Spin-off

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viernes, 27 de enero de 2017

Huellas XXVIII


    Entreabrí los ojos despertando así de una horrible pesadilla. Nunca acabará, sea reciente o pasaran los años que pasaran estaría presente la forma en que los encontré, perdí todo y conocí el rencor, el deseo de matar con mis propias manos a quien me los arrebató. 
    Di un golpe contra el colchón, cerré los ojos y recordé sus sonrisas. No querrían que me sintiera así.
    Extrañaba a mis padres, extrañaba a mi hermano.
   Sequé la lágrima que avanzaba despacio por mi mejilla; miré la hora en el reloj de la mesita de noche, eran las cinco con treinta y cinco minutos. Me pregunté a dónde habría ido Sahar, no estaba a mi lado y no se sentía en el baño; di la vuelta quedando boca abajo en su lado de la cama, su aroma seguía impregnado en la almohada, sonreí pensando en la posibilidad de haber pasado muchas vidas, anteriores a esta, a su lado. Ese único pensamiento y el recordatorio de que la tenía para mí me devolvían un vestigio de felicidad al que quería aferrarme, mi salvavidas en medio de este océano de dolor y sangre, porque tenía que ser honesta. Sentía que cosas malas pasarían, su mundo no era fácil y el mío no era distinto, quería usar todo lo que aprendiera con ella en contra de Viktor. Sin embargo, mis asuntos personales debían quedar de lado al menos por un tiempo, por mí y por ella, porque no quería ponerla de nuevo en una posición difícil con la psicópata de Amanda.
    Me metí a la ducha, el sueño me había abandonado aunque el cansancio por la nochecita -y parte de la madrugada-que tuvimos, persistía. El dolor, el delicioso dolor en mi cuerpo me hizo reír por lo bajo.

-Te amo, jodida-susurré, pensándola.

     Después de vestirme salí en su busca, en la sala de estancia no se encontraba, ni en la cocina, llegué a perderme en ese amplio apartamento y terminé de nuevo en la cocina. Ni idea de cómo pasó. Volví a la estancia, miré hacia el balcón e imaginé que podía estar o en la azotea o en el estudio de su padre. Me decidí por este último; noté que la puerta estaba abierta y me asomé, sólo que no esperaba encontrarme con una escena que me rompió, la vi cerca de Drako, sus rostros juntos uno frente al otro casi al borde de un beso. Sahar acarició su mejilla mirándolo a los ojos. 
    Se veían muy bien juntos, hacían bonita pareja, Drako era más alto que ella-a pesar de los zapatos de tacón que calzaba la morena-razón por la que debía inclinarse un poco. Yo sabía que él había desarrollado otro tipo de sentimientos por Sahar, lo suyo por ella iba más allá de lo carnal, y Sahar pues....era una misteriosa criatura cuya naturaleza iba de lo agresiva, peligrosa, y en el plano sexual insaciable. Drako podría darle lo que yo no, pensaba mientras caminaba de regreso a la estancia.
   Me detuve un segundo y volví sobre mis pasos, esta vez entrando al tiempo que Drako salía, inclinó un poco la cabeza en clara señal de saludo. Forcé una sonrisa en respuesta.
    Sahar estaba de espalda viendo alguna cosa en el escritorio, me pegué a ella rodeando su cintura con mis brazos, la oí reír. Besé su cuello, ella ladeó la cara buscando contacto con mi boca, sentí su mano izquierda en mi nuca atrayéndome para fundirse en un beso muy pasional, su lengua asaltó mi boca dejándome en jaque, gemí en la suya cuando apenas se apartó.

-Buenos días, Vesper-sonrió.

-Buenos días de madrugada-reí. Me paré a su lado y la miré a ella, su sereno rostro. Sus ojos, que se encontraron con los míos, me miraban con devoción y supe que no podía haberlo besado a Drako, que eso que vi era por otra razón-. ¿Y todo esto?

