Spin-off

Spin-off

sábado, 29 de marzo de 2014

.....




"Si algún día me ves triste no me digas nada, sólo quiéreme...
Si me encuentras en la soledad de la oscura noche, no me preguntes nada, sólo acompáñame...
Si me miras y no te miro no pienses nada, compréndeme...
Si lo que necesitas es amor no tengas miedo, ámame....
Pero si alguna vez dejaras de quererme no me digas nada...
Recuérdame...."


-Mario Benedetti....

domingo, 23 de marzo de 2014

....




"Siempre te valora más, aquella persona que no te puede tener, 
que la persona que te tiene.."


miércoles, 19 de febrero de 2014

.......





"¿Conoces ése lugar entre el sueño y el despertar, 
el lugar donde todavía puedes recordar los sueños?
Ahí es donde siempre te amaré,
donde te estaré esperando..."

-Peter Pan...

domingo, 16 de febrero de 2014

X

      Mientras Ivel se divertía haciendo lo suyo, Elliot ideaba la manera de sacarla de allí. 

-¡Tienes que ayudarme!-le gritó a Mika por encima del barullo.


   La chica lo miró con una sonrisa irónica, cómo si fuese posible que Ivel saliera airosa de lo que le esperaba esa noche. Elliot se enfadó y salió refunfuñando que no se podía confiar en nadie. 

   Mika fue tras él, pero en cuanto notó que se dirigía hacia Jonathan, se regresó situándose en el lugar donde estaba parada antes. De vez en cuando echaba un vistazo hacia donde se encontraba Elliot, éste salió caminando delante de Jonathan; el invitado se quedó disfrutando del show.

     Ivel no entendía nada, a pesar de que su concentración era única y exclusivamente para la música y el público. No pudo dejar de notar el nerviosismo de Elliot, lo vio dirigirse hacia John. Y luego salieron, John parecía enfadado. Aún no se creía que ése hombre fuese el padre de su amiga. Pero más allá de eso estaba el hecho de que Viorel había perdido a su madre el mismo día que ella perdió a sus padres.

   Pasaron la tarde juntos, a los pocos minutos de terminar de almorzar se enredaron en un apasionado beso y terminaron en la cama. 
     Cuando a Viorel le tocó marcharse ella se volvió fría, sin despedidas. No le gustaba decir: "Adiós".

    Volvió a la realidad, la gente seguía bailando. 

    Miró a Mika, ésta volvió la cara hacia un lado, como señalándole a alguien con la mirada; Ivel siguió el gesto. Un hombre de traje la observaba atentamente; Ivel le susurró al joven que tenía al lado que se encargara, ella tenía algo que hacer pero que enseguida volvía.
    Bajó de la tarima por la escalera que tenía en el lateral derecho, y se perdió entre la multitud. Mika la siguió, logró alcanzarla al pie de la escalera que llevaba a la oficina de John.

-¿Qué pasa? ¿Quién es ése tipo?-le preguntó a la chica.


   Mika sonrió.


-Es un cliente, y le hizo un pedido a John.


   Ivel no necesitó de más. Subió las escaleras a la carrera; el muy puerco de Jonathan la iba entregar a alguien aún más puerco, quien quiera que sea.


   Abrió la puerta apenas hubo llegado, y encontró a Elliot en el piso con varios golpes en la cara, tenía mucha sangre. John estaba recargado en su escritorio; Ivel se arrodilló al lado de Elliot.

-Déjalo.-le ordenó a la chica.-Trato hecho, Elliot.-sonrió, y salió como si nada.


  Ivel ayudó a Elliot a ponerse de pie; John debió haberlo pateado en las costillas pues el chico no dejaba de quejarse y agarrarse los costados.


-Dame las llaves de tu coche, iremos a tu casa.-Elliot hizo una mueca de dolor, luego la miró como si estuviera viendo a una loca-¿Qué?


-Sé cómo conduces, no te dejaré mí coche.


