Spin-off

Spin-off

viernes, 4 de noviembre de 2016

Huellas XX

-Empezaba a resultar sospechoso que fuese amable con ella-dije. Di la vuelta. Padre tenía las manos en los bolsillos de su elegante pantalón, no aceptó ni negó nada-. Me dejó continuar con la intención de que aprendiera la lección, ¿cómo es?-Fingí pensar-. Ah, sí: a los hijos rebeldes hay que castigarlos con una ida sin retorno al infierno.

-Se te advirtió, Sahar-dijo mi padre-. Era peligroso en lo que te estabas metiendo aún conociendo tu condición, o mejor dicho, desconociendo tu condición. De ti poco sabemos, y no sabes lo frustrante que es a veces.

   ¿Que no lo sabía? Si era yo la que vivía todo el asunto desde dentro aunque no le diera la atención que merecía porque no le encontraba sentido, en su momento, a averiguar qué era y cuánto daño podía llegar a hacer. No, no me importaba porque me aceptaba con todo y lo que conllevaba ser yo, con mi sed de sangre, de muerte....... pero eso fue antes de conocer a Faye a quien no quería dañar. Demasiado tarde porque lo que le pasó algo tendría qué ver con lo que hicimos. 

-La chica es inocente-continuó mi padre-. Te he enseñado que cada vida inocente cuenta, la mejor forma de cuidarla, ya que pusiste tus preciosos ojos en ella, es tomar distancia.

-No estoy para esto, padre-dije, caminando hacia las escaleras-. Ella está mal ahora y necesito acudir a su lado.

    Circe me cerró el paso.

-Tenemos qué hablar-dijo mi madre.

-Faye....

-Ya está bien, mi niña, se ha quedado dormida. Drako y Erza la acompañan.-Hizo un elegante ademán con la mano, invitándome a entrar a la sala de estancia, padre nos siguió. Éste y yo nos quedamos de pie, Circe se sentó-. Esta tensión la podría cortar con una tijera-comentó, mirándonos a mi padre y a mí.

-Sabe que es un riesgo, y sigue adelante-alegó mi padre, señalándome con el dedo-. Eres un riesgo, Sahar-ahora sí se dirigió a mí-. Eres una bomba de tiempo, no conocemos cómo responderás de un segundo a otro.

-No estás ayudando, Caín-dijo Circe, mirándose las uñas.

    Padre resopló, fue y se sentó junto a ella. 
    Y allí estaba la pareja maravilla, lista para hablar con su hija la extraña y demoníaca criatura; yo seguí de pie.

-Yo provoqué su actual estado, ¿no?-Al hablar me dirigí a Circe, ésta asintió.

   Vi cómo mi padre entrelazaba su mano con la de ella. Fingí no haber sido testigo de ello desviando la mirada, pero me afectó porque él tenía con quién estar y yo acababa de encontrar a una persona maravillosa, y él se oponía rotundamente a que existiera algo más entre ella y yo.
    Era un incordio que ahora me afectaran cosas a las que antes no les veía importancia.

-Se acostaron-dijo Circe, esta vez fue mi turno de asentir-. ¿No dio muestras de cansancio después de?

-Claro que sí, pero del cansancio normal no de lo que ocurrió a las puertas de palacio, ella estaba bien hasta que llegamos aquí.

    Circe miró al vacío, pensativa.

-El viaje pudo contribuir, aunque iba a pasar de igual modo, es un alivio que fuese a la entrada de palacio y no estando solas.-Empecé a caminar de un lado a otro-. ¿Estaban en el palacio sobre el agua?

-Sí, pero no es lo que nos importa ahora, Circe-le recriminé, mirándola de soslayo.  

   Mi padre no intervenía, yo sólo quería salir de allí para ver a Faye.

-Es interesante que no tenga ningún tipo de herida-comentó Circe. La miré de reojo sin dejar de caminar por la sala de estancia-. A diferencia de las veces que has estado con Drako, y con tu pasado antes de llegar a esa metodología.

-Cerca estuve de hacerle daño-susurré, el recuerdo me hizo sentir peor de lo que ya estaba.