-Drako estaba haciendo una retrospectiva-respondió-. Fotografías de vigilancia a algunos Lugartenientes de los Gobernantes mundiales, y de los círculos más importantes de los Blood Drynka, alguien está entorpeciendo la paz entre estos últimos así que es  prioridad buscar vínculos que unan a la Élite humana con la Élite Blood Drynka.

    Explicaba y señalaba las imágenes que tenía dispuestas en fila una al lado de la otra. Había un espacio que separaba a un grupo de fotografías de otro; en las del grupo de la izquierda aparecían personas que podían pasar muy bien por modelos, entre ellos Tristán, el Blood Drynka del que ella desconfiaba. 

-Ellos son los Griffin-dijo al verme coger la fotografía de una pareja-, se encargan de velar por la seguridad de los Blood Drynka de América del Norte, comparten la tarea con una mujer en América del Sur.

-No han hecho un buen trabajo-ironicé, considerando las desapariciones y muertes.

-Nina llamó a Drako y le notificó que algo estaba pasando en la Casa Griffin, que han habido movimientos sospechosos. Resulta que Tristán se está quedando con ellos cuando los Alyosha son dueños de un prestigioso hotel que es lugar de asentamiento de Blood Drynka.

-¿Crees que éstas personas tienen la mano metida en la conspiración contra su propia gente?-pregunté, Sahar asintió-. Viktor-susurré al ver la foto donde aparecía él.

-Si él está involucrado lo sabremos y nos ocuparemos, de que hay humanos de la Élite ensuciando el tratado de paz los hay. Sólo debemos ir confirmando cuántos y quiénes son, actuaremos según como creamos conveniente porque la idea no es iniciar una guerra sino impedirla.

    A Sahar no la noté muy de acuerdo con el tema de evitar un enfrentamiento. Pero no era el único motivo que le molestaba.
     Me senté en uno de los sillones que se hallaban delante del escritorio, ella se giró, le extendí la mano y la cogió. La atraje, haciendo que se sentara en mi regazo, besó mi cuello mientras la rodeaba con mis brazos; así, cercanas, en silencio, esperé a que hablara. Si algo tenía Sahar era un nivel de hermetismo extremo.
    Ser paciente era la clave.

-Amanda incendió la casa de su familia en Los Hamptons, con los invitados dentro-susurró. Me puse tensa de inmediato, sabía que esa mujer era mala, estaba loca y era aliada de otro loco. Llegué a ver entre esas fotos una donde Viktor estaba con la madre adoptiva de la rubia...-. Tengo la impresión de que vuestras historias son similares-continuó, interrumpiendo mis cavilaciones.

-No puedes comparar lo que me hizo, Sahar....

-Escúchame-pidió, incorporándose en mi regazo para mirarme-. Fui anoche con la intención de verla, y lo hice, la vi salir de la casa cuando todo estalló. Dijo que todos los que estaban dentro eran culpables de muchas atrocidades, lo cual es cierto, una de esas atrocidades es la muerte de nuestra madre biológica y el hombre con el que se casó tras el abandono de Caín. Faye, vuestras historias no son tan diferentes, ella también busca venganza.

    Negué con la cabeza, Sahar puso sus manos en mis mejillas y me miró a los ojos, limpió las lágrimas que corrieron por mis mejillas porque sólo la mención de Amanda me representaba dolor.

-No quiero que sea motivo de discusión entre nosotras-le dije, la voz se me quebró-. No quiero darle un voto de confianza, por favor no me lo pidas, no me pidas que le dé el beneficio de la duda sólo porque busca venganza como yo, porque no puedo darle tal cosa. Su vendetta debió llevarla hasta mi padre y mira lo que hizo. Encontró los vínculos entre mi padre y Viktor, si acaso su vendetta es contra él también, ¿por qué a mi familia y Viktor sigue con vida cuando lo ha tenido cerca todo este tiempo?-Lloré de la rabia que sentía, y esperaba que ella entendiera que me refería a la fotografía de Viktor y la madre adoptiva de su hermana.