-Tú no puedes conducir así que te aguantas.-replicó Ivel, le presionó la herida que tenía en el labio.


    Elliot soltó un grito, la chica rió.


    






    ***

   Ivel estaba tan concentrada en la carretera que parecía hipnotizada, igual iba a una velocidad muy alta. Le gusta eso, acelerar.
     Al segundo día de haber llegado la dejé conducir de camino a su apartamento. Suerte que sigo vivo; era imprudente en la carretera y sólo usaba el cinturón cuando le daba la regalada gana. 
    Bajó un poco la velocidad.

-Nosédondevives.-murmuró. 

-¿Qué has dicho?-pregunté, pues no la entendí ni un poco.

-Tu dirección, Elliot. ¡Qué no me has dicho donde vives!

-Después de éste semáforo cruza a la derecha.-le indiqué, ella hizo lo que le pedí.-Al lado de ésa librería.-Estacionó el coche, bajó y me ayudó a bajar.-Puedes usar mí coche para volver al local o irte a casa....

-Ni hablar, ¡vamos!

  Entramos al edificio, ella me sostenía mientras caminábamos hacia el elevador; al llegar allí la vi dudar. Entró por pura inercia.
   
-No te gustan los elevadores.-comenté cuando salimos, ella se mantuvo en silencio-. A mí no me gustan las alturas, y es irónico porque vivo en un décimo piso.

-Sé lo que haces.-dijo.

   Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa mientras me ocupaba de abrir la puerta.
    La vi curiosear con la mirada cuando entramos; hizo que me sentara en el sofá que estaba en medio de la sala y preguntó si tenía hielo. O un botiquín de primeros auxilios; le señalé la cocina, y al momento regresó con una compresa.

-Quítate la camisa.-me dijo. Arqueó una ceja cuando vio que titubeé.-Deberíamos ir a un hospital, Elliot.-sugirió al ver los moratones de mis costados-. ¿Y si te rompió una costilla? Yo no sé arreglar costillas, ¿y tú?-Decía mientras colocaba la compresa en los moratones.-No vayas a llorar ¡eh! No me gustan las niñas lloronas.-sonrió.

-Eres muy simpática.-reí.

-Vale, pero que ni se te ocurra enamorarte de mí. 

-¿Eso le dices a todos?-bromeé.

   Me senté. Ella no respondió, hasta que empezó a limpiarme el rostro con mí camisa.

-De hecho sí, a quien intenta flirtear conmigo. No soy buena para ésas cosas.

   La tristeza se había quedado en su mirada, tal vez ha vivido allí por mucho tiempo; quise besarle, pero supe que se lo iba a tomar a mal. Ella no quería eso, o no sé....tampoco soy bueno en esto. 
   Noté que miró mis labios por una fracción de segundo, luego nuestras miradas se encontraron, pero nada. Ella se volvió rápidamente para poner mí camisa en la mesita que estaba a su lado; debió acordarse del tipo con el que andaba la otra noche, es mayor que yo. Debe gustar de hombres mayores.

-Sigo pensando que...

-Dices "hospital" y te lanzo por la ventana.-solté. 

-Oye tranquilo.-dijo, levantando las manos.-¿Esos son tus padres?

  Señaló una fotografía que colgaba de la pared.

-Sí, Emma me confió a ellos cuando se fue; eran unas personas increíbles.

-¿Por qué Emma no te dejó con su marido?-preguntó.

-Emma sabía que no iba a poder regresar, y no quiso que Henry cargara con dos niños él sólo. Así que Charlotte, que era un poco más mayor, se quedó con él. Y yo vine a vivir aquí; aunque siempre estuve en contacto con Charlotte y Henry. 

-No recuerdo mucho a Charlotte, y Emma nunca llegó a llevarte a casa.

-Me adoptaron cuando tenía ocho, y lo cierto es que no me gustaba mucho estar en público. Emma nunca me obligó a nada; yo siempre he estado mejor sólo.