-¿Qué te detuv....-Circe paró, me extrañó que se frenara así que dejé de caminar y la observé. Ella me devolvió la mirada con claro interés-. ¿Lo recuerdas?-inquirió-. Todo, ¿lo recuerdas? ¿Cada detalle, de principio a fin? pero eso es nuevo. Tú....-balbuceó.

-Lo sé, pensé en eso todo el rato mientras ella dormía. Recuerdo todo, no le hice daño físico, no herí su cuerpo pero sí hubo consecuencias....

-Consideremos la idea de que eres un súcubo, drenaste su energía llevándola al borde de la muerte-intervino mi padre.

     Enarqué una ceja.
    Sí, drené su energía. Era la razón por la que me sentía distinta, ahora reparaba en ello porque antes estuve distraída todo el rato que compartimos juntas. Pero creo que estaba lejos de adivinar lo que yo era, ¿súcubo? nunca, resultaba hasta grotesca la idea de ser tal cosa.

-No estoy dispuesta a quedarme a escuchar cómo me demonizas, me retiro.

   Salí de la sala de estancia, subí las escaleras, encaminándome a mi dormitorio para estar a su lado y no moverme hasta saberla completamente estable. Le había causado un daño, del cual me convencí, era  irreversible; al menos Circe había ayudado a salvar su vida, porque si en algo padre tenía razón era en que yo mataba a las personas, y nunca he sentido arrepentimiento por ello. Carezco de conciencia, me gusta quien soy, lo que soy. 
     A la única que no soportaría dañar era Faye.
   Abrí la puerta, crucé la antesala en nada. Drako y Erza velaban su descanso, el primero se encontraba sentado en un sillón cerca de la cama; Erza de pie y con los brazos cruzados a las puertas del balcón.
     Me senté al borde de la cama, la palidez de su rostro me inquietó, besé su frente y mis labios sintieron su piel fría, oí el débil gemido que salió de su boca. 

-Circe actuó rápido, es una suerte que haya estado en palacio-dijo Erza. Su amable tono de voz me desconcertó, sin ironías, las cuales ya había aprendido a identificar-. De un momento a otro despertará, Euzma, ya ha pasado por esto antes, Faye es una luchadora.

    No la miraba a ella, no quería quitar mis ojos de la hermosa rubia pálida y ojerosa que dormitaba en mi cama, hermosa sí.

-Déjennos a solas-pedí en un susurro.

    Drako se levantó en silencio, lo próximo que sentí fue un beso en mi cabeza. Había usado su velocidad para rodear la cama y acercarse a mí.

-No te culpes, mi niña-murmuró tras su beso.

-Está así por mí, ¿cómo no sentir culpa? No me gusta, pero cuando se trata de ella no sé cómo evitarlo, no sé cómo volver a ser quién era, no sé cómo apagarlo.  

    Drako se puso de cuclillas, lo miré de reojo, sonrió.

-Entonces no intentes apagarlo, Sahar-dijo. 

   Daba la impresión de que disfrutaba verme en este estado, me miraba con curiosidad, todos comenzaban a verme con más curiosidad que antes, atentos a mis próximas palabras o movimientos, atentos a mis actitudes. 
   Drako se marchó después de soltar esas palabras.
   Miré a la rubia.
  Hay un antes y un después en mi vida, antes de Faye no me molestaba siquiera en fijarme en que era observada, vigilada por mi padre y Circe, no me molestaba o incomodaba ser el "animalito favorito" de mi madre. Ahora comenzaba a ver más allá, no quería ser un objeto de estudio, no quería tener que responder a las preguntas de mi madre para luego verla tomar notas, sé que me psicoanalizaba a veces.
    Suspiré:

-Ahora sé qué quiere decir: Me siento como un conejillo de indias.

-¿Qué te sientes qué?-preguntó Faye, su voz era apenas un murmullo de lo débil.

   Me acosté a su lado, con delicadeza la atraje hacia mí, abrazándola. Mi mejilla rozó su frente que seguía fría, pero el contacto de mi piel debía ser muy caliente para ella pues volvió a gemir como cuando besé su frente.

-Lo siento-susurré.

-Estaré bien.

