Spin-off

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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Huellas XI


    Bajé tan pronto me alisté para marcharnos, Circe me acompañó al comedor para desayunar juntas. Sólo se encontraba Erza sentada a la mesa, y Sahar no dio señales en todo el rato que estuvimos allí.

-Está preparándose-dijo Circe, notando mi intranquilidad.

-Lo único que consigues es ponerme más nerviosa, Circe-hablé, forzando una sonrisa.

    Ella y Erza estaban igual de calmadas que Sahar. Sólo le daban más fuerza a la estúpida teoría que me rondaba la cabeza: Sahar no puede morir, nada puede matarla; miré a Circe, quería preguntarle, no sabía qué me detenía. Estaba en un mundo donde la gente envejecía despacio, y no enfermaba. Donde se hablaba de cosas místicas como si fuese el pan de cada día, y yo temía preguntar algo tan simple: ¿Sahar no puede morir?
    Saber la respuesta era lo que me jodía, si Sahar no podía morir, ¿qué era? Humana no.
   
-¿Dónde puedo encontrarla?-Circe y Erza compartieron una mirada-. ¿Les ha prohibido que me digan? Porque puedo empezar a deambular por palacio hasta dar con ella.

-Es usted entretenida, señorita Vesper-rió Circe. Y mirando a Erza comentó-. ¡En quién vino a poner los ojos mi hija!-Erza dio un sorbo a su zumo, enarcando ambas cejas-. Hay una tienda instalada detrás de palacio donde se queda a veces cuando no quiere ser molestada, vas a tener que caminar mucho, te recomiendo usar caballo.

   Fui al establo, cogí el corcel en donde Erza me llevó al campamento la noche anterior y me dirigí a la tienda. Rodeé el enorme edificio, la vi a lo lejos; no sabía qué le diría, pero antes de irme quería verla. Sabía que la separación sería corta, pero ya empezaba a ver un segundo lejos de ella como una eternidad. Y no había cura para esto.
    Bajé del caballo al estar ante la tienda, tomé aire y entré. Estaba arreglándose un guante, levantó la mirada sin siquiera sorprenderse de mi llegada.
    Llevaba su negro traje de guerra puesto. Se veía muy bien, y era quedarme corta.

-¿Qué se te ofrece, Vesper?

-Tú sabes la respuesta a esa pregunta, pero no se te puede hacer cambiar de opinión.-Sahar había terminado de arreglarse los guantes, cruzó los brazos y me escaneó con la mirada-. ¿Te escondes de mí? Ni siquiera fuiste a desayunar.

-Pasamos la noche en la misma cama, no me escondo de ti sólo no me apetecía comer. ¿Algo más que quieras saber?

    Juro que quería preguntarle, pero abandoné, al menos por ese instante, la idea de hacerlo. Haría lo posible por respetar sus tiempos y que fuese ella misma quien me explicara todo; con la mirada estudié el interior de la tienda, Sahar tenía un escritorio allí con algunas hojas y libros dispersos, tinta y pluma.

-Deberes que Circe me ha puesto, y he de terminar-explicó, notando mi interés.

     Recordé que en su habitación también tenía algunos libros. Sonreí, era extraño que la chica que estaba a punto de enfrentarse a criaturas bestiales resultado de experimentos humanos, la chica que la noche anterior dirigió a un ejército de asesinos, tuviera que cumplir con deberes escolares para su madrastra que al mismo tiempo era su maestra. Por demás adorable, cabe añadir.
   Tenía una cama y un sillón, no habían muchas cosas.

-Tu madre dijo que vienes aquí cuando no quieres ser molestada-comenté.
-Al parecer no entendiste la parte de "no querer ser molestada"-dijo, retándome con la mirada.   
-¿Siempre eres así de descarada?-pregunté, acercándome a ella. Sahar se encogió de hombros-. A veces me cabreas.-No me rebatió, su impasible expresión me invitó a proseguir porque era evidente que ella no pensaba decir nada más-. ¿Por qué no en palacio? ¿Por qué un lugar alejado?

