Spin-off

Spin-off

viernes, 4 de julio de 2014

17....



   Ivel salió muy temprano, dejó una nota en la mesa del comedor diciéndole a Leyla donde estaría. Sabía que ella se sentaría a tomar su café allí; ambas se habían ido a "dormir" a las 3 de la mañana. Ninguna lo consiguió, pensaban en demasiadas cosas.
    Leyla anduvo por su habitación buscando una forma de convencer a Ivel para que no asistiera a la fiesta. Era arriesgado, buscar respuestas era arriesgado. Meterse con gente como Carlysle era peligroso. ¿Cómo la convencía? Claudia intentó disuadirla de seguir en éste camino, pero falló. Aunque es posible que no halla fallado del todo, Ivel no quería hacer algo que decepcionara a sus padres, y sabía que por ellos no llegaría tan lejos.

   Salió de su dormitorio directo al baño de final del pasillo. Después de ducharse se vistió y bajó a por un café del Starbucks que quedaba a dos cuadras. A su retorno vio la nota en la mesa; todo éste tiempo pensó que seguía dormida.

-"En el gimnasio del edificio. No me extrañes mucho."-leyó, una sonrisa se le dibujó en el rostro, Ivel siempre con sus cosas.

   Volvió a bajar y le preguntó al hombre de la recepción sobre el gimnasio del edificio. El hombre le dio unas indicaciones que Leyla siguió al pie de la letra; estaba en el segundo piso, por el pasillo a mano derecha. Por lo que pudo ver a través del cristal no había mucha gente; entró buscando a la morena con la mirada. La encontró en la máquina de escaleras hablando con un chico, ¿por qué no le sorprendía?
   Se acercó a ellos y pudo notar cómo su amiga le miraba los brazotes al chico, de una forma descarada.

-Ivel.-la llamó.

   Ivel bajó del aparato mientras se despedía del caballero.

-Hola.-saludó.

-¿Amigo tuyo?

-No, sólo le comentaba que hacer ejercicio de forma excesiva puede ser contraproducente. Aunque no se le niega el buen cuerpo que tiene ¿te fijaste?-Leyla blanqueó los ojos, era obvio que estaba coqueteando.-¿Dormiste bien?

-No.-gruñó-. Y puedo apostar que tú tampoco lo hiciste.-Ivel arqueó las cejas al ver el envase de café que Leyla llevaba en la mano.-¿Cómo supiste que ése hombre pasa tantas horas en el gym?

-Hay una....

-No me digas.

  Se dirigieron al elevador, Leyla cambió el tema en dirección a la fiesta de ésa noche; intentaba hacerla cambiar de parecer, pero como Ivel no cedía terminó por decirle que ella no iría.
   Ivel la miró sorprendida.

-No quiero hacer mal tercio.-respondió Leyla, ante una pregunta no formulada.

   Las puertas del ascensor se abrieron, ellas entraron saludando con un apagado: "Buenos días" al hombre calvo que lo ocupaba. 
     Ivel lo miró con detenimiento. No recordaba haberlo visto por allí.
    Bajaron con el extraño en silencio. Éste se marchó, y ellas volvieron a subir; Leyla notó lo tensa que se había puesto Ivel. Le cogió una mano para reconfortarla, Ivel se lo agradeció con una mirada.

-¿Segura que no quieres venir con nosotros?

-Ya te dije que no, ve con Elliot.

   Llegaron a su piso, la morena salió la primera; le dio la impresión de que Leyla le escondía algo. 
   Ésa vaga impresión se vio interrumpida por algo en su apartamento que llamó su atención. La puerta estaba abierta.

-¿La dejaste abierta?-le preguntó a su amiga.

-Claro que no, estoy segura de que la cerré.

   Ivel entró y notó que todo estaba en perfecto orden. Se dirigió a su dormitorio, no había nada fuera de lo normal.

-¿Te falta alguna cosa?-preguntó Leyla, entrando de pronto.

-No ¿y a ti?

   Leyla respondió de forma negativa.
   Ivel la miró fijamente, y fue como si ambas hubiesen tenido la misma idea.

-¡El tipo del ascensor!-dijeron al mismo tiempo.

   Ivel salió disparada.

-¿Qué crees que haces?-Leyla logró alcanzarla en la puerta.

-Espera aquí, ya regreso.

-¡Ivel! ¡Ivel!

   La joven cerró la puerta tras de sí, ignorando los llamados de su amiga.

