Spin-off

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jueves, 16 de enero de 2014

IX



    Aparqué el coche justo a la entrada del edificio donde trabaja. Ella me lanzó una mirada de decepción, tal vez no quería llegar nunca, el episodio de hace un momento mientras veníamos en camino fue muy gratificante para ambos, liberamos algunas tensiones; y sinceramente yo tampoco quería que llegáramos.

-¿Te digo algo?-Miré al frente y luego a ella otra vez-. Eres un sol, Elliot. 

-Yo creo lo mismo de ti.-sonreí, ella como acto reflejo hizo lo mismo-. ¿No harás nada descabellado, verdad?

   Su sonrisa se borró al entender de qué iba mí pregunta.

-No lo buscaré...

-No sin mí, en cualquier caso me llevarás a cuestas.

   Ella abrió la puerta. La cogí de la muñeca.

-Ivel....

-¿Y si es peligroso? No quiero que te metas en un lío por mí culpa.

-Mira pues, yo tampoco quiero que te metas en un lío. Seremos cómplices, gustes o no.-Rodó los ojos y se liberó de mí agarre. Salió del coche, la llamé; se asomó por la ventana y le dije:-Más tarde. Luego que salgamos del local hablamos, ¿vale?

-Como quieras.-dijo, fríamente.
   
  Aguardé a que entrara.
   Puse el auto en marcha, tenía que regresar, aquélla chica debe estar esperando.




Elliot....
   





***

    Ivel caminó con toda calma hasta el ascensor pensando en el por qué los edificios no podían tener tres o cuatro pisos, así podía usar las escaleras y no un aparato tan cerrado donde entran otras personas toda estresadas que terminan por contagiar su estado de ánimo. Se puso los auriculares al momento de oír a un hombre discutir por alguna estúpida fiesta, en algún estúpido lugar. 
    Se concentró en la canción. 
    
   Elliot acudió a sus pensamientos. Se comportaba como todo un caballero, Emma le había hablado de él mediante correos que ella enviaba como anónimos. Alguna vez llegó a decirle que él era su hijo adoptivo, pero lo que nunca explicó fue el por qué no estaba con él. 
  
   Era un joven de su edad, de pelo negro y unos preciosos ojos azules; era carismático y por lo que pudo notar en días pasados, muy coqueto. Y popular entre las chicas. 
   A veces lo veía con expresión de querer matarse, y considerando el lugar donde, y para quien trabajaba, lo entendía. Sólo que sus razones..... Las razones....

   Salió del ascensor al llegar a su piso, Lu la esperaba a la puerta del estudio de fotografía. Frunció el ceño en cuanto la vio, Ivel le sacó la lengua y entró con ella detrás, refunfuñando.
  
  Todo estaba listo, la única que faltaba era ella.
   Saludó a los modelos, dos chicas y un hombre, y se dispuso a trabajar.
   Lu no dejaba de hablar sobre Viorel, parecía una mosquito molesto al que no puedes matar. De vez en cuando Ivel le lanzaba miradas asesinas de las cuáles los modelos se percataban y reían.
   
-Si David Gandy estuviera presente el silencio sería de ultratumba, porque estarías desmayada.-comentó Ivel cuando Lu empezó a fastidiarla con preguntas sobre por qué había tardado.

   Las chicas, una rubia y la otra morena, soltaron una carcajada. Ivel les guiñó el ojo.

-Ella es una quejicas todo el tiempo.-les dijo a los presentes.

   Tras terminar, se sentaron a revisar lo que se había hecho. Charlaron con los chicos mientras veían el trabajo final.
   Luego de que se fueran, Lu la abordó nuevamente con el tema de Viorel.

-¿Qué pasa entre Viorel y tú?-preguntó.

-Es complicado.-dijo Ivel, casi ni le había prestado atención.

-¿Complicado? Parece algo que pondrías como situación sentimental en facebook.

-Yo no hago ésas niñadas.-replicó, sonó un poco molesta.-Viorel y yo no tenemos nada serio, sólo nos sentimos atraídos el uno por el otro y ya. Es puramente sexual.-agregó restándole importancia.

-¡Ooooh! Y eso te parece poco. Eres muy despreocupada, ¿sabías?

-Ajá.

   Lu se sentó y le entregó un sobre negro.
   Ivel dejó lo que estaba haciendo en la computadora y lo cogió.

-¿Y esto?

-Mí padre organizó una pequeña despedida para mí hermano quien se irá a estudiar a Europa. Es tu invitación, quiero que asistas.

-Sabes que éste tipo de cosas no me gustan, y más si no conozco a nadie. Ni a tu familia siquiera.

  Lucía cogió el bolso que había puesto a sus pies, sacó su monedero y de allí, a su vez, una fotografía.

-Allí tienes.

   Ivel agarró la fotografía.
   
-Mis padres, mí hermano y yo. Ahora los conoces.

   La chica casi se cae de la impresión: Lu y su hermano yacían delante de una pareja, todos posando con una enorme sonrisa en la boca. La madre y el hermano eran rubios, a diferencia de ella que tenía el pelo castaño. Y el padre....

-¿Lu, éste en serio es tu papá?-Su amiga asintió.

-Jonathan Fitz.

