Spin-off

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domingo, 26 de febrero de 2017

Lazos IV

 
   "No me opondré a vuestra cercanía... No opinaré... Sin embargo, y en esto no hay vuelta atrás, me reservo el derecho a tomar cartas en el asunto si veo que flaqueas, si noto que empiezas a actuar de un modo distinto al de una líder, que no puedes llevar ambas cargas, separándolas, si veo riesgo para todos nosotros en las decisiones que tomas, si la pones a ella por encima de todo, entonces actuaré y tú no protestarás. Haré lo que sea para que retomes el rumbo, tu nuevo destino lejos de ella...."

   Esas fueron las palabras de mi padre antes de que dejáramos Providencia. 
  Arath y Regina eran claro ejemplo de lo que pasaba cuando tenías que elegir el deber para con tu pueblo, el velar por su protección antes que elegir a quien amas. Arath eligió a una persona por encima del resto de su gente, Regina lo había instado a que no lo hiciera, preferible morir antes que traicionar a sus hermanos que eran inocentes de los juegos de Velkam. Casi podía escuchar la voz de Faye diciendo todo lo que Regina decía; ella encontró las similitudes entre ellos y nosotras, lo noté.
   Sabía que mi padre estaba escuchando desde algún lugar, era muy raro que confiara tan pronto en la palabra de los Griffin, claro, le convenía. Al poco de haber hecho su entrada me levanté, no respondí de inmediato no porque no tuviera una respuesta a la pregunta que Arath me había hecho, sino porque estaba enfadada por la emboscada en mi contra que mi padre había estructurado con sumo cuidado. Tenía que apaciguarme antes de reaccionar de un modo violento. 
   Lo hizo por las acciones que tomé contra Tristán, fue la primera muestra de flaqueo. Si bien fue una buena decisión pues el hombre era culpable, intervine rompiendo las leyes que los Blood Drynka tenían en el exterior, el Consejo era quien juzgaba y sentenciaba. Mi padre podía opinar, yo podía opinar y era posible que aceptaran un veredicto de parte nuestra, pero siempre y cuando lo discutiéramos en una reunión. 
   Hice lo contrario: juzgué, sentencié y ejecuté sin discutirlo con nadie. Hice justicia por mi mano sin rendirle cuentas a terceros, por proteger a Faye de Tristán; lo mismo que Arath se vendió a Velkam para proteger a su esposa. Regina habría hecho lo mismo por él, diga lo que diga, como Faye habría hecho lo mismo por mí.  
-Actuar como una buena líder y decidir en pro del bienestar de tu gente. O tomar una decisión apresurada para proteger a una sola persona poniendo en riesgo a miles-dijo mi padre. Me encontraba de espaldas a todos, apenas giré un poco la cara-. Sé que eres egoísta, tu naturaleza dicta que lo seas, ves sólo por ti, pero creo que te he enseñado a que todas las vidas inocentes importan y que más vale salvar mil vidas que hacerlas peligrar por la protección de una.

-Basta Caín-escuché la suave voz de mi madre-. A lo que nos interesa.....