-¡Maldición!-soltó ésta.





   

*

     Ivel se acercó al joven que estaba en el vestíbulo, en ése momento atendía a una mujer.

-Disculpe señora ¿me permite un momento?-dijo, empleando toda la buena educación que le permitió el mal humor que llevaba-. Todd ¿quién demonios entró a mí apartamento tan pronto Leyla fue a buscarme al gym?

   El hombre se puso nervioso al instante, sabía algo.

-N-no sé, señorita Hastings.-contestó, fingiendo seguridad.

   
    Ivel rodeó el mostrador y se paró frente a él; el hombre era unos centímetros más alto que ella.
   La señora no perdía detalle.

-¿Conoces a mí padre, Todd? ¿Has oído hablar de él?-inquirió Ivel con amabilidad, arreglándole la corbata al hombre.

-Un poco, sí.

-Vale. ¿Y sabías que es conocido por tener métodos de interrogación poco ortodoxos?-El hombre agrandó los ojos.-Me enseñó muchos, y me muero por ponerlos en práctica. 

-Su nombre es Luke... Luke Backer, trabaja para John....

   Ivel soltó la corbata del hombre, y recordó la noche anterior; el auto que las seguía a ella y a Leyla.

-Te ha estado pagando para que le digas todo lo que hago ¿no?-susurró para que sólo Todd pudiera escucharla.-Después de que Leyla y yo salimos en el auto de Carl, lo llamaste.

-Señorita Hastings...

    Ivel le dio la espalda, saliendo de detrás del mostrador.

-La directiva del edificio se enterará de esto Todd, y espero que tomen cartas en el asunto.-decía, caminando hacia el elevador.

   El hombre dio un golpe contra el mostrador, asustando a la dama que esperaba para hablar con él.



   Leyla dio un respingo al oír como azotaban la puerta, le bajó volumen al televisor, mientras Ivel se sentaba en el sofá. A su lado.

-¿Qué pasa?-preguntó.

-Fue enviado por Jonathan, el idiota que está en la recepción lo dejó entrar porque le están pagando para espiarme mientras estoy aquí.-explicó la morena con suma tranquilidad.

   Leyla revisó el bolsillo de su chaqueta y sacó un aparatito redondo y de color negro.

-Esto lo encontré detrás de ésa fotografía.-dijo, señalando una foto de Ivel y Claudia que estaba en una mesita cerca del reposa brazos derecho del sofá.- La levanté y sentí algo raro... Es un micrófono ¿no?

-Genial.-Ivel se levantó, y fue a su habitación a por su móvil.


-¿A quién llamas?-le preguntó Leyla cuando hubo regresado.  

-A mí padre, ¿quién sabe qué más habrá puesto ése tipo aquí?

-Ivel, no creo que le diera mucho tiempo.

-Es mejor estar seguras... ¿Aló?

   Leyla la observaba mientras hablaba con Warren sobre lo que había ocurrido, y le confesaba lo que ha estado haciendo. Warren no se lo tomó muy bien, Ivel se veía triste, evitaba hacer cosas que provocaran un regaño por parte de sus padres. Y eso de trabajar para un proxeneta definitivamente ameritaba un escarmiento. Agregarle a eso el hecho de que el proxeneta conocía a sus padres no logró ninguna mejora en la conversación.
    Leyla estaba casi segura de que Warren le pedía que dejara el establecimiento. Ivel, sin embargo, lo contradecía diciéndole que no podía. Al menos por ahora, y colgó.

-Tiene contactos aquí, enviará a alguien a revisar el apartamento.-le informó a Leyla.

  Se marchó a su habitación.
   Leyla volvió a subirle volumen al televisor, no opinaría. 
   
   Ivel regresó al cabo de media, iba de salida.

-Voy al club.-respondió a la mirada de Leyla.

-Voy contigo.

-No.

-No vas a ir sola.

-Alguien tiene que quedarse a esperar a la persona que enviará mí padre.

    Leyla resopló y dejó que se marchara. 
   Lo que no sabía Ivel era que, uno de esos contactos que su padre tenía en Portland estaba muy cerca de ella.












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  Escuché la voz de Ivel a la entrada del club saludando al guardia; en cuanto entró y me vio se le dibujó una sonrisa en el rostro. Dejé la guitarra en la barra y fui a su encuentro.

-¿Qué haces aquí a ésta hora?-le pregunté, después de darle un beso en la mejilla. Su cabello despedía un leve aroma a vainilla.


