Spin-off

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viernes, 24 de julio de 2020

P. A. Tomo I.-Capítulo 9: Señales


Lexa

  Me asomé a la habitación de Archer antes de salir en la mañana, seguía dormido.
  Raven y Dietrich estaban cocinando, Elektra me abrazó por la espalda cuando me estaba poniendo la gabardina y los guantes. Me volví un poco y besé sus labios de forma casta. Les avisé que regresaría pronto.
—Big Brother te pillará—bromeó Raven sobre las cámaras que estaban por todas partes y por donde se vigilaba a cada persona que caminaba por cualquier ciudad en cualquier país del mundo.
—Yo soy Big Brother—sonreí volviéndome después de abrir la puerta, le guiñé un ojo mientras salía caminando de espaldas.
  Tenía cómo escabullirme, después de todo la vigilancia sobre cada país recaía en mí como heredera de los Tramell. Desde el apartamento Raven podía encargarse de evitar que la seguridad que reconfiguramos en Nueva York a principios de este año me pillara, nosotros poníamos las cámaras, otros eran los que espiaban a la población. No había respeto por la intimidad y ojalá pudiera cambiar eso para el resto, y pues, que las cámaras corrieran por mi cuenta no quería decir que me gustara ser espiada.
   Tomé precaución y llevé conmigo un mando a distancia que evitaba que me captaran al presionar un botón, y lo llevaba encima todo el tiempo. Invento de Raven.
   Caminé por la ciudad con un destino fijo, una iglesia. La más cercana era la Catedral de San Patricio, dirigí mis pasos allí, y al estar ante ella la vi en todo su gótico esplendor; entré admirando los vitrales, di una vuelta observando todo cuánto me rodeaba, y caminé por el pasillo hasta llegar al primer banquillo, de la fila de la derecha, donde me senté. Era muy temprano en la mañana, no había mucha gente.
  Pensé un poco en la conversación que tuve con Dietrich poco antes de cambiarme de ropa; aunque era algo íntimo pedí que Raven y Tri estuvieran presentes, si íbamos a actuar en conjunto debíamos empezar por la honestidad así que fui directa y le pregunté si recordaba algo raro de nuestra primera vez juntos porque mi familia se esmeró en ocultar la sangre de Archer y mía de nosotros mismos, un sangrado post primera experiencia sexual no es algo que pase inadvertido cuando la sangre de tu pareja es de un color diferente al rojo.
  Dietrich aseguró que no pasó agregando que si no lo recordaba es porque no fue de mucha importancia.
Te lo habría dicho de haber ocurrido, estabas muy relajada cuando pasó quizá eso influyó—dijo. Raven y Elektra estuvieron de acuerdo. No fue hace poco como para que recuerdes, fui un "si te he visto no me acuerdo"—rió
    Fue muy considerado al jugar un poco con el tema porque sí me sentía algo nerviosa.
La Princesita griega es lo único que has tenido en la cabeza—me susurró después cuando las otras dos estaban distraídas, ¿por qué recordar lo que hiciste conmigo si lo que haces con ella borra todo lo demás?       
   En eso tenía razón. Le habría roto la nariz y algo más como hubiese estado ocultándome cosas, llegué a pensar en la posibilidad de haberme drogado hasta quedar dormida y que hubiese ido con Horace, con la excusa de alguna herida accidental y que de ahí se hubiese dado cuenta del color de mi sangre. Se lo planteé a Elektra en la madrugada y aseguró que Dietrich no me haría algo así, pero de todas maneras debía hablarlo con él por la confianza tan fuerte que existía y que no quería que se rompiera.
   Puedo respirar tranquila.    
   Y ahora este lugar. 
   No sabía con exactitud qué buscaba aquí, pero al despertar después de sentir el movimiento de la cama provocado por Elektra, que se había levantado, sentí la necesidad de buscar una iglesia. Mis padres nunca me llevaron a una, no teníamos una religión, ellos decían que no nos hacían falta religiones, suficiente teníamos ya..... 
   Ahora cobraban sentido sus palabras.
—¿Buscando respuestas?—oí que preguntó un hombre en el banquillo detrás mí.