     Entendí la posición de Sahar y el que no respondiera de inmediato, Caín tenía algo de razón, ella no podía poner en peligro a tanta gente sólo por cuidar de que no me pase nada malo a mí.
  Dejé la estancia y subí las escaleras después de la intervención de Circe. Llegada al dormitorio me dejé caer en el suelo al pie de la cama, sentándome y limpiando mis lágrimas. No lloraba por mí, Sahar era muy joven y tenía una responsabilidad muy grande, llegué a su vida para hacerle las cosas difíciles creando tensión entre ella y su padre. 
   Conocía su respuesta, las mismas acciones que tomó Arath las habría tomado ella en su lugar, estoy segura. O hubiese encontrado otra forma de librarse: salvándome al mismo tiempo que a su gente; Sahar era más de acción que de palabra, si alguien o algo le estorbaba o ponía en peligro a alguien cercano, se las vería de cerca con la parca. Lo que pasó con Tristán debía ser tomado como ejemplo, con ella no se jugaba a provocarla, si lo hacías debías darte por muerto.
   Eso Caín lo sabía bien, conocía algunas cosas de las que su hija era capaz. No quería que nos acercáramos e intimáramos demasiado, pese a lo que hemos descubierto, a lo inquebrantable de nuestra voluntad por continuar juntas dejando que nuestros sentimientos de la una por la otra se fundan, él cree con firmeza que aún puede separarnos para que su hija no repita lo que hizo en el pasado.
    1914, el año en que Caín dio con ella y la encontró devastando un pueblo entero por mi muerte a manos de la gente de dicho lugar. Él no quería que eso se repitiera porque Sahar podía ponerse peor, y no pagaría un pueblo entero si algo me pasaba, si Velkam me arrastraba hacia la muerte sin que se probara su culpabilidad de las desapariciones y muertes de Blood Drynka's ante el Consejo, Sahar se iría contra él y el Consejo se levantaría contra Caín por la muerte de uno de sus miembros y el descubrimiento de que Euzma Sahar, a quien todo este tiempo han creído humana, no es ni por asomo lo que les han hecho pensar. Es más, es peligrosa-tal vez era lo único que compartía con los humanos, lo peligroso del ser que era-, y una de tres: pedían su detención y encierro, intentarían capturarla y ejecutarla-lo que sólo traería más problemas-, o se iban a la guerra donde llevarían las de perder porque Sahar se los cargaría a todos, y posiblemente el mundo se reduciría a cenizas porque un enfrentamiento de ese tamaño no le pasaría inadvertido a la Élite humana. La Primera Guerra Mundial sería una pendejada.
   Así que sí, Caín barajaba cada posibilidad buscando salvar mil vidas por encima de una. Caín tenía un poco de razón.

-¿Puedo?

   Levanté la mirada hacia Nina quien se asomó a la puerta.

-Claro-sonreí.

    Entró y se sentó a mi lado en el suelo, estiró las piernas a diferencia de mí que las tenía recogidas y me las rodeaba con los brazos.

-Le darán protección a Regina y a Arath-dijo-. Euzma Sahar estuvo de acuerdo aunque con reservas, entendió que en parte son víctimas y en parte cómplices, Arath sucumbió a las insinuaciones de mi padre de romper con la maldición de la luz del día. Querer quebrantar eso lo hace culpable, es ir en contra del Patro.

   Patro. Padre. Caín, primer Blood Drynka.

-La maldición de la luz del día ha existido por siglos para la seguridad de los humanos, Caín tiene que velar por ellos también, ¿no?

      Nina asintió.
       
-Cuando empezamos a hacernos cargo nosotros después de que Caín se desligara por el comportamiento de algunos rebeldes durante nuestra estadía en Providencia, creamos nuevas leyes. No podíamos relacionarnos sentimentalmente con humanos, y la sangre para alimentarnos, durante un tiempo, tuvo que ser medida, debíamos aprender a controlarnos cuando bebíamos directo de ellos. Prohibido matar, prohibido convertir-explicó-. Con el pasar de los años se creó la sangre sintética: píldoras, bolsas, vinos. Siempre andamos actualizándonos para ser civilizados a los ojos de Caín, que vea que podemos convivir, tenemos nuestras reglas y velamos por que se respeten, castigamos a los revoltosos, hacemos justicia; pero como has visto, nada es perfecto.-Cogí su mano, se había acordado de su padre quien tenía esa responsabilidad de hacer que se respetaran las reglas y terminó siendo un traidor a ellas y a su gente-. ¿Por qué te fuiste así?-inquirió, cambiando el tema. Retiré la mano-. Euzma Sahar me contó que Caín presenció algo en 1914, algo que no quiere que se repita y que por esa razón se opone a que estén juntas.

-¿Te has enamorado, Nina?-le pregunté.

    Su sonrisa apareció y así mismo fue desvaneciéndose.

-Se llamaba Evan, era Arconte en la corte de mi padre, gobernaba sobre Sochi, Rusia. Ambos teníamos responsabilidades y enemigos-dijo, mirándome-. Velkam respetó nuestra relación, bueno ya no sabría qué pensar respecto a ese particular.-Arqueó las cejas desviando la mirada hacia sus manos-. Evan murió el siglo pasado, pero mientras vivió hicimos un buen equipo contra opositores y conspiradores. Yo era el brazo ejecutor de Velkam.