-Créeme que te entiendo.-suspiró.-Y ahora entiendo porque Henry solía faltar a algunas reuniones, y en otras supongo que te dejaban con alguna niñera.

   Le guiñé un ojo.
    
-¿Ésa es tu hermana en ésta familia?-Ésta vez se quedó viendo la fotografía de la mesita que tenía al lado.

-Sí, nació un mes después de yo llegar. Se llama Rose, creo que tú y ella se llevarían bien.

-¿En serio?

   Se volvió a mirarme, sus labios tenían ésa sonrisa picarona. Ésa que, si no la conocieras bien, pensarías que ha hecho alguna travesura. 

   










Elliot.....
   



sábado, 8 de febrero de 2014

¡AVISO!......

  Debido a una situación en la que me he visto envuelta en las últimas semanas, y la cual me reservo el derecho de explicar-pues me resulta difícil-, me veo en la obligación de parar por unos días la continuación de las historias que llevo en mis blogs... No tengo cabeza para escribir en estos momentos, he dejado una última publicación en mí otro blog Adagio y disculpen si es algo corta, como dije no tengo cabeza para escribir nada más; en cuanto pueda me pondré al día con los blogs que sigo....
  
  Muchas gracias por su atención....





jueves, 16 de enero de 2014

IX



    Aparqué el coche justo a la entrada del edificio donde trabaja. Ella me lanzó una mirada de decepción, tal vez no quería llegar nunca, el episodio de hace un momento mientras veníamos en camino fue muy gratificante para ambos, liberamos algunas tensiones; y sinceramente yo tampoco quería que llegáramos.

-¿Te digo algo?-Miré al frente y luego a ella otra vez-. Eres un sol, Elliot. 

-Yo creo lo mismo de ti.-sonreí, ella como acto reflejo hizo lo mismo-. ¿No harás nada descabellado, verdad?

   Su sonrisa se borró al entender de qué iba mí pregunta.

-No lo buscaré...

-No sin mí, en cualquier caso me llevarás a cuestas.

   Ella abrió la puerta. La cogí de la muñeca.

-Ivel....

-¿Y si es peligroso? No quiero que te metas en un lío por mí culpa.

-Mira pues, yo tampoco quiero que te metas en un lío. Seremos cómplices, gustes o no.-Rodó los ojos y se liberó de mí agarre. Salió del coche, la llamé; se asomó por la ventana y le dije:-Más tarde. Luego que salgamos del local hablamos, ¿vale?

-Como quieras.-dijo, fríamente.
   
  Aguardé a que entrara.
   Puse el auto en marcha, tenía que regresar, aquélla chica debe estar esperando.




Elliot....
   





***

    Ivel caminó con toda calma hasta el ascensor pensando en el por qué los edificios no podían tener tres o cuatro pisos, así podía usar las escaleras y no un aparato tan cerrado donde entran otras personas toda estresadas que terminan por contagiar su estado de ánimo. Se puso los auriculares al momento de oír a un hombre discutir por alguna estúpida fiesta, en algún estúpido lugar. 
    Se concentró en la canción. 
    
   Elliot acudió a sus pensamientos. Se comportaba como todo un caballero, Emma le había hablado de él mediante correos que ella enviaba como anónimos. Alguna vez llegó a decirle que él era su hijo adoptivo, pero lo que nunca explicó fue el por qué no estaba con él. 
  
   Era un joven de su edad, de pelo negro y unos preciosos ojos azules; era carismático y por lo que pudo notar en días pasados, muy coqueto. Y popular entre las chicas. 
   A veces lo veía con expresión de querer matarse, y considerando el lugar donde, y para quien trabajaba, lo entendía. Sólo que sus razones..... Las razones....

   Salió del ascensor al llegar a su piso, Lu la esperaba a la puerta del estudio de fotografía. Frunció el ceño en cuanto la vio, Ivel le sacó la lengua y entró con ella detrás, refunfuñando.
  
