Spin-off

Spin-off

viernes, 4 de noviembre de 2016

Huellas XX

-Empezaba a resultar sospechoso que fuese amable con ella-dije. Di la vuelta. Padre tenía las manos en los bolsillos de su elegante pantalón, no aceptó ni negó nada-. Me dejó continuar con la intención de que aprendiera la lección, ¿cómo es?-Fingí pensar-. Ah, sí: a los hijos rebeldes hay que castigarlos con una ida sin retorno al infierno.

-Se te advirtió, Sahar-dijo mi padre-. Era peligroso en lo que te estabas metiendo aún conociendo tu condición, o mejor dicho, desconociendo tu condición. De ti poco sabemos, y no sabes lo frustrante que es a veces.

   ¿Que no lo sabía? Si era yo la que vivía todo el asunto desde dentro aunque no le diera la atención que merecía porque no le encontraba sentido, en su momento, a averiguar qué era y cuánto daño podía llegar a hacer. No, no me importaba porque me aceptaba con todo y lo que conllevaba ser yo, con mi sed de sangre, de muerte....... pero eso fue antes de conocer a Faye a quien no quería dañar. Demasiado tarde porque lo que le pasó algo tendría qué ver con lo que hicimos. 

-La chica es inocente-continuó mi padre-. Te he enseñado que cada vida inocente cuenta, la mejor forma de cuidarla, ya que pusiste tus preciosos ojos en ella, es tomar distancia.

-No estoy para esto, padre-dije, caminando hacia las escaleras-. Ella está mal ahora y necesito acudir a su lado.

    Circe me cerró el paso.

-Tenemos qué hablar-dijo mi madre.

-Faye....

-Ya está bien, mi niña, se ha quedado dormida. Drako y Erza la acompañan.-Hizo un elegante ademán con la mano, invitándome a entrar a la sala de estancia, padre nos siguió. Éste y yo nos quedamos de pie, Circe se sentó-. Esta tensión la podría cortar con una tijera-comentó, mirándonos a mi padre y a mí.

-Sabe que es un riesgo, y sigue adelante-alegó mi padre, señalándome con el dedo-. Eres un riesgo, Sahar-ahora sí se dirigió a mí-. Eres una bomba de tiempo, no conocemos cómo responderás de un segundo a otro.

-No estás ayudando, Caín-dijo Circe, mirándose las uñas.

    Padre resopló, fue y se sentó junto a ella. 
    Y allí estaba la pareja maravilla, lista para hablar con su hija la extraña y demoníaca criatura; yo seguí de pie.

-Yo provoqué su actual estado, ¿no?-Al hablar me dirigí a Circe, ésta asintió.

   Vi cómo mi padre entrelazaba su mano con la de ella. Fingí no haber sido testigo de ello desviando la mirada, pero me afectó porque él tenía con quién estar y yo acababa de encontrar a una persona maravillosa, y él se oponía rotundamente a que existiera algo más entre ella y yo.
    Era un incordio que ahora me afectaran cosas a las que antes no les veía importancia.

-Se acostaron-dijo Circe, esta vez fue mi turno de asentir-. ¿No dio muestras de cansancio después de?

-Claro que sí, pero del cansancio normal no de lo que ocurrió a las puertas de palacio, ella estaba bien hasta que llegamos aquí.

    Circe miró al vacío, pensativa.

-El viaje pudo contribuir, aunque iba a pasar de igual modo, es un alivio que fuese a la entrada de palacio y no estando solas.-Empecé a caminar de un lado a otro-. ¿Estaban en el palacio sobre el agua?

-Sí, pero no es lo que nos importa ahora, Circe-le recriminé, mirándola de soslayo.  

   Mi padre no intervenía, yo sólo quería salir de allí para ver a Faye.

-Es interesante que no tenga ningún tipo de herida-comentó Circe. La miré de reojo sin dejar de caminar por la sala de estancia-. A diferencia de las veces que has estado con Drako, y con tu pasado antes de llegar a esa metodología.

-Cerca estuve de hacerle daño-susurré, el recuerdo me hizo sentir peor de lo que ya estaba.

-¿Qué te detuv....-Circe paró, me extrañó que se frenara así que dejé de caminar y la observé. Ella me devolvió la mirada con claro interés-. ¿Lo recuerdas?-inquirió-. Todo, ¿lo recuerdas? ¿Cada detalle, de principio a fin? pero eso es nuevo. Tú....-balbuceó.

-Lo sé, pensé en eso todo el rato mientras ella dormía. Recuerdo todo, no le hice daño físico, no herí su cuerpo pero sí hubo consecuencias....

-Consideremos la idea de que eres un súcubo, drenaste su energía llevándola al borde de la muerte-intervino mi padre.

     Enarqué una ceja.
    Sí, drené su energía. Era la razón por la que me sentía distinta, ahora reparaba en ello porque antes estuve distraída todo el rato que compartimos juntas. Pero creo que estaba lejos de adivinar lo que yo era, ¿súcubo? nunca, resultaba hasta grotesca la idea de ser tal cosa.

-No estoy dispuesta a quedarme a escuchar cómo me demonizas, me retiro.

   Salí de la sala de estancia, subí las escaleras, encaminándome a mi dormitorio para estar a su lado y no moverme hasta saberla completamente estable. Le había causado un daño, del cual me convencí, era  irreversible; al menos Circe había ayudado a salvar su vida, porque si en algo padre tenía razón era en que yo mataba a las personas, y nunca he sentido arrepentimiento por ello. Carezco de conciencia, me gusta quien soy, lo que soy. 
     A la única que no soportaría dañar era Faye.
   Abrí la puerta, crucé la antesala en nada. Drako y Erza velaban su descanso, el primero se encontraba sentado en un sillón cerca de la cama; Erza de pie y con los brazos cruzados a las puertas del balcón.
     Me senté al borde de la cama, la palidez de su rostro me inquietó, besé su frente y mis labios sintieron su piel fría, oí el débil gemido que salió de su boca. 