—Si buscara respuestas de algún tipo iría a todos los lugares del mundo excepto a una iglesia, es la casa de los hipócritas y mentirosos—respondí. No conocía a la persona que habló pero si estaba hablando conmigo no lo dejaría con la palabra en la boca.
—Yo tampoco pisaría una iglesia en busca de respuestas.—Escuché sus pasos, caminó delante de mí y se sentó a mi lado. Era un hombre alto y de ojos azules, su pelo era muy negro e iba vestido de sacerdote, su mandíbula cuadrada se puso tensa pero luego esbozó una sonrisa.
—Un sacerdote diciendo que no pisaría una iglesia en busca de respuestas, esa es nueva—sonreí también por la mala broma.
—Es la casa de los hipócritas, lo ha dicho usted, no la contradigo.—Su mirada era pacífica, pura, pude sentir cómo me envolvía una calma que provenía de él—. Mire a esas personas de allí—seguí su mirada, habían cuatro personas, un hombre y tres mujeres admirando al Cristo que estaba en la cruz un poco más allá del altar—. Acaban de traer esa escultura, y esa gente y muchos otros han venido a admirarla, y a orarle. No se dan cuenta de que le están rindiendo culto a la sangre, a la muerte, en lugar de a la vida y al amor que fue lo que enseñó la persona a la que asesinaron en un madero. Si supieran el engaño en el que han vivido se volverían locos.
—¿Se supone que un sacerdote debería decir esas cosas? ¿No debería ser su trabajo atraer fieles en lugar de espantarlos?—le pregunté.
—¿Te he espantado?—sonrió con amabilidad.
—Peores cosas he vivido estos días como para que una simple y tétrica conversación con un sacerdote pueda espantarme.
   Él rió, cruzó las piernas y dejó delicadamente sus manos en su regazo.
—Si pudiera, salvaría a la gente de entrar a lugares como éstos, la persona que murió en el madero enseñaba en cualquier lugar, su templo era campo abierto, su cuerpo, su corazón, su espíritu, no un edificio lleno de oro y mentiras. La historia puede ser tergiversada, ¿sabías?
—Sí, lo sé, tengo una idea.
—La biblia, por ejemplo. Ese libro es una agenda que se cumple cada cierto tiempo, el Apocalipsis ha pasado tantas veces que ya he perdido la cuenta, y se acerca uno nuevo.
—¿Ha perdido la cuenta?—pregunté. Podía parecer loco pero intuía que el hilo de sus palabras tenía alguna conexión con lo que Horace contaba en su vídeo sobre nuestro linaje.
—Sí, supongo que por la cantidad de veces que mi memoria ha sido reseteada como la del resto, mis recuerdos fueron modificados, apenas estos últimos siglos he empezado a recuperarlos y los he estado escribiendo para no volver a perderme y en cualquier momento pasarlos a alguien que los resguarde.—Observó con pesar a la gente que se marchaba—. La religión fue creada por el hombre como una de las formas de controlar y someter a las personas, tu familia tiene qué ver en esa creación, ¿no es así?
   Me levanté y di dos pasos atrás. ¿Cómo sabía eso?
   Di la vuelta para marcharme cuando lo oí hablar de nuevo:
—Heredaste la valentía de tus padres y abuelos juntos, Lexa.
 Paré en seco, la gente que allí había parecieron no escucharlo, y era de sorprender porque habló bastante alto y su voz hizo eco en toda la catedral.
    Regresé sobre mis pasos.
—¿Quién eres?—le dije—. ¿De dónde conoces a mis padres y a mis abuelos?
—Digamos que soy la inspiración detrás de su rebelión contra el Sistema—respondió.
—¿Quién eres?—repetí.
   Miró de soslayo la cruz que había criticado antes.
—Un buen amigo de quien murió en el madero—sonrió—. ¡Qué años más oscuros nos esperan, Lexa!—suspiró poniéndose de pie—. Espero poder luchar a tu lado algún día—y diciendo esto se desvaneció.
   Miré alrededor, nadie más lo había visto. Todos seguían en lo suyo.
   Salí de la catedral, caminé un largo trecho sin entender muy bien qué acababa de ocurrir. 
  ¿Ahora veía personas que no veían los demás? ¿Me estaba volviendo loca?