   Sentada en mi regazo me abrazó, hundí mi rostro en su cuello y la apreté a mí. 
   Dolor, dolor, eso sentía.
   Me costó dejar de llorar, ella se mantuvo cerca sin decir nada. Aguardando a que me calmara y aún después de haberlo hecho no habló, se hallaba en mi regazo, nuestras manos enlazadas después de que las mismas secaran mis lágrimas. No sería yo quien interrumpiera el silencio, no me apetecía, el cabreo no había disminuido del todo. Sahar no podía comparar la vida de su hermana con la mía porque ella lleva viviendo durante años cerca de Viktor y sus jefes psicópatas, a la sombra del hombre que encabezaba dicha sociedad. Y había sido ella quien asesinó a mi familia, había sido ella.
   La rabia creció tanto que no noté que mis manos apretaban un poco más fuerte las de Sahar hasta que ella las llevó a sus labios y las besó, sus labios me trajeron de vuelta al estudio. Habíamos acordado no discutir por culpa de Amanda, y allí estábamos, acabando de hacerlo. 

-¿Cómo era tu padre?-preguntó de pronto.

-¿A qué viene tu interrogante?

-Es que sabes más de mí que yo de ti-alegó. Era cierto a medias, había mucho de ella que no conocía todavía-. Háblame de ti, de tu familia.

-¿No traería eso a colación a....?

-Shhhhh.-Besó mi mano izquierda-. No te pido malos recuerdos, Vesper, te pido buenos, los que deberían importar, a los que deberías aferrarte.

    ¿Esto sería así siempre? ¿Velaría por que estuviera estable en todo momento, en todos los aspectos? 
   ¿Pero qué hago? pensé. Una semana no era suficiente para empezar a preguntarse si tendríamos toda una vida juntas, la idea de que ya vivimos varias me dio algo de esperanza porque si había algo verdadero en todo esto era mi amor por Sahar, sea heredado de otras vidas o no yo la amaba, nunca había estado tan segura de algo. Intentaría no pensar en nada más que el presente, no en un "siempre" porque la eternidad la teníamos aquí y ahora, mientras nuestras manos estaban entrelazadas, mientras la tuviera sentada en mi regazo....

-Illian era el tipo de persona que adoraba ayudar a todo el mundo...-empecé, la sonrisa de Sahar, esa que pude oír, me dio pie y ánimo para continuar-...., mi madre y él se conocieron mientras estudiaban medicina, fue amor a primera vista.-Sahar no comentó nada al respecto, creí que preguntaría sobre ese amor o diría algo en contra, pero en lugar de eso ella calló y esperó a que prosiguiera con mis anécdotas-. Mi madre era hija única, inteligente, una buena mujer, mi padre me confesó que cayó preso de su mirada y de la candidez que proyectaba; día a día los veía tan felices, Sahar, se graduaron juntos y se casaron el mismo día de la graduación, había un vídeo, fotografías.-Recordar la historia de amor de mis padres me hizo sonreír, Sahar tenía razón, son los momentos felices los que deberían importar-. Siempre los convencía de ver el vídeo y que me contaran la historia antes de dormir, me consentían todo-reí.

-¿Quién no te consentiría todo, Faye?-susurró.

   La ternura poco conocida de Sahar. No, me corrijo: la desconocida ternura de Sahar, porque sólo yo había sido testigo y "víctima" de ella.