-Circe actuó rápido, es una suerte que haya estado en palacio-dijo Erza. Su amable tono de voz me desconcertó, sin ironías, las cuales ya había aprendido a identificar-. De un momento a otro despertará, Euzma, ya ha pasado por esto antes, Faye es una luchadora.

    No la miraba a ella, no quería quitar mis ojos de la hermosa rubia pálida y ojerosa que dormitaba en mi cama, hermosa sí.

-Déjennos a solas-pedí en un susurro.

    Drako se levantó en silencio, lo próximo que sentí fue un beso en mi cabeza. Había usado su velocidad para rodear la cama y acercarse a mí.

-No te culpes, mi niña-murmuró tras su beso.

-Está así por mí, ¿cómo no sentir culpa? No me gusta, pero cuando se trata de ella no sé cómo evitarlo, no sé cómo volver a ser quién era, no sé cómo apagarlo.  

    Drako se puso de cuclillas, lo miré de reojo, sonrió.

-Entonces no intentes apagarlo, Sahar-dijo. 

   Daba la impresión de que disfrutaba verme en este estado, me miraba con curiosidad, todos comenzaban a verme con más curiosidad que antes, atentos a mis próximas palabras o movimientos, atentos a mis actitudes. 
   Drako se marchó después de soltar esas palabras.
   Miré a la rubia.
  Hay un antes y un después en mi vida, antes de Faye no me molestaba siquiera en fijarme en que era observada, vigilada por mi padre y Circe, no me molestaba o incomodaba ser el "animalito favorito" de mi madre. Ahora comenzaba a ver más allá, no quería ser un objeto de estudio, no quería tener que responder a las preguntas de mi madre para luego verla tomar notas, sé que me psicoanalizaba a veces.
    Suspiré:

-Ahora sé qué quiere decir: Me siento como un conejillo de indias.

-¿Qué te sientes qué?-preguntó Faye, su voz era apenas un murmullo de lo débil.

   Me acosté a su lado, con delicadeza la atraje hacia mí, abrazándola. Mi mejilla rozó su frente que seguía fría, pero el contacto de mi piel debía ser muy caliente para ella pues volvió a gemir como cuando besé su frente.

-Lo siento-susurré.

-Estaré bien.

    Sonreí. Decir que estará bien con esa tranquilidad, restándole importancia a lo ocurrido cuando estuvo a punto de morir de nuevo, me hacía gracia, ¿acaso todos los mortales veían la muerte o el estar al borde de ella, como algo insignificante?

-¿Será así siempre que follemos?-preguntó de pronto.

   Me reí, sí, me reí. Allí estaba otra vez, pensando en la próxima vez que nos acostemos antes que en su propia seguridad.

-Duerme, Vesper-le dije.

-Me gusta tu risa, Sahar.

-Duerme.

-Desde que nos conocemos es lo único que te escucho decir-se aclaró la garganta y continuó-: Duerme, Vesper-dijo en un intento de imitar mi voz, según entendí-. Descansa, Vesper. Necesitas descansar, Vesper.

-Yo no sueno así, ¿o sí?-Fruncí el ceño, reflexionando sobre aquel detalle. Su voz tenía un punto de altivez.

-Tu voz es muy bonita, me gusta-dijo, somnolienta-. Que suenes altiva es un efecto provocado por tu acento y por tu profunda y....sensual....voz....

   Se había quedado dormida con sus dedos entrelazados a los míos sobre mi torso, ya no estaba tan fría. 
     Cerré mis ojos, acompañándola en el sueño. Me aseguraría de que no la asaltaran las pesadillas.  














   Aún con los ojos cerrados busqué su cuerpo a mi lado tanteando con mi mano, pero sólo encontré su espacio vacío, abrí los ojos y sonreí aliviada al verla cruzar desde el cuarto de baño hacia su enorme armario con el oscuro cabello en su hombro secándoselo con una toalla, su cuerpo lo vestía un albornoz rojo carmesí como sus ojos cuando está al filo de su lado más hambriento y peligroso.
   Sentí mi cuerpo más relajado, sin cansancio, me acosté de lado y volví a cerrar los ojos para recordar el sueño que tuve, o los sueños porque ya ni sabía cuántos eran o si eran el mismo. Lo único seguro era que ella me acompañaba, era tan real, no hubo ni una pesadilla, Amanda no apareció por ningún lado para atormentarme.
    Había logrado lo que me propuse, alivié su descanso llenándolo de sueños amenos, robando pesadillas, impidiendo que aquella mujer rubia se acercara. Circe me enseñó la facultad de adentrarme en los sueños de las personas y sustituirlos, manejarlos a mi antojo porque decía que alguna vez me sería útil, ahora entiendo con quién me iba a tocar emplear dicha habilidad.
     Cerré el agua de la regadera, sequé mi cuerpo con una toalla y me vestí con la bata roja que había elegido esa mañana. Volví a mis aposentos, con mi vista periférica pude notar que había despertado pero fingí ignorarla, difícil trabajo porque al final terminé por dejar la elección de vestuario de lado e ir a su vera en la cama. Pegué mi cuerpo a su espalda, ella rió.

-Buenos días, Princesa Hassassin-susurró, con los ojos cerrados todavía.

-Sabah alkhayr, Al'amirat Alkharij-respondí.

-Espero que me estés deseando los buenos días también-rió.

-¿Qué otra cosa si no?-Le di un beso en la mejilla-. Buenos días, Princesa Forastera, Princesa que viene del extranjero, Princesa que está en tierras extrañas. ¿Mejor?

-En cualquier idioma logras que los buenos días sea un jodido poema-dijo, girando un poco la cara y atrayéndome con su mano derecha en mi nuca para besarme los labios.