   Jonathan Fitz....
   John....

   
   



*

     Ivel aún no salía de su asombro cuando Viorel llegó por ella a la hora del almuerzo.
     A Lu la conocía por internet, se hicieron amigas en su adolescencia; Lucía la visitó una vez en verano hace cinco años, y ni en ésa ocasión -ni nunca- se preocupó por saber sobre su familia.

-¿Pasa algo?-dijo Viorel, aparcó el coche a un lado de la carretera.

-No, nada de lo que debas preocuparte.

   Viorel sintió deseos de besarla, pero no quería parecer impaciente; la forma en la que se fue ésa madrugada lo dejó desconcertado.

-¿Sabes qué? Vamos a mí apartamento, pedimos algo y almorzamos allí.-sugirió Ivel.

-De acuerdo, no te llevo al mío porque recién me he mudado y todo está hecho un desorden. Por eso estoy viviendo en un hotel mientras arreglo todo.-explicó él, mientras volvía a la carretera.

   Y así hicieron, tan pronto llegaron Viorel llamó para pedir la comida y él mismo se encargó de esperar al repartidor allí abajo. 

   Mientras almorzaban hablaron de frivolidades, Viorel le contó que trabajaba con su padre porque fue la última voluntad de su abuelo, y quería complacerlo. En vida, al señor no le gustaba ver a padre e hijo disgustados el uno con el otro; pero era inevitable según Viorel, pues él y su padre siempre han tenido encontronazos. No se llevan bien, son tan diferentes.
   En cuanto a su madre, murió siendo él muy joven. 

-Fuimos a cenar ésa noche, ella salió antes que yo del restaurante.-le costaba hablar del tema.-Cuando salí, vi como le dispararon desde un auto. Todo quedó en intento de robo...¡Mierda! Incluso en los diarios decían que murió protegiéndome, cuando no fue así.-Dejó la copa de vino en la mesa y se levantó.-Fue un asesinato, no dejo de pensar en ello.

   Ivel vio como hacia el esfuerzo por no llorar. Debió amar profundamente a su madre, el recuerdo de su muerte aún seguía fresco en su memoria como si hubiese sido reciente.
   
-¿Has hecho algo al respecto? ¿Investigado?

-No, es imposible con mí padre detrás. Siempre siguiendo mis pasos.

   Esto me parece demasiada casualidad, pensó Ivel. Y entonces recordó lo que decía el correo en el que Emma mencionaba a Margaret Sullivan. 
   Misma fecha distintas horas.
   La madre de Viorel murió el mismo día que sus padres.




  
    
***


     No preguntes no digas, pensé cuando la chica no dijo por qué necesitaba el trabajo; le dije que volviera la noche siguiente para empezar. Si no acepté que empezara hoy mismo fue porque quería que recapacitara. Que pensara bien en qué se estaba metiendo.
 En donde John sepa que intento persuadir a las chicas que vienen buscando empleo, de que no es bueno trabajar en esto y que deben pensarlo bien. Me mata.
    Éste lugar es el infierno, y Jonathan el Diablo. Contrata chicas jóvenes para saciar las ganas de sus amigos empresarios, políticos.... Está blindado, él pone las reglas del juego y como tal, siempre gana.
    Drogas, sexo, depravación....eso es éste sitio. 
   ¡Joder! Si no fuera porque necesito el dinero ya hubiese abandonado esto.

-¡Hola!
  
 Mika se sentó ante mí. Estábamos en la oficina.

-La gente empezará a llegar de un momento a otro, ¿dónde 
está Ivel?

-Vendrá, cálmate.

-John se disgustará aún más como llegue a faltar. Por lo que oí, alguien la quiere ésta noche.
   
   Levanté la mirada ipso facto.


-¿Qué dijiste?

-Que la quieren, cariño. Que se la van a dar a alguien ésta noche, el trato está hecho.

   No podía permitir eso....
   ¿Cómo hago?

  
  Cuando el local empezó a llenarse a eso de las nueve deseé que Ivel faltara.
    La llamé varias veces, pero ella tenía el maldito móvil apagado.
  
  ¡Siempre apagado, coño! 
  La música a ésa hora estaba a cargo de otra persona sólo hasta que Ivel apareciera.
   ¡Por favor no vengas! Me repetía una y otra vez. Llamé a su casa pero tampoco respondió.

    ¿Dónde te metiste?
     
   Y entonces obtuve respuesta. La música paró por un momento, las luces se apagaron. Prendieron a los pocos minutos, Mika estaba cerca de mí.

-Mira allí.-dijo.

   Seguí su dedo, John caminaba hacia el frente acompañado de un hombre; entre tanta gente no pude distinguir bien la cara del sujeto. Mika y yo también nos movimos por entre la multitud, nunca perdí de vista al tipejo. Hasta que la música empezó a sonar nuevamente. 
    Miré hacia la tarima, alguien entraba en ése momento. Llevaba una capucha que se quitó cuando estuvo ante el aparato.....
    Era ella.

    Empezó a moverse al ritmo de la música, al lograr reconocerme sonrió. Y siguió en lo suyo.....
   
    ¡Joder, Ivel! Justo hoy se te ocurre no faltar.
   ¿Cómo te saco de ésta?










Elliot...