Spin-off

Spin-off

lunes, 13 de febrero de 2017

Lazos

   <<Circe compartió una mirada con mi padre cuando volví a la habitación. Que no se sorprendieran cuando hice mención de un Tristán obsesionado con Vesper desde vidas previas me hizo pensar en la posibilidad que ellos sabían alguna cosa que yo ignoraba, fue entonces que los recuerdos volvieron a dispararse. Y vi a mi padre en ellos.
   Corría el año de 1914, fue él quien me encontró masacrando un pueblo entero en Austria tras la irreparable pérdida de Faye a manos de una turba, sólo por estar conmigo. 
   Mirando a Nina imaginé que todo fue parte de una trampa, que la gente había sido influenciada por Velkam o el mismo Tristán, llevar meses siendo precavidas y que de buenas a primeras la atacaran estando sola no podía ser casualidad conociendo nuestra historia.

-¿Antes de 1914 no habían escuchado de mí?-les pregunté-. ¿Del engendro?

    Mi padre estaba de espaldas a mí, metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y vio a Circe quien sí se encontraba de frente a mí.

-No te llames así, cariño-dijo mi madre.

-Es cómo me han tratado todos estos años, y cómo me han llamado en todas y cada una de mis vidas, pero tranquila que no me ofendo-sonreí, total, era cierto. No me sentía ofendida por que me llamaran así, aceptaba quien yo era, ¿engendro, monstruo? Si aprender a ser humana o tener humanidad significaba tomar a los míos para hacer experimentos, juzgar sin conocer la historia tras un comportamiento, trazar fronteras, arrebatarle tierras a nativos y asesinarlos en el proceso, vivir del que dirán, volver una mierda el único lugar que tenemos como hogar. No quiero ser humana, acepto con mucho gusto ser "el engendro"-. ¿Me conocían o no?

-No-respondió Circe-. Nunca te vi, y nunca escuchamos de ti antes de 1914, sabes que son más las veces en que eres un punto ciego en mis visiones que las que logro verte; a los oídos de tu padre llegó un rumor meses antes de dar contigo, una de sus amantes había tenido una hija a la que llamó Sahar, los rumores decían que era un espécimen extraño de Blood Drynka, nacida humana pero con habilidades muy específicas y especiales. Moriste en 1912, y volviste como Blood Drynka, tu padre averiguó que siempre pasaba, así que nos tocó investigar. Y resultó ser tu progenitor en vidas anteriores a esa, sólo que nunca se enteró.

-Una eternidad pasando de amante en amante-comenté. Padre me dio la cara-. El padre que me crió en mi primera vida fue un amor conmigo, que lo sepa, papá.

-Si lo hubiese sabido, Sahar, me habría ocupado de protegerte de quien esté intentando obtenerte-dijo mi padre.

-No es un arma, Caín-le regañó Circe-. Le quieren hacer daño a nuestra hija, se ha montado todo este jaleo a nuestro alrededor para hacerle daño porque eso es lo que es querer que comparta su inmortalidad. La han perseguido por mucho tiempo, le han provocado una muerte tras otra en cada vida con la intención de medir su potencial y hasta qué punto puede llegar. Y estamos aquí, ante un ser divino, porque así te veo, mi niña, digan lo que digan-agregó, acercándose y poniendo sus manos en mis hombros-. Ojalá mis visiones fuesen más precisas, o llegaran cuando yo quiero. El ser que está detrás de ti se oculta tras un velo, no puedo ver su rostro, no puedo saber con precisión cómo acabará todo esto, Sahar.

-Sí lo sabemos-susurré-. Todo debe estar encadenado a la guerra de Armageddon, pero estoy segura que no es Luzbel quién está enviando a esta gente a por mí mientras la Élite humana se encarga de ganarle almas de terranos. Detrás de Luzbel debe estar ese ser que no puedes ver, mamá-Circe no ocultó el gusto que le dio oírme llamarla así, han sido repetidas las veces en que la he llamado "madre", y en todas esas veces sonríe, pero sólo ha pasado desde que Vesper llegó a nuestras vidas. Antes la llamaba por su nombre todo el tiempo, y no es que sintiera algo especial al llamarla "mamá", sólo se me salía-. No viene en persona porque quiere saber si puedo convertir a otros, sólo delega y observa, en ninguna de mis vidas he intentado convertir a alguien, éste ser, éste Demiurgo necesita mi inmortalidad, me necesita por alguna razón. 