     Apenas sentí sus labios sobre los míos me fui a un profundo abismo, una placentera sensación recorrió mi piel y mi cuerpo, no hubo lengua sólo roces castos que conseguían enloquecerme.
    Me giré más al separarnos y sólo mirarnos a los ojos, levanté un poco la cabeza buscando su boca, fue ella quien me mostró el camino al tomarme de la nuca y besarme despacio pero más salvaje que el anterior, sus dientes mordisquearon muy quedo mi labio superior para luego lamer, fue la solicitud de su lengua para entrar la que me obligó a ponerla a ella en la cama en un movimiento que la dejó sorprendida, sus ojos dorados estaban muy abiertos. Estaba segura de que en el mundo habían muy pocas cosas que consiguieran dejarla atónita, y me alegraba ser una de ellas.
    Cuando iba a quitarme la camisa la puerta se abrió y oí la voz de Circe canturrear un "Buenos días", me quedé de piedra, y Sahar lo disfrutó porque su media sonrisa se dibujó en sus labios.
   
-No sabía que estaban ocupadas, si quieren me voy para que continúen-dijo la mujer, me guiñó un ojo en cuanto me incorporé en la cama, quitándome de encima de su hija-. Veo que ya estás en perfectas condiciones-sonrió-. ¿Quieren que me vaya, entonces?

-Sí. No-dijimos Sahar y yo al mismo tiempo. Mía fue la negativa.

-Es que me ha cortado el rollo-le dije a la joven princesa cuando me miró sin entender, y en el proceso la dejé pensativa.

     Circe dejó una bandeja con el desayuno encima de la mesita de noche, Sahar salió de la cama.

-¿Cómo te sientes, señorita Vesper? Lo que vi al entrar es una clara respuesta pero aún así....

-Bien, me siento bien-dije, mirando los elegantes movimientos de Sahar en todo momento. Había sacado una blusa blanca y un pantalón negro del armario-. Ayer sentí que se me escapaba la vida-Sahar miró por encima de su hombro, no debí decir lo que dije porque supe que la había herido-, pero la recuperé en el mismo instante en que te sentí a mi lado-continué, dirigiéndome a ella. Se giró y sonrió-. No hiciste nada malo, no hicimos nada malo, no fue tu culpa y lo de ayer lo repetiría una y otra vez porque no me importa qué seas como sé que a ti tampoco, como sé que te aceptas y no te odias. Yo no daré marcha atrás si tú no lo haces, me quedo si te quedas, apostemos por que esto funcionará y será duradero.

-Yo no hago esas cosas-dijo, enarcando una ceja, recordándome que ella no apostaba. Miré a Circe cuyos azules ojos brillaban de emoción-. Pero sí estoy segura de que esto será duradero.

    Circe aplaudió y se lanzó a abrazarme, fruncí el ceño y busqué con la mirada a Sahar quien se encogió de hombros.

-Erza tiene razón, ustedes son adorables-dijo Circe, apartándose de mí. 

-¿Han hablado de nosotras?-pregunté, fulminándola con la mirada.

-Es que son un tema taaaan interesante-respondió, poniéndose de pie y lanzándole un beso a su hija, ésta le dio la espalda y se dedicó a buscar la ropa interior que usaría-. Bueno, como tú ya estás como para viajar, por no decir "como para hacer otras cositas"-puse los ojos en blanco-. Preparen vuestro equipaje, tu papá regresa hoy a Norteamerica y ustedes lo acompañarán, ¿recuerdan?

-Creí que sería en un par de días más-comentó Sahar, desde....¿dentro del armario?

   Salté de la cama y fui adonde se encontraba.

-¡¿Tienes un vestidor allí dentro?!-exclamé.

    Entré, Circe vino detrás. 
   Ahogué un grito de sorpresa, no sabía por qué ese hecho, mínimo en comparación con todo lo demás, me sorprendía. Tal vez porque era algo normal dentro de la anormalidad que he vivido en esta tierra; era muy elegante aquel cuarto secreto, en colores blanco y negro. El armario sólo contenía un número pequeño de prendas-y ya eran bastante-en comparación con la ropa y zapatos dentro del vestidor.

-¡¿Un vestidor secreto dentro del armario?!-volví a exclamar.

-Es que ella-señaló con el dedo a Circe-me regala muchas cosas, aún sabiendo que no soy muy materialista.  

    Circe sonrió muy orgullosa de sí misma.

-No intento que seas materialista, sólo son detalles que me gusta hacerte, ropa que he pensado que te quedaría bien-se defendió Circe con dulzura.

-No soy tu muñeca viviente, madre-replicó Sahar sin llegar a levantar su voz, ni falta que le hacía porque su voz ya era bastante firme sin siquiera intentarlo. Circe hizo amago de acercarse, Sahar dio un paso atrás-. Te acercas y te arrepentirás, madre.

    Noté que Circe sonreía cada vez que Sahar decía "madre", supuse que no la llamaba mucho así y últimamente lo hace más.
   Circe se dio por vencida y salió del vestidor recordándonos que preparáramos nuestro equipaje y que el desayuno estaba en la mesita de noche.

-Esto es impresionante-dije.

-Es sólo ropa y zapatos que no he usado. Puedes tomar lo que te plazca y empacarlo.

-Tomaré una ducha primero y luego asalto tu vestidor.-La oí reír mientras me dirigía a la salida.

     Me metí a la ducha nerviosa.... Iríamos al exterior..... El exterior.... Donde estaba Amanda.

     La ropa que Faye había decidido ponerse tras salir de la ducha, me dejó dubitativa, la ropa no la hacía ver hermosa a ella, era al revés: Faye hacía que la ropa fuese bonita; cruzó las piernas, mordí el interior de mi labio inferior recordando que había estado entre ellas la madrugada anterior y que moría de ganas por acariciarla, por repetir. 
    Se echaba brillo labial sentada al borde de la cama yo estaba sentada a la mesa desayunando, Faye sólo bebió zumo de naranja admitiendo que no tenía apetito porque estaba nerviosa. No necesité que me dijera la razón, en el exterior están los monstruos que le arrebataron a sus seres queridos.
     Miré sus zapatos de tacón, recorriendo sus piernas con la mirada, una minifalda negra, de toda la ropa dentro del vestidor eligió una minifalda negra y una blusa holgada de manga corta a juego. Di un sorbo al licor que había servido en mi copa y con el cual ella se había embriagado, cerró el estuche compacto después de usar su espejo y me sonrió.