-¿John está aquí?-dijo, cambiando rápidamente la expresión de su rostro.


-Sí, está en su ofici.....


  Ni siquiera esperó a que terminara la frase, casi que corrió. Subió las escaleras muy rápido, intenté detenerla pues John tenía compañía; en cuanto Ivel abrió la puerta se detuvo en seco, luego entró y yo tras ella.

   John estaba con dos chicas, una en sus piernas y la otra sentada encima del escritorio, ambas desnudas. 

-¡Oh! Le quitas la virginidad a las nuevas, ¡qué dulce!-comentó Ivel, las chicas pasaron por su lado recogiendo sus cosas.

   Cerré la puerta cuando ambas salieron; Ivel se acercó al escritorio de John sacando algo del bolsillo de su chaqueta.


-¿Qué hacia esto en mí casa?-inquirió, depositando un pequeño objeto sobre el escritorio.

-Hija de gato caza ratón.-sonrió Jonathan.-Yo también quiero preguntarte algo, Ivel. ¿Qué hace la hija de un detective y una ex Federal trabajando en un club como éste?

-No sé de qué hablas.

   John giró el monitor de su ordenador, en la pantalla tenía la imagen de una mujer muy morena y de pelo negro y alborotado. Acompañada de un hombre de traje. Era la nota de un diario virtual.

-Warren y Claudia Hastings, son tus padres ¿no?-Ivel me miró de reojo.-Mí hija me habló de ti anoche cuando vi las noticias, no sabía que ésa amiga de Inglaterra de quien me contaba siempre eras tú. Y anoche cuando han salido tus padres en las noticias se preocupó, por primera vez le presté atención y mira lo que ha salido.-Se levantó y caminó hacia ella, di un paso al frente pero nuevamente Ivel me detuvo con la mirada-. ¿Qué hace la hija de un detective y una ex Federal aquí?-Volvió a preguntar.

-Me aburría, necesito nuevas emociones.

-No te creo, ellos te lo han dado todo. No te ha faltado nada, ¿por qué hacerles esto?

   El móvil de John sonó, atendió y luego de colgar cogió a Ivel de la barbilla y la besó a la fuerza. Ivel lo empujó y escupió en el piso.

-Tu madre es de buen ver, tanto como la hija. Se me antoja pasarme por Inglaterra en estos días....

-No opines sobre mí madre, basura. Y no te atrevas a tocarla.

-La defiendes, te importa. Estás aquí por otra cosa, y me lo vas a decir; pero no ahora porque tengo cosas que hacer. Así que esto se pospone.

   Ivel lo fulminó con la mirada mientras lo veía salir; la abracé en cuanto oí la puerta cerrarse.

-Debiste dejar que lo golpeara.-susurré-. Todo estará bien, aquí estoy.












-Elliot....
























martes, 1 de julio de 2014

16..


-No sabía que el portero y tú eran grandes amigos, al punto de prestarte su coche.-dijo Ivel, aún no sabía a donde la llevaba su amiga.

-Cree que soy bonita.-sonrió Leyla, con la mirada puesta en la carretera.

-No es el único.


   Leyla sonrió por dentro ante el inconsciente comentario que había hecho Ivel. Ésta se hallaba sumida en sus pensamientos, hablar con sus padres la dejó tranquila pero al mismo tiempo temerosa ante la posibilidad de que tomaran nuevas represalias en contra de ellos.

  Leyla detuvo el coche, Ivel la miró sin entender qué hacían a la entrada de un cementerio. Leyla bajó, la morena la imitó y la siguió en silencio. Su amiga saludó con la mano al guardia que se encontraba afuera de una pequeña casa justo al lado de la entrada al camposanto. El hombre le devolvió el saludo, llevaba una linterna al cinto que encendió y apagó varias veces. Lo que se hace cuando se está aburrido, pensó Ivel.

-¿Ése también cree que eres bonita?-preguntó, burlona.


  Leyla rió.


-¿Qué estamos buscando?


-Por aquí.-susurró Leyla, doblando hacia la izquierda.


  Ivel se detuvo, cayendo en la cuenta de las intenciones de su amiga.


-¿Cuando los encontraste?-preguntó.


   Leyla se volvió. Caminó hacia ella al ver que le había afectado el descubrir de qué iba todo aquello.