-Averiguaremos cuál es-dijo mi padre, volviendo su rostro a Nina que seguía inconsciente-, no dejaré que te ponga una mano encima.

-Si antes era sobre protector ahora se pondrá peor-me susurró Circe, fruncí el ceño más porque estaba segura que intentaba hacerme reír.

-¿Qué me dicen de Faye Vesper?-pregunté, busqué indicios de nerviosismo en el rostro de mi madre-. Tú sabías que ella llegaría a mí.

-Le contaste vuestra historia a tu padre cuando te detuvo en 1914-respondió, y asentí recordando ese detalle-. Pero tuve que recordarle que vuestras vidas están unidas porque imagino que lo olvidó después de que moriste a mediados de ese año.

-A manos de Velkam-susurré.>>

      A manos de Velkam....
    Hubo un tiempo en que moría y así quedaba, muerta, sin boleto de regreso hasta una próxima reencarnación. 
    En ese último encuentro preferí omitir nuestra historia a Faye, por hacer algo distinto, tal vez así cambiaba el rumbo de nuestro destino ignorando que andaban siguiendo mis pasos y moviendo las cosas para que nuestras muertes se dieran. Nunca empujaron a Faye hacia mí, los encuentros siempre se daban de forma espontánea eso podía saberlo con certeza, sólo podían manipular dónde, cuando y cómo moriríamos, nunca dónde, cuando y cómo nos conoceríamos. 
    Después de su muerte enloquecí y maté a todos los habitantes de aquél pueblo. Mi padre apareció, me dio algo de calma, y sí, me atreví a contarle todo, pero omitiendo algunas cosas, como nombres, en específico el de Velkam, Tristán y Nina, quería desahogarme pero no confiaba del todo en él; mi padre me acompañó durante un par de meses, quiso convencerme de que lo acompañara a Providencia, sin llegar a decirme que él era mi padre biológico. Me escapé, me encontré con Velkam quien no iba sólo, nunca iba sólo cuando venía a por mí. Y entonces me asesinó.
   Siempre de su mano, en cada vida, sólo que en esta le costaría. Era diferente, Faye era diferente, y sobre todo yo era diferente; lo que sea que intentara ese Demiurgo mandando a matarme cada vez, lo había conseguido. 
    Pensé en lo que Tristán me había preguntado: "¿Acaso eres una Diosa, Sahar, una Diosa que jugó a ser humana en el pasado y como consecuencia te volviste algo más?". Esas palabras debían ser del ente para el que se había vendido.
    Sacudí la cabeza y volví a la realidad, a ese puente de madera que atravesaba un riachuelo. Mirando el verde que pintaba los alrededores, casi podía oír la voz de Nina diciendo que le gustaba el verde, era su color favorito cuando era niña; en la habitación papá la había estado observando mucho, era su nieta, su única nieta directa, no una convertida por uno de sus Blood Drynka's. Después de todo no sólo nos unía un vínculo místico, nos unía la sangre.

-¿Sientes curiosidad?

    Mi madre se paró a mi lado recargándose en la baranda.

-Creí que te habías marchado-dije, mirándola de reojo.

-Esa era la idea, pero luego lo reconsideré porque verás, la relación padre e hija parece estar muy tensa estos días. Lo has confrontado mucho, tú, que lo respetabas y obedecías; sólo quiero estar presente para intervenir de ser necesario.

-Aún lo respeto, madre-le aseguré-. ¿Qué piensa hacer por mi osadía de confrontarlo? ¿Enviarme a tomar una siesta como hizo con mi hermano?

    Circe rió.

-Me agrada esta Sahar que rompe algunas reglas.

-Nací para romper reglas, ustedes me han mantenido a raya-repliqué.

-Alguien tenía que ayudarte a entender la diferencia entre el bien y el mal.

