Spin-off

Spin-off

lunes, 26 de septiembre de 2016

Huellas XIII



    Pasé el día encerrada en la habitación, Sahar no regresó. Envió a Erza con mi almuerzo, ésta me dijo que la morena estaba ocupada; me enfadó que se fuera de esa manera sin ninguna explicación. Miré mi muñeca izquierda, aunque evité quejarme del dolor cuando ella la apretó, me escocía. La froté, la tenía enrojecida. Por poco me la rompe.
    ¿Será posible que haya sido lo que consiguió alejarla? ¿Se dio cuenta de que me hacía daño?
    La ciudad adonde nos dirigimos después de dejar palacio, se encontraba como a una hora y media de distancia. Pero Circe pensó que era mejor quedarnos en un pueblo por el que teníamos que pasar de camino a Ocean, nombre de dicha ciudad, yendo así en contra de las órdenes de Sahar. 
   Bajé del carruaje, el pueblo que se abría ante mí era precioso, las casas eran grandes y me recordaron a mi Moscú pero más pequeña. Era arquitectura bizantina en su más bello esplendor, como lo era palacio; me habría encantado seguir disfrutando de la vista pero Erza me despertó de mi ensoñación y me hizo señas para seguir a Circe y Drako. El pueblo estaba vacío a excepción de los hassassin que lo custodiaban por órdenes de Sahar, escuché a Circe decir que todos se encontraban en sus casas por seguridad.
   Los tres se distrajeron hablando con quien estaba a cargo de aquella locación, sentí que me cubrían la boca, forcejeé pero en un parpadeo ya no me encontraba en el pueblo sino en el interior de palacio, en el dormitorio de Sahar, observándola pelear con cinco criaturas. Se movía muy rápido, no daba oportunidad de que la tocaran.

>>-Es una asesina-escuché una voz susurrándome al oído, no podía moverme, no podía ver al hombre que me hablaba. Algo me lo impedía-. Ha quitado tantas vidas, sus manos están manchadas de sangre, como lo están las de aquellos que te arrebataron a tus seres queridos; es como ellos, incluso peor. Una sádica....

-No-musité.

-¿Te contó de su hermano?-¿Hermano?-¿Te dijo dónde está, qué le hicieron ella y su padre? Es un ser infernal, hay una bestia en la chica; es inmortal, y su inmortalidad la condena. Sahar Cassul es mala, rubia, mátala y librarás a la gente que habita este reino de un terrible mal que le acecha. Los liberarás de ellos.-El padre de Sahar había llegado, hablaba con su hija-. Míralos, padre e hija. ¿Qué puedes esperar de quiénes han asesinado a un hijo, a un hermano?<<

    Sacudí la cabeza. 
   Cuando hablé con Circe no mencionó a un hermano, ni Erza cuando me llevó de paseo por el bosque a pedido de Sahar. Erza dijo que Sahar era buena persona, yo sé que es buena persona.
    El desconocido me devolvió al pueblo dejándome detrás del carruaje, escuché un batir de alas. Al girarme lo vi volar, y perderse con su vuelo muy rápido; salí de detrás del carruaje, casi me doy de bruces con Erza. Intenté parecer tranquila.
    El padre de Sahar llegó, y entonces volvimos. Tuvo que correr muy rápido para trasladarse desde palacio y cubrir todo ese trayecto; y a mi mente llegó esa mañana en la tienda. Sahar no bromeaba cuando dijo que había ido corriendo.
   Su padre volvió con nosotros en el carruaje, le habló a Circe y a Erza de la quimera alada. A mí me miraba rara vez.
   La quimera alada, el hombre que me llevó a verla pelear, el hombre que me dijo que ella era mala. Ella y su padre. Que la gente de Providencia vivía siendo acechada por un mal, y ese mal resultaba ser Sahar.
   No, no era posible. Sahar no era cómo él la describió, yo he visto más allá.
   Aún así la ataqué, me encontraba confundida y con demasiado caos encima. Sahar quería que la matara, y luego todo el arrebato provocado por tenerla allí, cercana y lejos; el deseo me pudo arremolinándose en mi interior, borrando el dolor que sentí por saber que había una posibilidad de que fuera como Viktor Strauss y la gente para la que éste trabajaba. No quería odiarla, pero me pidió que lo hiciera, yo jamás...

