Spin-off

Spin-off

lunes, 28 de diciembre de 2015

Salto Atrás XI.....


Hamburgo, Alemania...
Diciembre del 2006....


   Revisé la carpeta en silencio, sintiendo la mirada de los dos hombres sobre mí.
   Mientras veía el contenido le hacía preguntas a mi informante, Lukás Scetko. El hombre era uno de los científicos que trabajaba para Viktor, planeaba dejar los laboratorios de su jefe y esconderse, no estaba de acuerdo con todo lo que había visto. Siempre creyó que Viktor Strauss y su Compañía trabajaban para encontrar curas a las enfermedades que para la época resultaban incurables. Pero lo que vio no fue de su agrado.
   Y lo que yo recién encontré entre los documentos tampoco me agradó.
   Era mi código genético en todo detalle, y fotografías de contenedores de cristal dentro de un laboratorio. En el interior de estos había un líquido amarillento, y una especie de criatura formándose.

-¿Qué significa esto?-le pregunté a Lukás, mostrándole una de las fotografías.

-Es el proyecto secreto en el que se está ocupando el señor Strauss, creí que le interesaría: está intentando clonar a una persona-respondió Lukás, muy serio.

-¿Ha dado resultados?-dije, pasándole la carpeta a Declan.

-No estoy seguro, creo...creo que sí. Escuché que su nuera, la esposa de su hijo mayor no podía tener hijos y, milagrosamente está en la dulce espera. Es posible que haya funcionado, yo sólo fui ayudante del hombre que a su vez ayudó a Viktor en ese proyecto, y no me decían mucho; hubo muchos fallos en las primeras pruebas, los fetos morían.....

-¿Quién era ese hombre? El que ayudó a Viktor, ¿quién era?

-Un socio suyo, el eminente Illian Vesper.

    

    Le pagué al hombre lo que habíamos acordado y le sugerí que se marchara lo más lejos posible. Aunque no creí que consiguiera huir de Viktor y de la gente para la cual funge de guardia.
    Declan y yo nos quedamos un poco más en aquel sitio, intentando unir cabos.

-¿A quién intenta clonar?-inquirió Declan después de un rato. Le lancé una irónica mirada, y él suspiró.-¡Qué maldita obsesión contigo! Recuerdo que siempre eras tú a la que llamaba a su oficina en el orfanato.

-La cantidad de cosas que me hizo....-susurré. De sólo imaginar lo que pasaría con esa bebé si llegaba a nacer, si en verdad resultaba ser un clon mío... ¡Vaya asco!-Illian Vesper. Illian Vesper.-Miré a Declan, y le hice un gesto con la cabeza para que subiera al coche.

-¿Adónde vamos?-preguntó, encendiendo el motor.

-Yo regreso con mis escoltas, ¿y tú? No sé adónde irás.

   Desde ese momento en adelante se mantuvo callado. Y me alegraba porque necesitaba pensar en los pasos que daría a continuación: Illian Vesper era un muy conocido Ingeniero Genético, científico de renombre, vivía en Rusia y en contadas ocasiones cenó en casa de mis padres adoptivos. 
   ¿Estará enterado Matthew de lo que su General Viktor Strauss y su Amigo Illian están haciendo? Tendré que jugar al interrogatorio con él después.
   
-¿Cómo consiguió muestras de tu ADN?-inquirió Declan.

-Me mantuvo encerrada en un tubo de ensayo gigante por mucho tiempo, me hicieron muchas pruebas y no es de extrañar que haya guardado un poco de mi ADN por si llegaba a escapar de él.

    El viaje de regreso se nos hizo corto, cuando aparcó para bajarme a una calle del hotel donde me quedaba, vi venir su pedido de que dejara todo atrás. De que siguiera con mi vida, y lo hizo, lo dijo tal cual lo pensé.
   Pero yo no tenía vida, ya no. Ésta gente no iba a descansar, estaban haciendo cosas horribles, y lo más importante: estaban buscándonos a mi hermana y a mí; yo no iba a poder descansar si no los detenía. Si me distraía y "seguía con mi vida" encontrarían a mi hermana, lo sé, tenían sus métodos.
   
-Muy en el fondo sé que me entiendes-le dije.-Tú estás haciendo lo mismo, ¿o no? Estás buscando respuestas, investigando a fondo, intentando que no se repita lo que vivimos.

-Comienzo a creer que todo está siendo en vano, ellos son muchos. Es una historia de nunca acabar, antes de nosotros existieron adultos y niños que vivieron exactamente lo mismo. Tú, tu hermana y yo sólo somos una generación más; toda ésta gente está en riesgo y lo ignoran.-dijo, mirando por la ventanilla a la gente pasar, pasear con sus familias, vivir como ellos quieren que vivan: en la total ignorancia.

