Spin-off

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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Huellas XI


    Bajé tan pronto me alisté para marcharnos, Circe me acompañó al comedor para desayunar juntas. Sólo se encontraba Erza sentada a la mesa, y Sahar no dio señales en todo el rato que estuvimos allí.

-Está preparándose-dijo Circe, notando mi intranquilidad.

-Lo único que consigues es ponerme más nerviosa, Circe-hablé, forzando una sonrisa.

    Ella y Erza estaban igual de calmadas que Sahar. Sólo le daban más fuerza a la estúpida teoría que me rondaba la cabeza: Sahar no puede morir, nada puede matarla; miré a Circe, quería preguntarle, no sabía qué me detenía. Estaba en un mundo donde la gente envejecía despacio, y no enfermaba. Donde se hablaba de cosas místicas como si fuese el pan de cada día, y yo temía preguntar algo tan simple: ¿Sahar no puede morir?
    Saber la respuesta era lo que me jodía, si Sahar no podía morir, ¿qué era? Humana no.
   
-¿Dónde puedo encontrarla?-Circe y Erza compartieron una mirada-. ¿Les ha prohibido que me digan? Porque puedo empezar a deambular por palacio hasta dar con ella.

-Es usted entretenida, señorita Vesper-rió Circe. Y mirando a Erza comentó-. ¡En quién vino a poner los ojos mi hija!-Erza dio un sorbo a su zumo, enarcando ambas cejas-. Hay una tienda instalada detrás de palacio donde se queda a veces cuando no quiere ser molestada, vas a tener que caminar mucho, te recomiendo usar caballo.

   Fui al establo, cogí el corcel en donde Erza me llevó al campamento la noche anterior y me dirigí a la tienda. Rodeé el enorme edificio, la vi a lo lejos; no sabía qué le diría, pero antes de irme quería verla. Sabía que la separación sería corta, pero ya empezaba a ver un segundo lejos de ella como una eternidad. Y no había cura para esto.
    Bajé del caballo al estar ante la tienda, tomé aire y entré. Estaba arreglándose un guante, levantó la mirada sin siquiera sorprenderse de mi llegada.
    Llevaba su negro traje de guerra puesto. Se veía muy bien, y era quedarme corta.

-¿Qué se te ofrece, Vesper?

-Tú sabes la respuesta a esa pregunta, pero no se te puede hacer cambiar de opinión.-Sahar había terminado de arreglarse los guantes, cruzó los brazos y me escaneó con la mirada-. ¿Te escondes de mí? Ni siquiera fuiste a desayunar.

-Pasamos la noche en la misma cama, no me escondo de ti sólo no me apetecía comer. ¿Algo más que quieras saber?

    Juro que quería preguntarle, pero abandoné, al menos por ese instante, la idea de hacerlo. Haría lo posible por respetar sus tiempos y que fuese ella misma quien me explicara todo; con la mirada estudié el interior de la tienda, Sahar tenía un escritorio allí con algunas hojas y libros dispersos, tinta y pluma.

-Deberes que Circe me ha puesto, y he de terminar-explicó, notando mi interés.

     Recordé que en su habitación también tenía algunos libros. Sonreí, era extraño que la chica que estaba a punto de enfrentarse a criaturas bestiales resultado de experimentos humanos, la chica que la noche anterior dirigió a un ejército de asesinos, tuviera que cumplir con deberes escolares para su madrastra que al mismo tiempo era su maestra. Por demás adorable, cabe añadir.
   Tenía una cama y un sillón, no habían muchas cosas.

-Tu madre dijo que vienes aquí cuando no quieres ser molestada-comenté.
-Al parecer no entendiste la parte de "no querer ser molestada"-dijo, retándome con la mirada.   
-¿Siempre eres así de descarada?-pregunté, acercándome a ella. Sahar se encogió de hombros-. A veces me cabreas.-No me rebatió, su impasible expresión me invitó a proseguir porque era evidente que ella no pensaba decir nada más-. ¿Por qué no en palacio? ¿Por qué un lugar alejado?

-Necesito estar centrada-respondió-. Necesito silencio, en palacio no tengo tranquilidad, cuando estoy allá debo ser otra. La persona que tiene que cumplir con sus responsabilidades.-Mientras explicaba se la veía como alguien que tenía asumido su destino y no le enfadaba, ni se sentía presionada por ello. Lo aceptaba-. Este sitio fue idea de Circe, y mi padre estuvo de acuerdo, cuando vengo nadie debe interrumpirme, cuando estoy en palacio debo acudir cuando me llaman sin importar nada, aquí no, aquí nadie viene a por mí porque lo tienen prohibido.

     Era sorprendente lo cuidadosa que era Circe para con Sahar, sugerirle y convencer a su padre para que su hija tuviera un espacio para ella donde pudiera encontrarse en total paz era cosa de una madre muy preocupada por el bienestar mental y espiritual de su hija. Supongo que Circe lo vio necesario dada la educación y el ambiente en el que creció Sahar, se veía a leguas que desde niña fue entrenada en el arte de la guerra. Yo la vi manejar la espada con maestría cuando Circe me llevó a verla entrenar.
    Sahar me miró fijamente, me hubiese gustado saber lo que pasaba por su cabeza. No sabía si estaba enfadada porque yo me atreví a venir cuando la prohibición de molestarla mientras se encontraba allí, por lo que entendí, se extendía a todos sin excepción. Lo que significaba que ni su padre acudía a aquél lugar.

-Lamento haber roto la regla-susurré-. Debí hacer caso a Circe cuando dijo que venir aquí significaba un: no jodan.

    Bajó la mirada a mis labios, y en el mismo tono de voz:

-Me alegra que hayas sido tú quien la rompiera, estás rompiendo muchas cosas últimamente.