-Yo jamás te odiaré, no podría-susurré. 

   Entré a la habitación, tocaron la puerta.
  Abrí, y allí estaba de pie en el umbral, serena expresión en su hermosa faz. Algo tan simple como mirarnos a los ojos, perdía toda simplicidad, con ella todo tenía un punto más allá.
    La invité a pasar, lo cual era raro como que llamara a la puerta de su propia habitación.

-Así que has recordado que existo-comenté.

-He pensado en ti todo el día.-La confesión me dejó anonadada, lo soltó así nada más removiendo las caricias  y los besos de horas atrás-. Desde que llegaste no he podido olvidar que existes.

-Es que no entiendo, ¿por qué mierda me dejaste esta mañana sin darme una explicación? ¿Es porque tu padre está aquí?

    Sus ojos se enfocaron en mi muñeca izquierda, me la cubrí. Sahar suspiró.

-Mi padre no es la razón, de hecho vine a buscarte para que me acompañaras a cenar con él-dijo, pude vislumbrar la rara y bendita sonrisa que me encantaba.

-¿Segura de que es buena idea? No le agrado, casi muero por su culpa.

    Sahar se encogió de hombros.

-Si prefieres morirte de hambre.-Se encaminó hacia la puerta.

-Sahar-llamé. Ella se giró, enarcó una ceja-. Sigo enfadada contigo por lo de hace rato.

-Hablaremos todo lo que gustes después de cenar.

-Querrás decir: si es que salgo viva de esa cena.

    Bufó, y me miró de reojo.

-Los humanos son tan odiosos.

    Fui yo quien abrí la puerta saliendo la primera.

-Habló la reina del buen trato, la simpatía y la cordialidad-ironicé.

    Bajamos las escaleras, seguí el camino hacia el comedor, ella hizo rodar la puerta, abriéndola para entrar juntas. Se hizo el silencio nada más yo entrar; su padre estaba sentado a la cabecera de la mesa, Circe estaba sentada a su derecha, le seguía Drako y a éste Erza. Sahar rodeó la mesa y tomó asiento a la izquierda de su padre el cual no me quitó la mirada de encima cuando me dispuse a sentarme donde me indicaba Sahar, a su lado.
   Tenía puesto un traje gris sin corbata, sus ojos eran como los de su hija, tenía cierto atractivo, también como su hija. Sólo que Sahar era más guapa, su semblante era más altivo que el de su padre. Ella conseguía que todo a su alrededor le perteneciera.
    Ahiram Cassul era el nombre que Erza dio, y que Circe me dijo días atrás. Ahiram me observaba.
-Buenas noches, señorita Vesper-saludó.

-Buenas noches-dije, respondiendo con cortesía a su saludo.

-¿Cómo se ha sentido? Espero que mi hija esté siendo una buena anfitriona.

-Mejor que su padre, sí-repliqué. 

   Circe tuvo un ataque de tos, se había atragantado con la comida, Erza no sabía dónde meterse, Drako puso los ojos en blanco y Sahar dio un sorbo a la bebida de su copa de cristal. Fue la única que no se inmutó por mi osadía.
    Su padre rió para sorpresa de los tres primeros porque Sahar seguía como si nada.

-Lindo acento-comentó el señor Cassul-. Es de Rusia, si no mal recuerdo.

-Moscú, sí-respondí. Corté la carne en mi plato, y me llevé el trozo elegido a la boca.

-Rusia, recuerdo que cuando Sahar era niña Circe y yo la llevamos a Rusia, fue el primer país que visitó fuera de Providencia-contó. Miré a Sahar, ésta se encogió de hombros y luego miró a Circe, ésta se encogió de hombros en dirección a Sahar con una pícara sonrisa en sus labios-. El nombre de vuestro padre me suena de algo. Illian Vesper-dijo, pensativo.

-Era muy conocido en la comunidad científica, tenía mucho prestigio. A lo mejor de ahí le suena su nombre, según me han dicho es usted una eminencia en el exterior, un filántropo.