  Todo estaba listo, la única que faltaba era ella.
   Saludó a los modelos, dos chicas y un hombre, y se dispuso a trabajar.
   Lu no dejaba de hablar sobre Viorel, parecía una mosquito molesto al que no puedes matar. De vez en cuando Ivel le lanzaba miradas asesinas de las cuáles los modelos se percataban y reían.
   
-Si David Gandy estuviera presente el silencio sería de ultratumba, porque estarías desmayada.-comentó Ivel cuando Lu empezó a fastidiarla con preguntas sobre por qué había tardado.

   Las chicas, una rubia y la otra morena, soltaron una carcajada. Ivel les guiñó el ojo.

-Ella es una quejicas todo el tiempo.-les dijo a los presentes.

   Tras terminar, se sentaron a revisar lo que se había hecho. Charlaron con los chicos mientras veían el trabajo final.
   Luego de que se fueran, Lu la abordó nuevamente con el tema de Viorel.

-¿Qué pasa entre Viorel y tú?-preguntó.

-Es complicado.-dijo Ivel, casi ni le había prestado atención.

-¿Complicado? Parece algo que pondrías como situación sentimental en facebook.

-Yo no hago ésas niñadas.-replicó, sonó un poco molesta.-Viorel y yo no tenemos nada serio, sólo nos sentimos atraídos el uno por el otro y ya. Es puramente sexual.-agregó restándole importancia.

-¡Ooooh! Y eso te parece poco. Eres muy despreocupada, ¿sabías?

-Ajá.

   Lu se sentó y le entregó un sobre negro.
   Ivel dejó lo que estaba haciendo en la computadora y lo cogió.

-¿Y esto?

-Mí padre organizó una pequeña despedida para mí hermano quien se irá a estudiar a Europa. Es tu invitación, quiero que asistas.

-Sabes que éste tipo de cosas no me gustan, y más si no conozco a nadie. Ni a tu familia siquiera.

  Lucía cogió el bolso que había puesto a sus pies, sacó su monedero y de allí, a su vez, una fotografía.

-Allí tienes.

   Ivel agarró la fotografía.
   
-Mis padres, mí hermano y yo. Ahora los conoces.

   La chica casi se cae de la impresión: Lu y su hermano yacían delante de una pareja, todos posando con una enorme sonrisa en la boca. La madre y el hermano eran rubios, a diferencia de ella que tenía el pelo castaño. Y el padre....

-¿Lu, éste en serio es tu papá?-Su amiga asintió.

-Jonathan Fitz.

   Jonathan Fitz....
   John....

   
   



*

     Ivel aún no salía de su asombro cuando Viorel llegó por ella a la hora del almuerzo.
     A Lu la conocía por internet, se hicieron amigas en su adolescencia; Lucía la visitó una vez en verano hace cinco años, y ni en ésa ocasión -ni nunca- se preocupó por saber sobre su familia.

-¿Pasa algo?-dijo Viorel, aparcó el coche a un lado de la carretera.

-No, nada de lo que debas preocuparte.

   Viorel sintió deseos de besarla, pero no quería parecer impaciente; la forma en la que se fue ésa madrugada lo dejó desconcertado.

-¿Sabes qué? Vamos a mí apartamento, pedimos algo y almorzamos allí.-sugirió Ivel.

-De acuerdo, no te llevo al mío porque recién me he mudado y todo está hecho un desorden. Por eso estoy viviendo en un hotel mientras arreglo todo.-explicó él, mientras volvía a la carretera.

   Y así hicieron, tan pronto llegaron Viorel llamó para pedir la comida y él mismo se encargó de esperar al repartidor allí abajo. 

   Mientras almorzaban hablaron de frivolidades, Viorel le contó que trabajaba con su padre porque fue la última voluntad de su abuelo, y quería complacerlo. En vida, al señor no le gustaba ver a padre e hijo disgustados el uno con el otro; pero era inevitable según Viorel, pues él y su padre siempre han tenido encontronazos. No se llevan bien, son tan diferentes.
   En cuanto a su madre, murió siendo él muy joven. 