-El jueves pasé todo el día fuera buscándolos.-suspiró-. Antes de venir aquí hablé con tus padres, ellos me dijeron dónde estabas pero no me dieron las razones por las que habías venido. Recordé que no hubo tiempo para despedirte porque todo pasó muy rápido, eso me dijiste. Así que creí que era éste el motivo de tu regreso. No sabía que habías venido buscando respuestas.


   Ivel agradeció las buenas intenciones de su amiga, ésta le tendió una mano que la morena cogió sin pensarlo mucho. Leyla la guió hasta un lugar solitario donde ella sabía que sólo habían tres tumbas, una al lado de la otra. Tan alejadas del resto, y debajo de un árbol de encino cubierto de nieve.

-Me dijiste que de no ser por Lu no me habrías encontrado, ¿y ahora resulta que mis padres hablaron contigo?-Leyla se puso nerviosa, pero Ivel la ignoró.-Había un árbol así en mí casa.-Recordó-. A papá y a mí nos gustaba subir allí.

-No logro imaginarte de ése modo.-comentó Leyla; Ivel la miró y arqueó una ceja-. Es que eres muy delicada.-rió la chica.

   Ivel no había reparado en la tercera lápida porque ésta era una placa en el suelo, una placa cubierta de nieve. Leyla sabía que estaba allí, ella la vio el día anterior.

-Te daré un momento a solas.-le dijo, pero Ivel la detuvo cogiéndola por la muñeca. Leyla entendió.

   Ivel se arrodilló ante las lápidas. Los nombres de sus padres iban acompañados por fotografías; ambos de pelo negro, su madre de piel morena, su padre un poco más blanco. Las sonrisas en sus labios....Ivel sintió un nudo en la garganta.

-<<Adorado hermano.>>-leyó.-¿Así o más hipócrita?

-Aún no estás segura de que él lo halla hecho.

-¿Y cómo es que no lo dudo?

   Leyla guardó silencio, pero se arrodilló a su lado.

-He sido afortunada, ¿sabes?-susurró Ivel, Leyla la observó. Tenía una sonrisa en los labios mientras sacaba una cadena del bolsillo de su pantalón. Un relicario-. Fui bendecida con los mejores padres del mundo, tanto en mí antigua vida como en ésta.

   Abrió el relicario y lo miró, Leyla pudo distinguir que a ambos lados habían fotografías. En una salía Ivel de niña abrazada a su padre y a su madre; del otro lado salía así como ahora, en medio de Claudia y Warren.
   Sí que fue bendecida, pensó Leyla. Se le veía feliz en ambas fotografías.

-¿Crees que si Carlysle llegara a verte te reconocería?-inquirió, el asunto de la otra tumba la tenía preocupada.

   Ivel sonrió con ironía.

-Nunca lo vi en persona, y no es que a él le preocupara querer conocerme.-respondió.- Para Carlysle, la familia que mí padre había creado, eran simples mortales comparados con él y su familia; mí papá se apartó de todo aquello siendo muy joven, pero debía seguir en contacto ¿no? Sin embargo nunca nos lo presentó, lo conozco por fotos. Así que si él llegara a verme no me reconocería, jamás me buscó. ¿Por qué preguntas?

   Leyla se levantó y se agachó al otro lado de Ivel.

-¿Leyla?

-Mira.-Leyla pasó una mano por la placa en el suelo para quitar la nieve.

   Ivel se puso de pie ipso facto al ver su propio nombre en la placa. Su antiguo nombre.

-¿Tienes alguna idea de por qué esto está aquí?-preguntó Leyla, pero por la expresión de Ivel era más que obvio que no sabía.





















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    En el camino de regreso Ivel empezó a contarme cosas sobre el día en que sus padres murieron, algo más detallado. La llegada de Emma a su colegio, el como la sacó de allí después de sacar una gran cantidad de dinero  y dárselo a la profesora y a la directora del instituto. La llamada que hizo estando en el avión.

-Dijo: "Ella está conmigo.... Sí, sí... Se supone que Andrew y Elena me alcanzarían en el aeropuerto pero.... Sí... Arregla todo, que crean que estuvo allí... sí..."-recitó Ivel, recordando las palabras de la tal Emma-. Cuando llegamos a Londres fuimos a ver a los Hastings, ellos me recibieron como si fuese parte de la familia; Emma tuvo una conversación rápida con ellos, y luego habló conmigo. Me dijo que mis padres habían muerto en un accidente de tránsito y que debía quedarme en casa de ésas personas. Que debía cambiar mí identidad; en ése momento no pregunté por qué, pero tenía doce y era la edad suficiente para saber que algo no andaba bien.