-Mi padre era huérfano, pasó de hogar en hogar hasta que tuvo la mayoría de edad. Siempre fue bien en el colegio, alumno prodigio-proseguí-. Al principio tuvo roces con los padres de mi madre pero siempre lucharon por su amor, y es que se amaban tanto, confieso que al verlos deseé en secreto tener algo como lo que ellos tenían.-Sahar se incorporó y me observó con cierto interés, sin decir nada se acercó y besó mis labios, apenas un roce que consiguió alterarme y desear más. En cuanto se hubo apartado sus labios se curvaron en una media sonrisa, la adoración brilló en su mirada-. ¿Es tu forma de decirme que ya no tengo que desearlo porque se han hecho realidad los sueños de una niña?

-Lo que sentían tus padres no es ni remotamente parecido a lo que siento por ti, ni a lo que sientes por mí. Les sobrepasa-dijo, volviendo a su postura inicial, su espalda pegada a mi pecho, ladeé la cabeza un poco quedando mi mejilla muy cerca de su frente-. Nos sobrepasa-añadió en un susurro.

    No podía contradecirla, hasta yo comenzaba a ver que aquello que estábamos iniciando era muy grande. 

-Mi padre me compró mi primera bici cuando cumplí los seis años.

-¿Qué es bici?-preguntó, dejándome boquiabierta ante tal interrogante. Si no sabía qué era una bici significaba que Sahar no....

-Es un medio de transport....-callé, y me tocó preguntar-. ¿Sahar, nunca has conducido una bici? ¿Nunca has montado una?

-No-respondió, su tono de voz sonó inseguro-. ¿Es algo malo no saber montar una bici? 

   Reí. Sahar volvió a incorporarse y me miró frunciendo el ceño.

-¿Qué es lo gracioso? 

-Nada, pequeña mía, es sólo que me sorprende que sabiendo tantas cosas montar bici sea lo único que no-respondí. Besé su mejilla.

-No tuve tiempo para niñerías cuando era pequeña-dijo con esa altivez que era natural en ella pero no desagradable. 

   Nunca había encontrado la arrogancia atractiva y, sin embargo, en Sahar, esa prepotencia lucía porque no era que ella quisiera o intentara ser superior a los demás, no era una prepotencia grosera. Era su acento, su voz, era un efecto de ese binomio.

-Lo sé, lo sé, fuiste educada para cosas más importantes.-Jugué a imitar un tono pedante. Sahar achicó los ojos-. Te voy a enseñar, tienes mi palabra-dije, levantando la mano derecha en señal de juramento.

-Si es así de importante saber montar una bici, y más aún si es importante para ti, entonces sí, enséñame.-La atraje de nuevo a mi cuerpo, que fácil era hablar con ella y sería divertido enseñarle algo-. Sigue hablándome de tu familia, por favor.

     Me había relajado hablar de ellos y Sahar lo notó, razón por la que pedía que continuara. Pero quizá no era la única razón, estaba mostrando verdadero interés.

-Cuando mis padres me dieron la noticia de que tendría un hermanito me hizo mucha ilusión, a pesar de que en el colegio mis compañeras me decían que tener hermanos era lo peor, un fastidio. Y que mis padres no volverían a prestarme la misma atención-conté. Qué equivocadas estaban-. Mi hermano fue lo mejor que me había pasado, Elliot era un bebé hermoso y yo lo cuidaba, le di ayuda a mi madre cuando padre estaba trabajando. ¡Cambié pañales!-reí.

    Sahar se apartó de mí, caminó hacia el escritorio y se recargó en él de frente a mí; cruzó sus brazos, ladeando un poco la cabeza, era un gesto característico de ella heredado de su padre a quien he visto hacerlo también. Sonrió.

-¿Qué?-dije. No entendía a qué venía aquello.

-Me gusta lo que he escuchado hasta ahora, sólo eso-admitió.

-Lo demás son tiempos tristes-susurré, bajando la mirada-. El diagnóstico de leucemia en mi hermano nos dejó un vacío que el mismo Elliot se encargó de mantener lleno con su infinita energía, superó incluso el tiempo estimado.

    Sahar se agachó frente a mí, besó mis manos. Encontré mi triste reflejo en sus ojos cuando levanté la mirada.