-Igual que tu madre es el brazo ejecutor de tu abuelo-comenté.

-Creo que Sahar y tú harían un gran equipo, Faye-finalizó con un suspiro.

-Yo también lo creo, pero tu abuelo seguirá en sus trece y no le quito razón.

   Llamaron a la puerta dos veces, luego la abrieron y Circe se dejó ver.

-¿Puedo pasar?-sonrió. Hice un ademán invitándola-. Aquí entre nos, le agradas a Caín pero es muy cabezota para decirlo en voz alta-dijo, cerrando la puerta y sentándose en el suelo con nosotras.

-¿Has estado escuchando?-pregunté, enarcando las cejas.

-Sólo esa frase final, imaginé por qué te habías retirado, señorita Vesper.-Resoplé y me rasqué la cabeza por puro nerviosismo, hice una mueca de hastío-. Hay muchas vidas en juego. Todos lo sabemos, Caín lleva una carga sobre sus hombros, debe velar por cada vida inocente; tenía un plan y era acabar con todo, reescribir la historia y no esperar por una guerra que lleva gestándose por mucho tiempo. Es muy complicado, la cuestión es que él estaba decidido a destruir este mundo para construir uno nuevo; pero lo convencieron de que habrían demasiadas pérdidas.

-Vidas que no merecían morir por los errores de otros-comentó Nina.

-Así es, hay fuerzas que se mueven en las sombras y pérdidas de esa magnitud liberarían a esas fuerzas, Caín sólo traería más caos al caos que formaría con la destrucción de este mundo. Cambió de opinión, obedeció a Eloah y éste lo perdonó por haber asesinado a su hermano. La verdad sea dicha: Caín fue manipulado, Eloah nunca pidió ni pediría un sacrificio en su nombre, el sacrificio era para alguien más que se hizo pasar por Ángel de Eloah logrando que Caín matara a su hermano, alma inocente, como sacrificio pensando que sería para Eloah. Caín entregó a quien tanto amaba.-¡Qué fuerte! pensé-. Eloah lo castigó, más tarde Caín descubrió algunas cosas sobre dicho castigo. Eloah lo estaba protegiendo, es una larga historia de la que poco a poco conocerán más-sonrió-. Llegó a un acuerdo con Eloah, propuesto por el mismo Caín: Él cuidaría de los terranos, trabajaría hombro a hombro con los Elohim como guardianes de Assiah, defendiéndola de las fuerzas que se mueven en la sombras, con la condición de quitar la maldición que llevaba consigo, esa que impedía que viera la luz del día. Eloah lo hizo, pero sólo a él, no podía permitir que ningún otro ser de la noche careciera de debilidades, era por la protección de los humanos; Caín aceptó y así se le concedió autoridad sobre Assiah. Vigilar, cuidar, proteger a los humanos y a toda criatura viva en este plano llamado Assiah, mantener a raya a toda criatura oscura que recorre estos parajes. Es mucho lo que tiene que hacer, él sabe que en cualquier momento puede sucumbir a la muerte a manos de alguien, y hasta que conoció a Sahar hace años no había encontrado a una persona capaz de hacer lo que él, de dirigir como él o mejor. Una persona de confianza; cuando entendió, aunque no sabemos por qué razón, que Sahar viene a la vida a través de él supo que si algo le pasaba ella tomaría su lugar y es la razón por la que, desde niña, Sahar ha sido educada bajo esa premisa, ha escuchado que ella sería una Gobernante, que heredaría la responsabilidad de dirigir a los Assassins, de mantener Providencia en paz perpetua, y de proteger a los terranos hasta llegado el momento señalado para que esta tierra pase y estos tiempos violentos sean barridos, creemos que Sahar está destinada a acompañar a Eloah cuando ese momento llegue.

-¿Como un arma más?-pregunté, irónica.

-No, como una aliada en la construcción de un nuevo mundo-respondió muy seria-, nos hemos empeñado y esforzado en enseñarle la diferencia entre el bien y el mal. Sabes su situación, pero aún así ha demostrado ser más capaz y más humana que tú o que yo, en mi vida he conocido a alguien más justa que esa niña, sé que es violenta porque su instinto, su naturaleza es diferente y así se lo dicta, pero más justa que ella sólo Eloah, tal vez.