-Y aún no la entiendo, es la razón de la constante vigilancia que mantienen sobre mí.-La miré e hice un gesto con la cabeza señalando al assassin que estaba deambulando por las cercanías-. Hay unos quince, impresionante que padre siga confiando en que puede detenerme, de ir a por Velkam ahora mismo, con quince de sus hombres: humanos y Blood Drynka, vigilándome dentro de los terrenos de mi propia casa-dije muy seria-. Ahora bien, ¿qué, según tú, me hace sentir curiosidad?

-Tu padre toma precauciones, yo lo insté, pero es más por tu protección, querida mía-alegó, mirándome con cariño maternal-. Y tu curiosidad la despertó Nina y la forma de tu padre verla, a su nieta. Nuestra nieta. Soy abuela-agregó, ilusionada con unos ojos azules brillando de emoción.

-No te equivocas, sí me ha dado curiosidad-dije. Miré mi reflejo en el agua-. Creo que a padre le ha gustado la idea de tener una nieta, es evidente que a ti sí.

-A él también-susurró como si mi padre estuviera cerca y pudiera escucharnos-. Nina debió ser una niña encantadora cuando pequeña-comentó.

    Ésta era Circe queriendo tener una conversación madre e hija de nuevo, como cuando le pedí consejo sobre lo que estaba sintiendo por Faye; la miré de reojo, sonreí. Desde que tengo uso de razón la pobre ha intentado conectar conmigo, acercarse a mí y yo lo he impedido, pero no adrede, nunca es adrede. Suspiré.

-Lo era-susurré. Faye querría que hiciera un esfuerzo por llevarme bien con Circe y permitirle ser la madre que nunca tuve la oportunidad de conocer, y la madre que no le he permitido ser-. Adoraba los bosques, adoraba el color verde que ostentan, adoraba llevarme de picnic, tenía una facilidad para hacer amigos que despertaría envidias. Su picardía te habría encantado porque aunque eres mi madre de adopción su personalidad se asemejaba a la tuya, mamá.

-Recuerdas muchas cosas-comentó, risueña.

-Sí, cada vez más.

-¿Por qué ella no te recuerda?

   Fruncí el ceño porque esa memoria la tuve después de que Faye salió dando un fuerte golpe a la puerta al hacerlo. Recordé, sí, lo que pasó antes de que me olvidara, para conocer el después no se tenía que ser adivino.

-Velkam asesinó a Faye en ese tiempo.-Tristán intentó manipularme con sus palabras diciendo que yo la había asesinado-. Yo lo descubrí e intenté huir con Nina, él fue a por nosotras con sus hombres, entre ellos Tristán. Llegó un momento en el que me distraje cuando Velkam me quitó a mi hija y Tristán aprovechó para arrancarme el corazón, Nina lo vio todo. Maldita sea-susurré, limpiándome las lágrimas.

-Sientes. Quieres a tu hija.-Circe debía estar bromeando-. Debiste ser una gran madre, estoy segura que lo serías.

-Estás loca-solté-. ¿Has visto que esté cerca de algún tot en Providencia? Sólo de ver a esas criaturitas me dan ganas de....

-Cierto que sientes aversión por los niños-me interrumpió mi madre.

-¿Qué no los entrenan? No recuerdo haber sido fastidiosa cuando era niña, es más no entiendo a los niños y a quienes quieren ser padres.-La escuché reírse, y me giré-. No me ofende que se rían de mí y de mi ignorancia sobre ciertas cosas, pero a veces es molesto.

-Lo siento, cariño, es la seriedad con la que te has referido al asunto de un entrenamiento para tots.-Acarició mi cabello-. Tú fuiste muy juiciosa, tan independiente, tan propia, fueron momentos duros aquellos en los que tus acciones nos desconcertaron, no hay línea entre bien y mal para ti así que hiciste cosas que a cualquiera aterrorizarían, pero tu padre y yo hicimos lo posible por enseñarte la diferencia, sí. Hoy seguimos intentando que hagas lo correcto, no somos quiénes para hacerlo porque hemos tomado malas decisiones, pero lo intentamos, queremos que seas una líder justa para tu pueblo, y que aprendas a controlar ese instinto que en ocasiones te ciega, y más que todo, que muestres un poquito de humanidad.    
          
