia....

-Creo que en algún momento tenía que ver las cosas desde otra perspectiva, porque ella es magia.-susurré casi sin darme cuenta.

   Escucharme hablar de esa forma me dio miedo hasta a mí mismo, Paloma no se equivocaba.

-Con tal de que no sea Amanda, por mí puedes salir con Mariló Montero.

-Pero si a ella tampoco la aguantas.-reí a carcajadas.

   Nos sentamos juntos en el sofá, yo tenía que salir en un par de horas porque Maura quería todo en su elemento para la fiesta del día siguiente. Yo estaba a cargo.

-Amanda te hizo mucho daño, bro. Además todos sabemos que su matrimonio fue más por compromiso que por amor, y nada me quita de la cabeza que ella fingió ese embarazo para amarrarte, y como no pudo quedar embarazada de verdad los primeros meses de casados, fingió un aborto apoyada por algún médico falsete de esos que hay por allí.

-Paloma....

-Bueno no hablemos de ella, no merece la pena. Pero parece que Lunita sí, así que ansío conocerle.

   Hablamos de otras cosas por una hora más, luego la llevé de vuelta a casa de Andrea. 
   Durante todo el día no hice más que ayudar con el sonido en el enorme salón de fiestas de la revista, que quedaba en el último piso, ver por las bebidas y la comida, de la decoración -que de eso no sé nada- se encargó Maura. Escuché que habría una presentación especial de baile, pirotecnia... Todo fue un corre, corre.
   En la tarde pude escaparme de la jefa y fui a ver a Luna. Sabía que estaría en el estudio de belly dance adonde solía ir.
   Maura me había invitado a cenar con ella y Enrique esa noche, y Luna estaría presente. Era como una despedida pues pasarían algunos días en Milán por el desfile que Maura llevaría a cabo allá.
   Bajé del coche y entré. Subí las escaleras, y me dispuse a buscarla, oí su voz en el primer salón que vi. 

-...no lo creo.-decía mientras metía algo en su bolso.

-¿Tienes cigarrillos?-le preguntó la misma chica con la que hablaba.

-¿En el tiempo que llevo aquí me has visto fumar?-inquirió ella, colgándose el bolso al hombro.

-No.

-Ya tienes tu respuesta.

-Eres mala, Luna, eres muy mala.

-¿Por no fumar?-rió, volviéndose.

   Nuestras miradas se encontraron, ella ladeó la cabeza y luego hizo un gesto negativo, una sonrisa traviesa en sus labios. 
   Caminó hacia mí, y luego me rodeó. 
   La seguí.

-Comienza a darme miedito, Sebastian.-comentó.-Estoy pensando en hacerme amiga de varios polis, ¿usted qué opina?-preguntó, bajando las escaleras.

-Que tengo tendencia a acosar señoritas que disfrutan con el sufrimiento de un hombre enamorado.

     Ella se detuvo en seco... 
     ¡Metiste la pata, idiota!
   Se giró, pero no estaba molesta, ni confundida. Su expresión era más indescifrable que otra cosa. Me habría gustado que dijera algo, volvió a caminar; la guié a mi auto y le dije que podía llevarla adonde ella quisiera. Dijo que aceptaría, debía llegar con Enrique y no le gusta ser impuntual; le abrí la puerta del coche y ella subió.
    En el camino le comenté que se parecía a Maura, que hacía muchas cosas, ella rió porque no cree que sea así. 
  Dijo, y cito textualmente: "Maura no se está tranquila ni un momento, quiere las cosas para ya, y le salen bien a la muy condenada. Si la invitaran a ver una operación de corazón abierto aprendería a hacerla en menos de cinco minutos...". En cambio ella estaba aprendiendo a ser paciente, a disfrutar de cada momento que se le presentaba, decía que era curiosa, que le gustaba experimentar. Y saber cosas nuevas.
  Me gustó que me hablara un poco de ella, aunque la chica distante seguía rondando por allí.
  
  Cuando llegamos bajé para abrirle la puerta, ella esperó a que yo rodeara el coche para abrirla ella misma y luego se rió.