    Sonreí. Decir que estará bien con esa tranquilidad, restándole importancia a lo ocurrido cuando estuvo a punto de morir de nuevo, me hacía gracia, ¿acaso todos los mortales veían la muerte o el estar al borde de ella, como algo insignificante?

-¿Será así siempre que follemos?-preguntó de pronto.

   Me reí, sí, me reí. Allí estaba otra vez, pensando en la próxima vez que nos acostemos antes que en su propia seguridad.

-Duerme, Vesper-le dije.

-Me gusta tu risa, Sahar.

-Duerme.

-Desde que nos conocemos es lo único que te escucho decir-se aclaró la garganta y continuó-: Duerme, Vesper-dijo en un intento de imitar mi voz, según entendí-. Descansa, Vesper. Necesitas descansar, Vesper.

-Yo no sueno así, ¿o sí?-Fruncí el ceño, reflexionando sobre aquel detalle. Su voz tenía un punto de altivez.

-Tu voz es muy bonita, me gusta-dijo, somnolienta-. Que suenes altiva es un efecto provocado por tu acento y por tu profunda y....sensual....voz....

   Se había quedado dormida con sus dedos entrelazados a los míos sobre mi torso, ya no estaba tan fría. 
     Cerré mis ojos, acompañándola en el sueño. Me aseguraría de que no la asaltaran las pesadillas.  














   Aún con los ojos cerrados busqué su cuerpo a mi lado tanteando con mi mano, pero sólo encontré su espacio vacío, abrí los ojos y sonreí aliviada al verla cruzar desde el cuarto de baño hacia su enorme armario con el oscuro cabello en su hombro secándoselo con una toalla, su cuerpo lo vestía un albornoz rojo carmesí como sus ojos cuando está al filo de su lado más hambriento y peligroso.
   Sentí mi cuerpo más relajado, sin cansancio, me acosté de lado y volví a cerrar los ojos para recordar el sueño que tuve, o los sueños porque ya ni sabía cuántos eran o si eran el mismo. Lo único seguro era que ella me acompañaba, era tan real, no hubo ni una pesadilla, Amanda no apareció por ningún lado para atormentarme.
    Había logrado lo que me propuse, alivié su descanso llenándolo de sueños amenos, robando pesadillas, impidiendo que aquella mujer rubia se acercara. Circe me enseñó la facultad de adentrarme en los sueños de las personas y sustituirlos, manejarlos a mi antojo porque decía que alguna vez me sería útil, ahora entiendo con quién me iba a tocar emplear dicha habilidad.
     Cerré el agua de la regadera, sequé mi cuerpo con una toalla y me vestí con la bata roja que había elegido esa mañana. Volví a mis aposentos, con mi vista periférica pude notar que había despertado pero fingí ignorarla, difícil trabajo porque al final terminé por dejar la elección de vestuario de lado e ir a su vera en la cama. Pegué mi cuerpo a su espalda, ella rió.

-Buenos días, Princesa Hassassin-susurró, con los ojos cerrados todavía.

-Sabah alkhayr, Al'amirat Alkharij-respondí.

-Espero que me estés deseando los buenos días también-rió.

-¿Qué otra cosa si no?-Le di un beso en la mejilla-. Buenos días, Princesa Forastera, Princesa que viene del extranjero, Princesa que está en tierras extrañas. ¿Mejor?

-En cualquier idioma logras que los buenos días sea un jodido poema-dijo, girando un poco la cara y atrayéndome con su mano derecha en mi nuca para besarme los labios.

     Apenas sentí sus labios sobre los míos me fui a un profundo abismo, una placentera sensación recorrió mi piel y mi cuerpo, no hubo lengua sólo roces castos que conseguían enloquecerme.
    Me giré más al separarnos y sólo mirarnos a los ojos, levanté un poco la cabeza buscando su boca, fue ella quien me mostró el camino al tomarme de la nuca y besarme despacio pero más salvaje que el anterior, sus dientes mordisquearon muy quedo mi labio superior para luego lamer, fue la solicitud de su lengua para entrar la que me obligó a ponerla a ella en la cama en un movimiento que la dejó sorprendida, sus ojos dorados estaban muy abiertos. Estaba segura de que en el mundo habían muy pocas cosas que consiguieran dejarla atónita, y me alegraba ser una de ellas.
    Cuando iba a quitarme la camisa la puerta se abrió y oí la voz de Circe canturrear un "Buenos días", me quedé de piedra, y Sahar lo disfrutó porque su media sonrisa se dibujó en sus labios.
   