    Miré a Nina de reojo quien a su vez me miró preguntando:

-¿Qué demonios es ella?-Circe observó, serena, a su nieta-. Cuando le enseñé el mensaje que mi padre me envió, rompió mi teléfono en su mano y su rostro cambió, sus ojos cambiaron, se volvieron rojos, inyectados en sangre incluso y luego toda esta área se oscureció un poco-añadió, gesticulando con su mano derecha sobre el área de los ojos.

-No es la Sahar que conociste, Nina-respondió Circe-. Sólo mantente cercana a ella, Sahar va a necesitarte, a ambas.-Nos señaló con su dedo índice-. Es muy joven y lleva el peso del mundo sobre sus hombros, Caín cometió errores y pasaron cosas horribles, quiere hacer de Sahar alguien mejor para evitar que repita un patrón y se pierdan vidas en el camino. Pero lo está haciendo de la forma equivocada y se lo he dicho hasta el cansancio.

-Me odia-solté.

   Circe no se cortó y se abandonó a una carcajada.

-Llegará el día en que confiese que te admira-aseguró-. Cada paso que des será monitoreado por él y te pondrá a prueba cada vez para hacerte la mejor aliada de su hija, su pilar, su espada y que ésta no se desenfoque y desequilibre si llegara a pasarte algo. Todo lo que haga será para ponerte a prueba. Y probar a Sahar, por eso puso a Arath y Regina como ejemplo; no es exactamente que no te quiera cerca de nuestra hija, se opone, vale, pero sabes por qué se opone. En el fondo quiere que Sahar sea feliz, sin embargo hay personas a la que cuidar, y una de esas personas es ella misma, el peor enemigo de Sahar no está en el exterior sino en su interior y Caín tiene métodos retorcidos para darles lecciones a sus hijos y fortalecerlos.

   Circe se puso de pie. Y yo me puse en los zapatos de Caín por un momento pensando en esas últimas palabras de Circe, y en la historia de su marido. Caín no la tuvo fácil tampoco.

-¿Crees que Sahar y yo estaremos juntas por mucho tiempo?-le pregunté.

-Espero que sí.

-Yo creo que sí-dijo Nina muy segura.

-Tú eres la vidente-le dije a Circe después de rodear a Nina con mi brazo.

-A diferencia de lo que muchos piensan no lo sé y no lo veo todo, menos cuando se trata de Sahar. Además el futuro puede cambiar dependiendo de los caminos que tomen, es incierto, un misterio como mi hija.

-¿Cómo supiste que Amanda y ella se encontrarían?-insistí.

-No la vi con Amanda, vi a ésta recibir una tarjeta de invitación que iba dirigida a "Vládimir Bélikov"-dijo, haciendo las comillas en el aire enfatizando el alias que su marido usa en el exterior-. Debía entregarla ella misma, luego la vi frente al edificio, y después hablando con un amigo suyo sobre que conoció a una hermana que su padre le ocultó. Fue una sucesión de imágenes, yo sólo moví un poco las cosas para que se encontraran, no mucho, pequeños detallitos.

    Se llevó el dedo índice a los labios en señal de que le guardáramos el secreto. Nina y yo reímos.

  Mi padre se devolvió a Japón por sus negocios terrenales, Regina y su marido se quedarían en mi casa, por ahora era lo mejor para todos. 
    El resto de la tarde la pasé encerrada en el estudio porque necesitaba silencio, soledad y tenía sed, mucha sed. No era buena idea acercarme a Faye, me daba paz pero a veces la sed era más fuerte, podía llegar y follármela para calmarme un poco, no quería algo así. Sería como usarla, como lo había venido haciendo con Drako, y eso, creo que estaba mal, usar a la gente sólo por sexo estaba mal, creo, aunque mi situación sea distinta. 
    Lo más importante para mí era ella y en el estado en el que me encontraba podía hacerle daño. 
  Recordé que en la mañana cuando se lo hice en el sofá noté algo......

-Euzma, buenas noches-saludó Erza, entrando y cerrando la puerta tras de sí.

-Buenas noches.-El libro que tenía en mis manos lo dejé en el escritorio, Erza se sentó al borde del mueble delante de mí.