-Es confuso el término, mamá, todo lo que he visto que hacen los que deberían poseer tal cosa, los que son llamados humanos es tal vez incluso peor a lo que yo he hecho. Porque ellos pueden decidir pero parece que disfrutan haciendo daño, yo disfruto haciendo daño porque no puedo decidir, porque nací siendo "esto".-Circe me abrazó-. ¿Dije algo malo? ¿Te he puesto triste?

-No, cariño.

-No quiero seguir hablando de este tema, me aburre-le dije, apartándome-. ¿Sabes? Creo que Velkam encontró una forma de borrarme de los recuerdos de Nina después de mi muerte-agregué, volviendo a lo que hablamos al principio-. Nina no quería a Tristán, lo odiaba, y es posible que fuese porque lo vio matarme cuando era niña. Inconscientemente sabía que él no era una buena persona y sospechaba de todo lo que hacía.

    Circe me cogió de las manos, asintiendo.

-Deberías hablar con ella, decirle quién eres.

-Vesper piensa lo mismo-le dije.

-Eso es porque Vesper es inteligente y te ama.

-Es una Santa.-Circe rió-. ¿Y ahora qué he dicho?

-Nada malo-susurró. Besó mi frente y soltó mis manos-. Date el gusto de hablar con ella, no como Euzma Sahar, sino como una amiga, como su madre.

-No sé cómo ser una amiga, mamá.

-Erza es tu amiga, crecieron juntas, Drako, Declan, son tus amigos y.....

-No los trato como debería ser tratado un amigo, Vesper me ha regañado porque mi forma de comportarme con Erza no es la apropiada considerando que ella me trata bien a mí. Yo le he dicho que es su deber porque soy hija de mi padre, es su trabajo tratarme bien.

-Acabas de sonar engreída ahora mismo-rió.

-¿Lo siento?-La miré, insegura.

   Mi madre me guiñó un ojo, y cruzando los brazos dijo:

-Estoy convencida que te saldrá muy natural hablar con ella del mismo modo tan bonito en el que te he visto interactuando con Faye Vesper. Acércate, da el primer paso. Es tu hija, y quien fue una buena madre en su primera vida, lo será en cada una de ellas, y más si la hija que tuvo en el pasado es literalmente la misma que vive en el presente.

-¿Cómo sabes que fui una buena madre?-inquirí.

-Porque ha sido precioso oírte hablar de Nina-respondió. Se giró para marcharse pero la detuve tomándola del brazo-. ¿Qué pasa, mi vida? 

-Tú has sido una gran madre, Circe-afirmé. Y ella se cubrió la boca con una mano mientras de sus ojos escapaban algunas lágrimas-. Erza me habló un día sobre las lágrimas de felicidad, me preguntaba por qué llorarías si estás feliz, ¿lloras porque estás feliz?-Circe asintió-. Vale.