-No sabía que estaban ocupadas, si quieren me voy para que continúen-dijo la mujer, me guiñó un ojo en cuanto me incorporé en la cama, quitándome de encima de su hija-. Veo que ya estás en perfectas condiciones-sonrió-. ¿Quieren que me vaya, entonces?

-Sí. No-dijimos Sahar y yo al mismo tiempo. Mía fue la negativa.

-Es que me ha cortado el rollo-le dije a la joven princesa cuando me miró sin entender, y en el proceso la dejé pensativa.

     Circe dejó una bandeja con el desayuno encima de la mesita de noche, Sahar salió de la cama.

-¿Cómo te sientes, señorita Vesper? Lo que vi al entrar es una clara respuesta pero aún así....

-Bien, me siento bien-dije, mirando los elegantes movimientos de Sahar en todo momento. Había sacado una blusa blanca y un pantalón negro del armario-. Ayer sentí que se me escapaba la vida-Sahar miró por encima de su hombro, no debí decir lo que dije porque supe que la había herido-, pero la recuperé en el mismo instante en que te sentí a mi lado-continué, dirigiéndome a ella. Se giró y sonrió-. No hiciste nada malo, no hicimos nada malo, no fue tu culpa y lo de ayer lo repetiría una y otra vez porque no me importa qué seas como sé que a ti tampoco, como sé que te aceptas y no te odias. Yo no daré marcha atrás si tú no lo haces, me quedo si te quedas, apostemos por que esto funcionará y será duradero.

-Yo no hago esas cosas-dijo, enarcando una ceja, recordándome que ella no apostaba. Miré a Circe cuyos azules ojos brillaban de emoción-. Pero sí estoy segura de que esto será duradero.

    Circe aplaudió y se lanzó a abrazarme, fruncí el ceño y busqué con la mirada a Sahar quien se encogió de hombros.

-Erza tiene razón, ustedes son adorables-dijo Circe, apartándose de mí. 

-¿Han hablado de nosotras?-pregunté, fulminándola con la mirada.

-Es que son un tema taaaan interesante-respondió, poniéndose de pie y lanzándole un beso a su hija, ésta le dio la espalda y se dedicó a buscar la ropa interior que usaría-. Bueno, como tú ya estás como para viajar, por no decir "como para hacer otras cositas"-puse los ojos en blanco-. Preparen vuestro equipaje, tu papá regresa hoy a Norteamerica y ustedes lo acompañarán, ¿recuerdan?

-Creí que sería en un par de días más-comentó Sahar, desde....¿dentro del armario?

   Salté de la cama y fui adonde se encontraba.

-¡¿Tienes un vestidor allí dentro?!-exclamé.

    Entré, Circe vino detrás. 
   Ahogué un grito de sorpresa, no sabía por qué ese hecho, mínimo en comparación con todo lo demás, me sorprendía. Tal vez porque era algo normal dentro de la anormalidad que he vivido en esta tierra; era muy elegante aquel cuarto secreto, en colores blanco y negro. El armario sólo contenía un número pequeño de prendas-y ya eran bastante-en comparación con la ropa y zapatos dentro del vestidor.

-¡¿Un vestidor secreto dentro del armario?!-volví a exclamar.

-Es que ella-señaló con el dedo a Circe-me regala muchas cosas, aún sabiendo que no soy muy materialista.  

    Circe sonrió muy orgullosa de sí misma.

-No intento que seas materialista, sólo son detalles que me gusta hacerte, ropa que he pensado que te quedaría bien-se defendió Circe con dulzura.

-No soy tu muñeca viviente, madre-replicó Sahar sin llegar a levantar su voz, ni falta que le hacía porque su voz ya era bastante firme sin siquiera intentarlo. Circe hizo amago de acercarse, Sahar dio un paso atrás-. Te acercas y te arrepentirás, madre.