-Fuimos a cenar ésa noche, ella salió antes que yo del restaurante.-le costaba hablar del tema.-Cuando salí, vi como le dispararon desde un auto. Todo quedó en intento de robo...¡Mierda! Incluso en los diarios decían que murió protegiéndome, cuando no fue así.-Dejó la copa de vino en la mesa y se levantó.-Fue un asesinato, no dejo de pensar en ello.

   Ivel vio como hacia el esfuerzo por no llorar. Debió amar profundamente a su madre, el recuerdo de su muerte aún seguía fresco en su memoria como si hubiese sido reciente.
   
-¿Has hecho algo al respecto? ¿Investigado?

-No, es imposible con mí padre detrás. Siempre siguiendo mis pasos.

   Esto me parece demasiada casualidad, pensó Ivel. Y entonces recordó lo que decía el correo en el que Emma mencionaba a Margaret Sullivan. 
   Misma fecha distintas horas.
   La madre de Viorel murió el mismo día que sus padres.




  
    
***


     No preguntes no digas, pensé cuando la chica no dijo por qué necesitaba el trabajo; le dije que volviera la noche siguiente para empezar. Si no acepté que empezara hoy mismo fue porque quería que recapacitara. Que pensara bien en qué se estaba metiendo.
 En donde John sepa que intento persuadir a las chicas que vienen buscando empleo, de que no es bueno trabajar en esto y que deben pensarlo bien. Me mata.
    Éste lugar es el infierno, y Jonathan el Diablo. Contrata chicas jóvenes para saciar las ganas de sus amigos empresarios, políticos.... Está blindado, él pone las reglas del juego y como tal, siempre gana.
    Drogas, sexo, depravación....eso es éste sitio. 
   ¡Joder! Si no fuera porque necesito el dinero ya hubiese abandonado esto.

-¡Hola!
  
 Mika se sentó ante mí. Estábamos en la oficina.

-La gente empezará a llegar de un momento a otro, ¿dónde 
está Ivel?

-Vendrá, cálmate.

-John se disgustará aún más como llegue a faltar. Por lo que oí, alguien la quiere ésta noche.
   
   Levanté la mirada ipso facto.


-¿Qué dijiste?

-Que la quieren, cariño. Que se la van a dar a alguien ésta noche, el trato está hecho.

   No podía permitir eso....
   ¿Cómo hago?

  
  Cuando el local empezó a llenarse a eso de las nueve deseé que Ivel faltara.
    La llamé varias veces, pero ella tenía el maldito móvil apagado.
  
  ¡Siempre apagado, coño! 
  La música a ésa hora estaba a cargo de otra persona sólo hasta que Ivel apareciera.
   ¡Por favor no vengas! Me repetía una y otra vez. Llamé a su casa pero tampoco respondió.

    ¿Dónde te metiste?
     
   Y entonces obtuve respuesta. La música paró por un momento, las luces se apagaron. Prendieron a los pocos minutos, Mika estaba cerca de mí.

-Mira allí.-dijo.

   Seguí su dedo, John caminaba hacia el frente acompañado de un hombre; entre tanta gente no pude distinguir bien la cara del sujeto. Mika y yo también nos movimos por entre la multitud, nunca perdí de vista al tipejo. Hasta que la música empezó a sonar nuevamente. 
    Miré hacia la tarima, alguien entraba en ése momento. Llevaba una capucha que se quitó cuando estuvo ante el aparato.....
    Era ella.

    Empezó a moverse al ritmo de la música, al lograr reconocerme sonrió. Y siguió en lo suyo.....
   
    ¡Joder, Ivel! Justo hoy se te ocurre no faltar.
   ¿Cómo te saco de ésta?










Elliot...

domingo, 12 de enero de 2014

VIII...

     

   John sólo se fijó en Ivel. Era como si Mika y yo fuésemos fantasmas, no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar;  la noche pasada estaba furioso.
    Le pidió a Mikaela que saliera, a mí ni me miró. Metí la mano derecha en mí bolsillo y la apreté en un puño; si la toca no me importará perder mí trabajo, iré con todo. 
   Se arregló el saco y sonrió.