     Puso su mano en mi nuca tras decir aquello y se acercó.
    Sus labios presionaron los míos, el contacto fue mínimo al principio, pero sentido en cada célula de mi cuerpo. Un roce que por ligero que fue resultó en algo poderoso, y no tardé en seguirlo; Sahar tenía un modo de besar muy distintivo, temiendo romperme pero poseyendo con dulzura. Cosa que no había encontrado en otros besos.
    Me cortaba la respiración tenerla cerca y cuando esa cercanía se reducía en un beso me entregaba en él, en un beso me hacía el amor, como con una mirada, o su media sonrisa; acaricié su labio inferior muy quedo con la punta de mi lengua.
   Se alejó un poco, y el pequeño distanciamiento me supo a eternidad.
      Cuando quiso buscar el contacto entre nosotras de nuevo, me alejé.
    Quería más, ansiaba más pero no me perdonaría si no respetaba la decisión tomada por ella, no me perdonaría distraerla de esta forma en un momento importante en donde se disponía a salvar su reino de un ataque más grande.
     Sahar se apartó despacio, ni confundida ni enfadada. Su desconcertante serenidad en momentos tensos se encontraba en sus ojos, y en la expresión de su rostro.
-Debemos volver a palacio-dijo, simplemente-. Tienen que irse.

    Pasó por mi lado tras coger su espada. La seguí.

-Estás muy segura de que vendrán.

-Lo harán.

    Subí al caballo, entonces me percaté de algo en lo que no había reparado al llegar. No encontré señales de otro corcel allí, y no creía que Sahar hubiese hecho caminando todo el largo trayecto desde palacio.

-¿Alguien te trajo?-le pregunté.

-No, vine corriendo-respondió. 

   Miré hacia palacio, si se encontraba muy lejos, a mí me llevo casi media hora o un poquito más llegar a la tienda.

-Debes estar tomándome el pelo.

-Rara expresión la tuya, Forastera, ¿por qué te tomaría el pelo?

    Reí.

-Que debes estar bromeando-expliqué. Le tendí la mano después de acomodarme para hacerle espacio en la silla de montar, ella lo meditó un poco mirando mi mano, luego la cogió y subió con agilidad. Sentose delante de mí-. Quisiera hacerte una pregunta.

-Dime.

-¿Por qué te conviene que Drako se quede? Anoche cuando explicabas que nadie podía entrar ni salir, te dirigiste a él y diste a entender que te agradaba la idea de que se quedara.

    Aún no habíamos avanzado, seguíamos paradas ante la tienda.

-Quiere llevarte al exterior-el tono de voz en su contestación fue muy cercano a la decepción-. Si tu....

-No me iré, Sahar-dije, interrumpiendo lo que ya adivinaba, iba a decir.

    Fue notable su relajación, me acerqué más a ella en la silla de montar y cogí las riendas.

-Es otra razón por la que no me quedé en palacio esta mañana-dijo, detuve mi intención de ponernos en marcha-. Estoy segura de que Drako conseguiría enfadarme y entonces tendría que ma....nifestar mi mal genio.

-Lo has puesto bonito, ibas a decir matar-reí.

-¿Cómo crees?-dijo, acompañando mi risa.

    La vi poner sus manos en las riendas.

-Yo llevaré las riendas, Sahar-le dije al oído, en un susurro autoritario. 

-¿También pelearás por quien las lleva? ¡Madre mía!

   La sentí removerse en la silla de montar, no había espacio entre nosotras.

-¿Estás cómoda?-le pregunté, nuevamente en un susurro. Ella asintió, no pude soportar el calor que su cuerpo desprendía ni siquiera mi propio calor. La cogí del mentón e hice que girara la cabeza a un lado, tomé su labio superior entre los míos, ella correspondió con una suave mordida a mi labio inferior, y suspiré al sentir su lengua lamiéndolo tras la mordida-. Podría llevarte lejos de aquí bosque adentro, sólo para que no hicieras la tontería que estás por hacer.-Ella sonrió. Pegué mi frente a la suya-. Repíteme que todo va a estar bien-le pedí, susurrando cerca de sus labios-. Repíteme que no te pasará nada, que cuando vuelva estarás aquí esperándome.

-Estaré bien, Vesper, nada, no hay nada que pueda evitar que espere por ti.

     Ya me había esperado casi dieciséis años, después de todo.
    Aunque no me tranquilizó lo suficiente, pude respirar aliviada. Y tomar las riendas con fuerza.

-¿Juntas?-dije al ver que ella no quitaría sus manos de las mismas.

-Juntas-repitió en respuesta.

    Cabalgamos en silencio hacia palacio. Cuando llegamos, Circe, Erza y Drako nos esperaban con un elegante carruaje rojo dispuesto para nosotros.
    Drako ayudó a Sahar a bajarse, me sorprendió que no puso mala cara al vernos juntas, pero sí que le sorprendió el que viniera con ella desde la tienda donde se supone nadie iba a buscarla. 
   ¡Toma eso, mala leche! Disimulé una sonrisa cuando me ayudó a bajar.

-Sé cuidadosa, Sahar-le aconsejó su madre.

-¿Cuando no lo he sido, Circe?-preguntó la morena.

-¿Te hago una lista, cariño?-soltó la madre, sintiéndose ofendida por la pregunta de su hija, como si Circe no la conociera.

    Sahar fulminó con la mirada a Erza cuando ésta soltó la risa, pero enseguida guardó compostura, aclarándose la garganta en cuanto su Euzma la miró.
     Drako nos apuró, subiendo al carruaje que él se encargaría de dirigir. Como ya nos habíamos despedido sólo me quedó asentir en dirección a Sahar cuando fijó la vista en mí, ella respondió del mismo modo.
    Subí al carruaje después de Circe, y seguida de Erza. Me abstuve de mirar atrás cuando nos pusimos en marcha, pero sabía que Sahar se había quedado a la puerta de palacio observando el carruaje salir de las inmediaciones del mismo.
      Me repetía constantemente que nada malo pasaría, intenté que se me contagiara la calma de Erza y Circe. Pero sentía, muy en el fondo, que sólo era el comienzo de algo mucho peor.











