Spin-off

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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Huellas IX



    En la faz de Sahar no encontré rastros de disgusto, había quietud como en su mirada. Daba miedo de tan calmada, me esperaba algún reclamo, un regaño por haber asistido a un sitio donde no se me había invitado, pero nada de eso obtuve. Sólo serenidad.
   
-Tendré que recordarme no volver a dejarte al cuidado de Erza-comentó, sin romper su calma.

-Esto también me concierne-dije, vi cómo su mandíbula se tensó.

-Creí que había quedado claro que tu padre nada tuvo qué ver con la creación de éstas criaturas-replicó. Me asombraba la capacidad que tenía para permanecer tranquila cuando era evidente que le molestaba el que Erza me hubiese llevado a campo abierto.

-Aún así encuentro injusto que me dejes de lado en un momento crítico, quiero estar aquí-dije con firmeza, ella ladeó la cabeza y su mirada bajó a mis labios, y volvió a mis ojos consiguiendo romper mi propia tranquilidad-, contigo-finalicé.


    Sahar rompió el contacto visual, actuaba como si no hubiese pasado nada entre nosotras, y ni siquiera sé por qué solté tal cosa. 

-Es peligroso, Vesper-dijo, volviendo a mirarme. Erza volvió de su paseo por el bosque, pasó por nuestro lado y Sahar la cogió de la muñeca-.  Llévala a Palacio-le ordenó, en ningún momento dejó de mirarme.

-No, quieras o no, me quedo-protesté.

-Tu herida no ha sanado y no te hace bien estar aquí-noté que empezaba a exasperarse, y Erza se puso nerviosa.

-Yo veré por mi salud-salté-. Me quedo, Erza. Puedes retirarte.

-Actúas como una niña.-A Sahar los ojos le centellearon de un color rojo intenso, fue breve pero logré verlo-. Se va, Erza. Te la vas a llevar así tenga que atarla y cargarla yo misma.

-Inténtalo-la reté. El gesto que hacía de ladear la cabeza, lo repitió, era adorable, como si intentara entender mi actitud, ¿acaso nadie le había llevado la contraria antes?-. Me quedo.

    Se acercó más a mí, no retrocedí, y me embarqué en sus oscuros ojos. La intensidad en su mirada me estaba enloqueciendo, y podía asegurar que yo comenzaba a tener el mismo efecto en ella.
-¿Quieren volver las dos a Palacio o prefieren darnos un espectáculo?-preguntó Erza, rompiendo la burbuja. Miré a mi alrededor, algunos nos observaban.

     Sahar ni siquiera hizo caso a ese detalle, acarició mi mejilla y con el pulgar mi labio inferior. Pero no sucumbió al deseo que yo misma sentía de repetir el beso de esta mañana; bajó la mano y miré de nuevo alrededor, entendí que lo que llamó la atención fue el hecho de que alguien se atreviera a levantarle la voz a Sahar.

-Busca a Declan y a Drako-dijo ella, dirigiéndose a Erza-. Que cada líder de facción se reúna en la tienda central-ordenó.

-Enseguida, Euzma.

     Erza se retiró a cumplir con lo que se le ordenó.
     Ella, Sahar, suspiró.

-El descanso te viene bien, Vesper, sólo quiero que te recuperes-dijo.

-Y yo quiero hacer algo, ayudarte en lo que sea.

-Me ayudarías si vuelves a palacio y duermes un poco.
     Se preocupaba por mí, y en su rostro logré ver que le asustaba aunque de pronto volvía a ponerse una dura máscara.

-No comiences, además no podría dormir a sabiendas que hay una segunda bestia que viene a por ti-susurré, demostrándole que también me preocupaba.

-Eres terca.

-Tú también.

     Erza regresó para avisarle que todo estaba listo, la esperaban.
    Me dejó acompañarla, Erza no se esforzó en disimular la sonrisa de tranquilidad y felicidad que apareció en su boca; le gustaba ver la cercanía que existía entre Sahar y yo.
     Entramos a la tienda central, los líderes de facciones se encontraban de pie alrededor de una mesa. A Declan y el que respondía al nombre de Drako no les hizo gracia verme allí, Sahar pasó de ellos y tomó su lugar a la altura de la mesa. En ésta se podían ver varios mapas dispersos, Sahar cogió uno.
   Lo estudió unos minutos en silencio, los presentes aguardaban respetando a su Princesa.