-Bien, veo que hoy sí tienes tiempo, en tu apretada agenda, para nosotros.-comentó burlón.

  Ivel mantuvo la compostura, su rostro no mostraba ni un ápice de miedo ante lo que podía hacer John. Sus labios tenían una tenue sonrisa, no creo que John se diera cuenta de ése detalle.

-Te diré algo y espero que quede claro, mientras trabajes para mí no existe nada más allá afuera ¿entiendes?-Ivel no asintió, no dijo nada. Lo siguiente que vi fue a John lanzarle una bofetada.

    Ivel la recibió, fue tan fuerte que estuve seguro de que le había partido el labio. Pude constatarlo cuando ella volvió a mirarlo.
   Di un paso hacia él pero Ivel me cogió de la muñeca.

-¡No soy una de tus prostitutas!-dijo, apretando los dientes de la rabia que la embargaba.-Tengo una vida fuera de aquí, lo que yo haga o deje de hacer lejos de éste lugar no es de tu incumbencia.


-Lo es desde el momento en el que decidiste trabajar para mí.-Se dirigió hacia la puerta, vino a esto nada más. Alguien le dijo que Ivel estaba aquí, y no creo que haya sido Mika.-Fuera de aquí aún sigues siendo mía, grábate eso.


   Se marchó.

   Barrí el escritorio con las manos echando todo lo que había encima al suelo. ¡Ése maldito pendejo! Siempre tiene todo y a todos bajo su control.
   Saqué un pañuelo de mí bolsillo e hice que Ivel se recargara en el escritorio; limpié la sangre de su labio inferior con un poco de autocontrol, tenerla así de cerca no era sano. Ella me observaba atentamente, arqueó una ceja y sonrió como si nada de lo anterior hubiese tenido lugar; cogió mis manos y las bajó.

-Gracias.-dijo.-Pero no quiero meterte en problemas a ti también, imagina que le hubieses pegado.


-Se lo merecía.

   Dudó un poco antes de preguntar.

-¿Emma sabe que trabajas aquí? 

-No. 

-¿Por qué lo haces?


-¿Por qué lo haces tú?


-¡Espera un momento!-exclamó de pronto-. El pedazo de papel, dámelo.-Se lo entregué, está cambiando el tema-. Préstame un bolígrafo.-Cogí uno de los que habían caído al suelo y se lo pasé. Empezó a escribir algo-.Mira. Es una fecha.

  Había separado los números con guiones, de tal manera que quedó así: 09-20-03.

-Coincide con la fecha en que se cerró el caso.-comenté, extrañado.-Pero ¿por qué el nombre de tu tío? ¿Fue él quien pidió que se cerrara?

-Es lo que debo averiguar.

-¿Qué piensas hacer? ¿Que tal si es lo bastante malo como...

-No creo que sea peor que perder a tus padres.-susurró.

   Me dolió porque estaba en lo cierto, ella ya no tenía nada qué perder.

-Lo siento.-Ivel sonrió para tranquilizarme-. Hay algo que aún no te he preguntado. ¿Cómo sabías dónde hallarme? Emma sólo debió darte la dirección del edificio donde vivo.

-Un hombre que vive por allí me dijo que te había visto aquí, supongo que es algún cliente.

   No me preocupé por preguntarle cómo era, ella tenía razón, algún cliente que vivía en mí mismo piso. 

-Debo ir a trabajar, Lu debe estar preocupada.

-Te llevo.-Me ofrecí, ella salió riéndose-. ¿De qué te burlas?-pregunté, caminando a su lado-. Déjame llevarte.

-Tienes que atender a uno de los personajes de "Rugrats".-dijo, refiriéndose a la chica que esperaba en la barra. Odio hacerme cargo de éstas cosas.

-Te llevo y regreso. Vamos.-La cogí del brazo y la llevé afuera. 