    Abrí la puerta y salí sin despedirme. Si lo hacía iba a dolerme mucho más, y hacía tanto que no sentía dolor.

     Mi padre, Matthew Carlysle, me llamó esa noche y me hizo muchas preguntas. Los idiotas de los escoltas le habían informado que había desaparecido por varias horas; le dije que estuve visitando la tumba de mi madre biológica y de su marido. Que él sabía que necesitaba de eso, era la razón por la que había viajado desde Washington hasta Hamburgo. Colgué no sin antes decirle que pasaría por Rusia, quería pasar unos días en Moscú, lo aceptó sin poner peros.
   Esa misma noche viajé a Rusia.
   Y a la mañana siguiente fui a hacerle una visita a Illian Vesper.
  Para alguien de su fama y éxito, vivía en una casa nada ostentosa. Muy familiar. 
   Fui sola, otra vez les hice el feo a mis escoltas, y me escapé; no aparqué el coche al frente de su casa, sino un poco más adelante, en la otra cuadra. El sitio frente a su casa estaba ocupado por dos autos negros.
   Desde la esquina me vine caminando, y me detuve cuando vi salir a unos hombres de la casa. Me escondí tras unos arbustos y vi cómo subían a los coches con unos maletines.
   En cuanto me aseguré de que no había rastros de ellos, corrí hacia la casa y abrí la puerta. Lo que encontré nada más entrar me revolvió el estomago. 
   Había sangre por todas partes, y todo se hallaba desordenado. Al cuerpo del señor Vesper le habían quitado la cabeza y la habían puesto cerca del cuerpo de su hijo. 
   ¡Qué horror! 
   Salí de allí y me apresuré hacia el coche, no es que no hubiera visto algo parecido, cuando asesinaron a mi propia madre frente a mí y a mi hermana siendo unas niñas. Pero esto es otro nivel de sangre fría, otro nivel de maldad.
   Recuerdo haber escuchado a Illian Vesper decirle a mi padre que quería encontrar una cura para el cáncer de su hijo.... Y termina de este modo.
   No cabe duda de que fue obra de Viktor. Debió conseguir lo que buscaba, y para que el secreto siguiera como tal, asesinó a su cómplice. El siguiente sería Lukás Scetko, el hombre estaba perdido, no tardarían en hallarlo.
   
   A Illian y a su familia los sepultaron al día siguiente.
   Mi padre vino al funeral y me hizo acompañarlo; Viktor también asistió, y junto a él se hallaba una chica rubia que se acercó a nosotros.
    Su nombre era Lucrecia, y hablaba con mi padre como si de una adulta más se tratara. No tendría más de quince años.
    El funeral fue organizado por el gran amigo de Illian, Viktor Strauss. En algún momento hizo mención de la hija mayor de Illian, quien le sobrevivía, a quien estaban buscando pues el día antes había escapado, y sobre quien recaería la culpa. Tenían todo armado; además, sin ella en el camino, Viktor tomaría posesión de los bienes materiales de Illian Vesper, todo pasaba a sus manos. 
  Yo llegué a ver a alguien en el cementerio, mirando por entre algunos árboles, me dio la impresión de que era ella. Preferí no decir nada, probablemente estaba mejor y segura observando de lejos.
    Al mes siguiente se hablaba de que la empresa de Illian Vesper pasó a ser parte de todo lo que su socio y amigo Viktor Strauss, ya poseía. Qué conveniente, pero como siempre, nadie dijo nada sobre el particular, al menos no de frente. 

    Cinco meses después de la desaparición física de Illian, mi padre se enfrascó en una interminable competencia con un conglomerado conocido como SaharGlobal. Se especializaban en diferentes actividades, entre las cuales destacaba la medicina, medios de comunicación, en fin. Era un titán en el mundo, y su dueño Vladimir Bélikov, era un playboy,  filántropo que acababa de tomar las riendas de su empresa. Siempre la dejaba en manos de alguien más, y nunca daba la cara.
   Era misterioso y ni los mejores hombres de Matthew Carlysle habían dado con una fotografía suya.
   Vladimir Bélikov y su excesiva buena voluntad interfería con los asuntos de Carlysle y sus compañeros de la "liga del mal".... A mí me divertía esa pequeña guerra corporativa, que si Bélikov no se iba con cuidado, pasaría a volverse violenta.

-Debes saber manejar tu Sociedad Secreta, Matty. No pierdas la cordura, te he dicho que sólo conseguirás fracasar en la agenda que tienen trazada-dije, mientras me servía una taza de té. 