-Y luego....

-Sus e-mails, a los quince empecé a interrogarla. Ella me escribía dos veces al año, y en una de ésas me dijo que tuvo que mentirme, que lo de mis padres no fue un accidente si no un asesinato. A finales del año pasado le escribí diciéndole que vendría aquí, trató de persuadirme para que dejara todo así, pero le insistí y fue cuando me dio el nombre de su hijo. Elliot. Que él me ayudaría.-explicó Ivel, le daba vueltas al anillo en su dedo. Estaba muy nerviosa-. Estoy muerta, para la familia de mí padre estoy muerta. Seguro tenían todo planeado por si algo salía mal.

-Sea lo que sea en lo que estuvieran metidos, querían protegerte. Darte una vida normal.

    Me miró con frialdad.

-¿A esto llamas una vida normal? ¡Es una locura!

-Ivel....-comencé.

-Ya lo sé, pero no aceleres.-dijo con calma, mirando disimuladamente el espejo retrovisor.

   Nos estaban siguiendo desde hace dos cuadras.


   Al llegar a casa Ivel se sentó en el sofá y subió los pies en la mesita.

-Y si era él.-musité, sentándome a su lado.

-No, pero creo saber quien era.-La interrogué con la mirada-. Bien, ya que estás de curiosa. Trabajo en un club para un proxeneta que resultó ser el padre de Lucy, y al hombre le gusta mandarme a seguir con sus matones.

   Me quedé helada debido a ésa confesión; intenté procesar sus palabras. ¿Oí bien?

-¿Por qué?

-Debe parecerle raro que una chica que puede pagar un apartamento en éste edificio quiera trabajar en un club lleno de prostitutas.

-No, ¿por qué trabajas en un club lleno de prostitutas?

-Porque el dueño conoció a mí padre, está relacionado con aquella familia.-contestó, poniéndose seria de repente.- Al principio lo hice por diversión, pero luego recordé su rostro y me quedé para investigar. Él fue el que golpeó a Elliot.

   Vaya, cada vez me sorprende más. Con razón tanta secreteadera entre esos dos.

-¿Qué vas hacer con lo de la tumba, Ivel?-pregunté volviendo a lo que en realidad importaba.

-Nada, estoy muerta. Y así debo quedar, la muerte me sienta bien.-dijo, guiñándome un ojo.

   Sé que se muere de ganas de aparecersele a Carlysle y decirle que está viva, tan sólo para ver la reacción del hombre.
    Pero también sé que, aunque se muestre calmada, por dentro está llena de tristeza, confusión, y preocupación con respecto a Claudia y Warren; ya va una advertencia. Si Warren no deja el caso, lo próximo puede ser peor.
   
-¿Cómo pagas éste lugar?-Quise saber, por cambiar un poco el tema.

-Con todo y mí muerte planificada mis padres pasaron una cantidad de dinero a un banco en Londres, a nombre de Ivel Hastings. Ivel era el nombre de mí abuela materna.-agregó, jugando con el anillo en su dedo. Cambiar el tema lo único que hizo fue volver a él.-Elliot piensa que mis padres fastidiaron al gobierno, a la gente poderosa detrás de él. Yo...ya no sé qué creer.

  Los inocentes son los que más pierden por culpa de los de arriba, tienen la estúpida idea de hacer tales atrocidades "por el bien de todos". 

-Mañana habrá una fiesta, la familia de Lucy la ofrecerá en honor al hermano de ésta. Iré con Elliot, ¿quieres venir?-dijo de repente.

-Habrá periodistas, y sé que Claudia es conocida aquí, y tu padre no es ningún extraño.

-Pasaré desapercibida.-dijo muy confiada.

-El proxeneta estará allí, Ivel.

-Lo sé.

-Es una fiesta de la alta suciedad eso quiere decir que Carlysle Alexander también estará.

-Lo sé.-Fijó sus ojos en los míos, vi un leve brillo malicioso en ellos.

    Entonces comprendí lo que planeaba.
     La muy sádica piensa plantarle cara al titiritero principal. Sonreí, era obvio que no le diría quien era ella, pero debe conocer al enemigo antes de empezar el juego.









-Leyla...














    

   

    
   

   




lunes, 30 de junio de 2014

15...

  Ahora...



