Spin-off

Spin-off

jueves, 30 de octubre de 2014

Ruleta Rusa....(2)




Roma, Italia...
Año 4026....



    El día transcurrió entre charlas sobre la boda, la escena y los diálogos terminaron resultándole tan banales a Ivel que a la hora del almuerzo pidió que se lo llevaran a su habitación. No aguantaba ni un minuto más estar con gente que sólo hablaba del color de los manteles y el número de invitados que asistirían.
   Leonardo la acompañó en silencio, hasta que decidió hacerle una pregunta que le rondaba la cabeza desde que supo sobre el compromiso arreglado de su amiga.

-Ivel, ¿tu madre sabe sobre este asunto? Porque es que no la imagino apoyando algo así, ella misma se opuso a su propio compromiso arreglado cuando vivía en El Cairo, ¿no es así? Y huyó de allá con tu padre.

   Ivel no probó bocado de su plato, no tenía hambre. Conocer a la que sería su familia política le revolvió el estómago; a excepción de Victoria, todos los demás parecían estar interesados en el dinero, en gastar, gastar, gastar.... En que la boda fuese en extremo costosa.

-Mí padre dijo que sí, él me habló sobre este compromiso hace como dos semanas atrás, y le hice la misma pregunta que me estás haciendo tú. No he hablado con ella, porque siento que él me está mintiendo y sabes lo enferma que está.-Empezó a golpear el plato con el tenedor, suavemente, tenía la mente en otra parte. Temía que Marco apareciera en cualquier momento.-Iré a verla, ¿vienes conmigo?

   Leonardo asintió.
    Ivel iba pensando en cómo abordaría a su madre, en caso de que su padre le hubiese mentido, para que no se diera cuenta de lo que estaba pasando. Debía ser sutil, su madre podía ser muy perceptiva.
   La enfermera que la cuidaba la ayudaba a salir del baño al momento de Ivel entrar a la habitación; se apresuró a ayudar también. Su madre rió, diciendo que todo estaba bien, que no necesitaba tanta atención. Podía sola; saludó a Leonardo con un beso en la mejilla, y se sentó en la cama.
   Empezó a mirar a los amigos con ternura, Leonardo siempre le cayó muy bien a Talia y verlos tan unidos le daba paz porque sabía lo bondadoso que era el joven.

-Madre, ¿conoces a la familia JeanMarais?-Leonardo miró a Ivel de reojo, no pensó que la pregunta iba a ser tan directa. La vio jugar con el anillo que colgaba de su cadena, supo que estaba nerviosa.

  Talia se extrañó al oír la pregunta, sus ojos verdes la observaron por unos minutos y luego suspiró.

-Sí, una buena familia de la colonia francesa, recuerdo que tu padre quiso comprometerte con el hijo mayor antes, siquiera, de que nacieras.-contó Talia. Se acostó, Ivel se sentó a su lado.-Yo lo convencí de que se quitara ésa odiosa idea de la cabeza, nadie le impondría a mí hija con quién debía casarse. Ni siquiera la Organización, porque de hecho supe que fue por sugerencia de Arléz que quiso comprometerte con el joven JeanMarais.

   Leonardo e Ivel compartieron una mirada de complicidad; la chica intentó disimular haciendo otra pregunta.

-¿Por qué Arléz querría que padre me comprometiera con un JeanMarais? 

-No estoy segura, cielo. ¿Pero por qué el interés?

   Ivel se acostó, Talia la abrazó a ella y le cantó una nana; la mujer tenía una leve sospecha, hablaría con su marido luego. El tiempo que le quedaba lo pasaría con su hija, y sin ningún tipo de problema que pudiera estropeárselo. 
   Leonardo las dejó a solas.

   Ivel no entendía qué podía tener de especial la familia JeanMarais. Gastón era un duque, pero no era un miembro importante de La Organización que gobierna el mundo. Más bien era un peón, a él y a su familia los podían desechar en cualquier momento.
   Regresó a su dormitorio antes de la cena. Se duchó y bajó.
    Vio con pesar que a Gael lo habían sentado a su lado, se disculpó con todos antes de que sirvieran la comida, y se marchó escaleras arriba. Sabía que se ganaría un buen regaño por parte de su padre, pero mientras menos tiempo pasara cerca de Gael, más oportunidad tendría de demostrarle al hombre que no estaba interesada en él.
   
-Parecen los reyes de la casa, esto me da muy mala espina.-le comentó a Leonardo.-Y la hermana menor, si es de la nobleza ¿qué rayos hacía trabajando para aquél señor?

-Habla con ella, Ivel, parece ser diferente a su familia. O si gustas iré yo.