     Desde la habitación pude ver a Sahar hablando con Circe, no las escuchaba pero debía ser una conversación muy emotiva, su madre la abrazó y aunque al inicio Sahar no correspondió terminó por hacerlo.
    Bajé las escaleras en dirección a la estancia. Llevábamos un día en esa casa, la noche del Lunes nos trasladamos desde Escala hasta aquí en coche. Drako trajo a Nina orbitando, Erza, Circe, Caín, Sahar y yo compartimos una camioneta negra. Erza condujo, era un peligro al volante cabe mencionar.
    La casa era propiedad de Sahar y ella ni lo sabía, al parecer Drako tomó precauciones haciéndose con la casa la mañana del Lunes, era por seguridad. Velkam arribaría a Seattle ese Lunes al atardecer, y el mundo entero sabía que "Vládimir Bélikov" tenía un piso en Escala. Así que ésta actuaría como una casa de seguridad.
   Se encontraba alejada de la ciudad y tenías que tomar un camino algo rústico para llegar hasta allí. El bosque le rodeaba, en la parte trasera había un puente techado pintado de blanco por el que se cruzaba un riachuelo que desembocaba en el lago, también se veía un muelle a la distancia. Buena vista.
   Me senté en el sofá.
   Todo estaba en silencio, Drako se hallaba con Caín en la habitación de Nina, ésta continuaba inconsciente. Erza estaba en la biblioteca intentando entretener la mente en algo que no fuera sangre, de vez en cuando Drako iba a verla, ella misma se encerró allí; me tenía preocupada que Velkam Alyosha apareciera en cualquier momento buscando a Nina, se supone que no sabía de este lugar, pero considerando que es un Blood Drynka que ha mantenido vigilado a Caín, no me extrañaría que llamara a la puerta de un momento a otro. Ya había llegado a Seattle, se quedaba en uno de sus hoteles y todavía no se comunicaba con Caín. Ni siquiera los Griffin lo habían hecho.
   En los noticiarios poco se habló sobre la explosión de uno de los laboratorios de la familia Griffin, por encima mencionaron "sabotaje industrial" y algo sobre iniciar investigaciones, pero escuché a Caín decir que eso sería todo lo que se hablaría al respecto. 
    La Élite humana y la Élite Blood Drynka podían estar siguiendo la misma agenda destructiva bajo las órdenes de la misma persona, pero eran dos fuerzas distintas que veían por sus propios intereses y mientras unos no se metían en el modo de llevar a cabo los planes del otro todo estaría bien. El mismo ente abrió dos caminos, pero me preguntaba por qué no unir fuerzas, serían más poderosos, ¿no?
   Circe y Sahar entraron a la casa rompiendo el hilo de mis cavilaciones. La primera subió las escaleras luego de saludarme con un beso en la cabeza, Sahar en cambio se dirigió al área del bar y se sirvió una vaso de escocés. Se recostó en el sofá.
-¿Qué demonios crees que haces?-le pregunté, ella dio un sorbo y se encogió de hombros-. Tienes quince años, no es edad para andar con un vaso de escocés y menos a estas horas de la mañana.

-Es interesante la doble moral de los humanos-comentó-. No estoy en edad de tomar esta bebida, pero sí para tener sexo con mi novicia de veinte años.-Abrí la boca para replicar pero ella levantó la mano pidiendo que esperara-. ¿Cómo llamarían a esto último aquí en el exterior, Vesper? Irías a prisión, incluso, ¿no?

-Zorra-repliqué, fulminándola con la mirada.

-Ajá, llamaré a la guardia de Seattle para que te lleven a prisión si sigues molestando a tu ama.....
-No eres mi ama, Sahar.-Me miró de soslayo, sonreí sentándome en la mesita de centro-. Eres más.-Arqueó una ceja y una sutil media sonrisa se deslizó en sus labios-. Ahora dame el maldito vaso.

-Esa boquita, señorita Vesper-dijo, juguetona, entregándome el vaso.

    Me bebí lo que quedaba, y lo puse en la mesa para luego acostarme encima de Sahar. Sus manos tomaron mi rostro, sentí el roce de sus labios sobre los míos, suave beso sin pretender algo más pero que aceleró mi pulso y la hizo gemir muy quedo a ella, sonreí satisfecha de no ser la única que perdía la calma ante un roce, una efímera caricia de su parte. Ella caía rendida por mí también; miré sus labios cuando el beso se rompió.

-Me tienes-susurré-. Me gustas.

-Lo sé-sonrió. Se mordió el labio inferior y agregó-: Ese punto quedó claro hace dos minutos.

    Besé su mejilla, me abrazó en esa incómoda posición que dejó de ser incómoda cuando se puso de medio lado y quedamos frente a frente; acaricié su mejilla, ella me observaba en silencio y era tal la devoción con la que lo hacía que casi lloro de la emoción, que alguien te mire de la forma en la que Sahar me miraba te hacía experimentar una cantidad de sensaciones y sentimientos, un cúmulo de ellos.

-¿Todo bien con Circe?-le pregunté, casi en un susurro.

-Creo que sí, lloró cuando le dije que era una gran madre pero me aseguró que eran lágrimas de felicidad-respondió como si no fuese gran cosa.