domingo, 18 de septiembre de 2016

Huellas X



    Poco después de que Erza y Faye se marcharan, y tras dar unas últimas instrucciones, Drako me acompañó a palacio. Declan se quedó para terminar de repartir las facciones en las ciudades que les corresponderían cuidar.
    Drako no hizo comentarios mal intencionados, se mantuvo en silencio durante el trayecto. 
   Al llegar llevamos nuestros caballos a los establos, en cualquier momento volvería a tocar el tema, sacaría lo que llevaba pensando desde que regresó a Providencia esta mañana y vio a Faye viva. 
   Cuando nos retiramos a buscar en los informes alguna relación entre Illian Vesper y las quimeras, él empezó a interrogar sobre las razones que me llevaron a sacar a Faye de la prisión; fue Declan quien sacó a colación la cercana relación que se había dado entre la rubia y yo. Como era de esperarse, a Drako tampoco le pareció correcto que fuese íntima de Faye, pues sólo estuvo unos segundos en la misma habitación que nosotras y pilló ese algo más que no debía ser.
  "Sólo bastó con que la sacaras de prisión, no lo habrías hecho por nadie", dijo cuando intenté desviar la atención al tema central: las Quimeras. Circe intercedió antes de que le arrancara la cabeza, y después de que Drako dijera que se la llevaría al exterior cuando le tocara volver.
   Yo no estaba dispuesta a permitir que la alejara de mí, menos ahora que había aceptado a Faye como una parte esencial en esta vida maldita que llevo, cosa que ella también aceptó cuando confesó que no soportaría perderme al igual que su familia. 
    
-¿Podemos hablar?-preguntó nada más pisar el vestíbulo.

    Caminé delante de él hacia la estancia, entré. Escuché sus pasos a mi espalda, corrió la puerta, me mantuve en silencio esperando a que hablara.
-Debo admitir que me has sorprendido hoy-dijo, tranquilo-. Me enorgulleces, Sahar, tu padre tiene razón cuando dice que estás destinada a la grandeza; desde que eras una niña demostraste poderío, rasgos de líder. Desde niña te hiciste respetar, tu gente no te quiere porque seas hija de tu padre, tu gente te quiere porque eres tú, aún con tu desapego emocional, con tu frialdad, tu gente te quiere.

-No estoy interesada en la grandeza, ni en que mi gente me quiera.-Drako se veía satisfecho con la respuesta-. Sé directo, encuentro desagradable cuando una persona divaga.

   Lo único que me cruzaba por la cabeza era Faye, me preguntaba si ya estaba durmiendo.

-Empiezas a romperte, y tu pueblo te necesita sin un punto de quiebre, más ahora.

-Creo que hoy quedó demostrado que nada ha cambiado en mí, que no tengo punto de quiebre.

-¿En serio?-Drako se aproximó, y se paró detrás de mí. Hizo mi cabello a un lado, besó mi hombro-. Te hice una pregunta, ¿en serio?-repitió. Me rehusé a contestar, él prosiguió-: Si bien vi a una gran líder, también vi la debilidad de esa gran líder, y algo que nunca creí encontrar en ella eran debilidades. Tu pueblo te necesita centrada y no dispersa, Sahar-me decía. Rodeó mi cintura con su brazo derecho y me pegó a él-. ¿La has besado ya? A tu punto de quiebre, ¿la has besado?

    Mantuve la compostura, no podía permitirme perder el control ante sus provocaciones. Lamió mi cuello, le di acceso a él tras soltar un suspiro, pero no dejaría que pasara a más; tenía las malditas hormonas alborotadas.

-Contéstame, Sahar, ¿la has besado a Faye Vesper? ¿Has probado sus labios? ¿No llegaron a quemarte?

-Calla Drako-dije, mi voz siguió serena, aunque sentía la excitación que él provocaba, no iba a dejarme gobernar por ello.

-Es muy guapa, ¿no crees? Su cuerpo, su boca, sus ojos... ¡Joder, su cuerpo! Tan follable...

-¡Qué te calles!-exclamé. 

   Me volví a una velocidad que le impidió ver lo que hice a continuación, le lancé un manotazo enviándolo hasta la chimenea consiguiendo destrozar la misma. La ira que me invadió hizo que la lámpara que colgaba del techo vibrara, así como el cristal de los ventanales.
   Drako se incorporó limpiándose la sangre de la boca.

-¿Te das cuenta de lo que ha conseguido hacerte?-inquirió, sacudiéndose la ropa-. Creo que después de todo mi pregunta fue respondida, ya la has probado, y con más razón debo sacarla de aquí, Sahar. Es para tu tranquilidad, y la de ella. Estás muy vulnerable, la chica ha calado en ti de un modo en que nadie lo ha hecho y eso no es bueno ni para ti, ni para ella.-Yo había conseguido calmarme, evité mirarlo a la cara, sólo escuché sus palabras-. Tú sabes por qué lo digo, pero has evitado pensar en ello; a tu padre no le gustará....

-Pues sería un hipócrita-dije-. Llevo casi dieciséis años sin entender las emociones humanas porque carecía de ellas, algo que resultaba fascinante porque no me distraía con tales menesteres y enfocaba mi atención en aprender otras cosas, porque todo giraba entorno a la obediencia para con mi padre, y el deber para con mi pueblo, nada más. A mi hermano padre lo dejó en segundo plano porque demostró pensar con el corazón más que con la cabeza y según ustedes no es buena idea hacerlo, pero nunca intentaron cambiarlo. Ahora que yo empiezo a entender al corazón¿me agreden?-Drako no dio muestra de querer interrumpir, proseguí-: Hoy he puesto a Providencia en primer lugar, ¿no ha sido prueba suficiente para demostrar que sigo pensando en mi pueblo, y que no estoy poniendo a una persona por encima de ellos?

-¿Ha sido por Providencia, Sahar? Porque me ha parecido que todo ha sido por Faye Vesper, pero no lo has notado.-Lo fulminé con la mirada-. Trato de protegerlas a ambas, de ti.-Me incomodó con tal alegato, otra vez volvía a repetir algo en lo que yo, sí, él tenía razón, había evitado pensar-. Declan también, no queremos hacerte un mal, no es una agresión en tu contra, ni en contra de la señorita Vesper.-Miré al frente en silencio-. Incluso tu padre-suspiró Drako, llamando mi atención-. No estoy aquí por haber olvidado unos documentos, Caín me envió para confirmar algo.