-No, creo que conocí a tu padre por algo en el pasado-insistió, apuntándome con su tenedor-. Tenías diez años, yo le hice un préstamo a tu padre, apoyé algunos muy buenos proyectos suyos. ¡Por supuesto!-exclamó, sonriendo triunfante. Miró a Sahar-. Contabas con cinco años, cariño, y se llevaban del asco.

    Sahar me miró, yo dejé caer el tenedor que hizo ruido al chocar contra el plato. 

-¡Qué cosas extrañas pasan en este mundo, eh!-dijo su padre. 

   Drako y Erza tenían una expresión que eran de enmarcar. 
   Yo no conseguía recordar aquellos días, de eso hacían casi once años ya.

-Cosas que simplemente tenían que ser, inmutables-sonrió Circe.

-¿Usted conoció a mi padre? ¿Nosotras....-Miré a Sahar.

-Dos años después de haber financiado sus proyectos y haber ayudado un poco en su surgimiento, me ocupé de otras cosas y dejamos de hablar. Tomamos caminos separados, y mira cómo terminó. Siento mucho lo de tu familia, señorita Vesper-añadió muy serio.

-Fue Viktor Strauss, sé que lo conoce. Que está en una guerra sin cuartel contra él y la gente para la que trabaja, y quiero...-Noté los ojos de Sahar y de todos sobre mí-. Quiero que me enseñe, señor Cassul, quiero pararlos. 

    Ahiram Cassul se interesó en mis palabras, yo estaba decidida.
    Sentí la mano de Sahar en mi pierna, me puso nerviosa, su tacto me volvía loca y eso que había tela de por medio.

-¿Quieres formar parte del clan? ¿Sabe a qué nos dedicamos, señorita Vesper?-preguntó él, llamando mi atención. Sahar no removía su mano de mi pierna-. ¿Está dispuesta a hacer lo que sea?

-Lo que sea, señor-respondí.

    Ahiram compartió una mirada con su mujer, Circe asintió.

-Está hecho, siempre nos viene bien nuevos reclutas. Y viendo cómo sobrevivió a mi espada, viéndola en pie pasados unos días de aquello, es de admirar.-Dio un sorbo a su bebida-. Drako y Declan se encargarán de su entrenamiento.-¡Santa mierda! pensé. 

-Será un placer-dijo Drako.

-Padre-intervino Sahar. Su mano acarició el interior de mis muslos, si seguía así.... Con disimulo bajé mi mano y quité la suya, cuando me vine a dar cuenta estábamos jugueteando entrelazándolas-. Quisiera ayudar, quiero...-la maldita palabra que me gustaba oírle decir. El juego de nuestras manos comenzaba a provocar calor en mí, nunca creí que fuese algo tan jodidamente erótico-....ayudar en su entrenamiento. Enseñarle lo que sé.

-No, que Drako y Declan se ocupen.

    Ahiram se levantó, le dio un beso en la frente a su hija. Y otro a su mujer.
   No me quería cerca de Sahar, elegir a Drako y Declan era algo estratégico. Sahar apartó la mano y se puso de pie. La imité.

-Tú y yo tenemos una charla pendiente, Circe-le dijo a su madre mientras nos dirigíamos a la salida.

   La charla a la que se refería era sobre nuestro anterior encuentro en nuestra tierna infancia del cual ella sabía y no dijo nada. Yo también quería decirle unas cuantas cosas, y todas contenían palabrotas.
    Pero nunca mintió, el destino de Sahar estaba ligado al mío. 

-¿Volvemos a mi habitación o prefieres salir al jardín?-preguntó, deteniéndose al pie de las escaleras.

-Jardín, me gustaría tomar aire. Fue una cena, ¿extraña sería la palabra correcta para describirla?

   Sahar ladeó la cabeza, seguidamente asintió adelantándose para abrir las puertas que daban a la salida de palacio.
   Yo llevaba una larga toga blanca puesta, ella una negra con un abrigo del mismo color pero de encaje. Tanto la toga como el abrigo le quedaban ceñidos a su menudo cuerpo, se veía preciosa, su piel morena se notaba pálida gracias al color de su ropa; llevaba su oscuro cabello ondulado suelto, recorrí su perfil con la mirada.