   Ivel se conectó vía Skype sin esperar a que la mujer del noticiario terminara de dar el reporte. 
   Tenía un ordenador en el estudio-la puerta que está frente a su habitación-, yo no había entrado aquí pero ahora que lo veo.... Ivel pensó en todo, y no se anda con pequeñeces. El lugar estaba bien amueblado, para haber sido ocupado hace una semana.
   La noté nerviosa cuando Claudia tardó en responder. No dejaba de darle vueltas al anillo de su dedo.

-No estaban en el coche, ¿recuerdas?-comenté.

-Si no tengo amnesia, Leyla, pero son mis padres y creo que ya cubrí mí cuota de pérdidas en ésta vida.-Se quejó sin quitar la mirada de la pantalla del ordenador.-Gracias al cielo.-susurró.

   Me paré detrás de ella, Claudia al fin apareció. Tenía puesta una camiseta negra y llevaba el pelo recogido en una cola de caballo. En Londres era la madrugada del sábado ya; a Ivel eso no le importó.

-Acabo de ver las noticias, ¿me explicas, por favor, que demonios está pasando?

-Te eché de menos también, cariño.-dijo Claudia, con un tono sarcástico que reservaba para Ivel. Así se llevaban.-No fue nada, el coche explotó.

-¿Y te parece poco? 

   Claudia se cruzó de brazos, suspiró mirando la pantalla.

-Fue una advertencia, es por el caso que lleva tu padre; el asesinato de Willem Burton, pero resulta que tu padre se está acercando demasiado a la verdad y eso, al asesino, no le cayó bien.-explicó.

  Puse una de mis manos en el hombro de Ivel, ésta respiró tranquila.

-Hay algo que no me estás diciendo, Claudia.-dijo, palmeando mí mano.-¿Qué ocurre?

  Claudia se tensó, se notaba que le estaba ocultando algo a su hija; y es posible que esté debatiéndose entre decirle o no.

-Tu padre tiene a una persona en la mira, pero sus sospechas serán desechadas en cuanto las comparta.

-¿Por qué?-pregunté.

-Es Carlysle Alexander, su tío.-me respondió Claudia, haciendo un gesto con la mano, señalando a Ivel de pasada.

   ¿El tío de Ivel? 
   Mí amiga tenía cara de poker en ése momento. Ahora era yo la que entraba en un estado de nerviosismo, caminé de un lado a otro mirando a Ivel, buscando algún indicio que me dijera que ella había oído lo que su madre le acababa de decir; sin embargo su silencio era absoluto, sepulcral.

-Fue la última persona que vio a Burton antes de que éste fuese asesinado.-continuó Claudia.

-Él ordenó que cerraran el caso de mis padres.-susurró Ivel, hablando al fin.-Elliot y yo encontramos una pista con la fecha en la que el caso se cerró, y el nombre de Carlysle. El tuvo que haber ordenado que se cerrara.

   De acuerdo, ahora sí estoy perdida. Volví a situarme detrás de Ivel, quien se había sentado en la silla tras el escritorio.

-¡Por Dios, nena! ¿Ves lo raro que se está tornando todo esto? Regresa a casa, deja todo así....

-No puedo.

-Hazle caso a tu madre.....

-No vengas con eso ahora, Leyla.

-Claudia tiene razón, Ivel, además debiste hablar conmigo sobre esto.

-¿Otra vez con lo mismo? ¿Escuchas que puede ser peligroso y quieres saber más?

-No puedo evitarlo...

-Así como no puedes evitar obligarme a ver estúpidas series de médicos....

-¡Retractate! Además yo no te pongo una pistola en la cabeza.

-Pero poco falta...

-¡Cállate!

-¡No! ¡Tú cállate!

-¡Cállense las dos!

-¡No te metas, Claudia!-dijimos Ivel y yo al unísono.

-No me obliguen a salir de aquí y patearles el culo.

-Eso es imposible.

-No te burles, Ivel....

-¡¿Quieren hacer el favor y cerrar la boca, las tres?!-exclamó Warren, apareciendo en cámara con el móvil al oído.

-Ivel empezó.-susurré.

-No, empezaste.

-Ellas empezaron.-terció Claudia, haciendo pucheros como niña pequeña.



-Arreglenlo.-ordenó Warren-. Hola, cielo.-agregó, saludando a Ivel.