    Noté que Circe sonreía cada vez que Sahar decía "madre", supuse que no la llamaba mucho así y últimamente lo hace más.
   Circe se dio por vencida y salió del vestidor recordándonos que preparáramos nuestro equipaje y que el desayuno estaba en la mesita de noche.

-Esto es impresionante-dije.

-Es sólo ropa y zapatos que no he usado. Puedes tomar lo que te plazca y empacarlo.

-Tomaré una ducha primero y luego asalto tu vestidor.-La oí reír mientras me dirigía a la salida.

     Me metí a la ducha nerviosa.... Iríamos al exterior..... El exterior.... Donde estaba Amanda.

     La ropa que Faye había decidido ponerse tras salir de la ducha, me dejó dubitativa, la ropa no la hacía ver hermosa a ella, era al revés: Faye hacía que la ropa fuese bonita; cruzó las piernas, mordí el interior de mi labio inferior recordando que había estado entre ellas la madrugada anterior y que moría de ganas por acariciarla, por repetir. 
    Se echaba brillo labial sentada al borde de la cama yo estaba sentada a la mesa desayunando, Faye sólo bebió zumo de naranja admitiendo que no tenía apetito porque estaba nerviosa. No necesité que me dijera la razón, en el exterior están los monstruos que le arrebataron a sus seres queridos.
     Miré sus zapatos de tacón, recorriendo sus piernas con la mirada, una minifalda negra, de toda la ropa dentro del vestidor eligió una minifalda negra y una blusa holgada de manga corta a juego. Di un sorbo al licor que había servido en mi copa y con el cual ella se había embriagado, cerró el estuche compacto después de usar su espejo y me sonrió.

-¿Quieres quitármela, no?-preguntó, caminando hacia la cómoda-. Tus ojos me lo dicen tod....

     La cogí de la muñeca interrumpiéndola al atraerla y besarla.

   Llevaba todo el rato provocándola, tenía sus ojos puestos en mí, sabía que en cualquier momento sucumbiría a las ganas que me tenía, y retomaríamos por donde habíamos quedado antes de que Circe llegara.
     Y ahora que había conseguido lo que buscaba no quería parar.
     Me miró a los ojos con la respiración entrecortada y el dorado brillando en ellos, estábamos cerca de la cómoda, me hizo girar y me cogió de las manos haciendo que las apoyara en el mueble. Miré nuestros reflejos, y sonreí, que me follara mientras nos veíamos en el espejo me calentó mucho más. 
    Vernos así era un precioso regalo, y quería regalarle a ella la expresión de su hermoso rostro cuando el extasis la invadía y recorría.
     Mordí el lóbulo de su oreja, mirando de reojo su reflejo, mis ojos se encontraron con los suyos cerrados.

-Abre las piernas, Vesper-susurré-. Y tus ojos, ábrelos.-Acató mi orden-. Míranos, mírate.

     Introduje mi mano bajo su falda, acaricié su sexo por encima de sus bragas, despacio. Pero entonces escuché algo que me hizo parar.

-¿Sahar?-suspiró Faye, no entendía el por qué de mi cambio.

-Alguien viene-dije, alejándome de ella. Llamaron a la puerta-. Adelante.

    Faye se arregló un poco aún recargada, ahora de espaldas, en la cómoda.
     Erza entró, miró a la rubia y luego a mí, sentada en la cama.

-Tu padre las espera, Euzma-informó, con los ojos entrecerrados, mirando a la rubia y luego a mí-. Están listos para marcharse.

   Faye cogió una chaqueta de cuero del armario, nuestro equipaje estaba en la antesala, no sabíamos cuánto tiempo nos quedaríamos en el exterior así que ella empacó por mí lo necesario para ambas antes de sentarse a maquillarse.
     Erza comentó que le alegraba verla recuperada, yo rodaba mi maleta delante, ellas conversaban unos pasos detrás de mí.
      Bajamos las escaleras, Drako se acercó para ayudarme con mi equipaje, luego cogió el de Faye. Ésta se paró a su lado.
-Qué caballeroso, Drako-comentó.