-Las expediciones que salieron esta mañana perdieron el rastro-dijo al fin, dejó el mapa en la mesa y se dirigió a sus Hassassins-. En cuanto estuvieran de regreso iba a enviar otros dos grupos para que el primero descansara, yo misma iba a unirme a ustedes, pero he estado meditando y he cambiado de opinión. Quiero que deshagan el campamento, y sigan mis instrucciones sin cuestionarme.

    Había estado meditando, era lo que hacía cuando llegué, por eso no tenía compañía y sólo observaba el movimiento dentro del campamento. No, no era eso, observaba al vacío. Su cuerpo estaba allí pero su mente no, había estado maquinando un nuevo plan.

-Se dividirán y avanzarán a las diferentes ciudades para reforzar la seguridad en ellas, servirán de apoyo a quienes ya están allí-prosiguió-. No sabemos cuántas quimeras lograron introducir a Providencia, así que los necesito alertas y dispuestos a defender a nuestros hermanos; nadie puede salir de sus hogares hasta que esto se resuelva, ¿entendido?

   Todos corearon un "¡Sí, Euzma!".

-Mi madre se ha hecho cargo de la seguridad mística, nadie entrará sin que lo note. Pero además, nadie saldrá, al menos hasta que terminemos la limpieza interna, así que Drako, queda pospuesta tu partida-le dijo al hombre, la mirada que le regaló fue fulminante.
     Drako no se quedó atrás, sólo que al final desvió la mirada hacia mí y luego sonrió con ironía.

-No es sólo la seguridad de Providencia, ¿no? Esto es más personal-dijo Drako.
    Sahar, que había bajado la mirada, la volvió a subir. Era fácil adivinar que algo ocasionó un desacuerdo entre ambos porque no era exactamente el mismo trato que se dieron en la mañana; no se tenía que ser muy lista para conocer la razón del desacuerdo, él me había mirado, lo que no entendía era por qué le convenía a Sahar que Drako se quedara.

-La seguridad de Providencia es un asunto personal-respondió Sahar. Los demás se hacían los suecos, salvo Declan y Erza que sabían muy bien de qué iba la suave discusión.

-¿Qué pasará con Palacio?-preguntó Declan, cambiando el tema-. Me da la impresión que lo estás dejando sin seguridad, lanzando a todos nuestros guerreros a las ciudades.

-Así es, quiero que toda la seguridad la tengan nuestros hermanos.

-No puedes hacer una cosa así, no puedes dejar palacio desprotegido, Sahar-intervino Drako.

-Palacio está hecho de piedra, puede reconstruirse, las vidas humanas no.-Si no fuese porque entendí a la perfección su plan, habría aplaudido su respuesta-. Dec, encárgate de repartir las facciones en las ciudades. Hemos terminado.

-Espera-solté, el movimiento para salir que había iniciado se detuvo-. Sé lo que intentas hacer, Alteza.

    Sahar se rompió de un modo que no le pasó inadvertido a nadie, me había mirado y, tensa, apoyó las manos en la mesa.
-Las quimeras vienen a por ti, quieres dejar palacio desprotegido para hacerles las cosas fáciles-dije. No me preocupé por bajar la voz, Declan o el mismo Drako podrían disuadirla-. Actuará de carnada-la señalé, suplicando con la mirada que no le permitieran hacerlo.


     Nadie habló, sí escuché a Erza musitar: "Euzma", cuando dije que quería ser carnada de quimera. Pero ¿por qué nadie más reaccionaba?
    La voz de Sahar rompió el silencio.

-He dado una orden y no veo que se muevan para cumplirla.

    Los Hassassins reanudaron su salida. Declan, Drako y Erza tenían claras intenciones de quedarse, pero Sahar los corrió con la mirada.
     En el instante en que quedamos a solas la encaré.

-¿Cómo demonios se te pudo ocurrir tal cosa?-le pregunté-. No creí que tuvieras tendencias suicidas. ¡Es una locura, Sahar!

-Yo no fui quien se lanzó al desierto buscando la muerte.

-Perdí a mi familia, no me queda nada, pero tú tienes todo y al hacer esta elección lo estás echando a la mierda. ¡Es como si nada en este mundo te importara! ¡Vives como si no tuvieras nada por lo que vivir!-Esbozó una media sonrisa, me encantó y al mismo tiempo me enervó-. ¿Te burlas de mí?

-No-respondió con suavidad-. Es que no pensé que te dieras cuenta de mis intenciones, cuando llegaste al campamento ya había tomado la decisión. Al verte pasó por mi cabeza el hablarte de ello pero sabía que te preocuparías.