-Explícate, Blood Drynka-dije.

    Drako suspiró.

-Tu padre vio que hubo cierta conexión entre ustedes la noche en que trajeron a la rubia, me comentó que Circe mencionó que ustedes debían encontrarse. Que ella ya era fundamental para ti antes de siquiera entrar a nuestro reino, Circe habló con él esa misma noche después de que Faye fuera a parar a prisión-explicó el bebedor de sangre-. Él sabía que Circe pocas veces se equivocaba, pero vamos, estaba hablando de ti. Egoísta, la princesita Hassassin que sólo ve por sus asuntos, y por los asuntos de los demás sólo si se lo ordenan. Del resto dejarías morir a la gente.-Cualquiera pensaría que sus palabras me enfadarían, pero como era verdad me daban igual-. Aún con lo convencido que estaba de que no harías caso a la rubia, decidió no arriesgarse y en vista de que te había notado rara ante su presencia la noche de su llegada, me envió para asegurarse de que su mujer se había equivocado, pero como siempre, no. Circe volvió a acertar, y mírate, la princesita egoísta tiene bajo su protección, bajo su techo, en su habitación.....

-Cuidado con lo que vayas a decir-le advertí.

   Drako soltó una risita burlona, luego me miró con más seriedad.

-Confirmé el miedo de tu padre, pusiste tus ojos en esa chica y con ello la pusiste en peligro.

-Contéstame algo-susurré. Mientras él me confesaba la verdadera razón que lo había traído de vuelta, yo había estado barajando una posibilidad-. El retarla para que ganara su valía dentro de Providencia, ¿fue una prueba para ella o lo fue para mí?-Drako evadió mi mirada-. Gracias por tu convincente respuesta. 

-Sólo quería ver hasta dónde serías capaz de llegar, si Circe tenía razón intentarías salvar la vida de la chica. ¡Y lo hiciste, Sahar! ¡¿Por cuántos habías o habrías hecho algo así voluntariamente?!-Por nadie, pensé, a menos que me lo ordenaran. Drako volvió a acercarse-. Tu padre me ordenó llevarla conmigo al exterior, si la habías salvado, claro.

-Ella se salvó sola, luchó por vivir.

-Porque se aferró a alguien, se aferró a ti.

-No es posible, apenas y si me había visto...

-Y bastó, y te bastó también, pequeña.-Dio media vuelta, y echó a andar por el salón-. Me la voy a llevar, Sahar. Faye Vesper regresa conmigo al exterior.

       En mi mente maté a Drako mil veces, y lo haría realidad.

-No te lo voy a permitir, además ella tomó una decisión.

-¿Y qué quieres, Sahar?-preguntó, su tono de voz se volvió agresivo-. Si te preocupa, si te importa, dejarás que me la lleve; Caín lo hace por el bien de las dos, si no murió por la espada de tu padre, morirá por tu mano y eso será peor para ti, te desestabilizará. Y todos pagaremos por tu desequilibrio.

-Puedo controlarme.

    Chascó la lengua, y pasó su mano por su castaño pelo, nervioso.

-Eres una adolescente, única en tu especie, una adolescente con las hormonas alborotadas. No puedes follar con tu prometido porque no te aguantaría el ritmo, a esta edad no puedes controlarte, por eso Caín permitió en su momento, y ha consentido que sigamos acostándonos. Conocemos las consecuencias que trae el que no lo hagas, porque eres distinta, aún eres una neonata de esta criatura que eres.-Hizo gestos con la mano en mi dirección, señalándome de pies a cabeza-. ¿Qué pasará cuando intentes llevártela a la cama? ¿Qué crees que pasará?-Drako se quitó el saco y desabrochó su camisa, caminando hacia mí-. Quiero que mires bien-dijo, mostrándome las marcas en sus brazos, y en su cuello-. Y se supone que me regenero, ¿qué crees que pasará con ella? ¿Qué crees que pensará del monstruo? Y eso si sobrevive a ti. Nos hundirás a todos si algo malo llega a pasarle a Faye, y más si el daño se lo haces tú.

-Basta, Drako.

    Ni siquiera me giré para ver a mi madre, recuerdos violentos cruzaron por mi mente muy rápido.

-Debe saberlo, Circe, porque hay veces en que no recuerda lo que hizo. Tú no deberías estar apoyando toda ésta situación, Faye merece a alguien mej....

-No hay nadie mejor para ellas, que la una para la otra-terció Circe, yo seguía sopesando las palabras de Drako. Di la vuelta para salir de allí, mi madre me detuvo, me puso una mano en el hombro y sonrió, dulce-. Ve con ella, y recuerda lo que te dije antes. Cuando tu padre vuelva hablaré con él, si Faye decidió quedarse eso es lo que pasará, su decisión será respetada-dijo, desviando la mirada hacia Drako-. No le harás daño, Sahar. No eres un monstruo.