-¿Qué te digo? Siento debilidad por hermosas señoritas-dijo Drako, guiñándome un ojo.

     A Faye el gesto le disgustó porque le dio un golpe en el brazo, sólo que quien salió herida fue ella, su débil mano no podía hacerle daño al brazo de un Blood Drynka.

-¿Ves lo que hacen los celos?-le pregunté en un susurro cuando Drako salió con las maletas, y riendo. Cogí su mano e intenté aliviar su dolor usando Sanación-. ¿Duele menos, o nada?

-Nada-sonrió-. ¿Fue lo que usaste para que la herida de mi torso cicatrizara?-Asentí-. Es genial.

-Obviamente aún no lo perfecciono dado que tu herida no se curó del todo.

-Lo prefiero así.-Besó la comisura de mis labios, y luego me susurró-. La cicatriz es muy sexy, además sé que te gusta.

    La cogí del mentón y besé sus labios, no tardé en buscar rozar su lengua con la mía, era débil a sus besos y a toda ella.
   Escuché a mi padre aclararse la garganta y me aparté en cuanto Faye se sobresaltó por lo que para ella fue una sorpresiva interrupción.

-Es agradable verla estable, señorita Vesper.

-Spasibo, Caín-respondió Faye, abusando de su buena suerte. Mi padre me miró con las cejas alzadas-. Lo adiviné sola con algunas piezas que junté.

-No era un secreto tan importante después de todo, no para alguien que ya es familia-intervino Circe, cogiéndolo de la mano.

-Las espero afuera-dijo padre, le dio un beso a Circe y le susurró algo al oído que la hizo sonreír.

    No, nunca había reparado en esos detalles, estaban muy enamorados. 
     Ver a los padres de Sahar despidiéndose me sacó una sonrisa boba, eran muy monos, y en cuanto Caín pasó por mi lado me puse seria e hice el saludo militar a modo de broma, el hombre esbozó una sonrisa y movió la cabeza de lado a lado. Venga que sí le agrado, un poquito.
      Circe se abrazó muy fuerte a su hija, la morena se quedó con los brazos a los lados, después de unos segundos, y por compromiso, correspondió. Declan bajaba las escaleras, aprovechó que Circe se quitó para depositar un beso en la frente de Sahar.

-No es para tanto, volveremos dentro de poco-dijo ésta.

-Esta vez vas a estar fuera por más tiempo, cielo, no es una misión vas de paseo-le recordó Circe-. Lástima que ningún hechizo funcione en ti sino te daría un objeto con magia para que en la empresa de tu padre, los desconocidos no vieran tu verdadera identidad sino que ésta cambiaría cada día. Así Caín no tendría que recurrir a tanto papeleo por confidencialidad.

-En algún momento me haré cargo de ese conglomerado, así que es mejor de este modo, que conozcan a su futura jefa.-No vi muchas ganas en Sahar, las tareas de liderazgo como que no eran de su agrado pero las llevaba a cabo con temple.

-Cuídala, Faye-dijo Declan-. Cuídala mucho, necesario es que estés en su vida-añadió.

    Miré a Sahar, y luego de nuevo a él.

-Necesario es que esté en la mía-dije, cruzándome de brazos.

     Circe asintió, y me tocó ser rodeada por sus brazos.

-Amanda estará cerca, intenta controlarte-susurró.

     Me recorrió un desagradable escalofrío cuando se alejó sonriente.
    Las despedidas terminaron y nos reunimos con Caín, Erza y Drako en el patio, Erza se despidió de Sahar con mucho formalismo: un apretón de manos; entonces nos subimos a un carruaje. Y Caín y Drako subieron en otro. 
     Cuando nos pusimos en marcha los nervios volvieron a hacer mella en mí, Sahar puso su mano sobre la mía, no pude disimular con ella.

-Dime, Vesper, háblame.

     Tienes una hermana mayor que es una maldita perra, pensé. No quería ponerla en medio de esto, no quería empezar a mentirle, a esconderle cosas. Y sobre todo, no quería ponerla en contra de su hermana, que por quererme le quite el derecho de darle una oportunidad a Amanda.


  

    

 <<Huellas XIX