    Estábamos a solas en casa.
    Mi madre se encontraba dando los últimos toques al baile de máscaras de esa noche. Y Dorian, mi hermano, se había ido a sus prácticas de football.
    No me gustaba mucho quedar a solas con él, no pierde el tiempo para hacerme preguntas sobre mi padre biológico. 
   Desde que sabe quien soy no deja de hacerlo.

-Es lo que intentas, ¿no? Nuestro fracaso, vaya que eres vengativa; deberías dejar que las cosas sigan su curso. Le estamos haciendo un favor al mundo.


-¿El mismo favor que nos hicieron a mi hermana y a mí?

-No te confundas, tu padre biológico las abandonó, sino lo hubiera hecho ustedes seguirían juntas, y vuestra madre con vida.

   Sonreí, era el mismo juego psicológico que usaba Viktor conmigo.

-¿Crees que diciéndome eso vas a sacarme algo? Mi padre biológico se ganó mi odio antes de que ustedes invadieran nuestras pacíficas vidas. Lo tengo controlado, no se los dejaré, él es mío, Matty.

    Matthew soltó una carcajada. No deja de intentar, es de admirar su perseverancia.

-Pasando a otra cosa, tu madre quería que le extendiera una invitación al misterioso Vladimir Bélikov para el baile de esta noche, pero se me olvidó.

-¿Y eso en qué me afecta?

    Dejé la taza sobre su escritorio.

-Quiero que te dirijas a las oficinas de SaharGlobal, y se la lleves en nombre de la familia. 

-Creí que odiabas al tipo ese-dije, cogiendo el sobre que me extendió.

-Este es un mundo de apariencias, Amy. Debemos aparentar que nos cae bien, hacernos sus amigos, derrotar a la competencia desde adentro; tú sabes de eso.

       Di media vuelta y salí.
    Le pedí al chófer que me llevara a las inmediaciones de SaharGlobal, era uno de los edificios más altos de la ciudad. Y sería la primera vez que lo visitaba; si es igual de elegante por dentro que por fuera, Vladimir Bélikov se ganará mis respetos.
   Ya cercanos al lugar, sentí algo extraño. Una sensación familiar, y siempre que se nombraba al misterioso dueño de SaharGlobal, experimentaba aquello; era difícil de explicar, pero tan conocido.

-Señorita Carlysle, hemos llegado-anunció el chófer.

   Bajé tras darle las gracias, y entré por las puertas de cristal que el portero abrió para mí.
   Aquello era elegante entre lo prístino y lo moderno, y sólo se trataba del vestíbulo. Las columnas tenían grabados egipcios, lo que me parecía raro, por lo poco que se sabía Vladimir era ruso. Debe ser fanático de estas cosas antiguas.
    Tenía diversas pinturas en las paredes a lo largo del vestíbulo.
    La gente andaba de un lado para el otro, y entre ellos me dirigí al elevador.
   Considerando que no tenía cita previa, era seguro que estaba ocupado y no podría recibirme. Esto sería una pérdida de tiempo; mi móvil sonó, era un mensaje de la persona que cuidaba a mi hermana. Había enviado una fotografía reciente de ella saliendo del instituto. Se veía muy guapa, al menos ella tiene una vida normal ajena a todo lo que ocurrió. Ignorante de todo lo que ocurre.... Está a salvo de ellos.
    Las puertas del elevador se abrieron en el último piso, el edificio era alto en serio. 
    Al verme, la recepcionista puso su mejor sonrisa de "¿En qué puedo servirle?". Era morena, elegante, y tan correctamente parada; me recordó a mi institutriz.

-Mi nombre es Amanda Carlysle, y vengo a traer una invitación al señor Bélikov en nombre de la familia Carlysle. Habrá un baile de máscaras esta noche, y nos honraría su presencia.

-¿Tiene cita con el señor? No recuerdo haber.....

-No, pero es necesario que le entregue la invitación personalmente. No le gustará ver a Matthew Carlysle molesto.

-Señorita, si no tiene cita no puede.... ¡Oiga! ¡Espere!

