Spin-off

Spin-off

domingo, 14 de septiembre de 2014

22....



  "Hay alguien a quien he extrañado..
Pienso que ella podría ser la mejor mitad
de mí..."


  ¡Ése tipo está loco! ¡Mira que pegarle a Ivel! ¡Joder, joder, joder! No puedo dejar esto sin un pequeño castigo.
   Llamé a Lucy desde el móvil, le pedí la dirección de Viorel, no hizo preguntas al respecto. Me la facilitó con toda normalidad; aceleré. Sé que me pasé algunos "Alto" pero es que estoy tan cabreada.
  ¡¿Cómo se le pudo ocurrir, maldita sea?! Golpeé el volante.

  Aparqué frente a un edificio residencial muy parecido al lugar donde vivía Ivel; al entrar ni siquiera me preocupé por preguntar si estaba o no en su apartamento. La mujer de recepción se hallaba ocupada con un joven; fui derecho al elevador y presioné el botón del piso 25. Tan pronto se abrieron las puertas salí como alma que lleva el diablo, doblé a la derecha y me detuve frente a la única puerta que había.
  ¡Vaya sorpresa! Un piso para él sólo.
   Toqué la puerta dos veces, escuché movimiento dentro; la puerta se abrió.
   Viorel estaba ante mí desnudo de cintura para arriba, y con una bolsa de hielo en el ojo.

-¿Leyla?-dijo, sorprendido.-Buenas noches.

   Sonreí.
   Luego le lancé una patada directo a su preciado aparato, soltó la bolsa de hielo y se inclinó del dolor, le di un puñetazo en la cara. Cayó al suelo, apretando los dientes para ahogar un grito.

-No vuelvas a acercarte a ella.-le dije, llena de rabia.-No la mires, no la toques. Porque si lo haces soy capaz de matarte.














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    Conduje de vuelta, ya me sentía mejor luego de descargar mí enfado con él.
    
   Abrí la puerta del apartamento, me encontré todo a oscuras y en silencio; tres copas en la mesita de centro, dos de las cuales estaban a medio beber. La tercera aún llena de su vino favorito.
  Cojines en el piso, sus zapatillas y los zapatos del chico. Su camisa en el suelo de camino a la habitación de Ivel....

-Estos dos...-susurré, cogiendo la copa llena y dando un sorbo.

   Me senté en el sofá.

   Escuché el sonido de una puerta cerrándose con suavidad, seguido de pasos de unos pies descalzos rozando el suelo.

-Buenas noches, Elliot.-saludé. El chico se detuvo en seco.-¿Cómo está ella?-pregunté, divertida por su graciosa expresión.


-Se ha dormido, está agotada.


-De eso no me cabe la menor duda.-sonreí aún más al ver su cinturón suelto.


-¡No fue eso lo que quise decir!-Se apresuró a replicar mientras se abrochaba sus pantalones, y posteriormente su cinturón.-Sólo nos hemos enrollado un poco, y luego hablamos. No pasó nada más.


  Lo miré mientras se calzaba los zapatos, cogía su camisa e iba hacia la puerta.


-Te acompaño al elevador, aquí están tus llaves.-dije, devolviéndoselas.-Entonces no pasó nada.


-No porque no quisiéramos, ella...-Metió sus manos en los bolsillos de su pantalón.-Cree que me lo tomaré como sexo por despecho, recién tuvo ése impasse con Viorel y....


-Entiendo.-Nos detuvimos frente al ascensor.-Gracias por estar allí para ella.-le dije. Él sonrió.-Ivel es muy compleja, complicada y son pocos los que logran entenderla. O "soportarla" como suelo decir.


-Cuenta contigo también ¿no? Fuiste a ver a Viorel, a hacerle frente por lo que le hizo.


-Sí.-suspiré.-Es imposible no adorarla.-agregué con una risita tonta.-Qué tengas buenas noches, Elliot.-di un paso atrás él avanzó hacia el ascensor.


   Se perdió tras las puertas, yo regresé al apartamento, ordené un poco el salón y luego me dirigí a su dormitorio.

    Caminé hacia su cama, y la observé por unos segundos.

-Lo habrás engañado a él, pequeña, pero a mí ya me has hecho una experta y sé que estás fingiendo.


   Le quité la manta de encima, ella arqueó una ceja y encendió la lámpara que estaba en su mesita de noche. Me senté en la cama, y ella hizo lo mismo.


-¿Qué le hiciste?-me preguntó, supe que hablaba de Viorel.


-Digamos que no tendrá hijos, y su bonita cara sufrió daño permanente; aprendió su lección.-Revisé el moratón que tenía en la comisura de sus labios.-¿Por qué reaccionó así?


-Estaba enfadado porque fui a la fiesta con Elliot, y porque no le mencioné que iría.


-No tenía derecho a ponerte una mano encima, al menos no del modo en que lo hizo.-Apreté la mano en un puño sobre la sábana.