-¿No vas a cenar? Drako trajo algo de comer.

-No es esa clase de comida la que se me antoja ahora-dije, arreglando unas hojas que estaban dispersas por el escritorio.

-Faye preguntó por ti, Euzma-susurró.
-Faye está mejor si no me le acerco esta noche, Erza.-Continué poniendo en orden los documentos y colocándolos a un lado.

     Erza bajó del escritorio dispuesta a marcharse pero la cogí de la muñeca, levanté la manga de la sudadera azul oscuro que llevaba puesta y observé la marca de una mordida que tenía allí. Pasé el dedo pulgar con suavidad, apreté la mandíbula.

-Drako no me preguntó, ni Circe ni Nina cuando me ayudaron en la tarde-dijo-. Seguro creen que lo hice yo misma, suele ser algo normal en los neófitos.

-Puede que Nina crea que lo hiciste tú misma, pero Drako y mi madre están versados en mis arranques cuando tengo hambre, sobre todo Drako.-Me levanté e hice que volviera a sentarse en el escritorio, quedé entre sus piernas y rodeé su cuello con mis manos delicadamente-. La primera vez que me alimenté de ti siendo niñas Circe me regañó, casi te mato-dije cerca de su oído-y lo habría disfrutado.

-Me estás asustando, Euzma.-La voz le tembló un poco.

-Y aún así-susurré, besando su cuello-me das acceso.

    Me alejé pensando en Faye, cerré los ojos y tomé aire.

-No entiendo.-Le di la espalda-. La mordida no se ha borrado, ¿no se supone que sano rápido ahora? Es como si por un momento cortaras la inmortalidad de un Blood Drynka volviéndolo humano.-Lo sabía de sobra, Drako tenía cicatrices que tal vez se borrarían con el tiempo-. Euzma, si una mordida tuya vuelve humano, por escaso período, a un Blood Drynka, entonces quienes quieren que compartas tu inmortalidad están perdidos, tu sangre los mataría.

-¿Por qué no sales y discutes tus teorías con mi madre?-le pregunté de mal talante.

     Me di la vuelta y mordí su cuello.  
    Cubrí su boca con mi mano para que no escucharan su grito de dolor y sus gemidos en el éxtasis de la mordida, aquello podía llegar a ser placentero como el acto de morder. Sentí el sabor de su sangre en mi boca, la sensación que producía era cercano al orgasmo en el sexo, lo mismo que sentía la víctima de una mordida hecha por un Blood Drynka.
    Me aparté despacio sin quitar mi mano de su boca, Erza tenía los ojos cerrados perdida en el placer mientras yo acariciaba con mi dedo índice la mordida de su cuello.

-El instinto permanece dormido si me alimento como es debido, así Faye no corre riesgo al estar conmigo en la cama-le conté-. Por lo general salgo de Providencia en misiones por poco tiempo, ejecuto a las víctimas que dejan para mí pero no es suficiente.....

-Has pasado mucho tiempo de este lado, Euzma, te hace mal toda esta energía negativa que existe en el exterior-dijo Erza apenas retiré la mano de su boca.

-¿Quieres discutir lo que me hace mal o quieres comer? Porque para mí no fue suficiente.-Seguí acariciando la mordida.

-¿Qué haces?-preguntó.

-Controlando las ganas de arrancarte la garganta, no debo, ¿entiendes? Circe me dijo que era malo si la persona a la que muerdo es inocente, y tú eres inocente. Tú salvaste a Faye.-Besé la comisura de sus labios-. Salgamos de aquí, tengo mucha hambre, mucha sed.

-No podemos.

    Crucé los brazos.

-Eres una neófita, yo sigo siendo una también, por primera vez estamos en igualdad de condiciones.-Erza pareció meditarlo, la miré a los ojos sin parpadear-. ¿Dime qué es lo que más deseas en este instante?

-Sangre-respondió enseguida.

-Entonces vámonos.

-No es justo, empleaste sugestión-se quejó.

-No, te pregunté qué era lo que más deseabas en este instante y tú me respondiste, mi mirada no te sugestionó te persuadió a decir la verdad. ¿Vienes o no?-Le extendí mi mano.

-¡Qué elocuente tu mirada!-susurró, aceptándola.