-Necesito estar centrada-respondió-. Necesito silencio, en palacio no tengo tranquilidad, cuando estoy allá debo ser otra. La persona que tiene que cumplir con sus responsabilidades.-Mientras explicaba se la veía como alguien que tenía asumido su destino y no le enfadaba, ni se sentía presionada por ello. Lo aceptaba-. Este sitio fue idea de Circe, y mi padre estuvo de acuerdo, cuando vengo nadie debe interrumpirme, cuando estoy en palacio debo acudir cuando me llaman sin importar nada, aquí no, aquí nadie viene a por mí porque lo tienen prohibido.

     Era sorprendente lo cuidadosa que era Circe para con Sahar, sugerirle y convencer a su padre para que su hija tuviera un espacio para ella donde pudiera encontrarse en total paz era cosa de una madre muy preocupada por el bienestar mental y espiritual de su hija. Supongo que Circe lo vio necesario dada la educación y el ambiente en el que creció Sahar, se veía a leguas que desde niña fue entrenada en el arte de la guerra. Yo la vi manejar la espada con maestría cuando Circe me llevó a verla entrenar.
    Sahar me miró fijamente, me hubiese gustado saber lo que pasaba por su cabeza. No sabía si estaba enfadada porque yo me atreví a venir cuando la prohibición de molestarla mientras se encontraba allí, por lo que entendí, se extendía a todos sin excepción. Lo que significaba que ni su padre acudía a aquél lugar.

-Lamento haber roto la regla-susurré-. Debí hacer caso a Circe cuando dijo que venir aquí significaba un: no jodan.

    Bajó la mirada a mis labios, y en el mismo tono de voz:

-Me alegra que hayas sido tú quien la rompiera, estás rompiendo muchas cosas últimamente.

     Puso su mano en mi nuca tras decir aquello y se acercó.
    Sus labios presionaron los míos, el contacto fue mínimo al principio, pero sentido en cada célula de mi cuerpo. Un roce que por ligero que fue resultó en algo poderoso, y no tardé en seguirlo; Sahar tenía un modo de besar muy distintivo, temiendo romperme pero poseyendo con dulzura. Cosa que no había encontrado en otros besos.
    Me cortaba la respiración tenerla cerca y cuando esa cercanía se reducía en un beso me entregaba en él, en un beso me hacía el amor, como con una mirada, o su media sonrisa; acaricié su labio inferior muy quedo con la punta de mi lengua.
   Se alejó un poco, y el pequeño distanciamiento me supo a eternidad.
      Cuando quiso buscar el contacto entre nosotras de nuevo, me alejé.
    Quería más, ansiaba más pero no me perdonaría si no respetaba la decisión tomada por ella, no me perdonaría distraerla de esta forma en un momento importante en donde se disponía a salvar su reino de un ataque más grande.
     Sahar se apartó despacio, ni confundida ni enfadada. Su desconcertante serenidad en momentos tensos se encontraba en sus ojos, y en la expresión de su rostro.
-Debemos volver a palacio-dijo, simplemente-. Tienen que irse.

    Pasó por mi lado tras coger su espada. La seguí.

-Estás muy segura de que vendrán.

-Lo harán.

    Subí al caballo, entonces me percaté de algo en lo que no había reparado al llegar. No encontré señales de otro corcel allí, y no creía que Sahar hubiese hecho caminando todo el largo trayecto desde palacio.

-¿Alguien te trajo?-le pregunté.

-No, vine corriendo-respondió. 

   Miré hacia palacio, si se encontraba muy lejos, a mí me llevo casi media hora o un poquito más llegar a la tienda.

-Debes estar tomándome el pelo.

-Rara expresión la tuya, Forastera, ¿por qué te tomaría el pelo?

    Reí.

-Que debes estar bromeando-expliqué. Le tendí la mano después de acomodarme para hacerle espacio en la silla de montar, ella lo meditó un poco mirando mi mano, luego la cogió y subió con agilidad. Sentose delante de mí-. Quisiera hacerte una pregunta.