   La sonrisa del joven fue muy pícara, Ivel captó el mensaje y salió de su dormitorio antes de que él se tomara su silencio como un: "Sí, ve a por ella", no era algo para jugar.
    En el pasillo se encontró con una mucama y le preguntó si tenía idea de cuál era el cuarto que le habían asignado a Victoria JeanMarais. La mujer le indicó que siguiera por el pasillo y doblara a la izquierda, la primera puerta que viera en el siguiente pasillo.
   Ivel se sentó en el piso para esperarla, Victoria seguía abajo cenando con el resto.

   La vio acercarse a la media hora.
    Se puso de pie, Victoria frunció el ceño al verla allí. Sonrió cuando la chica la saludó.

-¿Podemos hablar?-dijo Ivel.

-La dueña de casa primero.-dijo Victoria, abriendo la puerta y permitiéndole pasar la primera.

-No me gusta dar tantos rodeos así que iré directo al punto, si usted es hija de un noble ¿qué hacía en un prostíbulo? ¿Por qué trabajar en un lugar como ése?

   Victoria se quitó los aretes que llevaba y le dio la espalda.

-¿Me ayudas, pequeña mía?-inquirió.

  Ivel se acercó, le bajó el cierre del vestido y dio un paso atrás al terminar.

-Contésteme.

-Tengo mis razones y....

-Sus razones se han vuelto mías desde el momento en que pisó esta casa.

   Victoria resopló, pero accedió a lo que Ivel le pedía.

-He tenido problemas financieros y no quise involucrar a mí padre.

-¿Qué hay de su hermano? ¿Él sabía que usted trabajaba allí?

  Victoria bajó la mirada. Puso los aretes en la mesita de noche.




-¿Tan rápido me tratas de usted? Hace unas horas me tuteaste.

-Estoy siendo cortés, ¿Gael sabía?

-No.-respondió Victoria, sosteniéndole la mirada a Ivel.

   A la chica le dio la impresión de que mentía.

-¿Tienes alguna idea de las razones detrás de este repentino compromiso?-preguntó Ivel, cambiando el tema.

-Sé lo mismo que tú, que están comprometidos desde antes de tu nacimiento.

   Ivel se dirigió hacia la puerta, era obvio que a Victoria le habían mentido con respecto a eso. Tal y como lo hizo su padre con ella.

-Pasa una bonita noche, Vika.-dijo antes de salir.

   Victoria sonrió, le gustó el diminutivo.

   Ivel tendría una seria conversación con su padre, no llevaría adelante algo en lo que no creía. Su padre tendría que darle muchas explicaciones, y antes que nada tenía que poner algunas cartas sobre la mesa. Empezando por la secreta relación que mantiene con Marco desde hace tres años.
   Los JeanMarais estaban tomando el té en la sala de estar, su padre debía estar en el estudio. Fue allí y llamó a la puerta, entró tras oír la voz de su padre dándole permiso.

-Buena noche, padre.-saludó, fríamente.-Quisiera hablar con usted, si no está ocupado.

-Para mí nena nunca estoy ocupado.-Ivel mostró una sonrisa irónica.-Toma asiento, cariño.-La morena hizo caso, tomó asiento frente a él.

   Elliot se encontraba leyendo, cerró el libro. Observó a su hija con sus oscuros y fríos ojos.

-Tu comportamiento de este día deja mucho que desear, Ivel.

-Sabe que no estoy de acuerdo, y según sé, madre tampoco.-Elliot se removió en su asiento detrás del escritorio.-Todo ha sido improvisado, ¿verdad padre? Porque mí madre te convenció hace mucho tiempo de que no me prometerías a nadie, que yo tendría el derecho de elegir a quien amar.

-De acuerdo, acepto que te mentí, y lo siento.-dijo el hombre, levantando las manos.-Pero siempre he pensado que Gael sería bueno para ti.

-¿Así como pensaste que Franco también lo era?

   Elliot se levantó y rodeó el escritorio.

-Admito que con Franco Cardinale me equivoqué, no noté que ustedes se trataban como hermanos. Con Gael será diferente....

-No lo será porque no le amo, podría dejar de controlar mí vida, padre. Yo decido quién entra y quién sale, yo decido con quien me he de casar, y si he de hacerlo.

   Ivel se quedó sentada, sabía que a sus espaldas su padre la observaba.

-Esto será bueno para ti, cariño.-dijo Elliot.

-¿Para mí o para usted?-Elliot se quedó en silencio.-Tengo algo que decirle,-Ivel lo había decidido, hablaría con la verdad.-hay alguien, padre. Alguien que me ha hecho muy feliz y con quien he mantenido una relación desde hace tres años.-Esperó a que su padre dijera algo, pero él estaba expectante.-Es uno de los miembros de tu milicia. Marco Valestra.

    Esto no se lo tomará bien, recordé el gesto que Victoria hizo esta mañana. Acabo de ponerme el arma cargada en la cabeza....