-Lo sé.

   Nos desvanecimos del estudio para aparecer en medio de la carretera en la ciudad, un coche casi se nos echa encima. Empujé a Erza hacia un lado para quitarnos del asfaltado, Erza bufó y apresurada empezó a caminar por la banqueta; limpié los restos de su sangre que tenía en la comisura de mis labios con la manga de mi suéter negro.
   Había poca gente en la húmeda ciudad, se veían charcos de agua de una lluvia reciente que en su caída sobre Seattle fue convirtiéndose en suave rocío nocturno. 
   Erza se detuvo frente a un pequeño establecimiento.
  Estábamos a unas calles de donde se encontraba Escala porque a lo lejos logré ver el condominio.
   Erza entró.

-Creo que aquí estaremos bien-dijo.

    Era un bar que contaba con no más de veinticinco personas -contando al tipo moreno de la barra-; el lugar se veía normalito, aún brillaban las luces que suelen colgar los terranos para celebrar la pagana "Navidad". Las mesas redondas las habían dispuesto de un lado y de otro dejando espacio para un pasillo por donde anduvimos Erza y yo para dirigirnos a la barra. Las personas nos miraban.

-Qué manía la de los humanos esa de andar curioseando-comenté.

-Eres muy guapa, llamas la atención-replicó Erza por lo bajo-. Y yo no es que esté de mal ver, ¡eh!

-No me había dado cuenta, Erza, pero ¿siempre fuiste así de humilde o te dio un atacazo ahora?

-Estás aprendiendo a ser sarcástica, me siento orgullosa, Euzma Sahar-dijo, llevándose la mano al pecho mientras que con la otra llamaba al barman.

   Me volví para estudiar con la mirada a los clientes, no me gustó lo que percibí en algunos de ellos. De veinticinco personas, veinte eran unos enfermos que no entendía cómo no habían sido apresados por la guardia de la ciudad.

-¿Qué haces?-preguntó Erza, mirando a la gente.

-Eligiendo nuestra cena.-Puse mi atención en el barman que le había servido una bebida a Erza.

-¿Tu identificación?-me dijo.

-No la necesitas.-Cogí su cara entre mis manos y lo obligué a mirarme-. Cierra el local, ve a casa y no regreses aquí hasta dentro de una semana a partir de ahora.

   El hombre parpadeó varias veces, salió de detrás de la barra para dirigirse hacia un pasillo.
   Me encargué de hacer lo mismo con las cuatro personas de las cuales no percibí ninguna mala intención ni inmoralidad, personas inocentes que mis padres querrían que salvara. Las cinco personas-contando al barman-abandonaron el local ante la dubitativa mirada de las otras veinte. Algunos se levantaron.

-No, no-dije-, ustedes se quedan.-Se sentaron de nuevo-. Verán, ella es Erza, yo soy Sahar hija de Caín....

-Euzma-susurró Erza, nerviosa.

-Van a morir de igual forma-dije con desdén-. En resumen, tenemos hambre. ¿Alguien quiere invitarnos a cenar?

   Trece levantaron la mano, los otros siete se quedaron desconcertados: cuatro mujeres y tres hombres.

-Mis padres me enseñaron a no despreciar una invitación a comer porque es de mala educación, de hacerlo tengo que ser amable, pero hoy no estoy para hacer desprecios, sírvete-le dije a Erza.

    No esperó a que lo pidiera dos veces.
    Los gritos de terror llenaron el bar.

-No griten, por favor-pedí en voz alta, caminando hacia un hombre de pelo cobrizo que intentaba huir-. Siento tu miedo, puedo saborearlo, me gusta cuando la gente que le ha hecho sentir miedo a inocentes sienten el mismo miedo. Dime, terrano, ¿qué es lo peor que has hecho en tu vida?  

-Secuestré y violé a dos adolescentes-confesó, aterrado sin entender por qué lo había hecho.

-¿No te dieron castigo por eso? ¿Qué haces en libertad?-pregunté, ladeando la cabeza.

-No se pudo demostrar nad.....

-Oh, los terranos son tan inútiles.-Comenzó a llorar-. ¿Lo has hecho de nuevo?

-Sss...sí-respondió.