     Seguí mi camino pensando en cómo es que sí lo era. 
    Yo he lastimado a Drako. Blood Drynka, bebedor de sangre. Ellos pueden sanar rápido, pero las heridas provocadas por mí en él, sólo dejaron cicatrices; tenía razón, Drako tenía razón, evité pensar en eso, lo bloqueé porque estaba perdida en ella. Terminaría haciéndole daño de una forma u otra.
    No fui a mi dormitorio, me dirigí a la habitación donde pasé la noche anterior. Me quité la ropa y me metí a la ducha.
    Yo sólo servía para herir, y a ella no quería herirla. Todo se juntaba, cosas que antes me importaban un bledo ahora resultaban preocupantes. Padre no me quería vulnerable, y al mismo tiempo quería protegerme y proteger a Faye de mí, y no porque le agradara la rubia de eso estaba segura. Al fin y al cabo por ella su hija despertó su humanidad, a él no le convenía que pasara algo así. Necesita una asesina sin conciencia, un arma capaz de seguir ordenes sin rechistar. 
    Recuerdo que mi hermano se mostró siempre en contra de las acciones de mi padre, yo sólo callaba y obedecía.
    "Hay veces en que no recuerda lo que hizo... Hay veces en que no recuerda lo que hizo... ¿Qué crees que pasará con ella? ¿Qué crees que pensará del monstruo? Y eso si sobrevive a ti... Si sobrevive.....si sobrevive....".
    Puse las manos en la pared dejándome mojar por el agua helada de la regadera. En algún momento pasaría, la deseo horrores, el sólo besarla me abrasaba la piel, y por dentro. Faye me quemaba.
    Casarme con Declan era una forma de darle continuidad a la familia, y padre aceptaba a Dec porque era una persona digna de mí. Estoy segura de que si Drako hubiese podido ser capaz de procrear, él sería mi futuro esposo; Dec tendría que esperar hasta mi mayoría de edad para que el matrimonio y consumación del mismo se llevaran a cabo, en este momento no soy sexualmente estable. Y es que poco conocemos de lo que soy.
   Circe fue quien llegó a la conclusión de que lograría controlarlo en cuanto tocara la edad adulta. Una criatura como yo y adolescencia no es una combinación muy bonita, la primera vez que el efecto de la madurez sexual tocó a mi puerta fue a mis catorce años, y no fue nada ameno. Sólo eso sabía porque poco recuerdo de esa noche, sabía también que Drako no estaba en Providencia.
    Cada vez que atacaban las ganas me hacía daño a mí misma, era terriblemente doloroso, sabía de ello porque el año pasado fue más reciente y estaba marcado en mí. Mi padre no sabía cómo rayos proceder, estábamos en mi habitación Circe y yo, el sufrimiento provocado por el calor que quemaba mucho, todo dolía; fue Circe quien pensó en una posible solución, alguien que podía aguantar lo suficiente para ayudarme a calmar aquello. Y entonces subió con Drako mientras Erza me cuidaba, lo dejaron encerrado conmigo y pasó. Recuerdo tan poquito, su voz intentando calmarme, el frío de un cubo de hielo por mi piel, él moviéndose en mí.... En cada encuentro supongo que me vuelvo más violenta.
    No estaría siendo justa con Faye. Suspiré.
    
     Salí de la ducha desnuda, me sequé y vestí. 
    En la mañana la había besado, nada más pasó, pero es posible que la oportuna interrupción de Circe tuviera qué ver.
   Cuando me enfrentó hace poco nada más llegar al campamento, estuve tentada a besarla, si me contuve fue por mi instinto de protegerla de mí. Sí. Inconscientemente la estaba protegiendo, evité besarla dos veces esta noche porque en su presencia predomina mi humanidad, no mi otro lado.
    Tarde o temprano tendré que contarle tantas cosas de mí. Y temía a su rechazo. Reí por lo bajo, yo temiendo a un rechazo ¿cuando en la vida iba a pasar algo así?
     Fui a verla, al diablo Drako y el resto. Yo la cuidaría, incluso de mí misma.

    Antes de que pudiera llamar a la puerta ella abrió, sonrió.

-Te vi llegar hace rato con Drako, justo iba a buscarte-dijo, dejándome entrar. Me cogió de la mano-. ¿Estás bien?-Suspiré, ¿acaso tengo el mensaje de: "Estoy hecha mierda" en la frente-. ¿Sahar?

-No, en realidad no estoy muy segura de cómo me siento. Rota se acerca bastante-respondí, a veces me odio por no saber decir mentiras. La honestidad me sale sola.

    Faye me llevó hasta el sofá de la antesala, no me soltó la mano y yo no me apuré por soltarla a ella. Nos sentamos, ella me testeó con su azul mirada, luego la bajó y miró nuestras manos entrelazadas. Volvió a mirarme a los ojos.
-¿Rota? Yo también lo estoy.-De pronto la tristeza se instaló en ese azul.

-Has estado pensando en tu familia-dije, nuestras manos seguían enlazadas, la sensación me gustaba. Me sentía segura.

-La soledad a veces trae feos recuerdos, pero y a ti qué pudo romperte. Si cargas una armadura invisible cubriendo tu cuerpo-sonrió, hice lo mismo, no pude reprimirme-. Sí sé que te quebraste cuando me di cuenta de tu peligroso plan pero no creo que sea para que traigas esa cara. Por cierto, ¿notaste que hubo un pequeño temblor hace rato? Bueno, no sé qué fue exactamente, todo se estremeció y el espejo del cuarto de baño se rompió....

-Tuve una discusión con Drako-respondí.

-Dime que no fue por mí, lo único que te traigo son problemas con ellos....

    Parecía que Faye no se había dado cuenta que le había respondido que fue esa discusión lo que provocó el ligero temblor en palacio.

-Lo siento, Sahar.

-¿Por qué exactamente?

-Por este conflicto con tus amigos provocado por mi estadía.

-Tú no has provocado nada, ellos terminarán por acostumbrarse porque me gusta que estés aquí. Y quiero que estés aquí.

      Enarcó una ceja.

-Me gusta cuando dices "Quiero"-dijo, sonriendo-, tu acento, tu voz, haces tuya la palabra. La haces de tu propiedad.-Ella también tenía una acento muy bonito-. Tienes una voz hermosa.

-Spasibo-agradecí en ruso, su idioma natal.

-Tengo envidia de la palabra "Quiero".

    Entendí al vuelo por qué lo dijo: "La haces de tu propiedad" había dicho antes. El calor acudía con sólo verla, que dijera aquello mientras había un contacto de pieles gracias a nuestras manos, sólo empeoraba mi situación.    

-Arreglaré todo para que mañana te vayas con Circe y Erza a una de las ciudades más cercanas a palacio-le comuniqué, cambiando el tema.

-¿Qué?-Solté su mano, y me levanté.

-Lo que has oído, sólo yo quedaré aquí. Daré la orden para que liberen a la quimera que tenemos encerrada.

-Sahar, por favor.

-Hablamos de esto hace rato y creí que estabas de acuerdo, que no volverías a ponerte de este modo.

     Faye se paró frente a mí, siempre desafiante. 











    No sé cómo demonios esperaba ella que pasara página así de rápido cuando estaba poniendo su vida en riesgo. Y lo peor es que a la muy zorra parecía divertirle mi reacción.

-Que me haya quedado tranquila no significa que lo apruebe-repliqué.