-¿Cómo no preocuparme si estás buscando la muerte?

-Por más que la busque no la encontraré-respondió muy segura. Más que su respuesta fue la expresión triste que apareció en su rostro al hablar lo que llamó mi atención, pronto la cambió por su impenetrable máscara-. Nada va a pasarme así que deja de preocuparte por mí, quería evitarte ese estrés.

-Eres tan cínica a veces, ¿sabías?-Se encogió de hombros y acortó la distancia entre ambas-. Cínica-susurré.

-¿Te gusta mi cinismo?-me preguntó. Seguía practicándolo en mi cara, quería dar el tema por zanjado distrayéndome con su cercanía-. ¿Cínica te gusto?

-Cínica te odio.-Sus labios estaban a nada de besar los míos, no quería caer en su juego. Un juego para el que Sahar no era nada inocente, sabía muy bien lo que hacía y lo que provocaba y no sentía culpa por ello. 

   Humedeció sus labios, mirando fijamente mis ojos, los suyos estaban dilatados. Ladeó la cabeza, enarcando una ceja. El vestigio de una media sonrisa apareció en su boca, y justo cuando caí rendida e intenté buscar besarla, me evadió y se dirigió hacia la salida. La vi detenerse, parecía estar decidiendo entre dejarme sola o quedarse conmigo; levanté el rostro cuando dijo mi nombre.
 -Faye, confía en mí-pidió.

-En ti confío, Sahar-dije, y nunca había sido así de honesta. A mí también me costaba confiar en la gente como sabía que le pasaba a ella, y más después de lo que he vivido-. Es sólo que ya he perdido demasiado y ahora tú, es que siento que no lo soportaría. Y eres tan malditamente terca que estás dispuesta a morir sin buscar otras alternativas que no te pongan en riesgo.

    Se giró y la odiosa y perfecta media sonrisa se dibujó en sus labios. Caminó hacia mí, paró antes de estar más cerca.

-Esta es la única alternativa que queda para barrer con el mal que amenaza a mi hogar, habrá menos derramamiento de sangre, es lo que intento. Y no me estoy exponiendo-agregó, sus ojos viajaron hasta mi boca-. No puedo explicártelo ahora-agregó, un escalofrío me recorrió cuando nuestras miradas se encontraron de nuevo-, por eso te pido que confíes en mí. Nada malo va a pasarme.

    Asentí, y entendí que para ella era igual de importante que confiara en su palabra como para mí era importante tenerla en mi vida justo ahora cuando más sufría. Si decía que nada le pasaría era porque nada le pasaría, ya sabía que yo no soportaría  perderla también, no sería capaz de mentirme después de haberle confesado eso.
   La acompañé afuera, los Hassassins ya habían empezado a remover las tiendas. Drako se percató que habíamos salido, lo vi hacer un movimiento de negativa con la cabeza.

-¿Qué les he hecho?-pregunté-. Él y Declan me detestan, de éste lo esperaría, es tu prometido aunque no haya amor de por medio, ¿pero de Drako?
-Preguntas por preguntar, tú sabes muy bien lo que hiciste-respondió Sahar.

-Cuidado, Sahar, se te ha escapado un poquito de malicia-sonreí.

    Se hizo la sorda y mandó llamar a Erza.

-Esta vez sí te irás a palacio sin protestar-dijo, en cuanto vio a Erza aproximarse-. Mantenla a salvo hasta llegar a casa, Erza.-La Dekstra había llegado, silbando-. Es prioridad, si le pasa algo....

-Euzma, ¿con quién crees que hablas?

-Con quien la trajo aquí en primer lugar-replicó Sahar.

-Vale, vale, iré a por el caballo.

     Fruncí el ceño, no me apetecía marcharme aunque fuese a verla en un rato. No dejaba de imaginar cosas, como que una de esas bestias apareciera de la nada y atacara este lugar mientras Erza y yo nos alejábamos, ni siquiera estaba viendo por mí sino por quien acababa de asegurarme que nada le pasaría.

-¿Vendrás a palacio esta misma noche?-le pregunté.

-Espérame, Vesper. 

    La miré, retadora. Es que su calma, ¡joder! no dejaba de inquietarme.

-No concibo que estés así de tranquila considerando la situación en la que estás metida-comenté. 

-Me estarás esperando en palacio, ¿no es esa suficiente razón para estar tranquila, Vesper?-sonrió. 

     Bendita media sonrisa.