-¿Quieres quitármela, no?-preguntó, caminando hacia la cómoda-. Tus ojos me lo dicen tod....

     La cogí de la muñeca interrumpiéndola al atraerla y besarla.

   Llevaba todo el rato provocándola, tenía sus ojos puestos en mí, sabía que en cualquier momento sucumbiría a las ganas que me tenía, y retomaríamos por donde habíamos quedado antes de que Circe llegara.
     Y ahora que había conseguido lo que buscaba no quería parar.
     Me miró a los ojos con la respiración entrecortada y el dorado brillando en ellos, estábamos cerca de la cómoda, me hizo girar y me cogió de las manos haciendo que las apoyara en el mueble. Miré nuestros reflejos, y sonreí, que me follara mientras nos veíamos en el espejo me calentó mucho más. 
    Vernos así era un precioso regalo, y quería regalarle a ella la expresión de su hermoso rostro cuando el extasis la invadía y recorría.
     Mordí el lóbulo de su oreja, mirando de reojo su reflejo, mis ojos se encontraron con los suyos cerrados.

-Abre las piernas, Vesper-susurré-. Y tus ojos, ábrelos.-Acató mi orden-. Míranos, mírate.

     Introduje mi mano bajo su falda, acaricié su sexo por encima de sus bragas, despacio. Pero entonces escuché algo que me hizo parar.

-¿Sahar?-suspiró Faye, no entendía el por qué de mi cambio.

-Alguien viene-dije, alejándome de ella. Llamaron a la puerta-. Adelante.

    Faye se arregló un poco aún recargada, ahora de espaldas, en la cómoda.
     Erza entró, miró a la rubia y luego a mí, sentada en la cama.

-Tu padre las espera, Euzma-informó, con los ojos entrecerrados, mirando a la rubia y luego a mí-. Están listos para marcharse.

   Faye cogió una chaqueta de cuero del armario, nuestro equipaje estaba en la antesala, no sabíamos cuánto tiempo nos quedaríamos en el exterior así que ella empacó por mí lo necesario para ambas antes de sentarse a maquillarse.
     Erza comentó que le alegraba verla recuperada, yo rodaba mi maleta delante, ellas conversaban unos pasos detrás de mí.
      Bajamos las escaleras, Drako se acercó para ayudarme con mi equipaje, luego cogió el de Faye. Ésta se paró a su lado.
-Qué caballeroso, Drako-comentó.

-¿Qué te digo? Siento debilidad por hermosas señoritas-dijo Drako, guiñándome un ojo.

     A Faye el gesto le disgustó porque le dio un golpe en el brazo, sólo que quien salió herida fue ella, su débil mano no podía hacerle daño al brazo de un Blood Drynka.

-¿Ves lo que hacen los celos?-le pregunté en un susurro cuando Drako salió con las maletas, y riendo. Cogí su mano e intenté aliviar su dolor usando Sanación-. ¿Duele menos, o nada?

-Nada-sonrió-. ¿Fue lo que usaste para que la herida de mi torso cicatrizara?-Asentí-. Es genial.

-Obviamente aún no lo perfecciono dado que tu herida no se curó del todo.

-Lo prefiero así.-Besó la comisura de mis labios, y luego me susurró-. La cicatriz es muy sexy, además sé que te gusta.

    La cogí del mentón y besé sus labios, no tardé en buscar rozar su lengua con la mía, era débil a sus besos y a toda ella.
   Escuché a mi padre aclararse la garganta y me aparté en cuanto Faye se sobresaltó por lo que para ella fue una sorpresiva interrupción.

-Es agradable verla estable, señorita Vesper.

-Spasibo, Caín-respondió Faye, abusando de su buena suerte. Mi padre me miró con las cejas alzadas-. Lo adiviné sola con algunas piezas que junté.

-No era un secreto tan importante después de todo, no para alguien que ya es familia-intervino Circe, cogiéndolo de la mano.

-Las espero afuera-dijo padre, le dio un beso a Circe y le susurró algo al oído que la hizo sonreír.

    No, nunca había reparado en esos detalles, estaban muy enamorados. 
     Ver a los padres de Sahar despidiéndose me sacó una sonrisa boba, eran muy monos, y en cuanto Caín pasó por mi lado me puse seria e hice el saludo militar a modo de broma, el hombre esbozó una sonrisa y movió la cabeza de lado a lado. Venga que sí le agrado, un poquito.
      Circe se abrazó muy fuerte a su hija, la morena se quedó con los brazos a los lados, después de unos segundos, y por compromiso, correspondió. Declan bajaba las escaleras, aprovechó que Circe se quitó para depositar un beso en la frente de Sahar.

-No es para tanto, volveremos dentro de poco-dijo ésta.

-Esta vez vas a estar fuera por más tiempo, cielo, no es una misión vas de paseo-le recordó Circe-. Lástima que ningún hechizo funcione en ti sino te daría un objeto con magia para que en la empresa de tu padre, los desconocidos no vieran tu verdadera identidad sino que ésta cambiaría cada día. Así Caín no tendría que recurrir a tanto papeleo por confidencialidad.

-En algún momento me haré cargo de ese conglomerado, así que es mejor de este modo, que conozcan a su futura jefa.-No vi muchas ganas en Sahar, las tareas de liderazgo como que no eran de su agrado pero las llevaba a cabo con temple.

-Cuídala, Faye-dijo Declan-. Cuídala mucho, necesario es que estés en su vida-añadió.

    Miré a Sahar, y luego de nuevo a él.

-Necesario es que esté en la mía-dije, cruzándome de brazos.

     Circe asintió, y me tocó ser rodeada por sus brazos.

-Amanda estará cerca, intenta controlarte-susurró.