-¿En serio le has dicho eso?-sonreí, orgullosa y casi pude sentir lo mismo que Circe debió sentir cuando se lo dijo. Ella asintió-. Normal que se haya emocionado, no es que esté muy acostumbrada a que se lo digas, de eso estoy segura.

   Se quedó pensativa unos minutos perdiéndose en mis ojos.

-Piensa que debo hablar con Nina-dijo.

-¿Y lo harás?

-Tal vez lo intente.

-Ambas merecen esta nueva oportunidad, Sahar, como la hemos tenido nosotras.

    Estuvo de acuerdo y besó mis labios con más hambre que al inicio, no pensé en nada más salvo en el hecho de que fue la frase de una nueva oportunidad sobre nosotras lo que la instó a devorarme de esa forma, lo supe porque a mí también me puso decirlo en voz alta. Teníamos historia, una muy larga y trágica historia que conocíamos muy bien, me contó muchas cosas sobre nuestro pasado la noche en que llegamos aquí, y el intento de Tristán de hacerle creer que fue ella quien me quitó la vida en aquella época, y en todas y cada una en las que nos conocimos.
   Todo se detuvo a nuestro alrededor en medio de un beso tan profundo y húmedo, un beso devoto dedicado a sellar un pacto silencioso de amor. Sentándonos en el sofá me subió la blusa removiéndola de mi cuerpo, la prenda cayó al suelo, y nos miramos por un segundo que se volvió eterno, olvidé que no estábamos solas, me enfoqué en ella y poniendo mis manos en su cuello, acariciando con los pulgares su labio inferior hasta las comisuras y vi en sus ojos el reflejo de mi mirada, era exacta a cómo ella me miraba a mí, adoración en un estado tan puro.
    Tomé posesión de su boca, sintiendo sus manos en mis caderas y yendo hacia mi espalda, sus dedos hicieron un suave recorrido por mi piel dejando un caliente sendero a su paso, mordí su labio inferior jadeando nada más sentir una de sus manos en mi intimidad por encima de mi pantalón, apretando.
    Me moví contra ella retándola con la mirada, besó mi cuello y con una mordida sobre la piel me obligó a soltar un gemido. Entre besos bajó hasta alcanzar uno de mis pezones que había hecho sobresalir por encima del bra, chupó y lamió, me sentí morir cuando mordió muy quedo y se apartó para mirar mi rostro, el suyo se había transformado en pura malicia.
   Desabrochó mi pantalón pero fui yo quien introdujo mi propia mano dentro de mis bragas, masturbándome para ella. Quería que observara atenta, sus ojos ya habían adquirido el precioso color dorado y la felina línea vertical en la que se había convertido su pupila me hizo sonreír en medio de la excitación que despertaba saberla así por mí. Lamió sus labios bajando la mirada a mi mano con la que despacio acariciaba mi sexo, su respiración era irregular y la mía se había vuelto gemido. Con el dedo índice de mi otra mano levanté su rostro para que me mirara a la cara.

-¿Te gusta que haga esto para ti?-le pregunté.

    Acercó su mano derecha a la que tenía dentro de mí y acompañó el movimiento por un instante antes de subirla por mi brazo.

-Me gusta todo de ti, Faye, sigue....-gimió, atrayéndome a su boca-. Por favor, sigue-repitió sobre mis labios.

    Pellizcó uno de mis pezones al mismo tiempo que retiraba mi mano e introducía la suya, penetrándome con dos dedos de golpe. Moviéndome sobre ellos eché la cabeza hacia atrás dándole vía libre a su boca en mi cuello, y dejándome ir en su mano, mientras cubría mi boca con la otra para ahogar mi grito. Aunque a esas alturas ya habrían oído gran parte de lo que abajo pasaba, y hasta ese momento no recordé que teníamos compañía.
   La miré entre asustada y extasiada, recuperando el aliento, viendo como se llevaba los dedos a la boca, saboreándome en ellos.

-¡Joder, que tu familia está en el piso superior!-dije en un susurro. Ella sonrió-. Estás enferma, que poco pudor el tuyo-bromeé, cogiendo mi blusa del suelo mientras ella volvía a recostarse.