  Ivel puso su mano encima de la mía, me relajé.


-No hablemos más sobre esto ¿vale? Mira como te pones, prometo no volver a verle.


   Eso me tranquilizó.


-¿Cómo fueron las cosas con Elliot?-pregunté, una sonrisa maliciosa en mis labios. 


  Sé que no pasó nada pero tenía interés en saber cómo se sentía ella al respecto.


-No estoy segura de lo que me pasa cuando estoy con él, L. Y no creo tener cabeza para ello.



-No estás segura porque esto es nuevo para ti, tonta; no eres del tipo que anda "cursileando" por ahí, enamorándose de cuanto tipo conoce, porque difícilmente te enamoras. 

   Arqueó una ceja, y mostró la "sonrisa de los secretos" como le digo a la media sonrisa que aparece en sus labios, ésa que te hace pensar que sabe cosas sobre ti que tú ni enterado. Ésa que te hace pensar que ha cometido alguna fechoría secreta.

   Su sonrisa traviesa.

-Me voy a la cama....


-No quiero dormir sola, hoy no.-susurró.


   Sentí que algo andaba mal, ella no suele pedirme que duerma con ella, cuando se siente mal tengo que quedarme a pesar de sus protestas de "Estoy bien, no quiero compañía"; no quise preguntarle qué era eso que le molestaba. Me acosté a su lado, deposité un beso en su cabeza, y la abracé.

   ¿Qué mierda habrá pasado en ésa fiesta, además del asunto con Viorel?


   Me levanté antes que ella, la observé dormir, sonreí y salí de la cama para preparar algo de comer. Oí su móvil sonar, y la maldita canción que tocaba me hizo saber quién era sin necesidad de ver el identificador de llamadas. 

  Viorel.
   Lo apagué, y me dediqué a cocinar unos huevos revueltos, que sé que odia pero se los va a tener que tragar porque ya no tenía cereal. Escuché movimiento en su habitación, y la regadera.
   Serví el desayuno y lo puse en la mesa; me fui a duchar a mí dormitorio y al volver al comedor ella ya se encontraba sentada con una laptop abierta revisando los diarios digitales.

-¿Alguna buena o mala noticia, cielo?-pregunté, sentándome frente a ella.


-Ya no soy anónima, de eso puedes estar segura. Así que es una mala, y buena noticia a la vez.


-Porque tu tío se interesará en ti, y entrarás a su círculo. Y mala porque tus movimientos tal vez sean observados por la prensa....


-¿Claudia no se pudo dedicar a....no sé...ser mesera en lugar de modelo cuando era joven? 


  Solté una carcajada, ella tan sólo sonrió.


-¿Viste a tu tío en la fiesta de anoche?


   Cerró la portátil y dio un sorbo al zumo de naranja.


-Sí, estuvo allí con su familia.-respondió, su mirada en el plato.


-¿Ivel qué pasó? Porque lo que te tiene así no es el que Viorel te haya pegado, es otra cosa.


   Comenzó a jugar con su anillo, me miró directamente a los ojos y suspiró.


-Mí padre estuvo casado antes de conocer a mí madre, y de ése primer matrimonio tuvo una hija.-explicó, dejé de comer, expectante.-Ella estuvo anoche en la fiesta, y me vio....


-¡Dios mío, Ivel!-musité.-¿Te reconoció?


-No lo creo, estoy muerta ¿recuerdas? Y hay una tumba que lo prueba, no va a pensar que su hermana pequeña resucitó.


-¿Tus padres saben de ella?


-Yo ya no estoy segura de qué saben ellos, siento que me ocultan cosas.


   Cómo que yo fui contratada para vigilarte mientras ellos no estén cerca. ¡Joder! Debería decirle....

   Me levanté al escuchar que llamaron a la puerta, ella volvió a abrir la portátil; una hermana, eso le preocupaba, su hermana. Las vueltas que da la vida.
   Abrí la puerta y fruncí el ceño al ver que era una perfecta desconocida, alta y morena, con una triste mirada en sus ojos.
  Me recordaron a Ivel.

-Buen día, no sé si di con la dirección correcta, pero ¿Ivel Hastings vive aquí?


   Oí el movimiento de una silla en el comedor.


-Sí,-respondí, ya no me hacían falta más detalles.-¿quién la busca?


-¡Oh, disculpe! Mallory Alexander, mucho gusto.


   Le estreché la mano que me tendió.

    Cuando las cosas están para pasar, pasan. Sólo bastó nombrarla y aquí está, cómo respondiendo a la tristeza de su hermana pequeña.
   La hice pasar, en ése momento Ivel entraba al salón; la cara de la recién llegada al verla fue digna de un retrato: "Realmente NO PUEDO creer ni una jodida mierda de lo que estoy viendo", ése sería el nombre que yo le pondría.



   











-Leyla....