     Me recorrió un desagradable escalofrío cuando se alejó sonriente.
    Las despedidas terminaron y nos reunimos con Caín, Erza y Drako en el patio, Erza se despidió de Sahar con mucho formalismo: un apretón de manos; entonces nos subimos a un carruaje. Y Caín y Drako subieron en otro. 
     Cuando nos pusimos en marcha los nervios volvieron a hacer mella en mí, Sahar puso su mano sobre la mía, no pude disimular con ella.

-Dime, Vesper, háblame.

     Tienes una hermana mayor que es una maldita perra, pensé. No quería ponerla en medio de esto, no quería empezar a mentirle, a esconderle cosas. Y sobre todo, no quería ponerla en contra de su hermana, que por quererme le quite el derecho de darle una oportunidad a Amanda.


  

    

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jueves, 20 de octubre de 2016

Huellas XIX


    Paseé mis dedos por su brazo, Sahar dormitaba de espaldas a mí, vi su piel erizarse ante mi tacto. 
     La luz del sol entraba por la ventana. Suspiré al sentir su piel caliente en mis dedos, y me sumergí en el vívido recuerdo del perfecto inicio de ese día.
    El Palacio sobre el agua diseñado por un niño de trece años como muestra de amor hacia su hermana, se convirtió, desde el momento en que llegamos, en mi lugar favorito en toda Providencia y el mundo. Era lo más hermoso que había visto en mis veinte años de vida, después de Sahar, por supuesto.
    En ese Palacio sobre el agua el tiempo corría despacio, o así lo sentía yo. Entrar en él era como entrar a otro mundo, y saber que Sahar me llevó para compartir algo tan importante conmigo me llenó el corazón y el alma de emoción; Sahar estaba experimentando muchas cosas a un tiempo, cosa que la confundía: tristeza, amargura, culpa por no poder ayudar a su hermano, por no impedir el castigo que le aplicó su padre. Y deseo, lujuria, pasión, amor, por mí. Amor sí, me amaba, Sahar estaba enamorada de mí y yo estaba rendida a ella, y no tenía miedo, no sentí miedo. Cuando la vi derramar aquella lágrima tras decir lo que me dijo lo supe, e incluso antes; habíamos conectado nada más reencontrarnos.
    El último beso en el que nos fundimos tras las dudas que la asaltaron por temor a herirme, fue de esos besos que te descontrolan por completo. Y de ella, joder, que con cada beso me envolvía en la locura.
    Rompí el contacto con su boca, sentándome con las rodillas a cada lado de sus caderas. Sus ojos brillaban atentos a lo que estaba por hacer, me quité la camisa y, sin quitar mi mirada de la suya, la lancé a un lado como había hecho antes con su blusa. Sahar estaba sacando fuerzas para contenerse, vi cómo sus manos apretaban las sábanas y cómo su mandíbula se tensaba.
   Al percatarse de mis intenciones de quitarme el sujetador rojo que llevaba puesto, se sentó y con sus manos recorrió desde mi cintura pasando la suave y ardiente caricia hacia mi espalda, nuestras miradas seguían unidas. Jadeé al sentir sus labios besar mi torso, justo allí donde tenía la herida hecha por su padre. La  acarició con el dedo índice haciendo un suave recorrido por la línea vertical que iniciaba en la parte superior de mi ombligo y terminaba en la parte inferior de mi esternón. 
   Subió la mirada, la culpa se reflejó en ella, pasé mi mano por su oscuro cabello, Sahar volvió a besar mi herida, esta vez hizo el mismo recorrido que su dedo índice pero con sus labios, dejando un sendero de besos al tiempo que desabrochaba mi sujetador. Me ayudó a quitármelo dejando que nuestros dedos se rozaran por momentos, y me imitó deshaciéndose de la prenda, lanzándola sin importar donde cayera.
    Desabrochó mis pantalones, verla morderse el labio inferior me calentó mucho más de lo que ya me tenía y cuando lamió la punta de mi pezón derecho gemí sintiendo como estimulaba el izquierdo. Volvió a pasar la lengua para luego succionar, eché la cabeza hacia atrás entre gemidos.

-Sahar....-suspiré-.... Para... Sahar... Ah... Para... Para....

    No vi llegar el momento en que giró con brusquedad poniéndose encima, fue todo muy rápido.
   Su rostro se transformó, la malicia apareció brillando en su dorada mirada y en su media sonrisa. Asaltó mi boca en un vehemente beso, recorrí su espalda con mis manos mientras le correspondía. La piel le ardía, era parecido a cuando se sufre una intensa fiebre, sí, eso, pero superior a una simple fiebre humana. Lo increíble era que su temperatura no me molestaba, quemaba más no dolía, era placentera. Se repartía por todo mi cuerpo acrecentando la excitación que ya sus besos y caricias, su sola presencia y mirada despertaban en mí.
    Bajé las manos a su cintura, sus labios pasaron a besar mi cuello, cerré los ojos, encontrando el zíper de su falda y bajándolo. Para entonces había dejado de besarme, tenía la cara hacia un lado.

-¿Sahar?-susurré tras recuperar el aliento. No quería mirarme, algo había pasado-. Sahar-repetí, cogiéndola del mentón. Tenía los ojos cerrados cuando levanté su rostro, los abrió despacio; el brillo dorado se veía invadido por un color rojizo como el que vi un par de veces antes, la primera vez ella se disculpó sin llegar a dejar que le preguntara siquiera, tras eso lo olvidé hasta que empezamos a liarnos y lo vi aparecer de nuevo. Lo curioso es que la primera vez que el rojo apareció en sus ojos no estábamos haciendo nada, sólo me veía cambiarme-. Sahar, si quier.....

-Despacio-dijo, mirando mis labios y subiendo a mis ojos-. No quiero parar, y tú tampoco. No ahora.