-Circe debió al menos hacer mención sobre que ya te conocíamos-comentó. Si se dio cuenta o no de que la estaba mirando, no sé, aunque Sahar era muy observadora así que imaginé que había preferido ignorarme.

-No lo creyó necesario, supongo. Eramos muy pequeñas, yo ni siquiera recuerdo nada, pero es interesante que nuestros caminos volvieran a cruzarse tiempo después, Circe a lo mejor sabía que algo así pasaría.-Calló, y callé por un rato. Llegamos al banco donde Circe y yo nos sentamos a hablar hace unos días cuando desperté de mi inconsciencia-. Me agrada tu madre, ¿sabes?-dije, tomando asiento a su lado-. Es simpática, y es evidente que te ama.

    Sahar me miró de soslayo.
    Nos quedamos en silencio de nuevo, el cielo brillaba con un espectáculo de estrellas. A ella parecía gustarle mirarlas.

-¿Sahar?-oí que dijeron. 

   Volví el rostro y vi acercarse a una mujer muy elegante, su porte de modelo me dejó impresionada; Sahar se levantó, la recién llegada hizo una caravana. Sonrió al darse cuenta de mi presencia, sus oscuros ojos rasgados no dejaron de mirarme.
   Era muy guapa.
-Faye, te presento a Riza-dijo Sahar, seria-. Riza, ella es Faye Vesper y desde hoy es parte del clan.

-Mucho gusto, señorita Vesper. Y bienvenida.-Riza extendió su mano, la estreché, levantándome.

-Gracias-sonreí ante su amabilidad.

-Acabo de llegar-nos dijo-. ¿Tu padre se encuentra?-le preguntó a Sahar.

-Debe estar en su estudio-respondió ésta. Era curioso el escudo que había levantado entre ella y Riza, se portaba de lo más fría mientras que la mujer era muy cálida con ella-. ¿Cómo estuvo tu viaje?

-Productivo, y más con la información que le traigo a tu padre. Estuve vigilando a los Zarasúa, tienen un nuevo Jefe de Familia, se llama Lucrecia, es como de tu edad y una verdadera bruja-resopló.

    ¿Jefe de Familia?

-Bueno, espero que podamos vernos pronto en el gimnasio-continuó, dirigiéndose a Sahar-. Voy a ver a tu padre. Ha sido un gusto verlas, y de nuevo, bienvenida, señorita Vesper.

   Volvió a hacer una caravana, y se marchó en dirección a la entrada.
   Nos sentamos de nuevo.

-Zarasúa-susurré-. El apellido lo he oído antes.

-Es una poderosa familia de España, tienen influencia en toda Europa. Básicamente son la verdadera realeza del continente, están detrás de cada monarquía europea existente.-Crucé las piernas, mi mente procesaba lo que acababa de decirme-. Irás conociendo todo lo verdaderamente importante mientras entrenas, si sigues estando segura de continuar con la idea de pertenecer al clan.

-Quiero esto, Sahar-dije-. Necesito esto.

-Quieres venganza, es distinto.-Me miró-. Debes desechar esa idea porque sino mi padre te correrá, está dándote un nuevo comienzo y ningún Hassassin debe tener odio en su corazón porque su deber está con la gente inocente a la que protege, y para protegerles debes estar equilibrada.-Desechar el odio va a ser una tarea difícil porque era lo único que me inundaba cuando despertaba cada mañana o en medio de la noche por culpa de las pesadillas-. Ya llegará el momento en que Viktor Strauss y sus jefes caigan; yo te daré tu venganza, Vesper, por ahora debes abandonar el odio, debes transformarlo en algo más. 

    Hablaba con suavidad, su profunda voz me envolvió, era tan sexy.... Me estaba yendo por otro lado. 
     Ella también cruzó las piernas y desvió su mirada.

-Lamento haberte puesto un cuchillo en la garganta-dije, recuperando su atención.