  Volví adentro y le pedí a Mika que le dijera a la chica que esperara un poco más que yo regresaba en un rato no muy largo.

   Ivel encendió la radio tan pronto puse el coche en marcha, Secrets de OneRepublic sonaba en ése momento y ella empezó a cantar. Yo seguí la letra, pero no tengo tan buena voz. A ella eso la tenía sin cuidado; ésa canción parecía estar hecha para nosotros, y para lo que vivíamos en éste loco y sucio mundo. 
     Cantaba alegremente, en ése instante nada importaba, las cosas malas estaban allí, fuimos nosotros los que nos movimos a otro plano donde no tenían cabida. Me gustó verla así, llena de vida, me había inyectado felicidad con su sola presencia y ésa música de fondo a media mañana; los conductores de los otros autos pensarían que estábamos tomados o hasta el culo de lo fumados...pero con ella ése tipo de cosas no hacían falta...

   


   








Elliot...

jueves, 9 de enero de 2014

VII...

  

 La estupefacción de Ivel me sacó una sonrisa; me gusta darle sorpresas desde que descubrí a principios de la semana pasada, que no le gustaban.

-Estaba a quince minutos de aquí cuando te he llamado, y pensé en venir. Espero que no sea un problema, ya sabes, por lo de tu amiga.

-Ella hace todo lo posible para no interrogarme, pero tarde o temprano tendré que presentártela.

  Se había resignado.
  
-Dejé la carpeta con la información en la oficina de la discoteca....

-¿Estás drogado?-preguntó, y dicha pregunta fue acompañada de un golpe.

-¡Oye! Está en la caja fuerte y Jonathan no está, y te repito: está furioso porque no fuiste anoche. Tal vez no deba decírtelo, pero como estamos en el mismo barco... Ayer te siguieron sus gorilas, sabe dónde y con quién estuviste, Ivel.

  Me cogió del brazo y subimos a mí coche.
  
  Miraba por la ventanilla ignorando mí presencia, está en su mundo privado; la dejé tranquila.
   Llegó la semana pasada, o mejor dicho, regresó. Vivió aquí cuando era pequeña, no me dijo mucho, y yo no necesitaba saber nada.  Aunque de hecho lo supiera todo, sólo quería ayudarla.
  
  Aquella tarde cuando apareció por el local donde trabajo, yo estaba tocando la guitarra mientras esperaba a que John llegara; por encima del sonido de la música escuché al guardia del local negarle la entrada a alguien. Dejé el instrumento sobre la barra y me dirigí a la salida; la chica se encontraba de brazos cruzados frente al grandullón. Ivel es muy baja, se veía muy mona ante aquel gigantón.
    Le dije al guardia que todo estaba bien, que la conocía, aunque en ése momento no supiera quién era ella. 

<<-Gracias.-dijo, sonriendo.


   Le guiñé un ojo y la guié hasta adentro. Se sentó a la barra conmigo; yo pensé que estaba allí para ver a Jonathan el dueño del local.

   No me parecía el tipo de chica que necesitara trabajar en un lugar como aquel, a menos que no supiera de qué se trataba. 

<<-Abrimos a la noche ¿sabes?- comenté para hacer conversación.


<<-Eso me dijo aquél hombre. Pero es que....-titubeó.-¿Conoces a Elliot Simmons? ¿Trabaja aquí, no?


<<-¿Para qué lo buscas?-pregunté, noté que se sintió intimidada, así que le dije quien era.-Elliot, ¿y tú?-le extendí mí mano.


   Ella se sorprendió, pero se recuperó muy rápido y me estrechó la mano.


<<-Ivel.-dijo, tan sólo.


   Recordé lo que Emma me había dicho sobre ella y que de venir a buscarme le ayudara en lo que pudiera. 
    Eso he hecho, la cuestión es que no pude hacerla recapacitar en su intento de entrar a trabajar en el mismo local que yo. Y en cuanto John llegó esa tarde, le pidió trabajo; al principio sólo ayudaba al bartender, pero después de que el dj faltó una noche y ella tomó su lugar en un impulso, se quedó como dj suplente. Lo hacía bien. 
   Y para ganarse a Jonathan en tan poco tiempo, pues....
   Ella entendió muy pronto de qué iba todo en ésa discoteca, y aún así se quedó.