    Me beso lento, tomando mi labio superior entre los suyos, luego pasó su lengua y bajó, hasta mi pecho; su boca torturó mis pezones, y sentí los dedos de su mano derecha iniciar el camino por dentro de mis pantalones hacia mi entrepierna. Dejó mis pechos, mirando su mano adentrarse en mis bragas sonrió, sus dedos apenas llegaron a rozar mi sexo.

-No sabes lo que me está enloqueciendo sentirte tan húmeda, Vesper-comentó, encontrándome en sus ojos cuando subió la mirada.

     Su bendita voz, su profunda y sensual voz, vistiéndome, como su piel vistiendo mi cuerpo. 
      Sacó la mano, salió de la cama. Me apoyé en mis antebrazos, ella dejó caer la falda y vi lo que llevaba debajo dejando escapar un jadeo.

-¿Ligueros?-sonreí-. ¿Llevas ese tipo de ropa interior incluso bajo tu ropaje de guerrera?  

-¿Qué otra cosa sino? Me gustan-respondió, riendo. Me acerqué al borde de la cama, me puse de pie y me quité los pantalones sin apartar los ojos de su cuerpo, cuando estuvimos en igualdad de condiciones se acercó, me senté al borde de la cama con ella encima-. Faye Vesper...-dijo, mordió mi labio inferior, susurrando un-: Mía....

     Me levanté un poco para acostarla en la cama, no despegué mi boca de la suya, tenía hambre de ella. 

-Te estás conteniendo-susurré contra su boca, tocando su coño por encima de sus negras braguitas.

-Si no lo hago esto puede salir muy mal-sonrió. Estiré su labio inferior con los dientes, y sin aviso metí un dedo en ella-. Joder.... 

-Vaya con la modosita-reí. Salí y volví a entrar, despacio como lo había pedido, era necesario encontrar la intensidad justa que debíamos llevar para no despertar el otro lado al que tanto le teme al estar conmigo. Metí un dedo más, esta vez gimió en mi boca-. Dime qué quieres, Sahar, dime qué tan rápido.....
   No pude evitar sonreír con tan delicioso comienzo, habíamos logrado que saliera bien, y a pesar de lo reventada que estaba disfruté el dolor corporal sólo con verla a ella acostada a mi lado. ¿Dormitar? No, no creí que estuviese durmiendo, sólo se vivía el silencio que nos rodeaba mientras sentía mi caricia.
   Sahar no había exagerado, su aguante no se podía comparar al mío o al de ningún humano, por algo dijo desde el principio ir despacio y no era sólo por protegerme de su otro lado. De ser por ella aún ahorita estaríamos follando, pero con mi último orgasmo vio el cansancio en mí y me pidió tregua para luego obligarme a dormir. Cómo quería darle más de mí en ese aspecto, pese a que sabía que había quedado satisfecha, quería darle más.
-Si sigues tocándome no respondo, Vesper-susurró.

-¿Es esa una provocación?-pregunté, escuché e imaginé su sonrisa-. No has dormido-suspiré.


-Es porque no estoy cansada, no acostumbro a dormir mucho tampoco. Lo más que lo he hecho es cuando estás conmigo-confesó. Se giró y me observó-. Tú sí que dormiste, estabas tan quieta, ¿no pasó nada malo anoche? ¿No te hice daño o fui muy dura contigo?
     Se la veía claramente preocupada por el particular, hice un gesto negativo con la cabeza.

-No pasó nada malo, lo hicimos bien, nunca había sentido tanto, ni tan soberanamente intenso-dije, siendo muy honesta. No le escondía nada, fue muy atenta conmigo, aún sentía sus caricias y besos como si justo lo estuviésemos haciendo de nuevo. Comencé a creer que era un efecto post sexo que sólo ella provocaba-. Y dura, conmigo, puedes serlo siempre-añadí, buscando provocarla sin ninguna sutileza de por medio.
       Dejó escapar una sonrisa, y se incorporó para besarme.
     Sus labios se encontraron con los míos alborotando las ganas.
    Adoraba su forma de besarme. Suave. Casto. Y luego me follaba la boca, asaltándola con su lengua. 
   Adoraba su posesión en cada beso que me daba.
   La adoraba.
    Mordiéndose el labio inferior se separó de mí y volvió a darme la espalda. Llegué a ver un atisbo de tristeza en su rostro, algo le estaba jodiendo el día y se había cerrado en banda; recorrí su espalda con mis dedos, y di el primer paso.

-Háblame-dije. Con Sahar tenía que ser paciente, había que sacarle lo que le preocupaba o atormentaba con cucharilla-. Sé que no sabes cómo actuar en ciertas situaciones, si te sientes confundida sobre algo no dudes en expresármelo; antes no tenías que lidiar con cosas que te atormentaran, importaran o preocuparan porque sólo te enfocabas en ordenar, aprender y obedecer. En tu mundo no existían emociones.-Otra persona en nuestra situación no tendría tanta paciencia con estas idas y venidas, lo sé, yo suelo ser así y a mí no me la tuvieron-. ¿Acaso he sido yo la que ha fallado?

-No digas tonterías.-Me dio la cara, se había acostado boca arriba y me miraba con ternura rayando en la adoración-. Anoche hubo un momento en el que casi me perdí, el control se me fue por escasos segundos pero conociéndome pudo ser el tiempo suficiente para herirte o peor.

    Eso explicaba el momento en el que dejó de besarme, sus ojos rojos... El brillo rojo. 

-Lo importante es que recuperaste el sentido y no te dejaste guiar por el otro lado-le dije. Deposité un beso en su frente y volví a mi lugar dándole el espacio que creí, necesitaba-. Lo hicimos bien, Sahar, lo superamos sin mayores percances. Salvo por mis dolores en cada músculo de mi cuerpo, me duele hasta respirar, pero es un dolor bueno-sonreí, sus labios dibujaron una sonrisa también, aunque efímera.
-Eres muy buena conmigo-dijo. Negué con la cabeza.

-Tengo segundas intenciones, mi bondad tiene un precio-bromeé.

   Enseguida soltó una carcajada, me gustó mucho que se relajara.  Aunque duró poco pues la vi fruncir el ceño, pensativa.