-¿Poco pudor el mío?-preguntó, quitándome la prenda de las manos y con su mano en mi nuca me acercó a ella-. No soy yo la que está semi desnuda.

-Devuélveme mi blusa-dije, sin borrar la sonrisa que apareció en mis labios y nada tenía qué ver con lo que acababa de pasar, que sí era en parte por el sexo pero era más aún por la felicidad que compartíamos, porque aunque no lo dijera con palabras yo sabía que la hacía tan feliz como ella a mí-. Serás tramposa, no te has quitado nada, ni siquiera el calentón con el que seguro has quedado-susurré en su oído, mordí el lóbulo de su oreja y bajé la mano para sentir la piel de su abdomen debajo de su blusa manga larga negra, Sahar sentía debilidad por la ropa con encaje, esa que dejaba un poco de piel al descubierto y a mí me perdía que la usara-. Esto es un tomar y recibir, déjame darte-dije, besando su mentón, subí a sus labios.

-¿Tuviste la oportunidad de ir a eso que llaman universidad?-preguntó de pronto.

   Dejé de hacer lo que me proponía y la miré extrañada.

-No, me había tomado un tiempo para viajar-respondí, sin entender por qué le interesaba aquél detalle.

-De haber tenido la oportunidad, ¿qué habrías tomado como carrera? 

    Nuestras miradas se encontraron, ya sabía por dónde iba, quería saber más de mí. Otra vez nos vimos acostadas en el sofá, de lado, una frente a la otra, con la diferencia de que yo estaba desnuda de cintura para arriba y ella muy vestida. Gracias.
   Al menos no pasaba frío, su temperatura no había disminuido.

-Mis padres estudiaron medicina, y por mi hermano, me habría encantado hacer lo mismo-respondí, su atención era toda para mí, nada la distraía cuando yo le hablaba.

-¿Era lo que tú querías?

-Estoy segura de ello, cuando era niña solía acompañar a mi madre al hospital donde trabajaba. A veces incluso cuando le tocaba viajar a Suiza por alguna conferencia que tenía que dar, nunca tuve niñera, y disfrutaba de esos viajes y las charlas que mi madre daba eran interesantes.

     Se hizo el silencio, cerró los ojos apoyando su frente en la mía, hice lo mismo sintiéndola.

-Si lo deseas puedes hacerlo-susurró.

-Es un intento de disuadirme de seguir en el clan, ¿no es así?-dije, aún con los ojos cerrados, y sonriendo.

-Lo es, ¿funciona?

-No. No me queda nada más que tú y esto es ahora lo que quiero.

-Que no sea por las razones equivocadas.

-Quiero ayudar, Sahar, siendo médico tal vez ayude a salvar vidas, pero en el clan salvaría muchas más. 

      Abrimos los ojos al mismo tiempo.

-El día que te canses de ser parte de nuestro clan, dímelo y lo dejaremos todo, nos iremos lejos tú y yo.

-Lo haré, mi amor-le aseguré, sus dedos acariciaban mi espalda desnuda-. ¿Crees que esto dure lo suficiente? ¿Una eternidad? En el pasado morí cuando apenas llevábamos juntas dos o tres años, máximo.

-Un día a la vez, Faye-sonrió-. Faye-repitió, pensativa-. Tu nombre significa Fe, algunos en esta casa han apostado por nosotras. Nos tienen fe.

    Reí.

-¿Sí? ¿A pesar de la historia de muerte que escribimos?

-Podemos escribir una nueva, tenemos otra oportunidad.

-¿Nos tienes fe?

-Mucha. Nadie puede borrar nuestro pasado, pero un día a la vez construimos nuestro futuro, ahora, aquí en esta estancia, en este sofá mientras te abrazo.

     La besé con dulzura, y le quité mi blusa de la mano. Comenzó a reír mientras me levantaba y me la ponía.

-Sahar-dijo Drako, entrando a la estancia-. Nina despertó.

    La sonrisa se desvaneció de sus labios, se puso de pie y buscó apoyo en mí. Asentí para que supiera que, si ella quería, la acompañaría en todo momento.
    Tenía que enfrentarla antes de que Velkam osara aparecer.


 



            
 
     






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