-No fueron tiempos tristes después de todo, tuviste momentos felices en medio de la tormenta que significó su enfermedad-señaló. Y sus palabras fueron a parar a mi corazón que sentía en un puño al recordar el día exacto en que escuché a mis padres hablar sobre la enfermedad de mi hermano, su inminente muerte me dejó una impresión que aún después de grande seguía llevando conmigo, siempre afligida, preocupada, intentando que nada de lo que experimentaba se notara. Dejándome llevar por el buen ánimo de Elliot. 

   Las palabras de Sahar devolvieron la calidez a mi alma atormentada, la abrazaban. Sólo que por mucho que pensara en esa parte, seguía estando la otra donde no fue una enfermedad de la que ya sabía, la que me arrebató a mi hermano, sino que todo ocurrió por sorpresa y de mano de una persona que para colmo estaba emparentada con ella.

-Llevaba varios regalos conmigo ese día-susurré-. Muchos de los cuales eran para él.

   No hizo falta decir mucho más, Sahar entendió a qué día me refería; me negué a mencionar a Amanda porque no volvería a lo mismo, discutir con Sahar siendo esa bruja maldita la razón.
  Sahar regresó al escritorio, repasaba con la mirada las fotografías una por una y en silencio. Si bien no quería discutir con ella por Amanda, sí me apetecía entender de qué iba su reciente cercanía con Drako, ¿es que acaso no le bastó estar conmigo? ¿Acaso lo necesitaba a él? 

-¿Ha pasado algo entre Drako y tú?-¡Por Dios, Faye! ¿No podías ser más discreta? pensé.

-Ha pasado mucho entre Drako y yo, Faye, lo sabes-respondió, despreocupada.

-Los vi hace rato muy....-Sahar dio media vuelta-....cercanos-finalicé.

     La culpabilidad se dejó ver en su preciosa faz, no me gustaba porque sólo le daba motivos a mi imaginación para sacar conclusiones. 
-Olvídalo-me apresuré a decir.

-Nos besamos ayer poco antes de marcharnos a la empresa-dijo. Me puse de pie, encaminándome hacia la puerta-. Pero nada más, porque no significó más que una despedida-levantó la voz, y me detuve con la mano ya en el pomo-. Ya no es necesario acudir a él ni a nadie para saciar mi jodida pulsión, porque sólo me apetece estar contigo, sólo me apetece saciarla contigo.-Me giré para verla, ella se mordió el labio inferior y se dispuso a continuar-. Sólo viste que estábamos cerca, y volviste a suponer, Faye; no pasó nada, no hubo beso, pero mi libido sigue allí y me toca luchar contra mi naturaleza. Una cosa es desear follarme a alguien, pero es mi elección no hacerlo por respeto a ti, porque se siente diferente y mejor cuando lo hago contigo.-Me vi prisionera entre su cuerpo y la puerta, no la vi venir-. Eres todos mis motivos para rechazar mi instinto, aprisionarlo aunque duela, y dejarlo escapar contigo-susurró, rozando mis labios durante dicho susurro-. Soy leal a ti, Forastera, ¿cómo te lo hago entender?

-Quisiera ser la única que despierte eso en ti, que nadie más lo hiciera.

-La pulsión sólo está allí, no es que alguien la despierte, sólo es y está. Excepto contigo-aseguró, mirando mis labios, y sus ojos comenzaron a cambiar. Lamió sus propios labios-. Contigo la pulsión resulta más intensa.-Sus labios besaron mi mentón, sentí sus dientes mordiendo muy quedo mi mandíbula-. Mis miradas son sólo tuyas, mi irrefrenable deseo es provocado por ti, mis besos....-y diciendo esto me besó despacio, rodeé su cuello con mis brazos sonriendo en medio de ese lento y sensual beso. Gruñí cuando sus manos levantaron la larga falda que elegí esa mañana, acariciando mis piernas, mis muslos en el proceso al tiempo que nos comíamos la boca.