-¿Quién es Amanda?-inquirió. La pregunta me tomó desprevenida, no pude disimular mi sorpresa, no dio tiempo a hacerlo-. ¿Una antigua novia?

   Podía haber mentido, y también pude haberle dicho la verdad: Es tu hermana mayor de la que tu padre no quiere que sepas. Pero opté por algo más, por mi verdad omitiendo la parte que Circe me pidió guardar en secreto, y me mataba tener que ocultarle una información tan importante. Con ella no quería secretos, quería decirle todo lo que pasaba por mi mente porque sabía que era importante para nosotras, en especial para ella que era nueva en esto de relacionarse a un nivel tan íntimo con otra persona.

-Es quien hizo el trabajo sucio por Viktor Strauss-respondí-. Es quien asesinó a mi familia, yo....-Allí estuve tentada a escupir todo, y arruinar todo el asunto del encuentro entre ellas, porque apoyaba a su padre en el tema de que Amanda no sería una buena influencia para Sahar, pero Sahar no merecía ser alejada más tiempo de ella. Por muy mala que pueda llegar a ser, Amanda era su hermana y era Sahar quien debía decidir si tenerla en su vida o no-....la vi saliendo de casa de mis padres, y luego en el funeral que Viktor organizó. Era rubia, no parecía una asesina, tenía más pinta de modelo.

-Vuestros gobiernos pueden llegar a usar a modelos como asesinas-dijo. Creí que bromeaba, pero al ver lo seria que se puso cambié de opinión, después de todo ella y su clan tenían más información que yo sobre los gobiernos del exterior-. ¿Cómo supiste su nombre?

-Vi su foto en periódicos, la reconocí.-Y no era mentira, su padre tenía toda una carpeta de recortes y fotografías-. ¿De dónde sacaste tú su nombre?-pregunté, extrañada.

-Lo dijiste cuando estabas dormida hace rato, soñabas, al principio fue como una pesadilla y cuando iba a despertarte te calmaste.-Había estado observándome mientras dormía, sonreí-. También mencionaste su nombre durante la fiebre que te provocó la bebida, tras la discusión con mi padre olvidé preguntar.-Miró hacia el techo, humedeció sus labios, una manía que le había pillado, y después de unos minutos volvió a hablar-: Investigaré más sobre esa mujer, voy a encontrarla y la pondré ante ti. Haré que pague, haré que Viktor pague; te prometí una venganza y te la voy a cumplir. Por ahora...

-Lo sé, debo aplacar mi odio.-Volvió su rostro hacia mí-. ¿Serías capaz de hacer tanto por mí? Lo veo, te escucho y no quiero que sigas ese camino, Sahar. Siento que tu padre te ha usado como un arma toda tu vida, y no es justo para ti que yo apoye la decisión de ir a por ésta gente sólo por mí.
-Haré lo que sea por ti, lo que me pidas, lo que quieras sólo pídelo y lo haré, sólo pídelo y lo tendrás, Vesper. Por que estés feliz, por que estés tranquila, haré lo que sea; tus necesidades son mías, tu felicidad es la mía, tu paz, todo.

   La amaba, y sería capaz de hacer lo mismo por ella. La adoración en su mirada me hizo emocionarme, sentía como mi corazón latía fuerte, saltaba al oír su voz como si supiera que su dueña estaba allí cerquita.
    Sahar se levantó envuelta en la sábana, me senté en la cama.

-Tengo un presente para ti-dijo caminando hacia el armario.

-¿A qué se debe? Yo no traje nada para ti.

-Me has dado suficiente-comentó, volviendo un poco su rostro sobre su hombro, vi su sonrisa traviesa.

  Su espalda estaba libre de cicatrices, y ni una marca de los arañazos que le dejé, reí por lo bajo. Obvio que sana sola.

-No serán unas copias de las llaves de este palacio, ¿no?-aventuré. Escucharme decir aquello me produjo más satisfacción que nervios, conozco personas, y me incluyo, que correrían de sólo pensar en esa posibilidad, pero con Sahar ese tipo de conversación y bromas resultaban sencillas, salían de forma espontánea.

-¿Es lo que hacen en el exterior?-preguntó, sacando un objeto alargado dentro de una bolsa de tela negra que tenía la misma forma del objeto que llevaba dentro.

-Dar las llaves de un palacio no, tendrías que ser de la realeza o algo así-reí, aunque curiosa por lo que traía en sus manos-. Si una pareja lleva años de relación es lo normal, nosotras no tenemos nada de normales.

   Sahar se sentó al borde de la cama, me acerqué más a ella.

-¿Te gustaría vivir aquí?-preguntó, estudiándome el rostro con su mirada, supe que le gustaba mirar a la cara de la gente cuando hablaba, posiblemente para identificar las distintas expresiones y medir el estado de ánimo. Por lo general lo que las personas dicen no coinciden con la expresión que muestra el rostro, debías ser muy buen actor-. Si quieres unas llaves de este palacio ordenaré que hagan copias.

-Era broma, pero definitivamente, lo nuestro no es nada normal-le dije. La besé en la mejilla y me interesé en el objeto-. ¿Qué es eso?

   Me lo extendió, lo cogí y noté su peso. Sin quitar la mirada de Sahar lo saqué de su bolsa.

-¡Santa mierda!-exclamé, atónita por lo que sostenía en mis manos, la bolsa cayó en mi regazo-. ¿Una espada?

    La funda era plateada, la empuñadura también, ésta empezaba con la cabeza de un dragón cuya cola envolvía el mango y hasta donde iniciaba la filosa hoja negra que además, a contra luz, relucía en un rojo escarlata.

-¿Te gusta?-preguntó, mirando mi rostro.

   Yo no sabía qué decir, ¿si me gustaba? Era poco, la espada era preciosa, la encontraba poderosa, la sentía poderosa en mis manos.

-Es fascinante... Yo.... ¿De dónde la sacaste?