-No necesito tu aprobación-dijo, irrespetando mi espacio personal. La encontré algo altanera-. El tema se cierra, mañana te vas.

-¿Y si decido quedarme contigo? No necesito tu aprobación.

    La perspicacia en su mirada me hizo fruncir el ceño, era lo único que mostraba porque del resto estaba calmada. 
    Avanzó un paso más, al ver mi espacio personal invadido por completo me sentí morir de ganas. Esta noche había evitado besarme dos veces cuando en la mañana se desvivía comiéndome la boca, y yo quería repetir el beso, nunca había sentido uno igual, ni cercano a lo abrasador de sus labios.

-Apruebo y admiro tu valor, Vesper-dijo, apoyando su frente en la mía. En su voz mi nombre me sonaba distinto, más hermoso, y no lo estaba imaginando, lo decía con adoración-. Pero no puedo arriesgarme-terminó, tomando aire como quien intenta coger fuerza de voluntad para hacer algo que no quiere, y se apartó, caminando hacia la puerta-. Buenas noches...

-Quédate-solté-. No entiendo qué es lo que diferencian la noche de ayer, y ésta, de las anteriores. ¿Por qué pretendes dejarme sola ahora?

    Dio la vuelta, caminó hasta mí, cogió mi mano y me arrastró al dormitorio.

-¿Si me quedo a dormir dejarás de cuestionar mis decisiones?-preguntó, acostándose.

-No es una negociación-respondí, acostándome a su vera-. Además estaría negando mi naturaleza, me llevo mal con las figuras de autoridad.

    La escuché reír, levanté la cabeza. Sahar había reído.
    
-¿Qué pasa?-preguntó. Sus ojos estaban cerrados pero aún así me pilló observándola.

-Me desconciertas, Sahar.

-¿Y eso es malo o es bueno?

    Puse mi mano en su mejilla, ella abrió los ojos.

-Aún no lo decido.

        Sus labios se curvaron en una sonrisa apenas perceptible, la vi cerrar los ojos. Me acurruqué a su lado, noté que se puso un poco tensa, pero se relajó cuando entrelacé mi mano con la de ella.
     Me quedé dormida y pronto me sumergí en las pesadillas que me hacían temer cerrar los ojos. El rostro de aquella rubia era más nítido cada vez, la rubia que asesinó a mis padres y que luego vi en el funeral que organizaron sus jefes. Donde Viktor también se encontraba, pero la rubia me vio, sé que me vio en el cementerio, ¿por qué no les dijo? ¿Por qué no vino a por mí?
     Desperté de un tirón al ver su rostro más de cerca en mis sueños. Sentía que me ahogaba respirar, quería llorar. Miré alrededor y vi a Sahar sentada en un sillón cerca de la cama, observándome.
    No era la primera vez que estaba presente durante mis pesadillas, sólo que esta vez no reaccionó preocupada, sólo me miraba.

-¿Disfrutaste el espectáculo?-pregunté, y sé que soné borde pero es que sentía frustración. Y me avergonzaba que me viera así.

    Se sentó al borde la cama, me tomó del mentón obligándome a mirarla.

-Sé lo difícil que es para ti-dijo, besó mi frente-. Las heridas internas no sanan rápido, debes estar preparada para los años que te esperan. Te ayudaré, si me lo permites, estaré a tu lado en el proceso, pero depende de ti y de tu fortaleza que sé es mucha.-Me abrazó, y me sentí protegida-. Ahora debes prepararte.-Se alejó, y se puso de pie-. Ya di orden de que liberaran a la quimera en el lugar donde vieron a la segunda, y ustedes se marchan en unos minutos.

     Salió sin darme oportunidad de quejarme. 
   Era imposible hacerla cambiar de opinión, estaba dispuesta a enfrentar ella sola a unos monstruos, todo por no sacrificar a sus guerreros, por no hacer de esto algo más grande. Por no ensuciar Providencia con más sangre de la que ya se había derramado.
   Me preguntaba por qué estaba segura de que nada le pasaría, fue como la noche de la fiesta cuando atentaron contra ella, durante la discusión en el vestíbulo dijo algo en lo que no había reparado hasta ahora al ver su confianza: "Era a mí a quien iban a lastimar, de todas las verdades que mi padre les ha dicho a esa gente, se guardó una de las más importantes a sabiendas que ellos son capaces de dar su vida por mí."
   
-De todas las verdades que mi padre les ha dicho a esa gente, se guardó una de las más importantes a sabiendas que ellos son capaces de dar su vida por mí-susurré-. La muerte-dije, pensando en la noche anterior-. "Por más que la busque no la encontraré"-había dicho ella-. Por más que busque morir, no puede. 

   Inmortalidad, aquí la gente vive mucho, pero la muerte es algo natural y aquí también aplica, ella me lo explicó. Han muerto tres personas a manos de las quimeras, ¿qué le hace pensar que no morirá también? Hay un secreto que tiene qué ver con ese particular.
   Por más que busque morir, significa que lo ha intentado y no lo ha conseguido.

-¿Qué eres?-musité.





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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Huellas IX



    En la faz de Sahar no encontré rastros de disgusto, había quietud como en su mirada. Daba miedo de tan calmada, me esperaba algún reclamo, un regaño por haber asistido a un sitio donde no se me había invitado, pero nada de eso obtuve. Sólo serenidad.
   
-Tendré que recordarme no volver a dejarte al cuidado de Erza-comentó, sin romper su calma.

-Esto también me concierne-dije, vi cómo su mandíbula se tensó.

-Creí que había quedado claro que tu padre nada tuvo qué ver con la creación de éstas criaturas-replicó. Me asombraba la capacidad que tenía para permanecer tranquila cuando era evidente que le molestaba el que Erza me hubiese llevado a campo abierto.

-Aún así encuentro injusto que me dejes de lado en un momento crítico, quiero estar aquí-dije con firmeza, ella ladeó la cabeza y su mirada bajó a mis labios, y volvió a mis ojos consiguiendo romper mi propia tranquilidad-, contigo-finalicé.