-Esa chica tenía razón, eres mala.

-Y tú muy caballero, creí que ustedes no existían.

-Estamos en peligro de extinción, ¿me salvarías?

   Puso su mano derecha en mi pecho, y mirándome con esos oscuros, apasionantes y fríos ojos suyos, dijo:

-Será un placer, Sir Caballero.

   Se alejó, subió corriendo las escaleras del teatro. Le grité que la vería en la noche por la cena con sus tíos, ella levantó el pulgar y siguió su camino.

  


    Esperarla se había convertido en una tortura, cuando no la veía la echaba de menos. 
    A la hora en que debíamos vernos en el restaurante llegué puntual, Maura fue la primera en verme y levantó la mano. Luna giró la cara, al estar cerca la saludé con un beso en la frente y me senté; se veía hermosa, su pelo negro como la noche iba suelto, y alisado y sus ojos no perdían oportunidad para encontrarse con los míos. 
   Le acaricié la mano entre charla y charla, ella lo permitía. En la mesa habíamos cuatro personas y dos de ellas estaban ausentes, perdidos en su propia conversación no verbal; hablar con sus tíos se había vuelto casi mecánico, nuestras bocas se movían, contestábamos, reíamos, pero en realidad no estábamos allí. Nuestras almas se comunicaban en otro plano, y entre miradas, y sutiles caricias nos decíamos todo lo que de nuestras bocas no había salido aún. Al menos no con todas sus letras, y tal vez no lo necesitábamos aunque fuese lo típico expresarlo.
   Pero nosotros íbamos a contra corriente, ya sabíamos lo que sentíamos, sólo que había un poco de miedo, de su parte no sé exactamente la razón. Tal vez alguien la había herido tanto como me habían herido a mí....

   Maura me encargó llevarla a casa, y lo hice sin dudarlo, ella tampoco se negó.
    Rumbo a su apartamento la tensión en el coche fue palpable, podía sentir el calor que desprendía su cuerpo. Me miró en silencio y luego al frente, cogí su mano y  entrelazamos los dedos. 
  Cuando aparqué y me acerqué para besarle los labios ella se alejó un poco, pero luego, como por inercia, me atrajo hacia sí y besó muy quedo los míos. 
   Acaricié su pierna con mi mano, y fui subiendo con lentitud, sintiendo su suave piel en el camino. Ella las abrió dejando que mi mano se introdujera bajo su vestido; rocé su coño por encima de sus braguitas, gimió contra mis labios. Eso me prendió, metí mi mano por dentro de su ropa interior. 
   Nuestras respiraciones se habían vuelto irregulares, tenía sus manos en mi nuca y besaba con un ímpetu familiar, el de la primera vez. 
   Saboreé su lengua, a medida que la penetraba con uno de mis dedos; bajó una de sus manos por mi cuello hasta mi pecho, estábamos sólo frente con frente, para entonces ya había metido otro dedo en su coño. Comencé a embestirla, su mirada en la mía, mi polla estaba dura, pero por ahora el único placer que importaba era el de ella.... Su placer era el mío... 
   Mordisqueé sus labios...
   Debía saberla mía...
   Estaba tan caliente, tan mojada... 
   Su cuerpo se tensó, sentí como su sexo se contraía... Y suspiró, apoyada en mi hombro, ahogando su grito allí. 
   
  Saqué mis dedos acariciando un poco más su clítoris, besé su cuello... Y volví a encontrarme con su rostro, con su mirada... 
   Ella en mí y yo en ella...
   
   Me bajé para abrirle la puerta, esta vez esperó a que yo llegara. Salió, y la abracé antes de que se perdiera dentro del edificio.

-Tú me has hecho entender, que aquí nada es eterno, pero tu piel y mi piel...pueden detener el tiempo...-canturreé a su oído.-Una de tantas noches, mi Luna...-le susurré.

    Cuando se apartó me regaló una sonrisa escurridiza pero placentera...  
      Besó mis labios castamente, y entró....
      
   Luna había sacado una parte de mí mismo que no creí que existiera....