   No la dejé terminar de hablar y entré a la fuerza a la oficina del señor Bélikov. Es difícil que no me salga con la mía.
  La mujer entró detrás de mí justo cuando paré en seco y solté la invitación, anonadada por lo que veían mis ojos..... El hombre sentado detrás del escritorio, y la chica parada a su lado.... Sentí que mi alma abandonaba mi cuerpo, que el suelo desaparecía bajo mis pies....
   Tenía el pelo más corto, y la barba, esa rasposa barba que me hacía cosquillas de niña. Sus ojos cafés, con esa mirada tan dulce.... Y sé...sé que por un momento lo miré con ojos de hija porque en sus labios hubo un amago de sonrisa.
   Volví a mirar a la chica a su lado mientras oía la voz de la recepcionista disculparse con su jefe por no poder detenerme.
   Acababan de enviarme una foto de Luna, y ésta chica.... Ésta chica era tan igual a ella. Si no supiera que Luna está en suramérica, diría que es ella. Su pelo negro, ondulado, sus ojos cafés.... Igual a papá, siempre vi en los ojos de Luna, a mi padre....
   ¿Quién era ésta? ¿Por qué esa similitud con mi hermana?

-Déjanos, Sophie.-dijo él, y su voz me envolvió como si de una serpiente se tratara. Y me trajo recuerdos de mi infancia a su lado. En cuanto la recepcionista se marchó, aún apenada, y atontada por el atractivo de su jefe según pude notar.-Sahar, regresa al apartamento y recoge tus cosas, Faye y tú volverán a casa hoy mismo.

   Sahar. Ese era su nombre. Por eso su conglomerado se llamaba así, en su honor.

-Padre...-¿Padre?-....permíteme quedarme a tu lado un poco más, no he cumplido con....

-Ese asunto lo resolveré solo-terció él-. Estaré de vuelta en poco tiempo, ya lo verás. Ahora vete, es una orden.

   La joven le dio un beso en la mejilla, pasó por mi lado apenas mirándome de soslayo y salió. 
    Ahora entendía por qué esa sensación familiar cada vez que nombraban a Vladimir. Se trataba de mi padre biológico, lo percibía, lo sentía cerca.

-Los adolescentes de estos días....-comenzó él.


-No la compares, parece muy sumisa-lo interrumpí.

-No es ni un poco sumisa, créeme.

    Decidí no armar un escándalo, era mejor llevar las cosas como sé: con calma.
    Hizo un ademán invitándome a tomar asiento en uno de los sillones frente al escritorio. Aún no salía de mi sorpresa, no del todo.

-¿Qué es? No me explico cómo Luna puede estar en Venezuela justo ahora, y entro aquí, y me la encuentro. ¿Cómo? ¿La clonaste y no supe nada?

-No hago esas bajezas, mi arima.

-No vuelvas a llamarme así-dije con frialdad. Era el apodo con el que me llamaba de niña-. Tú haces otro tipo de bajezas, como abandonarnos a nuestra suerte, como dejar que asesinaran a mi madre. ¿Quieres que continúe, Ahiram Cassul?  


      Se escondió bajo tantos rostros, tantos nombres. Y justo ahora su mejor disfraz es su propia faz, si Matty y su gente supiera que el inmortal al que buscan está bajo sus narices se pegarían un tiro con la misma arma, y la misma bala, por ser tan idiotas.

-Tengo fuertes razones para justificar lo que hice.

-No hay razón suficiente.

-No puedes juzgarme, mi arima.

-Te dije que no me llamaras así.

    Ladeó la cabeza y me recordó mucho a Luna.

-Tú has estado asesinando gente por las razones equivocadas. Estás actuando tan vil, estás actuando como éstas sucias bestias; no pareces hija mía.

-¡Oh! En eso te equivocas, padre. Soy más parecida a ti de lo que crees.

    Mi padre sonrió, satisfecho.

-Por tus actos mereces una reprimenda. 

-Perdiste ese derecho cuando nos abandonaste, y si te acercaste un centímetro a Luna....

-Te repito que yo no hago esas bajezas, la clonación es lo más cercano que tienen los humanos, en su narcisismo, de querer parecerse a Dios. Sahar fue concebida como tú lo fuiste, como lo fue Luna; esa noche tu madre no tuvo una niña, tuvo trillizos.

-¿Qué?-Es difícil dejarme con la boca un poquito abierta, pero mi padre lo había conseguido.

-Yo no supe de la existencia de Luna hasta hace unos años, Sahar y su gemelo nacieron antes que ella. Es más, Luna ni siquiera debió nacer.

-No inventes, ¿a qué te refieres?

-Ya te explico luego. Volvamos al correctivo que mereces porque a las hijas rebeldes hay que castigarlas con una ida sin retorno al infierno.

   Me parecía increíble que siguiera con esa idea. 

-Te crees con tal derecho, pero pierdes tu tiempo, lo que hago es para mantener segura a mi hermana. Hay gente mala que nos persigue por tu culpa.

   Padre se levantó, y se acomodó el saco gris que llevaba.

-Además, se te olvida, padre. Que ya estoy en él...