-Actuaste con temor, estabas confundida, no debes lamentar actuar así porque son cosas muy humanas. Eres una odiosa humana-sonrió. Bajé la mirada, al volver a verla su expresión había cambiado, su serenidad se apoderó del entorno-. Yo nunca había sentido miedo-confesó entonces-. No podía sentir miedo, me era desconocido ese sentimiento como casi todos.


-Sí he notado que actúas como si nada ni nadie te importara, pareces robot-reí. Erza me llegó a decir que a Sahar no le importaba nadie que no fuese ella misma, que era egoísta, y que sólo ayudaba cuando se lo ordenaban. En resumen: los sentimientos de los demás le valían mierda, y por su comportamiento distante con Riza...-. La mujer de hace rato te miraba con cariño y respeto, y tú no mostraste simpatía por ella, e imagino que llevas años de conocerla.

-No le pedí que sintiera algo por mí, y de respetarme debe hacerlo, es su trabajo.

-¡Qué descarada, Sahar!-exclamé, achicando los ojos. Ella soltó una carcajada, era la segunda vez que la oía reír, podía acostumbrarme a ello. A oír su risa-. La quimera me dijo cosas sobre ti, sobre tu padre. Sobre tu hermano-dejé escapar, la vi ponerse tensa-. ¿Tenías un hermano?

-Tengo un hermano.-No esperaba tal contestación, creí que evadiría el tema. Nota mental, jamás asumir cuando de Sahar se trata-. Somos mellizos, su nombre es Vadhir.

-Un momento, estás hablando en presente, la quimera me dijo que estaba muerto. Que tu padre y tú le mataron, "un hijo, un hermano", eso dijo.

    Sahar tomó aire y lo soltó despacio. Temí estar hartándola.

-Fue, te buscó, te puso en mi contra mientras hacía que me vieras peleando: qué quimera más listilla, y bocazas-comentó más para sí misma-. Mi hermano no está muerto, te mintió para manipularte. Pero tampoco está despierto.-Esperé paciente a que prosiguiera, se aclaró la garganta y tamborileó con sus dedos en su rodilla, al percatarse de ello dejó de hacerlo-. Padre lo castigó sumiéndolo en un sueño que parece la muerte sin llegar a serlo, lo hizo porque mi hermano se rehusó a acatar órdenes, no respetaba las decisiones de mi padre porque no estaba de acuerdo con algunas de ellas y lo enfrentó, se batieron en duelo. Papá ganó, y...-Frunció el ceño-. ¿Qué demonios me has hecho, Vesper?-preguntó, nuevamente más para sí misma-. Es como si me afectara pensar en ello, cosa que no pasó ni cuando ocurrió ese suceso-explicó. Cogió su cabello y lo puso en su hombro izquierdo-. Dejó la decisión en mis manos, me preguntó qué castigo merecía su desobediencia y yo no dije nada, sé que si hubiese hablado, si se lo hubiese pedido, mi hermano seguiría despierto y no en la cama donde se encuentra ahora solo, en una habitación a la que no he ido nunca.

     Melancolía, reconocí la melancolía en su voz, en sus ojos.
     Cogí su mano.

-¿Puedes no tocar el tema de mi familia de nuevo?-preguntó-. Que sea despacio.

-Que sea despacio-repetí.

    Estuvimos un rato más en el jardín, fue ella quien casi me obligó a subir a la habitación; se quedó en la antesala leyendo y yo me acosté a intentar dormir, pero no dejaba de pensar en lo que me contó sobre su hermano. Además de que nunca había pensado en él y en lo que pasó, que no le afectó en su día, dijo que me culpaba de que lo sintiera ahora. Así lo entendí.
    ¿Que qué le hice? ¿Su cambio se debía a mí? 
    Escuché la puerta cerrarse, salí a la antesala. Ya no estaba allí.
    Abrí la puerta y encontré al mastodonte de Khal custodiando.

-Buenas noches, mastodonte-saludé, cerrando la puerta tras de mí.

-Buenas noches, señorita-sonrió. 

   Me alegraba que aquél gigantón no se tomara a grosería el apodo que le puse. 

-¿Y Euzma Sahar?-le pregunté, usando el título formal de la morena. El que usaban sus súbditos por respeto; yo ahí era una invitada y en la intimidad, vale que la llame por su nombre, pero ante gente como él debía mostrar respeto por ella. 