    Sahar rompió el contacto visual, actuaba como si no hubiese pasado nada entre nosotras, y ni siquiera sé por qué solté tal cosa. 

-Es peligroso, Vesper-dijo, volviendo a mirarme. Erza volvió de su paseo por el bosque, pasó por nuestro lado y Sahar la cogió de la muñeca-.  Llévala a Palacio-le ordenó, en ningún momento dejó de mirarme.

-No, quieras o no, me quedo-protesté.

-Tu herida no ha sanado y no te hace bien estar aquí-noté que empezaba a exasperarse, y Erza se puso nerviosa.

-Yo veré por mi salud-salté-. Me quedo, Erza. Puedes retirarte.

-Actúas como una niña.-A Sahar los ojos le centellearon de un color rojo intenso, fue breve pero logré verlo-. Se va, Erza. Te la vas a llevar así tenga que atarla y cargarla yo misma.

-Inténtalo-la reté. El gesto que hacía de ladear la cabeza, lo repitió, era adorable, como si intentara entender mi actitud, ¿acaso nadie le había llevado la contraria antes?-. Me quedo.

    Se acercó más a mí, no retrocedí, y me embarqué en sus oscuros ojos. La intensidad en su mirada me estaba enloqueciendo, y podía asegurar que yo comenzaba a tener el mismo efecto en ella.
-¿Quieren volver las dos a Palacio o prefieren darnos un espectáculo?-preguntó Erza, rompiendo la burbuja. Miré a mi alrededor, algunos nos observaban.

     Sahar ni siquiera hizo caso a ese detalle, acarició mi mejilla y con el pulgar mi labio inferior. Pero no sucumbió al deseo que yo misma sentía de repetir el beso de esta mañana; bajó la mano y miré de nuevo alrededor, entendí que lo que llamó la atención fue el hecho de que alguien se atreviera a levantarle la voz a Sahar.

-Busca a Declan y a Drako-dijo ella, dirigiéndose a Erza-. Que cada líder de facción se reúna en la tienda central-ordenó.

-Enseguida, Euzma.

     Erza se retiró a cumplir con lo que se le ordenó.
     Ella, Sahar, suspiró.

-El descanso te viene bien, Vesper, sólo quiero que te recuperes-dijo.

-Y yo quiero hacer algo, ayudarte en lo que sea.

-Me ayudarías si vuelves a palacio y duermes un poco.
     Se preocupaba por mí, y en su rostro logré ver que le asustaba aunque de pronto volvía a ponerse una dura máscara.

-No comiences, además no podría dormir a sabiendas que hay una segunda bestia que viene a por ti-susurré, demostrándole que también me preocupaba.

-Eres terca.

-Tú también.

     Erza regresó para avisarle que todo estaba listo, la esperaban.
    Me dejó acompañarla, Erza no se esforzó en disimular la sonrisa de tranquilidad y felicidad que apareció en su boca; le gustaba ver la cercanía que existía entre Sahar y yo.
     Entramos a la tienda central, los líderes de facciones se encontraban de pie alrededor de una mesa. A Declan y el que respondía al nombre de Drako no les hizo gracia verme allí, Sahar pasó de ellos y tomó su lugar a la altura de la mesa. En ésta se podían ver varios mapas dispersos, Sahar cogió uno.
   Lo estudió unos minutos en silencio, los presentes aguardaban respetando a su Princesa.

-Las expediciones que salieron esta mañana perdieron el rastro-dijo al fin, dejó el mapa en la mesa y se dirigió a sus Hassassins-. En cuanto estuvieran de regreso iba a enviar otros dos grupos para que el primero descansara, yo misma iba a unirme a ustedes, pero he estado meditando y he cambiado de opinión. Quiero que deshagan el campamento, y sigan mis instrucciones sin cuestionarme.

    Había estado meditando, era lo que hacía cuando llegué, por eso no tenía compañía y sólo observaba el movimiento dentro del campamento. No, no era eso, observaba al vacío. Su cuerpo estaba allí pero su mente no, había estado maquinando un nuevo plan.

-Se dividirán y avanzarán a las diferentes ciudades para reforzar la seguridad en ellas, servirán de apoyo a quienes ya están allí-prosiguió-. No sabemos cuántas quimeras lograron introducir a Providencia, así que los necesito alertas y dispuestos a defender a nuestros hermanos; nadie puede salir de sus hogares hasta que esto se resuelva, ¿entendido?

   Todos corearon un "¡Sí, Euzma!".

-Mi madre se ha hecho cargo de la seguridad mística, nadie entrará sin que lo note. Pero además, nadie saldrá, al menos hasta que terminemos la limpieza interna, así que Drako, queda pospuesta tu partida-le dijo al hombre, la mirada que le regaló fue fulminante.
     Drako no se quedó atrás, sólo que al final desvió la mirada hacia mí y luego sonrió con ironía.

-No es sólo la seguridad de Providencia, ¿no? Esto es más personal-dijo Drako.
    Sahar, que había bajado la mirada, la volvió a subir. Era fácil adivinar que algo ocasionó un desacuerdo entre ambos porque no era exactamente el mismo trato que se dieron en la mañana; no se tenía que ser muy lista para conocer la razón del desacuerdo, él me había mirado, lo que no entendía era por qué le convenía a Sahar que Drako se quedara.

-La seguridad de Providencia es un asunto personal-respondió Sahar. Los demás se hacían los suecos, salvo Declan y Erza que sabían muy bien de qué iba la suave discusión.

-¿Qué pasará con Palacio?-preguntó Declan, cambiando el tema-. Me da la impresión que lo estás dejando sin seguridad, lanzando a todos nuestros guerreros a las ciudades.

-Así es, quiero que toda la seguridad la tengan nuestros hermanos.

-No puedes hacer una cosa así, no puedes dejar palacio desprotegido, Sahar-intervino Drako.

-Palacio está hecho de piedra, puede reconstruirse, las vidas humanas no.-Si no fuese porque entendí a la perfección su plan, habría aplaudido su respuesta-. Dec, encárgate de repartir las facciones en las ciudades. Hemos terminado.

-Espera-solté, el movimiento para salir que había iniciado se detuvo-. Sé lo que intentas hacer, Alteza.