  Entré a un establecimiento sin ver siquiera qué era hasta que estuve dentro. Un Starbucks, y sin pensármelo mucho me pedí un café, tenía la cabeza en otra parte; pagué y, mientras giraba para marcharme, la vista se me fue hacia una chica que estaba sentada a una mesa de espaldas a la entrada,  tenía la mirada perdida en el ventanal observando a la gente caminar, personas de camino a su trabajo, la ciudad empezando a llenarse de vida.
    Su perfil, su rubio cabello, no podía ser otra. Esto sí que era una bonita coincidencia.
   Me mordí el labio inferior acercándome a la mesa con el café en la mano y las palabras que recién intercambié con ese hombre en la catedral retumbando una a una en mi cabeza.
—¿Ava?—dije.
   La rubia levantó la mirada y agrandó sus ojos color cielo mirándome de arriba a abajo como si no creyera que estuviese allí en realidad.
—Lexa—sonrió—. Hola.
—Hola.
  Un silencio se instaló entre ambas, pero no lo sentí incomodo.
—Será mejor que me vaya, no sea que rompa con lo que se convino ayer—dijo levantándose y cogiendo su bolso de la silla que tenía a su derecha.
  La cogí de la muñeca por inercia, ella miró mi mano y enseguida la solté.
—Lo siento—susurré—. No tienes por qué marcharte, la orden no te incluye a ti.
—Pero sí a mis padres, y me sentaría mal....
—Ava, quédate.
   Lanzó la mirada hacia la salida, tras eso se sentó.
—Has mirado la puerta. ¿Esperabas a alguien?—pregunté sentándome enfrente de ella.
—No, miré hacia allí porque estaba decidiendo si esto era correcto.—Sonreí haciendo girar despacio el envase de café entre mis manos, lo puse en la mesa—. ¿De qué te ríes?
—De tu decisión: te quedaste.
—No te creas tanto.
  Cogí su envase de café y el mío y se los entregué a un camarero que pasaba por allí.
—¡No me lo había terminado!—chilló ella.
—No me perdonaría si presenciara cómo terminabas por envenenarte, te aconsejo que si quieres un buen café hazlo tú misma así te salga del asco, eso sería más saludable.
—Pero si tú también te has comprado uno—replicó.
—Vengo de una iglesia, ambas estaremos de acuerdo en que no sabía lo que hacía.—Me incliné sobre la mesa para hablarle en confidencia, ella también se acercó más sobre la mesa—. Tenemos las manos metidas en todos los negocios conocidos y por conocer, cuando te digo que te ibas a envenenar con ese café lo digo con base, Ava.
   Ella bajó la mirada a mis labios, yo hice lo mismo mirando los suyos pero me aparté rápido.
—¿De qué no eres dueña?—preguntó mirando por la ventana y después a mí.
—De ti—respondí con sinceridad. Ava se ahogó sin siquiera estar tomando nada—. ¿Estás bien?—me preocupé.
—Sí. No bromeabas con eso de ser honesta.
—No bromeo con frecuencia, Ava.—Esto me venía bien después de los días anteriores y de la charla con ese hombre. Me levanté sintiendo extrañas ganas de ir a una iglesia y al salir de ésta termino en el mismo local en el que ella se encontraba, ¿quién demonios estaba guiando mis pasos este día?—. ¿Vives por aquí cerca? ¿Tus padres tienen alguna propiedad?
—Mis padres viven fuera de la ciudad, yo me estoy quedando desde ayer en el piso de Vládimir Bélikov.
—Es por el entrenamiento que recibirás, supongo.
—Lo es, sí, debo familiarizarme con mi instructor y mis compañeros, no soy la única Novicia.—Asentí. Ava se inclinó sobre la mesa, bajé la mirada por su cuello hasta su pecho y volví a hacer el recorrido de regreso a sus ojos—. ¿Cómo está Elektra?
—Mucho mejor, y te lo debemos a ti. Me faltarán años para pagarte lo que has hecho.
—Hice lo que debía, parece que ella te importa mucho.
—Traduciré eso como una pregunta a la que responderé No, Elektra no es mi pareja, somos mejores amigas desde niñas, junto con Raven, y Dietrich, los dos chicos que estaban conmigo ayer.
   Ava sonrió, me encantó que lo hiciera. 
   Crucé las piernas bajo la mesa.
  No fue una mentira lo que dije sobre Tri, la conversación que tuvimos en la noche fue lo más parecido a un permiso en nuestro código de conducta dentro de la relación que teníamos.  
—Junto con mi hermano son la familia que me queda—añadí.
    Su sonrisa se esfumó, tragó en seco.
—Tranquila, Ava—dije notando que la había incomodado.