-Dime.

-¿Por qué te conviene que Drako se quede? Anoche cuando explicabas que nadie podía entrar ni salir, te dirigiste a él y diste a entender que te agradaba la idea de que se quedara.

    Aún no habíamos avanzado, seguíamos paradas ante la tienda.

-Quiere llevarte al exterior-el tono de voz en su contestación fue muy cercano a la decepción-. Si tu....

-No me iré, Sahar-dije, interrumpiendo lo que ya adivinaba, iba a decir.

    Fue notable su relajación, me acerqué más a ella en la silla de montar y cogí las riendas.

-Es otra razón por la que no me quedé en palacio esta mañana-dijo, detuve mi intención de ponernos en marcha-. Estoy segura de que Drako conseguiría enfadarme y entonces tendría que ma....nifestar mi mal genio.

-Lo has puesto bonito, ibas a decir matar-reí.

-¿Cómo crees?-dijo, acompañando mi risa.

    La vi poner sus manos en las riendas.

-Yo llevaré las riendas, Sahar-le dije al oído, en un susurro autoritario. 

-¿También pelearás por quien las lleva? ¡Madre mía!

   La sentí removerse en la silla de montar, no había espacio entre nosotras.

-¿Estás cómoda?-le pregunté, nuevamente en un susurro. Ella asintió, no pude soportar el calor que su cuerpo desprendía ni siquiera mi propio calor. La cogí del mentón e hice que girara la cabeza a un lado, tomé su labio superior entre los míos, ella correspondió con una suave mordida a mi labio inferior, y suspiré al sentir su lengua lamiéndolo tras la mordida-. Podría llevarte lejos de aquí bosque adentro, sólo para que no hicieras la tontería que estás por hacer.-Ella sonrió. Pegué mi frente a la suya-. Repíteme que todo va a estar bien-le pedí, susurrando cerca de sus labios-. Repíteme que no te pasará nada, que cuando vuelva estarás aquí esperándome.

-Estaré bien, Vesper, nada, no hay nada que pueda evitar que espere por ti.

     Ya me había esperado casi dieciséis años, después de todo.
    Aunque no me tranquilizó lo suficiente, pude respirar aliviada. Y tomar las riendas con fuerza.

-¿Juntas?-dije al ver que ella no quitaría sus manos de las mismas.

-Juntas-repitió en respuesta.

    Cabalgamos en silencio hacia palacio. Cuando llegamos, Circe, Erza y Drako nos esperaban con un elegante carruaje rojo dispuesto para nosotros.
    Drako ayudó a Sahar a bajarse, me sorprendió que no puso mala cara al vernos juntas, pero sí que le sorprendió el que viniera con ella desde la tienda donde se supone nadie iba a buscarla. 
   ¡Toma eso, mala leche! Disimulé una sonrisa cuando me ayudó a bajar.

-Sé cuidadosa, Sahar-le aconsejó su madre.

-¿Cuando no lo he sido, Circe?-preguntó la morena.

-¿Te hago una lista, cariño?-soltó la madre, sintiéndose ofendida por la pregunta de su hija, como si Circe no la conociera.

    Sahar fulminó con la mirada a Erza cuando ésta soltó la risa, pero enseguida guardó compostura, aclarándose la garganta en cuanto su Euzma la miró.
     Drako nos apuró, subiendo al carruaje que él se encargaría de dirigir. Como ya nos habíamos despedido sólo me quedó asentir en dirección a Sahar cuando fijó la vista en mí, ella respondió del mismo modo.
    Subí al carruaje después de Circe, y seguida de Erza. Me abstuve de mirar atrás cuando nos pusimos en marcha, pero sabía que Sahar se había quedado a la puerta de palacio observando el carruaje salir de las inmediaciones del mismo.
      Me repetía constantemente que nada malo pasaría, intenté que se me contagiara la calma de Erza y Circe. Pero sentía, muy en el fondo, que sólo era el comienzo de algo mucho peor.