-La mandé a hacer ayer después de la reunión y antes de venir aquí, como mi padre te aceptó ya en el clan pensé que debías tener un arma propia. Si no es de tu agrado puedes hacer un cambio, modificarla, o como te plazca, es tuya; no me gustaría imponerte nada.

    Siempre formal, educada.
    Una espada, su arma favorita era la espada y se le daba de miedo manejarla, entonces recordé unas palabras que me hicieron sonreír.

-¿Y esa sonrisa?-preguntó, sin comprender. 

-La provocas tú-respondí-. ¿Recuerdas cuando tu madre me llevó a verte entrenar?-Ella asintió-. ¿Recuerdas que te dije que manejabas muy bien la espada?-Sahar volvió a repetir el gesto-. Dijiste que habías nacido con una espada en la mano, que habías aprendido a manejarla antes que caminar y hablar. Dijiste que la elegirías mil veces, que era tu arma favorita. Dijiste que yo sería tu espada.

    Pasé mis dedos por la hoja.

-Esto es simbólico-susurré-. Yo te protejo y tú me proteges. Me elegirías mil veces.

-Infinitas veces, Faye.

-¿Cómo hicieron algo así de hermoso en un día?-sonreí.

-Ordené que se le diera prioridad y no me marché hasta que estuviera lista. El hacedor de armas tardó tres horas, usó un material especial para fabricarla, es una espada gemela con la mía-explicó, su mano estaba sobre la mía, jugueteaba con mis dedos-. ¿Ves el brillo a contra luz?-Asentí-. Es mi sangre.

-Eso es retorcido-bromeé, poniendo la espada a contra luz.

    Ella rió.

-Tiene su por qué.

-Explícame, Princesa Hassassin.

-Si alguna vez nos toca ir por caminos separados en alguna misión, quiero que sepas que voy contigo, que te cuido, que nada ni nadie llegará a tocarte, ni a lastimarte. Siempre voy a estar a tu lado, nunca te abandonaré.

     Devolví la espada a su funda y la metí en la bolsa de tela, la dejé con sumo cuidado en el piso, cada movimiento sin apartar mis ojos de los de ella. Y lo supo, adivinó lo que pensaba, humedeció sus labios y sonrió, sus ojos cambiaron; se acercó despacio a mí, besó mis labios y fui echándome hacia atrás hasta quedar acostada con su cuerpo pegado a mi costado, entrelazando nuestras manos, siendo una en el beso.


      





       El camino de regreso no fue igual de silencioso que el de ida, conversamos y reíamos de cuanta tontería se le podía ocurrir a Faye. Tenía anécdotas muy simpáticas, era muy unida a su familia pero su alma era salvaje, buscaba la aventura, amaba viajar.
     No sabíamos qué hora era cuando empezamos el trayecto rumbo a palacio, por la posición del sol le aseguré que eran las tres de la tarde, ella se burló.

-Como sigas de burlona conmigo no volveré a dejar que me beses-le advertí.

-¿Quién es adicta a los besos de quién? ¿Quieres apostar a que eres tú quien me busca?-siguió el juego.

-No hago esas cosas.

-¿El qué? ¿Buscar? ¿Prefieres que te rueguen? Habló la arrogancia.

-No soy arrogante, y me refería a que no hago apuestas. 
 -No serás arrogante a próposito pero bien que se te da, y me fascina.

   Con esas palabras dio por terminada la discusión.
   No sabría explicar lo que se arremolinaba en mi pecho, lo que corría por mi cuerpo como electricidad cuando la tenía cerca. La presencia de Faye no pasaba inadvertida para nadie, se hacía notar, iluminaba el lugar donde entrara.
   Desayunamos juntas en la cama, en la cocina ya había dejado algunas cosas del día anterior cuando fui a ver el palacio. Con ella allí no sentía tristeza; tenerla entre mis brazos experimentando todo a un nivel distinto a cuando sólo era sexo-y ya entonces eran fuertes las sensaciones-me hizo darme cuenta que sin ella ya no podría estar. Era amor, esto era amor, al fin lo sentía en carne propia.
   Y recordaba todo, sus gemidos, sus palabras, sus caricias, la expresión de su rostro ante el placer que yo le proporcionaba. Cada detalle lo recordaba. Por lo general entraba como en un trance y al terminar no sabía de mí, y las escenas de lo ocurrido se repartían en fragmentos inconexos; con Faye no ocurrió, a ella la recordaba, y las imágenes de lo que vivimos eran nítidas.
   Poco faltó para dejar que el violento instinto, la sed de sangre, me abrazara. Casi le hago daño, me di cuenta a tiempo de que era su cuerpo el que estaba bajo el mío y paré.
   En esos momentos el instinto me ciega, las ganas son más altas, la sangre me hierve y sólo busco saciarme yo. El yo, yo, yo es quien gobierna, lo que le pase a mi amante poco importa.
    La miré de reojo antes de entrar a los terrenos de palacio, se le veía feliz. Y me lo transmitió con un guiño de ojo al notar mi mirada sobre ella. Entonces pasó, apenas bajamos de los caballos Drako vino a nuestro encuentro con una enorme sonrisa en la boca, y Faye..... Faye dio un paso al frente y cayó de rodillas. La sonrisa de Drako desapareció, solté las riendas del caballo y me acerqué corriendo a Faye, me arrodillé frente a ella y tomé su cara entre mis manos, estaba helada, una sombra negra rodeaba sus ojos.

-Faye....-musité. No cabía en mí del miedo, Drako se situó a mi lado-. ¡Faye, mírame!-exclamé cuando la vi cerrar los ojos, de su nariz empezó correr sangre-. No... No...No....

-¡Drako, cárgala y llévala al dormitorio de Sahar!-oí gritar a mi madre.

   Drako hizo lo que se le ordenó, ambas fuimos tras él. Ante las escaleras mi padre me detuvo, no me giré.

-¿Cuando entenderás que no eres normal, que tu lugar está en vivir en la soledad, que haces daño, matas a las personas?-dijo.