   La morena sonrió al ver a su padre sano y salvo; debe estar en algo importante porque eso de hablar por teléfono a ésa hora de la mañana no podía ser por otra cosa.
   Warren salió de cámara y nos quedamos en silencio por unos minutos.
   Claudia se aclaró la garganta.

-Te entiendo, Ivel.-dijo, apenas se dibujó una sonrisa en sus labios-. No te quitaré el derecho a saber lo que pasó con ellos, y por qué pasó; te apoyaré ¿vale? Es sólo que ése hombre puede hacerte daño, me da miedo y por eso te suplico que de encontrar algo más, algo que lo vincule directamente con la muerte de tus padres, no hagas nada descabellado. No pongas en riesgo tu vida, por favor. Prometemelo....por favor.

   Ivel se mordió el labio inferior, por alguna razón supe exactamente lo que estaba pensando. No haría una promesa que no podía cumplirle a su madre.
   Se desconectó sin despedirse; se cubrió el rostro con las manos. Me agaché a su lado.

-No puedes hacerles esto, Ivel. Mírame...-dije, ella me hizo caso. Sus ojos cafés estaban llenos de tristeza-. No me lo hagas a mí. No lo soportaría....

-Ponte en mí lugar por un momento.

   Se levantó y salió del estudio.
   Me rompió el corazón verla así, tan rota. 

   Me metí a la cocina e hice un poco de chocolate caliente; serví dos tazas. Desde la ventana se podía ver la nieve cayendo, porque sí, había empezado a nevar.
   Toqué la puerta de su habitación, la oí decir que entrara. Cogí la bandeja con una sola mano y abrí la puerta; Ivel estaba sentada en el centro de la cama con las piernas estiradas. Sonrió al verme.

-Te traje algo, sé que ésta noche no pegaras ojo.-le entregué la taza, la cogió y dio un sorbo.-Me gustaría mostrarte algo que encontré hace un par de días.-Vi la hora en mí reloj, once y media-. Pero con ésta nieve, y a ésta hora.... Ya no podrá ser hoy.

-¿Qué es?-inquirió, llena de curiosidad.

  ¿Será buena idea llevarla al cementerio justo ahora? 
  El cementerio donde sepultaron a sus padres, y donde "ella misma" está sepultada. Tal vez debí esperar un poco.









-Leyla....
    





   

   

domingo, 29 de junio de 2014

14.....

Londres, Inglaterra...

    
    <<Claudia caminaba de un lado a otro nerviosa, se sentó a la mesa del comedor con tan sólo una taza de café y una tostada en la mano. Su marido entró, depositó un beso en la cabeza de la mujer mientras se ataba la corbata; sonrió al notar que al fin se había calmado. No era el típico nerviosismo de hace una semana cuando su hija se marchó dejando tan sólo un mensaje en su computadora: "Estaré bien".
   A Claudia ése "Estaré bien" la preocupó más, sabían adonde había ido y las razones que la hicieron regresar a ése lugar.

-Hablé con Leyla, dijo que ella se hallaba en perfecto estado. Vive en un apartamento muy lindo, me lo mostró a través de Skype.-explicó adelantándose a la pregunta de su marido.-¿Me servirías más café?

-No, ha sido suficiente.-replicó Warren con una sonrisa pícara-. Pero si dices que ella está bien ¿qué te preocupa tanto?

-Todo.-susurró Claudia atándose su negra melena en una cola de caballo-. Sé que está en su derecho de saber qué ocurrió, yo también quiero saberlo pero si la cuestión fue tan fea, ella.... ¡Dios! No quiero ni pensar en lo que pueda pasarle de llegar a encontrar algo. Odio que Emma no nos diera suficiente información.

  Warren se sentó a la mesa, no había cogido nada para desayunar salvo una taza de café. A Claudia eso la tomó por sorpresa, su marido es igual que su hija, no le gusta tomar café en ningún momento del día; no le gusta, punto.

-¿Revisaste su ordenador?-le preguntó a su mujer.

-Lo hice, pero Ivel eliminó todos los e-mails que Emma le envió. Bueno, los pocos.-Corrigió, hundiéndose en la silla.-Sé que Emma, después de insinuarle que sus padres no murieron en un accidente, intentó convencerla de que lo dejara así; Ivel me lo contó. ¡Pero vamos! Ya le había dado la idea, y después de que a Ivel se le mete algo en la cabeza es difícil que desista; al final Emma dejó de intentar convencerla de buscar pistas y le dijo que si estaba decidida, debía buscar ayuda. Le dio un nombre: Elliot, así que Ivel ya debió hacer contacto con ésta persona para que le ayudara.