-Ivel hemos llegado.-Se bajó, no me miró siquiera.-¿Te pasa algo?


-¿Emma alguna vez te mencionó a alguien llamada Margaret Sullivan?-preguntó mientras entrábamos al establecimiento.


-Pues...

-Elliot, el sonido...

   Ivel miraba atentamente a una chica que se hallaba sentada a la barra, yo hablaba con el ingeniero de sonido poniendo en orden algunos asuntos, pero no le quité los ojos de encima a ella. La chica de la barra era muy guapa.

-Sécate la baba.-le dije cuando terminé de charlar con el ingeniero.

-¿También contratan "Rugrats"?-soltó ella.

-¿Qué?-reí.

-Ésa chica no parece de dieciocho.-comentó.

-Ni tú de veintidós.

   Me clavó una irónica mirada, y luego sonrió; ésa sonrisa pícara que tiene.

-Creí que te habías rendido y no vendrías más. ¿Elliot tuvo que ir por ti, bebé?

   Mikaela, quien se ha vuelto la enemiga jurada de Ivel. 
   No creo que la cosa sea tan personal, los niveles de antipatía de Mika superan, con creces, los de la gente normal.  

-Vamos a la oficina, Ivel.-dije, antes de que se armara una grande. Ivel no pierde la paciencia tan rápido, lo he notado, pero cuando se enoja es muy agresiva.

  Subimos las escaleras, ella se asió de mí brazo. Sonreí, me miró y me guiñó un ojo.
  Ojos café, con una mirada muy profunda; su sonrisa y su mirada me tienen ligeramente atrapado. Es como si hubiese hecho una travesura de la que sólo ella sabe, o como si hubiese descubierto algo de ti, algo de lo que no quieres que nadie se entere.

   
Abrí la puerta de la oficina y fui directamente a la caja fuerte que John escondía detrás de una fotografía en blanco y negro, del puente de Brooklyn. Saqué una carpeta de manila color marrón, y se la entregué.
  Yo había visto los documentos la noche anterior.

-¿Cómo te hiciste con esto?-inquirió, pasando las hojas y leyendo lo que más le interesaba.

-La hija de Emma trabaja como detective de homicidios; su padre lideró las investigaciones, Ivel. Sobre la muerte de tus padres.

   Levantó la mirada.

-Emma no lo mencionó.

-Tenía que sacarte del país, o así me lo explicó.

-¿Y su hija te dio esto así no más?

-Técnicamente, no.

    Arqueó una ceja.
   Siguió leyendo, no se sentó, estuvo de pié todo el rato.
  
  Emma fue amiga de los padres de Ivel, quienes murieron en un supuesto accidente vial.

-¿Qué es esto?-preguntó, mostrando un pedazo de papel.

   Lo cogí.

-"Carlysle Alexander 092003"-. Leí. Juraría que no estaba aquí ayer.-¿Carlysle Alexander? Que no es el nombre de....

-Sí, es el hermano menor de mí padre.-susurró. Bajó la mirada para seguir leyendo.

-Cerraron el caso por falta de pruebas.-le dije.

-Pues en ésta prácticamente ponen a mí padre como el que causó el accidente.-Levantó una hoja y luego la volvió a poner dentro de la carpeta que cerró.

-Iba a una velocidad muy alta, se pasó varios altos...

-Eso es imposible, mí papá era buen conductor, a menos que estuviera huyendo de alguien...

   Abrieron la puerta; Ivel metió la carpeta en su bolso.

-John acaba de llegar.-dijo Mika, había algo de compasión en su mirada cuando vio a Ivel.

   Mika entró y cerró la puerta, que luego fue abierta por el Señor.



   

   
Elliot...