—Así que tienes un hermano.
—Se llama Archer, es menor que yo pero más alto—reí—. ¿Tú tienes hermanos?
—¿Cuentan los Blood Drynka?—preguntó enarcando una ceja.
—Cuentan—asentí.
—Entonces tengo dos, uno de ellos nos acompañó a mis padres y a mí ayer. Su nombre es Román, y el otro se llama Fox.
—Interesante nombre—sonreí.
—No te vayas a reír—me advirtió señalándome con el dedo índice, levanté mi mano derecha y con el dedo índice de la izquierda dibujé una cruz invisible en donde estaba mi corazón. Y mientras me quitaba los guantes sin siquiera darme cuenta ella habló—: Era muy pequeña para pronunciar Fausto, me salía Foxto—se había ruborizado.
   Hice todo lo que pude, lo juro, pero no fue suficiente.
—Lo siento, Ava—solté la carcajada.
—Ya sé que no cuento contigo para cumplir promesas, recuérdame que te recuerde que no me prometas nada—farfulló haciéndose la enfadada.
—Lo siento, en serio, es que Foxto....—volví a reír.
—Te odio.
—Eso no es cierto—repliqué inclinándome sobre la mesa para estar cerca de ella de nuevo, Ava evitó mirarme, centró su mirada en el exterior. La cogí del mentón para que girara su rostro y pusiera sus ojos en mí, su pecho subía y bajaba respirando con dificultad—. No volveré a reírme, no te enfades.
—No estoy enfadada—sonrió. Me senté en mi puesto y fue recuperando la compostura—. Siento muchísimo tu pérdida, Lexa, sé que tu abuelo murió hace seis meses.
   Entrelacé mis manos sobre la mesa, lo último que quería era tocar ese tema.
—Pude hablar con él por última vez, es el lado bueno. Estábamos en su casa en Asturias, poder verlo una vez más antes de perderlo fue una bendición.—Ava puso sus manos sobre las mías, sentí un calor ameno de ese contacto entre nosotras—. ¿Has estado en España?—inquirí cuando las retiró, no por incomodidad más bien para seguir con el tira y afloja que parecía haber iniciado desde que nos conocimos.
—Unas cinco veces, Arath y Regina disfrutan pasar vacaciones por allí.—Hizo una mueca—. Seré honesta, yo también lo he disfrutado, es un país muy bonito. ¿Sólo has vivido en Asturias?
—Nojojojo—reí—. He vivido por toda España, en realidad. Mi abuelo era británico, pero adoraba España. Yo nací en Inglaterra, en Liverpool, y antes de mi primer año nos mudamos a Sevilla, y de allí como a los dos años saltamos a Murcia, Málaga.....
—Se comieron el mapa completo—asumió Ava divertida. Paró de reír viendo mi mano izquierda—. ¿Pero qué te ha pasado?—preguntó examinándola, estaba muy preocupada—. ¿Te caíste en un cuchillo?
—No quiero hablar de eso—susurré.
—Lexa....
—Raven me hizo la cura, ya no duele. Quita esa expresión de preocupación, anda—me senté en la silla donde estaba su bolso, dejé éste en la silla donde estuve antes—. ¿Podemos salir de aquí? Tanta gente me pone nerviosa.
    Su ceño fruncido se relajó, rió por lo bajo.
—¿Tú? ¿Nerviosa?—enarcó las cejas—. ¿La Todopoderosa Lexa Tramell se pone nerviosa? No concibo un mundo donde eso sea posible, luces tan segura.
—Soy mortal, Ava, me pongo nerviosa, y otras cosas también.—Su risa ronca era una delicia, cogí su bolso y me levanté—. Ven conmigo.
   Me siguió afuera, llevaba puesto un suéter negro que dejaba al descubierto sus hombros, unas leggins oscuras y botines de tacón alto. Estaba preciosa.
—¿Adónde vamos?
—Hay un lugar que quiero mostrarte, tiene que ver con mis padres y mis abuelos.
   Metí las manos en los bolsillos de mi gabardina y la miré, ella me devolvió la mirada, y sonrió.
    Y era todo lo que podía pedir.



2 comentarios:

  1. Ese cura es un ángel, lo presiento es mis carnes. Qué tipo de ángel? eso ya no sé decir, pero desde luego que anda por ahí metido.
    Y venga, Lexa, tienes que visitar Valencia y Alicante, déjate de Murcia! Murcia es Mordor (lo decimos así porque en verano hace mucho calor, pero no es por nada malo, en realidad es muy bonita jajaja).
    Qué bonita relación... Me encantan las dos.

    Besoteees!

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