-Elliot es el hijo de Emma.-le recordó Warren, revisando unas carpetas que tenía en la mesa.

   Claudia observó a su marido, tenía un caso con el que lidiar; el pobre no ha dormido bien en días, y ella ni hablar. Con Ivel al otro lado del mundo no era para menos, conocía al dedillo el modo de actuar de su hija.
    No le quitaba los ojos de encima a los documentos que su marido revolvía, realmente estaba ocupado y ella distrayéndole de ése modo. Aunque sabía que a él no le enfadaba, era de su hija de quien estaban hablando; Claudia se levantó y se sirvió más café, pudo escuchar la sonrisa de su esposo. Volvió a sentarse, y algo entre los papeles de Warren llamó su atención. 
   Era una nota de periódico, la cogió y leyó el pie de la foto que acompañaba la nota.

-¿Éste hombre fue el último en ver a Willem Burton, Warren?-inquirió, enseñándole la imagen a su esposo. Éste asintió-. ¿Viste el nombre, Warren?-Ésta vez la pregunta fue hecha con un tono diferente, como de temor.

   El hombre levantó la mirada, sus ojos azules se clavaron en los oscuros ojos de su mujer.

-Carlysle Alexander.-respondió con calma.

-Ivel nació bajo ése apellido.

-Es común...

-Sí, lo sería si su tío no se llamara "Carlysle".-Claudia se puso de pie nuevamente, tensa, nerviosa.-¿Qué probabilidad hay de que éste hombre tenga que ver con la muerte de Willem Burton?

-Claudia....

-Necesito que me lo digas. ¿Lo crees sospechoso?

-Claudia, yo....

-¡¿Lo crees sospechoso?!-Su voz había subido una octava. 

  Si su marido creía que Carlysle Alexander estaba involucrado en la muerte de aquél hombre, entonces tenía razón; Warren nunca fallaba.

-Yo lo creo sospechoso, pero no por eso lograré meterlo a prisión, ése hombre tiene mucha influencia. Una cosa es lo que crea yo, y otra lo que hagan los jueces con ésa información.

   Claudia se cruzó de brazos.

-¿Crees que el chico al que encontraron en la escena del crimen es inocente?

-Un chivo expiatorio, si tan sólo recordara el rostro de la mujer que salía de la casa cuando él llegó. ¡Maldita sea!-exclamó, golpeando la mesa con el puño.

-Quisiera ver al chico, Warren.-Su esposo asintió, y ella subió a cambiarse. Bajó al poco tiempo, y dijo:-Al terminar con esto me iré a Norteamérica, no dejaré a Ivel con ése loco suelto por allí.

-Ni siquiera sabemos....

-Tu instinto es bueno, cielo. ¿Y que tal si ése hombre tiene sus manos metidas en el supuesto accidente de los padres biológicos de Ivel?-decía mientras cerraba la puerta de la casa.

-¿Matar a su hermano y a su cuñada? 

-Hemos visto cosas peores, cielo. Y déjame corregirte: Su hermano, su cuñada y su sobrina.-Warren se sorprendió-. Leyla encontró el camposanto donde yacen los padres de Ivel. Hay una tercera lápida con el nombre de una niña, creen que Ivel murió también; es un pequeño detalle que Emma no nos dijo.

   Warren condujo en silencio mientras su esposa revisaba los papeles. Claudia había abandonado todo lo que tenía que ver con la justicia cuando su propio padre fue asesinado frente a ella, y todo quedó en el aire. Nadie hizo nada. 
    Ella prefirió renunciar, pero de vez en cuando "metía sus narices" como le decía Warren, tal vez buscando un poco de la justicia que a ella se le negó.
   Cuando llegaron al hotel donde resguardaban al sospechoso bajó con las carpetas en la mano, Warren la seguía de cerca; Claudia estaba enfadada, preocupada, todo al mismo tiempo. "Carlysle Alexander..." pensaba. 
   Los oficiales que estaban a la puerta de la habitación la dejaron entrar sin hacer preguntas. Llevaba una mirada amenazadora; Warren entró tras ella, pero antes de que pudieran ver al sospechoso escucharon un estallido. Warren corrió hacia la ventana para ver qué ocurría, Claudia se acercó.

-Esto tiene que ser una broma.-soltó la mujer.-Me debes un Ferrari.-suspiró al ver su coche en llamas.>>