     Apenas llegó a rozar mi coño por encima de mis braguitas cuando nos vimos interrumpidas por la llamada a la puerta, hecha por el inoportuno de Drako de quien oímos su voz diciendo que debíamos parar, "por mi bien". Yo estaba bien, hasta el momento no me había sentido debilitada más que por la noche que tuvimos, eran efectos secundarios distintos a los de hace un par de días. Nada qué ver con mi desmayo-hemorragia incluida-de ese entonces.

-¿Qué demonios quieres, Drako?-preguntó Sahar de mala gana, sin abrir la puerta. Dos detalles muy interesantes: pierde todo pudor en la cama, y cuando la interrumpen estando al borde de la excitación. Su agresividad es más evidente en esos instantes.

-La atención de Faye Vesper por unas horas-pidió el Blood Drynka. Fruncí el ceño, ¿me quería a mí?

-Está ocupada-dijo Sahar.

-¿Debo recordarte que fuiste tú quien me dijo que debía empezar su entrenamiento hoy?

    Sahar se relajó, sus ojos seguían estando encendidos. Suspiró.

-Adelante-dijo, rindiéndose.

-¿Qué entrenamiento?-inquirí, alternando la mirada de uno a la otra.

-Querías ser parte del clan, ¿no?-sonrió Sahar. Los ojos felinos iban desvaneciéndose-. Empiezas hoy, a falta de Declan tu segundo profesor tomará su turno antes de partir a la empresa donde quedó a cargo. 

    Drako hizo una mueca de hastío, al parecer el trabajo de oficina no era de su agrado.

-Ve a cambiarte la ropa por algo más cómodo-dijo, dándome una revisión completa con la mirada.

    Sahar asintió añadiendo un "Por favor".
    Drako me siguió hasta el dormitorio, esperó afuera a que yo me cambiara. Cogí un conjunto deportivo negro de entre los que había llevado en el equipaje; mentiría si dijera que no me sentía nerviosa. Para Sahar, ser la guerrera que es, debió llevar muchos golpes, y Drako debió ser uno de sus maestros.
   Íbamos de camino a un gimnasio que poseía el departamento, él caminaba delante, también se había vestido para la ocasión. Sí, la ocasión era darme una paliza. Ya tuve algo de experiencia peleando con Erza y Riza, me repetía. Usamos espadas, esto no ha de ser diferente. Aunque Drako podía llegar a ser más rudo.
     Paró, abrió las puertas que tenía enfrente, se hizo a un lado y con un ademán me invitó a pasar la primera.
     Aquél espacio asemejaba al lugar de entrenamiento en Palacio, no habían ventanas, y cuatro antorchas se repartían en cada esquina de la habitación. El piso era de concreto, de las paredes colgaban todo tipo de armas, sobre todo espadas de diferentes diseños. No hacía calor pese a ser cerrado, y el frío no era porque hubiese algún aire acondicionado porque tampoco, sólo hacía frío; las flamas de las antorchas eran de un color azul zafiro que le daban un toque místico al lugar. 
   Me paré en medio mirando el alto y oscuro techo.

-¿Nerviosa?-habló el Blood Drynka, cerrando las puertas tras de sí.

-¿De estar encerrada con un vampiro que fue amante de la chica que me gusta?-solté, sin mirarlo directamente a él sino a las gradas que estaban de un lado y otro del gimnasio-. No, en absoluto. Estoy muy feliz de que su amante y su prometido me entrenen-ironicé-. Puedo estar cagada, insegura, dudosa, inquieta, un poquito meada encima, ¿pero nerviosa? Qué va, nunca-dije, y a fuerza sonreí.

    A Drako le cambiaron los ojos de color, se veían muy azules, no llegué a detallarlos bien porque se abalanzó sobre mí sin darme tiempo a reaccionar.
 
     

         
 

        

        
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