-Apuesto a que te creíste intocable, pero adivina, no lo eres.-Lo cogí de las solapas de su chaqueta, las lágrimas bañaban su cara, sus ojos café estaban llenos de terror.      
    Lo mordí, y cuando tuve suficiente le arranqué el corazón. Pasé al siguiente, y al siguiente, tal y como Erza lo hacía; al final terminé en los servicios lavando mi rostro y mis manos. Para el momento en que salí Erza seguía sobre una mujer bebiendo su sangre. Se detuvo sólo cuando escuchó la voz de Drako a sus espaldas.
-Qué desastre-dijo el leal caballero-. Si Euzma Caín se entera de esto no quiero ni imaginar el castigo que caerá sobre ustedes.

-No hicimos nada malo.-Me senté sobre la barra-. Cuidé que los inocentes se marcharan antes de empezar a cenar-dije, cruzando las piernas-. Todas estas personas son basura humana, el mundo estará mejor sin veinte violadores, asesinos, pederastas menos. Esa de allí-señalé con el dedo a una mujer a la que le rompí el cuello con lentitud para que sufriera-, mató al perro de sus vecinos porque no la dejaba dormir, prefirió eso a hablar con sus vecinos, ¿viste? 

-Sahar, no tienes permitido hacer este tipo de cosas, no puedes ir asesinando personas cuando se te antoje.

-¿Ni siquiera porque lo merezcan? Estoy cumpliendo mi labor mientras como, ¿qué hice mal? ¿Se supone que debí dejarlos vivir? Está el bien y está el mal, ellos eran el mal, nosotros ejecutamos a los malos.

-Tenemos un código-replicó. 

    Erza miraba, aturdida los cuerpos sin vida.

-Ajusticiamos, pero no de ésta forma, no lo tienes permitido a menos que sea necesario.

-Teníamos hambre ergo era necesario para poder alimentarnos-alegué-. Todos eran culpables de algo o tenían intenciones de llevar a cabo actos inmorales. Vivos sólo les daría oportunidad de ejercer dichos actos, muertos no dañan a nadie, ¿no es eso lo que queremos? ¿Salvar inocentes de seres inmundos como éstos?

-No así.

-Estoy confundida, ¿ejercí bien o ejercí mal?-Bajé de la barra-. Pienso que ni siquiera ustedes saben la diferencia entre lo bueno y lo malo-le dije al llegar frente a él-, es una delgada línea, muy fina de hecho. Juzgas que haya matado a puros bichos malos, según tú debí dejarlos vivos; desde donde yo lo veo cumplí con lo que se me enseñó: respeté vidas inocentes, sólo tomé lo que me pertenece, almas inmundas.

   Drako no se atrevió a contradecirme.

-Yo me siento satisfecha-comentó Erza, sonriendo.

-¿Faye aprobará tu proceder?-me preguntó Drako, llamando de nuevo mi atención.

-No lo sé, pero de algún modo tenía que liberarme sino alguien en esa casa iba a morir. Ahora estoy en calma-dije, pero sintiendo un poco de tristeza por dentro al pensar en Faye. 
  

    Sahar no apareció por el comedor, Circe y yo empezamos a preocuparnos porque Erza tampoco daba señales de vida. Nos sentamos en el salón, pero no pasé mucho tiempo así, enseguida empecé a caminar de un lado a otro, nerviosa.
-Según entiendo Drako convirtió a la chica Erza, quiere decir que no tardará en encontrarlas, están ligados por el vínculo de sangre Patro/Filino. Padre Blood Drynka/Hija Blood Drynka-dijo Arath.

-¡¿Y si Velkam llega a ellas antes?!-pregunté, desesperada.

-Faye, cariño, siéntate. Sahar estará aquí pronto-buscó tranquilizar Circe.

    Nada más terminar de decir eso aparecieron Drako, Erza y Sahar. La segunda estaba toda llena de sangre, a Sahar se la veía impecable pero percibí algo diferente en ella, además de sus ojos rojos con los que me miró, impasible.
    Me acerqué a ella, noté una gota de color rojo en su cuello. La limpié al tiempo que sentí mis ojos humedecerse por las lágrimas de enfado, miedo, nervios y preocupación que amenazaban con salir. 

-¿Qué hiciste?-susurré.











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