    Sahar se rompió de un modo que no le pasó inadvertido a nadie, me había mirado y, tensa, apoyó las manos en la mesa.
-Las quimeras vienen a por ti, quieres dejar palacio desprotegido para hacerles las cosas fáciles-dije. No me preocupé por bajar la voz, Declan o el mismo Drako podrían disuadirla-. Actuará de carnada-la señalé, suplicando con la mirada que no le permitieran hacerlo.


     Nadie habló, sí escuché a Erza musitar: "Euzma", cuando dije que quería ser carnada de quimera. Pero ¿por qué nadie más reaccionaba?
    La voz de Sahar rompió el silencio.

-He dado una orden y no veo que se muevan para cumplirla.

    Los Hassassins reanudaron su salida. Declan, Drako y Erza tenían claras intenciones de quedarse, pero Sahar los corrió con la mirada.
     En el instante en que quedamos a solas la encaré.

-¿Cómo demonios se te pudo ocurrir tal cosa?-le pregunté-. No creí que tuvieras tendencias suicidas. ¡Es una locura, Sahar!

-Yo no fui quien se lanzó al desierto buscando la muerte.

-Perdí a mi familia, no me queda nada, pero tú tienes todo y al hacer esta elección lo estás echando a la mierda. ¡Es como si nada en este mundo te importara! ¡Vives como si no tuvieras nada por lo que vivir!-Esbozó una media sonrisa, me encantó y al mismo tiempo me enervó-. ¿Te burlas de mí?

-No-respondió con suavidad-. Es que no pensé que te dieras cuenta de mis intenciones, cuando llegaste al campamento ya había tomado la decisión. Al verte pasó por mi cabeza el hablarte de ello pero sabía que te preocuparías.

-¿Cómo no preocuparme si estás buscando la muerte?

-Por más que la busque no la encontraré-respondió muy segura. Más que su respuesta fue la expresión triste que apareció en su rostro al hablar lo que llamó mi atención, pronto la cambió por su impenetrable máscara-. Nada va a pasarme así que deja de preocuparte por mí, quería evitarte ese estrés.

-Eres tan cínica a veces, ¿sabías?-Se encogió de hombros y acortó la distancia entre ambas-. Cínica-susurré.

-¿Te gusta mi cinismo?-me preguntó. Seguía practicándolo en mi cara, quería dar el tema por zanjado distrayéndome con su cercanía-. ¿Cínica te gusto?

-Cínica te odio.-Sus labios estaban a nada de besar los míos, no quería caer en su juego. Un juego para el que Sahar no era nada inocente, sabía muy bien lo que hacía y lo que provocaba y no sentía culpa por ello. 

   Humedeció sus labios, mirando fijamente mis ojos, los suyos estaban dilatados. Ladeó la cabeza, enarcando una ceja. El vestigio de una media sonrisa apareció en su boca, y justo cuando caí rendida e intenté buscar besarla, me evadió y se dirigió hacia la salida. La vi detenerse, parecía estar decidiendo entre dejarme sola o quedarse conmigo; levanté el rostro cuando dijo mi nombre.
 -Faye, confía en mí-pidió.

-En ti confío, Sahar-dije, y nunca había sido así de honesta. A mí también me costaba confiar en la gente como sabía que le pasaba a ella, y más después de lo que he vivido-. Es sólo que ya he perdido demasiado y ahora tú, es que siento que no lo soportaría. Y eres tan malditamente terca que estás dispuesta a morir sin buscar otras alternativas que no te pongan en riesgo.

    Se giró y la odiosa y perfecta media sonrisa se dibujó en sus labios. Caminó hacia mí, paró antes de estar más cerca.

-Esta es la única alternativa que queda para barrer con el mal que amenaza a mi hogar, habrá menos derramamiento de sangre, es lo que intento. Y no me estoy exponiendo-agregó, sus ojos viajaron hasta mi boca-. No puedo explicártelo ahora-agregó, un escalofrío me recorrió cuando nuestras miradas se encontraron de nuevo-, por eso te pido que confíes en mí. Nada malo va a pasarme.

    Asentí, y entendí que para ella era igual de importante que confiara en su palabra como para mí era importante tenerla en mi vida justo ahora cuando más sufría. Si decía que nada le pasaría era porque nada le pasaría, ya sabía que yo no soportaría  perderla también, no sería capaz de mentirme después de haberle confesado eso.
   La acompañé afuera, los Hassassins ya habían empezado a remover las tiendas. Drako se percató que habíamos salido, lo vi hacer un movimiento de negativa con la cabeza.

-¿Qué les he hecho?-pregunté-. Él y Declan me detestan, de éste lo esperaría, es tu prometido aunque no haya amor de por medio, ¿pero de Drako?
-Preguntas por preguntar, tú sabes muy bien lo que hiciste-respondió Sahar.

-Cuidado, Sahar, se te ha escapado un poquito de malicia-sonreí.

    Se hizo la sorda y mandó llamar a Erza.

-Esta vez sí te irás a palacio sin protestar-dijo, en cuanto vio a Erza aproximarse-. Mantenla a salvo hasta llegar a casa, Erza.-La Dekstra había llegado, silbando-. Es prioridad, si le pasa algo....

-Euzma, ¿con quién crees que hablas?

-Con quien la trajo aquí en primer lugar-replicó Sahar.

-Vale, vale, iré a por el caballo.

     Fruncí el ceño, no me apetecía marcharme aunque fuese a verla en un rato. No dejaba de imaginar cosas, como que una de esas bestias apareciera de la nada y atacara este lugar mientras Erza y yo nos alejábamos, ni siquiera estaba viendo por mí sino por quien acababa de asegurarme que nada le pasaría.

-¿Vendrás a palacio esta misma noche?-le pregunté.

-Espérame, Vesper. 

    La miré, retadora. Es que su calma, ¡joder! no dejaba de inquietarme.

-No concibo que estés así de tranquila considerando la situación en la que estás metida-comenté. 

-Me estarás esperando en palacio, ¿no es esa suficiente razón para estar tranquila, Vesper?-sonrió. 

     Bendita media sonrisa.