-Tuvo que salir con su padre, surgió un asunto que no se puede postergar.

-¿La quimera volvió?-pregunté, alarmada.

-Sí, señorita. Debe quedarse en la habitación, Euzma me ha ordenado que no la deje salir.

   Miré la puerta, luego al mastodonte-Khal era realmente muy grande, y musculoso. A simple vista intimidaba con su cara de malo, sus manos podrían aplastar mi cráneo con poco esfuerzo-salí corriendo, escuché su voz atronadora gritar mi nombre, lo ignoré y seguí corriendo. Sabía que venía detrás de mí, doblé por un pasillo y al ver unas puertas di un vistazo hacia atrás, las abrí y entré en la habitación.
   Me quedé pegada a la puerta, lo escuché pasar de largo, a lo mejor pensó que esto estaba cerrado con llave. 
   Suspiré, y me volví. 
  Una impresionante, pulcra oficina, aquellas puertas escondían una oficina; encima del escritorio de cristal reposaba una portátil, y unas carpetas ordenadas cuidadosamente.
    Habían cuadros a ambos lados de las paredes, y detrás de mí una chimenea encima de la cual colgaba el cuadro de una mujer rubia muy hermosa, un rostro fino, el dorado cabello recogido en una cola de caballo con una estética perfecta como lo era ella. La mirada de la mujer me recordaba un poco a la de Sahar, me pregunté si esa sería su madre biológica. 
   Entonces debía ser el estudio de su padre; ¿a Circe no le enfadaba que tuviera un cuadro de su primera mujer allí? 
    Los otros cuadros colgados en las paredes opuestas: mi izquierda y derecha, tenían pintados símbolos, uno cada uno. Reconocí el uróboros de la primera quimera que atacó a Sahar, ¿por qué tenían un símbolo así allí?
   También reconocí la Triqueta, y un doble infinito formado por unas serpientes que a la vez formaban un círculo que encerraban al doble infinito. Las serpientes quedaban opuestas con una mordiendo la cola de la otra.


-Wuivre-susurré-. Trisquel-dije, al ver el que se anteponía en la otra pared. La Triqueta y el Trisquel estaban juntos, mientras que el Wuivre se encontraba al lado de otro símbolo que no reconocí; volví a ver el cuadro de la mujer rubia-. No puede ser más raro.

    No sé en qué demonios pensaba, claro que sí podía ser más raro.
   Se me fue la mirada hacia las carpetas. Vamos, Faye, deja de cotillear tanto y sal, pensé. 
   Cogí la primera carpeta yendo en contra de todo lo que era correcto hacer en una situación en la que te pueden pillar. Al abrirla se cayeron unas fotos, las recogí para volver a ponerlas dentro pero casi sufro un infarto al ver a la mujer en ellas, se parecía un poco a la del cuadro, excepto por el color de ojos, la mujer del cuadro tenía unos preciosos ojos azules a los que el pintor supo darles vida. La chica de las fotos tenía ojos oscuros.
   Vi las demás. 




   Era ella, estaba segura de que era ella, la mujer que asesinó a mi familia. La misma que estuvo en el funeral organizado por Viktor Strauss; entre las fotos habían recortes de periódicos, todos de la columna que recogía eventos sociales. 
    Los titulares nombraban a la familia Carlysle, en el pie de las fotos de los recortes revisé los nombres de quiénes aparecían. 

-Amanda Carlysle-leí-. Matthew Carlysle, Dorian Carlysle, Helena Carlysle.... Inauguración de galería... Exposición de Amanda Carlysle... El brillante futuro de la joven promesa del arte...
 
     Sentí que me mareaba.     ¿Por qué el padre de Sahar tenía interés en esa familia?
   Miré con detenimiento a Matthew Carlysle. Pelo negro, vestido de traje en cada foto, y su rostro.... Vino como un flasheo a mi mente. Él también estuvo en el funeral de mi familia... También... 

-También... Mierda...

-¿Faye? ¿Qué haces aquí?

   La carpeta se me cayó de las manos desperdigando las fotos por el suelo. Me giré.